Educación y digitalización en la nueva normalidad

Si las herramientas digitales son bien aprovechadas, pueden tener el potencial para disminuir las brechas existentes mediante la eliminación de las barreras asociadas a la formación presencial

 

Imagen tomada de https://bit.ly/3bPEpoD

El país está acostumbrado a observar brechas de toda índole como las existentes entre zonas rurales y el casco urbano, mujeres y hombres, calidad institucional educativa del sector público y del tejido empresarial privado, y demás. Muchas de las brechas se incrementaron fuertemente a causa de la pandemia, lo que implica que nos dejará un país más desigual. Como se ha observado en las cifras más recientes del mercado laboral, la caída de los ocupados del mes de julio del presente año frente al mismo mes del año pasado fue asumida en su mayoría por mujeres y por la población joven (entre 14 y 28 años): de un total de 4.156 miles de personas que salieron de la ocupación, el 61% de estos fueron mujeres y un 34% correspondiente a la población juvenil.

Gran parte de estas brechas se pueden relacionar con el estado actual de la digitalización del país. La forzosa virtualidad, generada por las medidas de restricción y confinamiento decretadas por el Gobierno nacional para darle manejo a la pandemia del COVID-19, aparenta a primera vista arrojar señales negativas al cierre de estas brechas. Este argumento se basa en que la utilización de las herramientas digitales puede generar mayor divergencia por una distribución heterogénea o desigual de la conectividad. Los datos de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE dan indicios de la situación a 2019 del estado de la virtualidad en el país. Para este año, casi la mitad de los hogares del total nacional no contaban con conexión a internet, porcentaje que se acerca al 80% de los hogares en las zonas rurales (Gráfico 1), sin mencionar la gran brecha en calidad del internet (que varía desde la banda ancha de las ciudades al acceso intermitente en pueblos y zonas intermedias).  La ventaja de las ciudades se explica en gran medida por la cobertura de las redes fijas, que representan 49,9% del total de conectividad en las zonas urbanas, cifra que se reduce al 6,2% de la conectividad en las áreas rurales.

Gráfico 1. Hogares con servicio de internet por tipo de conexión

Fuente: DANE. Elaboración Propia

No obstante, si las herramientas digitales son bien aprovechadas, pueden tener el potencial para disminuir las brechas existentes mediante la eliminación de las barreras asociadas a la formación presencial. Una política activa de implementación de zonas o centros digitales trabajarían como apuesta al aumento en la cobertura, en especial en zonas rurales, y eliminarían obstáculos relacionados con la distancia de los hogares a las instituciones. Uno de los mayores beneficios se vería reflejado en la incorporación al mercado laboral de personas que no tenían acceso a la educación presencial, al estar frente a programas con costos significativamente menores en modalidad virtual.

Estos argumentos reafirman la pertinencia de iniciativas gubernamentales como la Misión de Empleo, en tanto se hace evidente la necesidad de la sinergia entre el sector educativo y el mercado laboral. Teniendo esto en cuenta, es de gran importancia que misiones como ésta se centren en las características estructurales del desempleo y la deserción estudiantil (por ejemplo, según el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, se estima que, para el segundo semestre del 2020, la caída en las matrículas a primer curso en educación superior esté cerca del 25%[1]). Es por esto por lo que es necesario recualificar y redirigir la oferta de trabajadores, desde sectores afectados estructuralmente por la pandemia del COVID-19, hacia programas y profesiones que incrementarán su demanda y que pueden sacar provecho de la nueva realidad.

En estos términos, es necesaria la introducción del modelo dual de educación, el cual, a grandes rasgos, busca enlazar las necesidades de las empresas en términos de capital humano con el desarrollo de capacidades en las instituciones educativas. Uno de los más grandes ejemplos de los beneficios de la implementación de este tipo de modelos es Alemania, en donde el Ministerio Federal de Educación e Investigación atribuye los bajos niveles de desempleo juvenil y los altos niveles de capacidades en esta población al éxito de su sistema dual[2], el cual entró formalmente en vigor alrededor de 1969 con la Ley de Formación Profesional.

No cabe duda de que la virtualidad trae consigo mucho retos, en especial con el cierre de escuelas, colegios y universidades que generan presiones en el mercado laboral y acentúan las diferencias en acceso y conectividad. Ahora, con la apertura gradual de estas instituciones – como con el modelo de alternancia propuesto por la Alcaldía de Bogotá – la implementación de la virtualidad debe continuar para que se fomente el desarrollo de capacidades digitales desde la educación. De aprovecharse bien estas circunstancias, se pueden encontrar soluciones efectivas a problemas estructurales tanto de cobertura como de calidad educativa, y frente a los altos niveles de desempleo observados en los últimos meses, los cuales afectan en mayor medida a la población menor de 28 años.

 

Notas

[1] Laboratorio de Economía de La Educación, “Proyecciones de la matrícula en educación superior”. Informe Análisis Estadístico LEE.

[2] “The German Vocational Training System”, Federal Ministry of Education and Research, acceso el día 8 de septiembre de 2020, https://www.bmbf.de/en/the-german-vocational-training-system-2129.html

Autor entrada: Valentina Parra

Valentina Parra
Valentina Parra es economista de la Pontificia Universidad Javeriana. Interesada en análisis macroeconómico e investigación. @ValentinaParr_