Hitler fue un keynesiano autoritario

 

La historia nos recuerda que incluso en los peores días de la gran depresión nunca hubo escasez de expertos que advirtieran contra todas las acciones públicas curativas

Paul Samuelson

 

Hitler, un keynesiano Autoritario
Hitler y Keynes. Imagen tomada de https://n9.cl/namzr

 

La Alemania de los años 30 habita en la historia del siglo XX, no solo como un régimen dictatorial, sino también como un milagro económico. El Tercer Reich (en alemán, Drittes Reich) consiguió que el PIB de Alemania aumentara un 50 % entre 1933 y 1938 y que el desempleo pasara de 43,8 % en 1932 a 12 % en 1936 (Feliu, 2007)[1]. Simultáneamente, aumentó el gasto armamentístico a niveles superiores a los de años precedentes, pasando de 5 % del PIB en el año 1933 a 20 % en 1938 (Overy, 1987). Y sobre todo, encontró la solución a la gran depresión mucho antes de que Keynes escribiera la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero explicando las causas de esta[2]. Así, en unos pocos años, transformó al país en una de las economías más sólidas de Europa y, a su vez, en la mayor amenaza de ese siglo.

 

¿Cómo se hizo esto? ¿Qué impacto tuvieron las políticas económicas del Reich en el proceso de ascenso y consolidación del régimen de Adolf Hitler? ¿Qué similitud tienen estas políticas con las políticas keynesianas? Las anteriores preguntas son las cuestiones a las que el presente ensayo responde. Se defiende la tesis que las políticas económicas alemanas posteriores a la crisis tuvieron un alto grado de impacto sobre el ascenso y posicionamiento del Reich y que sus políticas de intervención estatal, sus políticas de empleo y manejo del sistema bancario consiguieron que una economía alemana derrotada y en crisis, se convirtiera en un milagro económico. Se cree que las políticas del Reich son similares a las políticas keynesianas debido al aumento de la intervención estatal, el alto uso del gasto público, y finalmente porque el modelo. implementado en el proceso de preguerra se puede considerar parte del keynesianismo militar. No obstante, en cuanto a libertades, el keynesianismo dista de las políticas del Reich.

 

El escrito consta de cuatro partes: la primera explica las políticas keynesianas más representativas, la segunda expone acerca del gasto público de Alemania y sus políticas derivadas, la tercera presenta el proyecto autarquía, el manejo de la deuda y las finanzas del regímen, y la cuarta a partir de lo expuesto anteriormente hace un análisis acerca de que tan relacionadas son las políticas keynesianas a las políticas del Reich.

 

  1. Las políticas keynesianas

 

John Maynard Keynes fue el economista más importante de los años 30, -por dos razones-. Primero, por sus postulados respecto a cómo salir de la gran depresión; segundo, porque a partir de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero nace la macroeconomía (Ros, 2012). En aras de establecer un contraste entre el modelo alemán de los años 30 y las políticas keynesianas[3], resulta pertinente introducir las ideas de Keynes.

 

En los años treinta, fecha para la que escribía Keynes, las tasas de desempleo eran del 25 % en Estados Unidos y del 33% en otras partes del mundo a causa de la gran depresión (Bernanke & Johhanson, 2007). El paradigma económico, -que planteaba que no podía haber desempleo involuntario, se había vuelto obsoleto, pues estaba anclado a dos postulados que le imposibilitaban encontrar la solución a la crisis.

 

El primero de estos postulados explicaba que el desempleo sucedía solo por causas estructurales o friccionales[4] y el segundo planteaba que el mercado lograba siempre el equilibrio (autorregularse). A su vez, se consideraba que la intromisión del Estado resultaba nociva para el buen funcionamiento del mercado. Esto llevaba a sustentar que “si los salarios pudieran subir y bajar libremente, sin convenios ni regulaciones, o si no existiesen trabas a la contratación y libre despido, entre otras medidas liberalizadoras, el desempleo no existiría” (Jiménez, 2016, pp. 1).

