Del peligro populista

Hoy tenemos líderes fascistas, o como mínimo autocráticos, dentro del todo el espectro político. Esos pocos profesionales de la violencia se convirtieron en el símbolo de una solución fácil, inmediata y rápida a la complejidad de la realidad y de la vida democrática, que percibían como ineficaz y decepcionante.

Mussolini, que fue caracterizado como  oportunista; inteligente; cínico; de mucha energía – y falta de escrúpulos, se hizo acompañar de  grupos paramilitares como grupos de control violento contra cualquier pensamiento en contrario. Con ello logró ejercer un poder totalitario. Millones de italianos: pequeños empresarios, simples funcionarios, pequeños burgueses que de repente temieron que el socialismo les arrebatara todo lo que tenían, se fascinaron  con esa violencia, y la aprobaron como una posible solución a sus problemas. 

Esos pocos profesionales de la violencia se convirtieron en el símbolo de una solución fácil, inmediata y rápida a la complejidad de la realidad y de la vida democrática, que percibían como ineficaz y decepcionante. Hoy, aún sin  importar el ejercicio de la violencia, el ofrecimiento de seguridad es lo fundamental para que gran parte de la población apoye soluciones de tipo fascista, autoritarismos con vestidos democráticos.

Mussolini aparece como prototipo de los líderes populistas: contra propuestas progresistas  o como salvadores de una crisis de la democracia o como el llamado socialismo del siglo XXI o por la recuperación ingenua de las soberanías nacionales, líderes que consigue guiar a las masas llenándolas  de rabia, miedo, rencor, resentimientos siguen vivitos, en unas partes con violencia y en otras todavía sin ella, pero latente. 

Hoy tenemos líderes fascistas, o como mínimo autocráticos, dentro del todo el espectro político. Líderes autoritarios que  manipulan los sistemas democráticos para mantenerse en el poder, como ha ocurrido en Turquía, Rusia, Hungría, Polonia, Bielorusia, Brasil, Venezuela o EE.UU.  Miremos algunos detalles:

Trump 

Con su “Grandeza de América”, pone en jaque a la democracia estadounidense: con ataques sistemáticos a la prensa crítica, la cooptación de la Corte Suprema (estableciendo una mayoría conservadora),  un férreo bloque parlamentario que lo sostiene contra viento y marea, una gran sombrilla del fiscal general a su servicio y una batería incontenible de fakes  news como “verdades  alternativas”. Con un neonacionalismo que pone en peligro el orden multilateral nacido de la segunda posguerra, con sus discursos incendiarios a favor de la supremacía blanca, sus discursos y acciones xenófobas e inhumanas contra los migrantes mexicanos y centroamericanos, su accionar machista y, por si hace falta, su racismo. Frente a este último, la última perla la tenemos cuando esta semana habló de los “genes buenos” frente a una multitud de seguidores en Minnesota, a lo cual respondió Steve Silberman:

“Como historiador que ha escrito sobre el Holocausto, diré sin rodeos: esto es indistinguible de la retórica nazi que llevó al exterminio de judíos, personas discapacitadas, LGBTQ+, romaníes y otros”. “Así fue como empezó el Holocausto. No lo ignores”, agregó (El Espectador, 2020).

El castrochavismo se convirtió, también, en el coco que invoca la derecha y ultraderecha para tratar de ganar elecciones. Ahora lo sacan a relucir los republicanos en EE.UU para crear miedo en los votantes y evitar el triunfo de los demócratas. Esa estrategia está construida sobre una verdad y una mentira. La verdad es que el castrochavismo  resultó todo un fiasco, un fracaso económico y social (verdad que le duele a alguna “izquierda” que lo defiende, pegándose un tiro en el pie), la mentira es que los contrincantes sean castrochavistas. No es nuevo en la política estadounidense la política del terror de la ultraderecha contra las políticas progresistas, que indistintamente tildan de liberales, socialistas o comunistas. Ya los progresistas en EE.UU sufrieron el macartismo, que fue una política persecutoria funesta contra pensadores y personajes políticos progresistas.

Hoy EE.UU está en el filo de la navaja con Donald Trump como candidato de la derecha para su reelección como presidente. Una candidatura que cabalga sobre las mentiras y prácticas contra el voto de los demócratas, tildando las elecciones de un futuro fraude electoral. Viniendo de Trump es muy verosímil que pueda sabotear el proceso electoral y crear una crisis en el sistema político estadounidense.

Trump mantiene una oportunista paranoia sobre la seguridad nacional que afecta el quehacer de los ciudadanos estadounidenses: “Estas medidas prueban, una vez más, que el presidente Trump hará todo lo que pueda para garantizar nuestra seguridad nacional y proteger a los estadounidenses de las amenazas del Partido Comunista chino”, indica  el secretario de Comercio, Wilbur Ross, para justificar medidas económicas contra la economía china, sin pensar en el bumeran que eso significa para la economía estadounidense. La violencia fascista también amenaza las elecciones en EE.UU (BBC, 2020).

El chavezmadurismo 

Promotores del socialismo del siglo XXI, con los  motorizados “Hijos de la revolución” venezolanos, dueños y señores de las mayores tropelías, de los mercados negros, de los asesinatos de cualquier sospechoso de oposición. Con sus mazmorras y sus máquinas torturadoras, con un aparato de justicia al servicio de la arbitrariedad.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) sostiene que el gobierno de Venezuela ha cometido “violaciones atroces” equivalentes a crímenes de lesa humanidad. Así lo asegura un informe elaborado por una misión de investigación del Consejo de Derechos Humanos de dicha organización y que investigó una serie de asesinatos, torturas y desapariciones que han ocurrido en ese país en los últimos años.

