Un ventilador para el comercio

Le llaman costo porque está asociado a un recurso limitado: el derecho a circular en el espacio público. Pero, a diferencia de los costos financieros habituales no puede ‘pagarse’ para acceder a él.

 

Imagen tomada de la Alcaldía de Bogotá: https://bogota.gov.co/mi-ciudad/alcaldesa-anuncia-medidas-para-una-nueva-realidad-en-bogota

Después de varios meses de cuarentena, en Bogotá llegó el momento de reabrir la economía. El martes pasado, la alcaldía distrital anunció los protocolos que se aplicarán en los próximos meses[1] y sus anuncios no estuvieron exentos de controversias. La situación recuerda una anécdota sobre el diplomático francés de principios del siglo XIX, Talleyrand, y su archirrival el príncipe Metternich de Austria. Cuando murió Talleyrand, se supo que Metternich había dicho: “Me pregunto qué pretenderá con eso” [2].

Así están los ánimos últimamente en Bogotá. La alcaldía culpa a los gremios de las aglomeraciones y los contagios, mientras que los gremios buscan dobles intenciones en cualquier acción del distrito.  Mención especial merece Fenalco —gremio nacional de comerciantes—, que tiene una pelea casada con la alcaldía desde mitades de junio, cuando la alcaldesa Claudia López reprochó airadamente un par de aglomeraciones que se presentaron en el día sin IVA[3] y, de ahí en adelante, les echa pullas a los comerciantes cada que hay ocasión.

Vamos por partes: como es sabido, el COVID-19 se transmite mediante contacto humano. Si hay más contacto hay más enfermos y, en últimas, más personas demandando ucis. En consecuencia, el objetivo público número uno se volvió evitar el colapso del sistema hospitalario. La gente inevitablemente se muere de COVID, pero —es éticamente preferible—que se mueran con todos los cuidados que la ciencia les puede brindar.

Se pueden hacer dos cosas en este sentido: comprar ventiladores y priorizar las actividades que requieran menor contacto humano. Respecto a la segunda, el distrito desarrolló un modelo que mide el costo epidemiológico de las distintas actividades —económicas y no económicas— y permitirá la operación de estas en distintos días de la semana para que el ‘costo’ sea manejable con la capacidad médica disponible.

Aquí empezó el problema con Fenalco, quien afirma que con estas medidas su operación será inviable y muchas empresas quebrarán[4]; además, el gremio dice sentirse discriminado y estigmatizado.[5] Tienen razón en lo primero: las empresas no pueden cerrar por largos periodos y volver a abrir como si nada; una empresa no es sólo una organización física, con maquinaria, computadores y empleados (esto último se puede cerrar), sino que además es un conjunto de contratos y deudas que siguen cobrándose haya o no cuarentena.

También tendrían razón en lo segundo si estuviéramos en ocasiones normales, pero, por supuesto, estas no lo son. No es por capricho que se restrinjan algunas actividades. Las actuales medidas son desafortunadas y preocupantes si se quiere, pero no caprichosas. Si es por poner adjetivos, eso sí, son medidas raras. No es usual que el gobierno —ni local ni nacional— decida quiénes pueden hacer uso del espacio público. No es usual darle el simpático nombre de ‘costo epidemiológico’ al sencillo acto de salir a la calle.

Examinemos esto con cuidado: le llaman costo porque está asociado a un recurso limitado: el derecho a circular en el espacio público. Pero, a diferencia de los costos financieros habituales no puede ‘pagarse’ para acceder a él. Incluso con recursos escasos como los medioambientales, se han creado mecanismos para que quien quiera usarlos pague, por ejemplo, en forma de impuestos al carbono. Con el distanciamiento social no hay tal mecanismo, ¡No se le puede pagar a nadie!, entre otras razones, porque no se sabe quiénes serían las nuevas víctimas del coronavirus si se hiciera una apertura descontrolada. El resultado inmediato es que el análisis costo-beneficio que hace Fenalco —que usualmente es una excelente herramienta para plantear políticas públicas— sea ineficiente en este caso.

A eso se reduce lo raro de la situación, a que hay un recurso que ahora es escaso y antes no lo era. Y no me refiero a alguna zona específica, me refiero a que la totalidad de los bogotanos que pueden estar fuera de casa al mismo tiempo es ahora limitada. Hay varias consecuencias de este fenómeno que podemos analizar.

La primera es que el derecho a circular, cuando no era escaso, no era un recurso propiamente económico. Es usual que las sociedades discutan por quién debe quedarse con los recursos escasos como las materias primas, las exenciones impositivas o las subvenciones estatales. Por tanto, era usual ver a Fenalco discutiendo con otros gremios para ganar estas prebendas. Ahora, no solo debe discutir con los demás gremios, sino que debe ‘pelearse’ el derecho a circular con las demás actividades que utilicen el espacio público. Por ejemplo, el comercio y las actividades culturales/deportivas que antes se veían como dos cosas diferentes, ahora no lo son. Ahora todo tiene que ver con todo. Del espacio público antes nos preocupaba, por mucho, su estética y su iluminación. Era tema de la Secretaría de Hábitat. Ahora, se suman la Secretaría de Hacienda, la de Desarrollo y todas las demás, para pensar en cómo administrar este preciado recurso.

