Sobre la democracia

 

Nadie ha podido refutar a Churchill cuando dijo que ”la democracia es el peor de los gobiernos, con excepción de todos los demás que se han inventado”.

 

Donald Trump. Imagen tomada de https://bit.ly/2BW61Lh

 

En este breve texto intentaré presentar distintos tópicos: el imperio del capital y la política, trascender el nominalismo sobre la democracia y el problema de las noticias falsas como herramientas de la política y el engaño.

 

Capitalismo

 

El capitalismo ha existido con liberalismo o sin liberalismo, con democracia o sin democracia (ver Babilonia, la otra mitad de la historia. Jacks Gernet. El mundo chino. Decadencia. Michel Onfray), con emperadores o sin emperadores (ver Memoria de Adriano de Marguerite Yourcenar. SPQR. Una historia de la antigua Roma. Mary Beard), en la Edad Media (con bancos, mercados, campesinos y artesanos), con el despotismo ilustrado (el mercantilismo), con la revolución industrial (ver El capital. Karl Marx), con el “socialismo realmente existente” (en realidad el Estado totalitario), con sistemas políticos más o menos democráticos, con capitalismos autoritarios (China, Vietnam, Camboya, entre otros), y hasta teocracias (Irán).

 

La historia ha llegado hasta aquí debido a la lucha contra el oscurantismo (la Ilustración), debido a la revolución de los derechos (liberalismo y liberalismo social), debido al ideal democrático (ver Desarrollo y libertad. Amartya Sen. En defensa de la Ilustración. Pinker. La Tabla rasa. Pinker. Los Ángeles que todos llevamos dentro. Pinker), debido a la educación, la ciencia y la tecnología (Pinker y Harari), debido a la revolución keynesiana (El capitalismo actual. Acevedo y Restrepo. El capital del   siglo XX y Capital e ideología. Piketty), también a la contrarrevolución conservadora (Ibid. El filósofo y el mercader. Victor Méndez) y debido a la lucha contra la pobreza (El gran escape. Angus Deaton). Como en todo proceso histórico hay luces y sombras: la desigualdad campea, muchos excluidos en pobreza y pobreza extrema. Pero la pregunta para quienes despotrican de la democracia (con comillas o sin comillas) y del liberalismo (social o a secas) es, entonces, ¿cuál es su preferencia el absolutismo?

 

Estamos escribiendo hoy y estamos en este lugar tanto porque nacimos por azar, como porque somos residuos de la historia. Cargamos con esta por mucho que la queramos negar, porque con la lucha de nuestros padres, hermanos y la nuestra, la fortuna nos ha dejado acceder a todas estas cosas (bienestar, derechos, entre otros). Ningún absolutismo ha sacado o sacará a la gente de la pobreza.

 

En una síntesis apretada, pero también diciente, la historia del capitalismo ha producido la tipología desarrollo y subdesarrollo. Aunque suene políticamente incorrecto para la izquierda estalinista: la diferencia entre los dos se presenta en el propio capitalismo. El desarrollo consiste en la acumulación productiva de capital y la innovación tecnológica y, a partir de estos elementos, en el mayor bienestar social y mejor funcionamiento de la democracia moderna. El subdesarrollo, entretanto, nos habla de la escasa acumulación productiva de capital y la poca adaptación tecnológica y, en consecuencia, del precario bienestar social y disfuncionalidad de la democracia moderna.

 

Ni el socialismo realmente existente, ni las dictaduras anticoloniales, ni el socialismo latinoamericano han logrado o lograrán los estándares del capitalismo desarrollado. Inclusive, hoy por hoy, donde mejor se desarrollan las economías circulares, las energías limpias y ciudades amables con el medio ambiente es en Europa del Norte, donde impera la socialdemocracia. La socialdemocracia que se presentan en estos países consta de una economía de mercado y, a la vez, de un Estado de bienestar.

 

Sigo con Spinoza y Onfray: comprender y constatar. Que no se crea que con ello aceptamos el capitalismo como inmune a problemas. Con Marx admitimos que el capitalismo es una etapa revolucionaria en la historia de la humanidad. Hasta ahora, contrario a muchos vaticinios del derrumbe por las recurrentes crisis, el capitalismo se reinventa mediante la transformación tecnológica, nuevos modos de producción y de consumo. Al capital no le interesa ningún sistema político en particular, le interesa capturar el Estado para su beneficio. A fe que lo ha logrado y que hoy lo hace pervirtiendo la democracia moderna. La lucha, entonces, consiste en revertir la corrupción de la democracia.

 

Democracia

 

La democracia moderna se basa en el ideal montesquiano de la separación de tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Este ideal democrático fue perfeccionado con el aporte de los padres fundadores del sistema político estadounidense de pesos y contrapesos entre esos tres poderes para evitar que el ejecutivo se convirtiera en tirano, en el poder autoritario. El voto popular es consustancial al ideal democrático, pero no se consolida por el simple sufragio. En el caso de que el ejecutivo coopte uno o los poderes restantes, se pervierte el ideal democrático.

