¡Liberen los currículos educativos!

¡Liberen los currículos educativos!

“No es propio de un país que se enorgullece de su libertad intelectual poner la educación de sus jóvenes en manos del Estado”

 

David Kelley

Imagen tomada de: https://n9.cl/w2tv

 

Preguntémonos: ¿Qué pasaría si la educación fuese realmente libre en este país? Aclaro al lector que con “libre” no me refiero exclusivamente a una vertiente política, a un partido, a una doctrina, a un comportamiento o un paradigma en específico que tenga relación con la palabra libertad. La cuestión es más simple: que pasaría si las instituciones educativas tuvieran la autonomía de enseñar y de nosotros aprender lo que quisiéramos.

Desde entonces, esta pregunta me conduce directamente a analizar ¿Qué tanto la educación mejoraría si fuese libre? Si sucediese la liberación de la educación, produciría la apertura del conocimiento. Dicha apertura se daría en el momento en que el Estado delegase una gran parte de las funciones ya no a sus ministerios, sino, a cada una de las instituciones educativas del país. Esto permitiría que los contenidos, competencias, habilidades, enseñanzas y aprendizajes se construyesen autónomamente, aprovechando los elementos del contexto que son de gran relevancia para el proceso educativo.

En consecuencia, las instituciones educativas tendrían libertad de especializarse en un área específica del saber, lo que de un modo u otro sugiere la teoría de las inteligencias múltiples de Gadner propuesta en el año 1983. Su vigencia sigue siendo relevante para el paradigma educativo. Esto terminaría favoreciendo tanto a los docentes como a los estudiantes, pues quienes poseen afinidad con un área del conocimiento específica, tendrían más tiempo de explotar y dedicarse a dicha área y aprovechar sus habilidades para desempañarse cada vez mejor en la misma.

En términos educativos, esta libertad o autonomía, iría de lo macro a lo micro, pues ayudaría al incremento positivo del nivel de los estándares de calidad educativa, puesto que los incentivos de enseñanza y aprendizaje fortalecerían la adquisición del conocimieinto por parte de los estudiantes y se reflejaría en los resultados de las pruebas tanto nacionales e internacionales. Desde esta lógica, ello produciría el aumento del interés por el aprendizaje de los estudiantes, la motivación de los docentes por la enseñanza de temas específicos y la especialización de las instituciones educativas. Estas, encontrarían la oportunidad de construir un proyecto acorde al contexto y las necesidades tanto locales como globales.

Aun así, ¿quién puede ser el culpable que impide la libertad en la educación?, esto me lleva a decir la frase cliché de los que nos denominamos abiertamente “liberales”: ¡La culpa es del Estado! Pero ¿cúal es la culpabilidad?, se supone que para las personas del común, la educación como otros servicios que pagamos, debe ser dirigida por el Estado. Entonces ¿Por qué ocupamos el puesto número 58 entre todos los países de la OCDE en las pruebas pisa del 2018? ¿Por qué somos el sexto país de la región latinoamericana en términos de calidad educativa? ¿Por qué nuestro sistema educativo es tan desigual a nivel nacional? Respondo acá, que es un problema de la dirección, la cual ejercen los entes del Estado que definen qué, cómo, cuándo, dónde y por qué debe impartirse la educación, de la manera en la que ellos consideran es la correcta y que para la mayoría de las personas parecer estar bien. Pero ¿debemos seguir educando bajo el modelo que parece no estar así de “bien”?.

Esta actitud de operar todo el ámbito educativo, desde las políticas públicas del Ministerio de Educación Nacional (MEN) hasta el centro educativo más recóndito del país, puede ser, tristemente, una actitud de incertidumbre. Lo digo porque ¿realmente el Estado sabe que es lo que se debe enseñar y aprender en todo el país?
Quisiera que usted como lector respondiera: ¿De que le sirve a un niño de La Guajira aprenderse las 11 estrofas del himno nacional de la República de Colombia, si todos los días se levanta con hambre y sed? ¿De que le sirve a un niño del Norte de Santander aprender sobre los movimientos literarios en América latina, si todos los días se levanta con miedo de no pisar una mina antipersona camino a su escuela?