 

El problema de estos planteamientos era que no justificaban lo que estaba pasando. ¿Tenía sentido afirmar que más del 10 % de la población americana estaba voluntariamente desempleada[5] o que el mecanismo de mercado se lograba autorregular cuando probaba que estaba con excesos de mano de obra? En efecto, no lo tenía, y esto fue lo que expuso Keynes en su libro.

 

Keynes refuta el primer postulado explicando que no existe solamente desempleo estructural y friccional (voluntario), sino que también existe desempleo involuntario, dado que existen trabajadores con capacidad, disposición y tiempo para trabajar y, a pesar de esto, no están empleados. Lo que implica que hay una imperfección en el mercado y que es deber del Estado intervenir.

 

A pesar de que para los economistas ortodoxos el desempleo ocurría por la rigidez de los salarios en el mercado laboral[6] (negando que hubiese una imperfección del mercado), para Keynes era el resultado de un problema en el mercado de bienes y servicios; habían recursos ociosos. Por esto la solución keynesiana no era flexibilizar y bajar los salarios, ya que esta era una medida contraproducente para el empleo, pues esto implicaba una caída en el consumo que se expresaría como un aumento en la tasa de desocupación. La salida era mejorar las expectativas de los empresarios para que estos aumentaran la producción de bienes y servicios y, por ende, contrataran más mano de obra.

 

Gráfico 1: Desempleo en Estados Unidos entre los años 1929-1939

 

La crítica al segundo postulado recaía en si el mercado podía o no en momentos de crisis hacer que las personas aumentaran su consumo o que los empresarios aumentaran su inversión. Los datos expuestos en el gráfico 1 muestran cómo después de la crisis de 1929 aumentó de manera súbita el desempleo en Estados Unidos entre 1930 y 1933. Este hecho apoya el planteamiento keynesiano de que en momentos de crisis el Estado debía intervenir el mercado e impulsar políticas contracíclicas, ya que este no lograba autorregularse, tampoco lograba incentivar el consumo o la inversión., Al contrario, agravaba sus fallos, por lo cual únicamente la autoridad con la potestad de hacer uso de la política fiscal y monetaria (el Estado) podía aumentar la demanda agregada y solucionar el problema de empleo que aquejaba a los países. En otras palabras, si el Estado manejaba el gasto público, las tasas de interés y la producción, podría mejorar el consumo y la inversión, lo que conllevaría a más trabajadores contratados.

 

  1. Acerca del gasto público en el Reich

 

La gran depresión impactó a la República de Weimar (en alemán, Weimarer Republik) a causa de la dependencia de ésta a los préstamos a corto plazo del gobierno estadounidense (García, 2018) Lo cual, debido al aumento de las tasas de interés y por consiguiente, la reducción de los préstamos, hizo que en la República el desempleo pasara de 1.3 millones de desempleados en 1932 a 6 millones en 1933 (Dimsdale & Horswood, 2006).

 

Teniendo en cuenta que el mecanismo de mercado estaba averiado, el gobierno de aquella época optó por una mayor recaudación de impuestos y un recorte de los gastos del Estado, optó por disminuir la capacidad de consumo y el gasto público. Esto aumentó aún más las consecuencias de la depresión en la población y como era de esperar desde una perspectiva keynesiana, no solucionó la crisis. Las consecuencias de estas políticas,  evidenciadas en el gráfico 2-, representaron el fin de la República de Weimar y el inicio del Reich (Garcia, 2018).

 

Gráfico 2: Tasa de desempleo de Alemania entre los años 1919-1955

Tasa de desempleo de Alemania entre los años 1919-1955
Fuente: (Then, 2007) – Elaboración: Nach Felix Butschek

 

El tercer Reich, -una vez en el poder-, tenía un inmenso reto: ¿cómo salir de la crisis? La respuesta a esta inquietud apremiante provino del exdirector del Banco Central de Alemania (en alemán, Reichsbank), Hjalmar Schacht. Schacht, como ministro de finanzas en 1933, fue el primer economista en demostrar que la solución a la crisis que atravesaba su país era la intervención estatal y el gasto público (Bronw, 2011). A partir de esto, desarrolló un mecanismo que permitía financiar este gasto sin necesidad de aumentar la deuda, los bonos Mefo.

