Rescatando los principios del liberalismo en el sector rural

La relevancia del mercado, junto con la propiedad privada dentro del sector rural, ha sido fundamental no solo para los campesinos, sino para la transformación y modernización rural

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Usualmente se le ha asignado un aspecto negativo a la aplicación de la doctrina liberal, en ocasiones definida como “neoliberal”, en el sector rural colombiano y latinoamericano. Este negativismo opta por señalar que las ideas liberales aplicadas desde el siglo XIX, que dejaron algunos elementos que se pueden rescatar hasta hoy en día, son fracasadas en su generalidad tanto en su teoría como en su aplicación; defendiendo que dicha doctrina no es funcional en el sector rural, puesto que Latinoamérica tiene otras dinámicas diferentes a Europa, lugar donde se ha aplicado este conjuntos de principios e ideas.

Los más recientes estudios que han tratado de interpretar el impacto del Liberalismo en el sector rural suelen crear relaciones de asociación que parten de dos elementos interesantes: el primero de ellos hace referencia a las consecuencias nefastas de las aplicaciones de políticas públicas y modelos de desarrollo en el campo. El segundo de ellos explica que estas políticas e implementaciones se asocian a un modelo que denominan abiertamente como Neoliberal, calificando a esta relación como “fracaso económico, político y social neoliberal”. Pero ¿qué tanto el Liberalismo ha fracasado en el sector rural?

El objetivo de este ensayo es mostrar al lector la compatibilidad entre el Liberalismo y el sector rural, sustentándolo en tres de los principios liberales que compactan dicha relación: la propiedad privada, el libre mercado y la libre asociación comunitaria, los cuales se entienden como elementos de la relación y como el hilo conductor del proceso a mostrar.

 

Propiedad Privada y Libre Mercado:

El principio fundamental de la doctrina Liberal, luego de la libertad, es la propiedad privada, que de hecho antecede al libre mercado. La propiedad privada rompe con el paradigma feudal, el cual concebía al campesino solamente como un productor vasallo y no como un propietario de lo que producía. La propiedad privada se convirtió en el legado más importante del liberalismo en defensa de los campesinos, permitiendo desconcentrar el poder de las monarquías y los señores feudales sobre la tierra, dándole un estatus mayor al campesino al hacerlo propietario de su tierra y su producto.

En América latina, explica Trejo (1998) que “las tareas y objetivos liberales se inauguran prácticamente con las luchas de independencia y establecimiento de las repúblicas Estados-Nación” (p. 113). Durante estos procesos independentistas la propiedad privada se convirtió en un bastión por el cual luchar. Posterior a los procesos de independencia, continuaban las  agudas batallas que debatían la suerte de como estructurar al fin la propiedad privada, consiguiéndose finalmente que la propiedad fuese protegida por la ley, aunque hasta ahora no del Estado.

Afirma Trejo (1998) “el liberalismo suministró las concepciones generales y la filosofía política que dieron sustancia a los procesos de modernización derivados primero, de la extinción del estatuto colonial, y después, de la disgregación, lenta y heterogénea pero progresiva del propio orden colonial” (p. 117), sustentando la idea de que con el liberalismo se estableció el primer proceso de modernización en un sector rural atrasado, olvidado y ligado al poder colonial proteccionista de la corona.

Con el paso del tiempo, la propiedad privada se convierte en un elemento importante para el campesino, quien al ser dueño de su tierra, bien puede producir alimentos en su parcela, dedicarse al cuidado del ganado o decidir el destino de su propiedad en el consecuente respeto por el proyecto de vida individual. Durante muchas décadas el campesino dedicó el destino de su propiedad a la producción agraria/agrícola. Esto le permitió un grado mayor de autonomía, el acceso a diversos mercados y el aumento de sus ganancias, con las que así pudo obtener un nivel mayor de calidad de vida.

