Ingenuos políticamente correctos

Nadie con su voto está patrocinando masacres ni las auspicia. Es mezquino apropiarse del dolor de una situación que a todos nos impacta y que algunos utilizan para hacer política a nombre de las víctimas.

 

Imagen tomada de: https://bit.ly/3bIeoau

Sin lugar a duda el Gobierno actual tiene la obligación de garantizar la no repetición de los hechos violentos que han ocurrido los últimos días. Tiene, a su vez, una deuda histórica con los territorios en donde la presencia del Estado solo causa desconfianza y quienes ejercen el control son grupos armados irregulares que hacen las veces de jueces, amos y señores sobre la vida de los ciudadanos, que al final, siempre tienden a perder.

Pero es muy ingenuo creer que las masacres no se habrían presentado si hubiera ganado cualquier otro candidato a la presidencia. El incremento en los cultivos de coca viene de tiempo atrás, coca que fortaleció a las estructuras criminales que cometen las masacres. Tal vez si tuviéramos otro gobierno esa situación no cambiaría, e incluso, creo que sería más grave. El cumplimiento de los acuerdos no hubiera sustituido, en dos años de gobierno, deudas históricas de décadas.

También es ingenuo culpar a los electores que creyeron en un proyecto político y lo eligieron en democracia. Nadie con su voto está patrocinando masacres ni las auspicia. Es mezquino apropiarse del dolor de una situación que a todos nos impacta y que algunos utilizan para hacer política a nombre de las víctimas. Ningún Gobierno tiene la intención de actuar en contra de su pueblo violentamente, es muy lamentable que hayamos llegado al punto de inculpar al presidente por las muertes, que desafortunadamente, ocurren en el País. 

La ingenuidad también es creer que con la implementación del acuerdo, en dos años de Gobierno, desaparecerían todos los males que aquejan a las distintas regiones. Una deuda estatal de décadas no se suple de un día para otro en territorios que han construido su institucionalidad a la medida de los grupos armados y narcotraficantes, cualquier iniciativa para reconstruir la configuración social de estos lugares tardará décadas en producir sus efectos.

Que más ingenuo que pensar que el relajamiento de la fuerza pública durante el proceso de paz, en varias de las regiones en donde ahora se presentan las masacres, no tiene nada que ver con el incremento de los cultivos de coca y de la criminalidad.

El combustible de la violencia son las actividades ilegales y ahí el narcotráfico tiene una gran participación, pero ¿tiene el Gobierno herramientas eficaces para luchar contra esa problemática? Creo que no, cada vez es menor el margen de maniobra que tienen las autoridades para frenar los cultivos. Se han prohibido las aspersiones aéreas por los efectos nocivos que tienen sobre la salud humana. Hace poco se prohibió la erradicación forzada de cultivos ilícitos en tres municipios del Cauca, ya que, según el tribunal de ese Departamento, es necesario que la sustitución se realice de manera voluntaria. Esta situación no tardará en replicarse en otras zonas del país, en donde seguramente se valdrán del mismo argumento para impedir la erradicación. 

Lo problemático de un Estado atado de manos, es que la sustitución voluntaria de cultivos de coca puede durar cinco años, mientras eso pasa, los grupos armados que se financian del narcotráfico se fortalecerán. Veremos cada vez más hechos violentos y víctimas en los territorios donde la presencia del Estado es débil o inexistente.

El argumento siempre ha sido que los campesinos en algunos territorios del país no tienen otra opción que sembrar coca, porque no cuentan con vías de acceso para transportar otros tipos de productos y sus oportunidades son limitadas. El negocio de la coca sigue siendo una opción más racional desde el punto de vista de las decisiones individuales, si un campesino emprende la aventura de diversificar su actividad con otros cultivos, es incierto si recuperará los costos de su inversión, mientras que si cultiva coca, siempre habrá algún traficante interesado en comprarle.

Hasta hace muy poco, la coca se utilizaba como medio para transar o “cambalachear” (en algunas regiones significa el trueque de la pasta base de coca por otros bienes). ¿Bastará con mayor infraestructura? ¿Las oportunidades que se busca brindar con los acuerdos cambiarán la lógica de la rentabilidad y la seguridad de vender pasta base de coca? Son preguntas que deberíamos hacernos para plantear una posible solución.

Autor entrada: Fernando Guio

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Fernando Guio es estudiante de décimo semestre de Derecho en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, becario de investigación en dicha universidad, estudiante de séptimo semestre de Administración Pública en la Escuela Superior de Administración Pública, auxiliar de investigación en la linea de investigación sobre economía de lo púlico.