 

Los bonos Mefo eran emitidos por la Sociedad de Investigación Metalúrgica[7], respaldados por el Estado y descontados por el Reichsbank. Para esto, el banco emitía billetes para enfrentar dicha obligación (Evans,2005). En otras palabras, dichos bonos, a diferencia de los títulos emitidos por el Reichsbank, estaban relacionados con la búsqueda de beneficios económicos y no con el tiempo de vencimiento de estos.

 

Si bien esta medida tenía augurios de inflación por parte de la corriente ortodoxa, tales sorpresas inflacionarias no se dieron. La primera razón para que no ocurriera fue que dicha inflación estuvo en parte apaciguada con la adquisición de nuevas tierras en la guerra (Evans,2005), cosa que se pudo evidenciar con el Banco Internacional de Pagos, tema que será mencionado más adelante. La segunda razón fue que “las fábricas estaban ociosas y la gente sin empleo” (Brown, 2011, p.231), lo cual significó que los recursos estaban disponibles para aumentar la productividad. Por lo anterior, incrementar la masa monetaria no tenía efectos inflacionarios, sino que mejoraba el mercado de bienes y servicios, es decir, mejoraba la oferta y demanda agregada (Schacht, 1954).

 

Al contar con una herramienta sólida de financiación, el Reich pudo llevar a cabo un ambicioso conjunto de programas de gasto público, entre los cuales destacan:

 

  1. El programa Reinhardt[8], compuesto de dos partes. La primera, aprobada el 1 de junio de 1933, que consistía en una ley para el aumento del empleo, que constaba de un aumento en 1000 millones de marcos adicionales a obras públicas. La segunda, aprobada el 21 de septiembre del mismo año, empleó 500 millones de marcos para créditos de a empresas de distintos sectores, en especial del sector vivienda, ya que este empleaba una gran cantidad de mano de obra (Evans,2005).

 

  1. La política familiar subsidiada, que tuvo dos objetivos. Primero, reducir el desempleo mediante el desplazamiento de las mujeres del mercado laboral, aumentando así la cantidad de puestos de trabajo para hombres. Segundo, reafirmar las consideraciones sobre la superioridad de su raza mediante la reconsolidación de las familias. El programa funcionaba como una subvención de 1.000 marcos en forma de bonos canjeables por equipamiento para el hogar, los cuales eran dados a las parejas del país recién casadas que cumplían con los requerimientos que imponía el Reich. Este préstamo tenía que ser pagado en un máximo 8 años, según la ley de desempleo. Si dicha obligación no fuese completada, la mujer no podía integrarse al mercado laboral a no ser que su pareja perdiese el trabajo. Es decir que las mujeres debían salir del mercado laboral (Evans, 2005). Esta medida de la política familiar incentivó la expansión de la construcción, al haber más alemanes percibiendo un sueldo, aumentó el consumo y, por ende, aumentó el producto del país[9]. Esto se explica como sigue: si una persona percibe un sueldo, lo consume y, como su consumo depende de la producción de otros sectores, aumenta la producción (y esto ocurre sucesivamente, pues los que trabajan de en otros sectores también consumen su renta). Lo anterior dio lugar a que el Reich se acercara a la institución primaria de la economía -las familias- y gestara una transformación fundamental en el idealismo alemán.

 

  1. El Servicio de Trabajo del Reich (RAD) tenía como objetivo dotar de mano de obra los diferentes proyectos del régimen como la expansión militar, el aumento de la construcción o el desarrollo industrial. Este funcionaba para que “quienes no prestaban servicio militar o trabajaban en empresas vinculadas al esfuerzo bélico realizaran alguna prestación laboral (en trabajos agrícolas, en los transportes, en empresas)” (Caballero, 2014, pp.5). En otras palabras, obligaban a aquellos desempleados a ganarse un subsidio y ponían al pueblo en función de los requerimientos estatales.