Según el equipo de investigadores, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y otros miembros del gobierno están implicados en  un uso sistemático de la violencia desde 2014, con el fin de reprimir a la oposición política y aterrorizar a la población (BBC, 2020).

Según el informe, Maduro y sus ministros del Interior y Defensa no solo estaban al tanto de los crímenes, sino que dieron órdenes, coordinaron operaciones y suministraron recursos

Uribe

 Caudillo de la extrema derecha colombiana que junto con el paramilitarismo se presentan como fuerzas salvadores contra el avance de las FARC. 

Mostró y muestra su catadura dictatorial con los ataques a la justicia; con sus propuestas del “Estado de Opinión”; con discursos que transmiten miedo a las opciones progresistas; sus discursos y prácticas contra el proceso de paz; El DAS al servicio de la persecución a la Corte Suprema de Justicia, a la oposición y a la prensa crítica; los asesinatos de pobladores inermes para mostrar el “avance victorioso” de las FF.AA contra las guerrillas. 

El Centro Democrático, partido de gobierno liderado por Uribe,  ha incitado al desacato contra decisiones de la Corte Suprema de Justicia que no favorecen a su caudillo y han propuesto una constituyente que crearía un tribunal supremo único, lo cual implicaría eliminar las actuales cortes, que han mostrado independencia”. Un tribunal único sería “un claro atropello al Estado de derecho y a la democracia”. Además, el presidente Duque ha presionado a la Corte Suprema y ha asumido verbalmente la defensa del expresidente Uribe, quien llama al toque de queda impuesto por el gobierno nacional, las Fuerzas Armadas en la calle, con sus vehículos y tanquetas, deportación de extranjeros vándalos y captura de autores intelectuales, un militarismo ramplón como si se tratara de una dictadura. 

El mismo Uribe quien por los días de la campaña del plebiscito convocó a la “resistencia civil” contra el Acuerdo de Paz, que según la propaganda negra uribista de esos días pretendía “volver homosexuales a nuestros niños” y entregarle el país al castrochavismo. Y con una actitud similar,  Duque, como un subordinado de Uribe, sabotea los acuerdos de paz, controvierte las decisiones judiciales, se apodera de los entes de control, viola acuerdos internacionales, actúa con toda tranquilidad,  cómo si no tuviera  que rendirle cuentas a nadie. El país le quedó grande y se le salió de las manos.

Putin 

Con la recuperación de la “grandeza rusa”,  invocando la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial. Una gran política de manipulación e intimidación para sostenerse en el poder. Una política de represión contra la oposición, una mezcla de stalinismo y zarismo. Los zares nunca han dejado de gobernar en Rusia.

Lukashenko

En Bielorrusia, el dictador civil Lukashenko, se vale de la  KGB, única agencia entre  todas las de las repúblicas soviéticas que mantuvo su nombre,  para perseguir a sus críticos y opositores políticos:  detenciones arbitrarias, torturas, intimidación, interrogatorios y deportaciones forzadas.

Desde el inicio de las protestas en agosto pasado, contra lo que se considera un fraude electoral, la KGB bielorrusa ha sido señalada por varios organismos de derechos humanos y activistas de ser uno de los órganos detrás de la represión política que incluso  ha sido condenada por la ONU.

Lukashenko también utiliza a la KGB en su campaña de propaganda y desinformación. La KGB bielorrusa, como su antecesora soviética, no solo se ha hecho conocida por la represión de activistas y figuras políticas. También por volverse un objeto de temor cotidiano tanto entre intelectuales y artistas como ciudadanos comunes,  que son constantemente vigilados.

Cuba

La permanencia en Cuba de un totalitarismo que, con “Los guardianes de la revolución”, la prensa única, la opresión a los disidentes, la corrupción de las élites, y el partido único,  no puede dejar de ser stalinista, aunque haya cambiado de ropaje constitucional y tenga “presidente” civil. Como dice Joaquín Villalobos (2020): Los cubanos “han soportado durante seis décadas una dictadura que justifica su fracaso  por la existencia del demonio imperialista y que sustenta su poder controlando a los cubanos con el miedo, la necesidad de sobrevivir y el escepticismo en cuanto a que un cambio sea posible”.

Boris Johnson 

Ganador de las elecciones a punta de fakes news para acelerar el Brexit. Con su nacionalismo trasnochado y añorando la Pax Britannica,  dice estar dispuesto a violar el derecho internacional y poner en riesgo un acuerdo con la Unión Europea.

Estamos ante la existencia de líderes fascistas tanto dentro de la derecha como en la izquierda, repitiendo “la historia como farsa y tragedia”. Los líderes populistas promueven sus plataformas políticas mediante la polarización social. Quieren mostrarse como los campeones de la grandeza nacional.

Referencias

Villalobos, Joaquín. Cuba. Final de la utopía. Rev. El Malpensante, Agosto, 2020.

Trump vs Biden: cómo está creciendo la presencia de milicias armadas en Estados Unidos y por qué son consideradas un peligro para las elecciones. BBC News Mundo, 21/10/2020.

Crisis en Venezuela: una investigación de la ONU acusa a Maduro de crímenes de lesa humanidad y su canciller dice que son “falsedades” de “gobiernos subordinados a Washington”. BBC News Mundo, 16/10/2020.

Por qué el apoyo de Putin a Lukashenko podría provocar una “anexión blanda” de Bielorrusia. BBC News Mundo, 21/10/2020.

Trump amenaza con firmar una orden ejecutiva para impedir que Biden sea presidente. El Espectador, 21/10/2020.

 

Autor entrada: Ramiro Restrepo

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