En general, la sociedad está viendo la libertad de circulación con una nueva óptica. Cuando podíamos circular por la ciudad cuando quisiéramos, poco importaba quién circulara más y si lo hacía en el espacio público. Es el caso de los vendedores ambulantes, rechazados a veces por no pagar impuestos ni arriendo (y así competir deslealmente con los formales), por las condiciones sanitarias de sus productos o por estética; pero nunca antes por su sola presencia, por usar gratis un pedazo del ‘costo epidemiológico’ de la ciudad. Esto si no es raro, esto es más bien una constante en la historia humana: cuando un recurso se vuelve escaso, se recrudecen los conflictos por usufructuarlo. Así pasó hace unos días, cuando los comerciantes formales se enfrentaron con los informales en San Victorino[6].

Con las nuevas variables, surgen nuevas aristas en los problemas, cosas que antes no importaban y ahora sí. Como mencioné, los límites entre distintas actividades se difuminan, pues muchas requieren circulación y contacto humano y, por tanto, pueden generar contagios. Por eso, en circunstancias normales, lo único que tenía relevancia económica para describir a un trabajador era cuánto tiempo trabajaba y cuánto le pagaban. En cambio —en circunstancias pandémicas— también importa qué tan lejos vive, qué medio de transporte usa, cuántos eventos sociales frecuenta, con cuántas personas interactúa y a qué distancia.

En suma, son circunstancias raras. De esas que se viven una vez por siglo. Creo que no hay mala fe de parte de la Alcaldía ni de Fenalco; hay, simplemente, una situación atípica que es difícil de interpretar y una crisis económica apremiante que caldea los ánimos. Porque, mal que bien, los gobiernos y los gremios están acostumbrados a lidiar con problemas económicos, con costos y beneficios financieros. Pero tomar decisiones que afectan la vida y muerte de la población es algo nuevo.

De manera que en esta pandemia no solo los negocios se reinventan. También lo hace la política y sus discusiones. Pero hay que entender y adaptarnos, discutir y llegar a acuerdos. De lo contrario los comerciantes terminarán vendiendo en la clandestinidad, y la alcaldía, gobernando para las apariencias.

 

Adenda 1: Lamento que las posibilidades de paz del país se sigan midiendo en hectáreas de coca. ¡Glifosato o plomo! —amenaza el ministro Holmes.

Adenda 2: Tomás y Jerónimo Uribe se perfilan como los próximos delfines del Centro Democrático para aliviar la orfandad que sufre este partido. Noticia en desarrollo…

Notas:

[1] “Minuto a minuto: la alcaldía anuncia medidas para la nueva realidad en Bogotá”, Bogotá, acceso el 26 de agosto de 2020, https://bogota.gov.co/mi-ciudad/alcaldesa-anuncia-medidas-para-una-nueva-realidad-en-bogota.

[2] Ben Bernanke, El valor de actuar: Memoria de una crisis y sus secuelas (Barcelona: Crítica, 2015), 604.

[3] Laura Becerra “La Alcaldía de Bogotá ordenó el cierre de Alkosto en Venecia por falta de protocolos”, La República, 19 de junio de 2020, acceso el 26 de agosto de 2020, https://www.larepublica.co/empresas/distrito-cierra-el-alkosto-del-barrio-venecia-por-las-aglomeraciones-del-dia-sin-iva-3020589.

[4] Debido al alto costo epidemiológico estimado, se decretó que este sector opere a una capacidad comparativamente inferior a la de otros sectores. Por ejemplo, el comercio al por mayor tiene permitido operar 4 días (de lunes a jueves), mientras que la construcción lo puede hacer 6 días (de lunes a sábado).

[5] Redacción “Fenalco: el comercio es inviable con la ‘nueva normalidad’ de Bogotá”, Dinero, 25 de agosto de 2020, acceso el 26 de agosto de 2020, https://www.dinero.com/pais/articulo/como-es-la-nueva-normalidad-de-bogota-fenalco-se-opone-al-modelo/296859.

[6] Redacción “VIDEO: Batalla campal de comerciantes en San Victorino”, Las 2 orillas, 19 de agosto de 2020, acceso el 26 de agosto de 2020, https://www.las2orillas.co/video-batalla-campal-de-comerciantes-en-san-victorino/

 

Bibliografía:

Becerra, Laura.  “La Alcaldía de Bogotá ordenó el cierre de Alkosto en Venecia por falta de protocolos”. La República, 19 de junio de 2020, acceso el 26 de agosto de 2020. https://www.larepublica.co/empresas/distrito-cierra-el-alkosto-del-barrio-venecia-por-las-aglomeraciones-del-dia-sin-iva-3020589.

Bernanke, Ben. El valor de actuar: Memoria de una crisis y sus secuelas. Barcelona: Crítica, 2015.

“Fenalco: el comercio es inviable con la ‘nuevo normalidad’ de Bogotá”. Dinero, 25 de agosto de 2020, acceso el 26 de agosto de 2020. https://www.dinero.com/pais/articulo/como-es-la-nueva-normalidad-de-bogota-fenalco-se-opone-al-modelo/296859.

“Minuto a minuto: la alcaldía anuncia medidas para la nueva realidad en Bogotá”, Bogotá. Acceso el 26 de agosto de 2020. https://bogota.gov.co/mi-ciudad/alcaldesa-anuncia-medidas-para-una-nueva-realidad-en-bogota.

“VIDEO: Batalla campal de comerciantes en San Victorino”. Las 2 orillas, 19 de agosto de 2020, acceso el 26 de agosto de 2020. https://www.las2orillas.co/video-batalla-campal-de-comerciantes-en-san-victorino/

Autor entrada: Joan Sebastian Robles Fajardo

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Joan Robles es estudiante de Economía en la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente, trabaja como monitor académico y pertenece al grupo de debate de esta universidad. Además de la economía, le interesa la política y la literatura.