 

  1. El Estado de bienestar alemán de los años 30, el cual significo un Estado garante de las necesidades más básicas: los servicios públicos, la educación y otros gastos. Esto mejoró la popularidad y aceptación del Reich y aumentó la calidad de vida del pueblo alemán, pues representó un incentivo al consumo, el empleo y la inversión. Según Aly (2007):

 

El nazismo mejoró el nivel de vida de la población. El Estado pagó una ayuda a las familias numerosas (que aumentó en un 96% entre 1.938 y 1.942) y asumió gastos tan diversos como los de extracción de muelas o la educación especial de los niños. En 1.941 las pensiones subieron un 15% de promedio y se introdujo el seguro obligatorio de salud.  El campesinado devino un sector privilegiado por la política de precios y de impuestos. Se prohibió aumentar los alquileres y sólo se gravó al conjunto de la población con impuestos indirectos sobre el tabaco, el aguardiente y la cerveza. (pp. 44)

 

Por todas estas medidas, el desempleo disminuyó drásticamente mejorando la favorabilidad del Reich y permitió que estuviese más cerca de la consolidación absoluta. Sin embargo, como se puede ver en el gráfico 3, este incremento del gasto público no solo fue solamente gasto de construcción, sino que también hubo una política de rearme.  Evans (2017) afirma que, de hecho, “el significado del programa nazi de creación de empleo era otro que iniciar una recuperación economica” (pp. 337). Este era el rearme alemán.

 

Gráfico 3: Gasto público en Alemania 1928-1938

Fuente: (Overy, 1982) – Elaboración propia

 

A pesar de esto, el aumento del gasto público demostró a partir de la práctica de la tesis keynesiana que el gasto público funcionaba de forma contracíclica, siendo bueno en los momentos de recesión. Las políticas de rearme del Reich, similares a las del modelo de keynesianismo militar, mostraron su impacto sobre el empleo en las economías en crisis. Robinson (1984) dice “en épocas de rearme y guerra no existe el desempleo, se trabaja más que en épocas de paz” (pp. 209).

 

A partir de lo anterior, se pueden hacer varias conclusiones: Primera, gracias al uso de políticas económicas no convencionales (keynesianas), el Reich logró solucionar el problema de desempleo que había dejado la República de Weimar. Segunda, fue la política de rearme la base del proyecto alemán, lo cual repercutió sobre todos los sectores de la economía y, por ende, impactó positivamente el empleo. Tercera, que gracias a los bonos mefo y el conjunto de medidas, el Reich logró ganar favorabilidad entre la població, lo que  les permitio estar cada vez más cerca de la consolidación.

 

  1. Autarquía, deuda y las finanzas del Reich

 

  • El caballo de Troya alemán

 

 El tratado de Versalles impuso sobre Alemania medidas revanchistas que buscaban incapacitar a la economía alemana. Estas desencadenaron sobre el país distintos problemas como la hiperinflación entre 1921 y 1923. Con la llegada de la crisis de 1929, la República de Weimar se vio en serios aprietos para continuar con el pago de la deuda, por lo cual los aliados tuvieron que crear un programa conocido como el plan Young. Este consistía en mejorar los términos de pago, dividiéndolos en anualidades de 473 millones de dólares y estipulando que dos tercios del pago podrían postergarse hasta el año 1988. El restante tendría que ser pagado de manera incondicional (Jung, 1989). Para esta función de recaudación, se creó el Banco de Pagos Internacionales (BPI) en 1930, que resultaría siendo fundamental en las finanzas del Reich, tanto que permitiría que el régimen tuviera una herramienta de enajenación frente al exterior.

 

El BPI resultó ser el caballo de Troya que tanto habían esperado los alemanes: mientras que para el exterior era una institución que canalizaba los pagos de la guerra, para los nazis fue la herramienta que les devolvió el control económico del país (Herrera, 2018). Asimismo, de acuerdo a Aymerich (2019) sirvió como cómplice de la expoliación hecha a los judíos en el holocausto, que fue de aproximadamente 6.800 millones de reichsmarks entre 1933 y 1939, y de acuerdo a Herrera (2018) fue parte fundamental del robo que sufrió el Banco Central de Checoslovaquia, al recibir sus fondos y girarlos al Reichsbank luego de la conquista del Reich a los sudetes checos (Herrera, 2018). Así, el Reich pudo consolidar sus intereses en el extranjero y, a su vez, pudo institucionalizar todas las adquisiciones hechas al pueblo judío mediante atropellos. 

