Que el encierro nos haga valorar la libertad

El encierro y las restricciones que seguramente vendrán, nos enseñarán a las malas a valorar la libertad de la que muchos reniegan, pero, que con seguridad, añoran en estos momentos.

 

Estatua de la libertad. Imagen tomada de https://bit.ly/2Xy0S3D

Los valores más importantes en la vida pasan desapercibidos y solo se aprecian cuando se restringen o se pierden. Este es el caso de la libertad, el valor que caracteriza a las democracias modernas y, que hoy más que nunca, se nos hace tan deseable y valorada, tal vez porque es tan natural a la sociedad actual que asumimos equivocadamente que siempre ha estado allí, aunque la historia nos indique lo contrario.

 

Cada una de las libertades que caracterizan nuestra sociedad se ha conseguido tras años de luchas y procesos históricos, la libertad de movimiento, por ejemplo, no siempre tuvo un carácter universal, episodios de la historia dan cuenta de ello, como lo acontecido con la esclavitud que ejercieron las potencias europeas sobre sus colonias, fenómeno que se repetiría en los Estados Unidos con la comunidad afrodescendiente y qué decir de los campos de concentración en la Alemania Nazi.

 

La libertad de movimiento es tan antigua como la humanidad, los primeros hombres eran nómadas y vivían de la caza y la recolección, viajando grandes distancias en lo que ahora conocemos como Europa, África y Asia. El sedentarismo solo apareció en el periodo neolítico hacia el año 9000 a.C. cuando el hombre logra por fin la domesticación de las plantas y los animales.

 

Con el invento del barco como medio de transporte hacia el año 3.000 a.C. los egipcios navegaron por el río Nilo comercializando sus productos y buscando mejores tierras para instalarse, también, fue en barco como llegaron los españoles al descubrimiento de América hacia el año 1492. Con el avión, se aumentó la capacidad de transporte y los tiempos se disminuyeron notablemente, vale la pena recordar que ninguna generación ha viajado más que la nuestra con la seguridad, velocidad y economía que implica la competencia entre aerolíneas.

 

Con la globalización, el hombre llegó a viajar grandes distancias en relativamente poco tiempo y los movimientos de mercancías, capitales y personas se volvieron masivos. Para el año 2019 se calcula un total de 120.000 vuelos diarios que surcaron los cielos en el mundo. Sin embargo, con las actuales circunstancias tardaremos años en volver a estas cifras.

 

El Covid-19 ha logrado lo que muchos políticos retrógrados anhelaban, la crisis de la globalización y el libre flujo de personas, capitales y mercancías. Con esto, celebran quienes siempre han atacado el modelo de democracia liberal y los incentivos que el mercado asigna al ingenio y la creatividad. Sin duda, se trata de una época oscura para la modernidad, que nos enseña a ser conscientes de nuestra fragilidad y de la incertidumbre que rige nuestras vidas, a valorar lo desapercibido y lo que parece esencial ante nuestros ojos.

 

Más allá de los cambios que deriven de esta situación de excepcionalidad que parece prolongarse en el tiempo, es importante que alertemos cualquier aviso de totalitarismo decretado. En estas semanas hemos visto cómo las autoridades compiten por el premio al autoritarismo, la popularidad se mide por la radicalidad de las medidas adoptadas, unas sin sentido ni propósito que las justifique, otras necesarias para afrontar un mal como el que aqueja a la humanidad pero que amenazan con quedarse por mucho tiempo y limitar nuestras libertades.

 

La historia premiará a los líderes que logren adecuar sus economías a una situación de contingencia y, que ante todo, logren disminuir el costo de vidas que la pandemia genere. Para esto, se deberán tomar medidas razonadas y proporcionales que permitan una reactivación de la economía por sectores y de manera progresiva. Sin embargo, la situación se presenta como una oportunidad para el totalitarismo, el control de las libertades y el aumento de restricciones que muchos gobiernos posiblemente utilizaran a su favor. El papel de los jueces es de gran importancia, sin que el activismo judicial entorpezca las medidas que deban ser adoptadas con urgencia para mitigar los efectos de la crisis, se deberán controlar automáticamente cada una de las decisiones que se adopten anulando aquellas que sean desproporcionadas y lesivas a los derechos.

 

El encierro y las restricciones que seguramente vendrán, nos enseñarán a las malas a valorar la libertad de la que muchos reniegan, pero, que con seguridad, añoran en estos momentos. Esa misma que le ha permitido al mundo levantarse de peores crisis y permite que estemos en el mejor mundo posible, con todos los problemas y catástrofes que nos aquejan, pero con la seguridad de que mediante el progreso (en muchas ocasiones lento), nos permitirá mejorar los problemas sociales en el futuro.

Autor entrada: Fernando Guio

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Fernando Guio es estudiante de décimo semestre de Derecho en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, becario de investigación en dicha universidad, estudiante de séptimo semestre de Administración Pública en la Escuela Superior de Administración Pública, auxiliar de investigación en la linea de investigación sobre economía de lo púlico.