 

Un cuarto poder son los organismos de control establecidos constitucionalmente. Un quinto poder, independiente de la elección popular, es la libertad de prensa que puede ocupar un lugar desde el que denunciar desvíos autoritarios (por supuesto, no garantizado porque puede ser cooptado también mediante contratos con los órganos estatales). Un sexto poder es la expresión de la sociedad civil, por medio del activismo social. La democracia no coincide, pues, con el simple nominalismo de gobierno del pueblo. Cabe añadir que la gran utopía de los grandes filósofos políticos sobre la democracia ha sido la de tener electores ilustrados, por lo que una de sus grandes preocupaciones fue la educación como un deber ineludible del Estado. Nadie ha podido refutar a Churchill cuando dijo que ”la democracia es el peor de los gobiernos, con excepción de todos los demás que se han inventado”. Y, a partir de lo dicho, quiero resaltar que lo fundamental de una democracia es evitar el poder arbitrario, lo que no radica en el simple hecho de participar en elecciones. Como se puede advertir hoy en distintos países (e. g., Filipinas, Hungría, Polonia, Nicaragua, Rusia, Turquía), las elecciones pueden producir regímenes autoritarios, incluso en una democracia como la estadounidense.

 

Uno de los problemas de la democracia moderna es que el Estado ha sido capturado por los intereses corporativos que hace que se legisle más a favor de ellos que en favor del bien común. También, desde la perspectiva del Estado, es deplorable que los políticos actúen más como inversionista para acceder a gobernar que como defensores del interés general: al buscar provecho de su legislación tienen incentivos para robar y, en efecto, roban. (¡Propongo empezar por cambiar los incentivos!). La corrupción es la gran lacra de la democracia, sobre todo en países sudesarrollados, frustrando la pobreza. Como sistema político, la democracia, está demostrando un desgaste, una desconexión y una incapacidad de dar respuesta a las expectativas de la ciudadanía. Se está destruyendo y la están destruyendo los populistas que, mediante un engañoso discurso antisistema, atrapan a las masas desencantadas de los partidos políticos tradicionales. Los outsiders ganan terreno, vencen en elecciones y socavan el ideal democrático de las libertades y responsabilidades. Los regímenes fuertes toman el control político.

 

Esto nos enfrenta también a la decadencia de la democracia: los populistas están a la orden del día y, sin escrúpulos, arrastran a los electores con la biblia en la mano. Ese juego entre política y religión, tan nefasto para un buen gobierno, nos retrotrae al oscurantismo. No brilla la razón entre elegido y elector. Al contrario, la divinidad vuelve por sus fueros para solucionar los problemas que atañen únicamente a los humanos.

 

Pero algo más profundo parece existir ante el ascenso de los populismos autoritarios en el mundo entero. La democracia liberal está en un gran retroceso —los casos sobran—. El presidente de Hungría se da el lujo de calificar su gobierno como democracia iliberal —un gran oxímoron—; Trump hace de las suyas, y sucede igual con ese exabrupto político en Italia entre la derecha neofascista de la Liga Norte y el movimiento antisistema Cinco Estrella, la tiranía filipina, la tiranía turca, entre otros. Algo no cuadra: hay mucha gente que no le gusta la democracia y, por desgracia, se conforman con que les ofrezcan seguridad.

 

Política y mentiras

 

Ya sabemos: los políticos mienten. Parece ser ineludible que prometan el Nirvana en busca de electores desinformados o mal informados o a simples mortales ya creyentes. También hay quienes mienten con revestimientos de objetividad para apoyar un credo político. Todos los políticos se creen con el derecho a tener sus propios hechos, pero no los muestran porque temen la refutación, y levantan un mundo construido sobre deshonestidades intelectuales. Su profesión es vender falsas oportunidades; buscar un credo, no una posición asertiva; aparecer, no ser.

 

Muchas noticias falsas en las redes sociales. Hasta nos quejamos. Pero, probablemente, somos más culpables nosotros por no ser capaces de filtrar la información. Podemos seguir el método inductivo: reclamar datos, hechos, fuentes, y concluir. Podemos utilizar el racionamiento lógico para aceptar o rechazar una información. Podemos aplazar juicios hasta que las noticias se decanten con información relevante. Podemos actuar con la sabiduría de “ante la duda, abstente”. Si tenemos (y si no los tenemos, si desarrollamos) buenos criterios, no nos engañarán fácilmente, podremos discernir la información. Por supuesto, no somos unas enciclopedias, pero podemos averiguar dónde está la información. Muchas veces nuestro pecado radica en criticar lo inmediato, por el prurito de criticar, y no dar tiempo a verificar. A veces somos culpables de reenviar unas “verdades alternativas” sin caer en cuenta del mal que hacemos: nos volvemos cómplices o idiotas útiles.

 

Los políticos, en su mayoría, aprovechan las redes sociales para ganar incautos porque saben que las masas, las cuales encontrarán en estos espacios, al carecer de miedo se vuelven terribles. En multitud los hombres son capaces de hacer lo que, en solitario, se considera inaudito. El hombre en masa tiene un comportamiento de rebaño: es débil a la manipulación ideológica, religiosa y política; débil ante las estrellas incultas del espectáculo, y sumiso a las pasiones y débil a la razón. Razón le cabía a Montaigne al decir que la multitud es “madre de ignorancia, de injusticia y de inconstancia”. Igualmente, tal vez los políticos también saben lo que sabiamente constataba Spinoza, que los hombres se mueven más por las pasiones que por la razón. Ante la arremetida contra la democracia, con líderes autoritarios elegidos popularmente, es necesario levantar anclas en defensa de ella. Es posible que solo tengamos la pluma para ello. En todo caso, vale la pena recordar con Spinoza que la democracia es el único régimen capaz de garantizar la libertad de pensamiento.

Autor entrada: Ramiro Restrepo

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