 

  • El proyecto de autarquía

 

La crisis en Alemania estaba en auge. Para el primer semestre de 1931, ya habían salido más de 3.500 millones de Reichsmarks. Las reservas de oro alemanas habían quedado reducidas a la mitad, por lo cual el gobierno del canciller Heinrich Brüning decidió entrar en moratoria de la deuda y “centralizar todas las operaciones de cambio en el Reichsbank, esforzándose por repatriar los fondos procedentes de las exportaciones alemanas, prohibiendo las transacciones de largo plazo” (Attali, 1992, pg.147). Esta medida resultó eficiente, pues le devolvió la paridad al Reichsmark respectó al oro y, en consecuencia, atajó la salida de capitales. Sin embargo, volvió evidente la fragilidad de la economía en lo relacionado con la IED[10]. Por esto, después de haber sido financiado por banqueros internacionales a través de Schacht, en 1933 Hitler decide poner en funcionamiento 4 medidas opuestas al sistema financiero internacional que lo había ayudado (Makow, 2009). Según Brown (2011), estas medidas fueron:

 

Primero, rechazar los préstamos extranjeros con interés y basar la moneda alemana sobre la producción en vez de sobre el oro. Segundo, obtener las importaciones mediante el trueque. Tercero, ponerle fin a lo que llamaban ´libertad de divisas`, lo cual era básicamente´ la libertad para apostar en monedas y mover fortunas privadas de un país a otro dependiendo de la situación política. Y cuarto, crear dinero mientras hubiera hombres disponibles para trabajar en vez de endeudarse para conseguirlo. (pp. 228)

 

Estas medidas mitigaron problemas como la especulación y el déficit de la balanza de pagos, pero, sobre todo, concibieron la creación de una industria sin deuda. El gráfico 4 muestra su impacto en el PIB: hubo un alto desarrollo industrial, que suplió la necesidad de las importaciones con producción nacional e hizo viable desligarse del dominio del patrón oro y de los intereses de los banqueros que lo promovían (Brown, 2011).

 

Gráfico 4: Producto Interno Bruto (PIB) en Alemania 1928-1945

Fuente: Maddison Historical Statistics-Elaboración propia.

Sin embargo, también hay que recalcar la importancia de la decisión de entrar en moratoria en 1934. Esta permitió desviar una parte de los recursos destinados a la deuda al gasto armamentístico y otra para el programa de gasto público. Así como la expropiación judía en el holocausto. Estas dos medidas también se reflejaron en el incremento del PIB.

 

El milagro económico de los años treinta, entonces, se gesta como la consecuencia de las medidas que toma un país que financia su gobierno y operación bélica sin oro y sin deuda (Emry, 1984) y, a su vez, del uso de una institución como un arma; se robó a inocentes y se institucionalizó dichas adquisiciones. De esta manera, el Reich concibió a la autonomía económica como el camino para convertir una economía en crisis en una gran economía de guerra.

 

  1. ¿Pueden ser calificadas como medidas keynesianas las políticas económicas del Reich?

 

En el prefacio a la edición alemana de su libro la Teoría general del empleo, el interés y el dinero, Keynes (1936) dice que:

       Gran parte del contenido de este libro está ilustrado y expuesto principalmente en referencia a las condiciones existentes en los países anglosajones. No obstante, la teoría del producto en su totalidad que este libro tratará de ofrecer es, por mucho, más fácilmente adaptable a las condiciones de un Estado totalitario que la teoría de producción y distribución de un producto dado con las condiciones de libre competencia y en buena medida de laissez faire. (pp. 22)

 

Esto no solo dice que las políticas económicas del Reich expresan de manera fidedigna las ideas keynesianas, sino que expresa implícitamente la relación entre un Estado Leviatán, y un Estado absoluto como lo fue el Reich y la posibilidad y capacidad para aplicar las teorías de incentivos a la demanda agregada.