Creo que, a través de los años, el modelo centralista del país se reprodujo hasta la última fibra de nuestro territorio y hoy por hoy la educación es víctima de ello. Generalizamos tanto los contenidos de la enseñanza y el aprendizaje, que en este momento todos debemos aprender lo mismo en un país con realidades tan distintas. Lo digo porque “magicamente” estas realidades cambian al girar de una vuelta de la esquina a otra, somos muy diferentes, pero aún no lo entendemos.

Hablemos de los currículos

Todos los contenidos, metodologías, planes de estudio, materiales y recursos que se presentan en las instituciones educativas están regidos bajo el currículo. Este es un elemento de vital importancia para garantizar la calidad educativa en cada país, ya que la formarción y educación responden a las necesidades sociales, políticas, culturales y económicas de un territorio. Para el caso de Colombia, el currículo contiene el proyecto educativo enmarcado en la legislación y es asignado por el MEN. Pero ¿Qué es específicamente el currículo educativo?

Poggi (1998), explica que el cirrículo educativo “considera las circunstancias sociales e históricas que atraviesan la enseñanza institucionalizada, pues el currÌculum también aparece atravesado, determinado y contextualizado por la cultura institucional escolar propia de cada establecimiento” (p. 17).  Por su parte, Sacristán (2007) ofrece una definición desde el ámbito pedagógico que sustenta que el currículo “es el contenido cultural que las instituciones educativas tratan de difundir en quienes las frecuentan, así como los efectos que dicho contenido provoque en sus receptores” (p. 11). Los autores coinciden, en que toda escuela sin currículo es una propuesta vacía, irreal y descomprometida. El currículo es la expresión y concreción del plan cultural que la institución escolar hace realidad dentro de unas determinadas condiciones. Además, los autores enfatizan en un contenido histórico, cultural y social que contribuye a la consecuención de ese proyecto educativo y debería ser planteado en el.

Desafortunadamente, el currículo en nuestro país es “amañado”, lo expreso así porque las pocas reformas educativas que han sido sustanciales fueron ya hace bastante años o no han conseguido la relevancia para ser tenidas en cuenta o aplicadas con éxito. Por eso “nos amañamos” a la educación de siempre, una de historias pasadas, tradicionalista y conservativa. Si este concepto que se ofrece en el párrafo anterior, pudiera contrastarse con alguna institución educativa en Colombia, podríamos hablar de cierta autonomía y libertad educativa. Los contenidos de la enseñanza que alimentan los currículos son directrices del MEN, que reproducen un modelo de información del que todas las instituciones deben hacerse. No son requisitos sino criterios, y por ello se califican en competencias y habilidades que el estudiante colombiano debe tener para cumplir con el modelo de aprendizaje que espera se de, el Estado.

Es importante entender que cuando algo tan relevante como el conocimiento está en manos del Estado, se convierte un monopolio del saber donde la educación esta enmarcada bajo una sola directriz, imponiendo sus propias reglas de juego. Esto da vía a que se convierta en un móvil ideológico, ya que el Estado es quien dictamina que se debe o no enseñar y a la vez establece las consecuencias para las instituciones, profesores o alumnos que no opten por tomar su camino.

De la idea anterior deberíamos aprender un poco sobre el caso de Cuba y su cátedra Castrista-Guevarista o del caso de Venezuela y su cátedra Bolivariana. Y por qué no, del caso de Corea del Norte y su cátedra sobre la familia Kim. Todos estos países tienen en común el haber convertido la educación en un movil ideológico moldeado a intereses gubernamentales gracias al poder monopolistico del Estado. Colombia no está lejos de ello, de hecho, ya en algunas ocasiones el monopolio del saber ha favorecido y limpiado la imagen de guerrilleros y ex presidentes, a través de cátedras y cartillas que implementan en los colegios públicos y casi que obligan a los colegios privados a hacerlo.

El contexto como alternativa de solución

Ahora, la cuestión es la siguiente: ¿cúal es la forma de comenzar a enfrentar el problema?, creo que a través de este ensayo he insistido que el contexto puede ser capaz de darle sentido a la construcción de un currículo educativo capaz de transformar las realidades.