 

Ciertamente, si se examinan las políticas de gasto público del Reich se puede evidenciar que la lógica keynesiana está por todos lados. Keynes hablaba de aumentar la intervención estatal, apalancar la demanda agregada a través de aumentos en la inversión y consumo vía gasto público. Esto fue lo que hizo Alemania a través de un ambicioso programa de gasto público enfocado en la construcción y el rearme. Este aumento del gasto armamentístico expuso la idea clave del modelo alemán: una economía de guerra, que no era otra cosa que el reemplazo de productivo de bienes de consumo por armamento, lo cual es parte del keynesianismo militar[11].

 

Por otra parte, el manejo de la emisión de bonos mefo como uno de los métodos para financiar la crisis, expuso una tesis keynesiana mencionada en el capítulo dos. La política monetaria expansiva en momentos contracíclicos, no produce problemas sobre el nivel de precios sino que expande la demanda agregada aumentando el producto y a su vez el empleo. En otras palabras, los bonos mefo no produjeron inflación, porque había maquinaria disponible y gente dispuesta a trabajar, y más bien esto incrementó el PIB de Reich y alivió el desempleo.

 

Fuera de lo anterior, las demás políticas económicas adoptadas por el Reich fueron restrictivas con las libertades del mercado. Por esto, en definitiva, no son keynesianas. Keynes estaba en contra de las políticas de planificación central y de la naturaleza dictatorial de los regímenes socialistas, por lo que no hubiera aprobado la restricción al libre flujo de capitales o la cartelización estatal. Sobre esta última medida, el Reich “(…) ordenó la disolución, fusión o reestructuración de todas empresas con capital social inferior a 100.000 RM. El resultado fue una desaparición del 20 %. de todas las empresas alemanas” (Šastný y Lipka, 2008, p.114)

 

A partir de lo expuesto en el apartado 4, se concluye que las políticas económicas del Reich como conjunto no pueden ser consideradas keynesianas. Lo anterior debido a que, si bien hay unas políticas que se ajustan por completo a lo mencionado (los incentivos a la demanda agregada), hay otras que son incompatibles con esta corriente de pensamiento (la supresión a las libertades).

 

  1. Conclusiones

 

Las políticas económicas del Reich desempeñaron un papel crucial en el ascenso y consolidación del régimen. Además, transformaron la economía en el milagro económico de los años treinta. Los aciertos de estas políticas parten de los siguientes dos puntos. Primero, se comprendió la necesidad de la autarquía en el sistema económico mundial, que garantizó que el país pudiese fortalecerse industrialmente. Segundo, se permitió que el país desarrollara su propio mecanismo de comercio en el que pudo desenvolverse sin incurrir en deuda. Por otra parte, el éxito de las políticas del Reich también se debió a la creación de programas como el RAD, en el que se logró coordinar las necesidades de la oferta con la disponibilidad de la demanda.

 

De igual manera, las medidas contra el desempleo no solo mejoraron la favorabilidad del Reich, sino que aliviaron la situación económica del país y potenciaron la nueva economía de guerra. Esta economía de guerra también fue alimentada con la política de expropiación, que permitió que el gobierno adquiriese fondos sin haber pagado por ellos y, en consecuencia, que hubiese tenido un aumento en la capacidad productiva que se vería reflejado en el aumento de la producción del país.

 

El Reich demostró la solución keynesiana a la crisis;, el uso la política monetaria y fiscal para incentivar la demanda agregada. Sin embargo, hay que recalcar que no todas las políticas Reich contienen una lógica keynesiana, pues, si bien las medidas para combatir el desempleo y financiar dicho propósitoson keynesianas, las medidas como la cartelización, van en contra del pensamiento de Keynes.

 

Referencias

 

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Autor entrada: Juan Acevedo

Juan Acevedo
Juan Acevedo es estudiante de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Soñador experimentado, amante del merengón y las buenas costumbres. Encuéntrenlo en Twitter como @Soyjuan_acevedo.