Del contexto podemos buscar abordar los aprendizajes como aquellos procesos que esperamos adquiera el estudiante. A través de las acciones pedagógicas propuestas en las evaluaciones, situaciones experimentales o determinadas. Asimismo, que puedan comprobarse y medir qué tan oportuna puede ser la enseñanza si toma en cuenta los elementos del contexto.

De allí, tomó un fragmento de la académica y pedagoga Española Ibañez (2012) en el que explica: “la contextualización del saber disciplinar que se genera cuando se utilizan las estrategias de enseñanza contextualizada para conectar los aprendizajes con las realidades del mundo que los rodea, entendiendo estos como parte de ellos y de la vida misma y la transformación que no es vertical sino horizontal de su conocimiento” (p. 4), lo que deduce que el currículo puede adaptarse a las necesidades que se provoquen en la institución para impactar en el contexto y transformar.

Por ende, es importante entender que la única forma de liberar el currículo diferente a quitárselo de las manos al Estado, es que las instituciones educativas reclamen la autonomía de construirlos con base en el contexto. Esta es una posibilidad que tienen algunas instituciones educativas del país, no puedo decir que sean todas, pero así, de a poco, puede ir fraguando en el proceso educativo.

Conclusión:

Finalmente, el propósito de la liberación de la educación es que se le de autonomía a las instituciones educativas de construir los currículos de acuerdo al contexto donde se desenvuelven. Ello permitiría que se cree conciencia de que el proceso de aprendibilidad de un estudiante es el único y mayor responsable de su aprendizaje. Allí, los docentes le deben brindar al estudiante las herramientas para repensar sus propios conceptos, dando cabida a nuevos argumentos y explicaciones que encajen en su propio universo explicativo. El estudiante ira construyendo asi su aprendizaje de acuerdo a lo que quizo escoger libremente estudiar, no siendo esta una decisión impuesta por el Estado.

Todo lo anterior es una invitación no solo a los profesores y pedagogos de Colombia, sino a aquellas personas que conciben la libertad como un valor infranqueable. Debemos encontrar alternativas que busquen fomentar conocimientos acordes a los contextos. Así, aunque suene utopico, poco a poco se puede liberar la educación. Esta en nuestras manos.

Ojalá algún día, los niños de Punta Gallinas en La Guajira puedan estudiar métodos sobre cómo captar agua y producir alimentos en medio del desierto. Como también, los niños del Catatumbo puedan estudiar sobre la construcción de paz, la sana convivencia y la aceptación del otro, en medio del conflicto armado colombiano. Ojalá algún día sea pronto.

Bibliografía:

Ibañez, M. (2012) La liberación del currículo y la enseñabilidad de las Ciencias Naturales,     fortalecida por el proceso de enseñanza situada. Universidad de Madrid, España. Recuperado de: https://es.calameo.com/read/005156791ba9baccf760f?fbclid=IwAR1sZpYBACCKjfcnhlsvG5hYVZ46SL4c1OsaiP1F9C_p6j7dxa3mjcC0GFA

Poggi, M. (1998). Apuntes y Aportes para la gestión curricular. Colección triángulos pedagógicos. Editorial Kapelusz, Buenos Aires, Argentina.

Sacristán, J. G., & GÓMEZ, A. (2013). O que significa o currículum. Saberes e incertezas sobre o currículo. Porto Alegre: Penso, 16-35. Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-109X2010000100009

Velásquez Sarria, J. (2009). La transversalidad como posibilidad curricular desde la educación ambiental. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (Colombia), 5 (2), 29-44. Recuperado de: https://www.redalyc.org/pdf/1341/134116861003.pdf

Autor entrada: Daniel Escobar

Daniel Escobar
Daniel Escobar es Licenciado en Ciencias Sociales. Actualmente, cursa el pregrado en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad La Gran Colombia. También es miembro del Movimiento Libertario y es Cofundador del grupo de investigación y discusión del municipio de La Calera Libertad y Ciudadanía. @LDanielEscobar