Ahora bien, afirma Jacobsen (2007) “los mercados de capital, de trabajo y de bienes no estaban integrados a escala nacional, mientras que con la aplicación del liberalismo, los niveles de productividad debieron haber variado considerablemente entre un par de nudos modernizadores y otras economías regionales y de sector” (p. 131). El liberalismo en el campo logró la integración de mercados, lo que propició que se creará una red que contribuía en la expansión del mercado, permitiendo la entrada de nuevas labores en el campo, reflejando a la vez una diversidad en la producción y comercialización agraria cada vez más tecnificada.

Esta diversificación del mercado moderno en el sector rural logró crear oportunidades para que el campesino realizará actividades diferentes a las agrícolas en su propiedad, como es el caso del ecoturismo, el arrendamiento de los terrenos para el pastoreo, el mejoramiento genético de semillas, el desarrollo de la industria láctea, el surgimiento de las guarderías para animales domésticos y la introducción de comercios menores como viveros, restaurantes, misceláneas, panaderías y hasta costureras. Este proceso lo denomina Kay (2012) como Actividades rurales fuera de la granja, explicando que “estas actividades se han tornado cada vez más importantes en términos de empleo e ingresos, ya que son mucho más dinámicas, más productivas y generan mayores ingresos que las actividades agrícolas” (p.615), lo que no implica, claro esta, que se deban abandonar las actividades tradicionales del campo que aún siguen siendo importantes para la labor del campesino en la ruralidad.

También Kay (2012) explica que el mercado logró flexibilizar y feminizar el trabajo rural, “la creciente flexibilización de las actividades rurales ha afectado a hombres y mujeres. Sin embargo, el rápido incremento de las exportaciones hortícolas, flores y frutos, ha creado sobre todo oportunidades de trabajo para mujeres, ya que se considera que las mujeres tienen una mayor dedicación al trabajo porque son más cuidadosas al desarrollar su labor, lo que resulta importante cuando se trata flores o productos perecederos” (p. 616). Entre otros logros del mercado al diversificar las labores del sector rural pueden encontrarse las de orden doméstico, recreativo, ambiental e incluso turístico.

La relevancia del mercado, junto con la propiedad privada, dentro del sector rural ha sido fundamental no solo para los campesinos, sino para la transformación y modernización rural. Explica Jacobsen (2007) “las comunidades de comerciantes internacionales establecidas en toda América Latina, eran los vínculos vitales de una red económica global de ciudades y sus comarcas en vías rápidas de modernización, para las cuales el liberalismo económico constituyó la estructura necesaria para su operación y crecimiento” (p. 129). Los procesos de modernización del Estado fueron de la mano con la expansión del mercado en los sectores rurales. Gracias a ello se dispuso construir carreteras y conectar zonas de difícil acceso, en las cuales muchas empresas encontraron oportunidades de ganancia, a la vez que los campesinos podían acceder a ellas ofreciendo su mano de obra, e incluso los mismos campesinos crearon microempresas en asociación con otros (cooperativas) para la producción, transporte y comercialización de productos como hortalizas, lácteos, carnés y demás.

La llegada de este tipo de mercados conllevo a que se comenzará a construir una infraestructura de bienes y servicios básicos como la electricidad, los alcantarillados, el suministro de agua potable, los Centros de Atención Inmediata, las escuelas rurales, los polideportivos, entre otros, que le otorgaron una mayor calidad de vida al campesino. Incluso, este proceso de modernización no se quedo allí, ahora muchos campesinos tienen la capacidad de acceder a servicios como Internet, televisión y teléfono, lo que de un modo u otro significa que el campo sigue en un proceso de transformación acelerado, encontrando grandes beneficios en los mercados que llegan al sector rural.

La transformación rural es aún un proceso de modernización, de hecho, términos como la Nueva Ruralidad, explican este fenómeno a grandes rasgos. Para Camacho (2011)  la Nueva Ruralidad representa “una nueva visión del espacio rural y por consiguiente, una reinterpretación del desarrollo rural basada en los acelerados y profundos transformaciones producidas por los cambios estructurales del capitalismo global (p. 90), lo que en últimas sugiere que la transformación del campo debe interpretarse desde otros enfoques como el liberal, tomando en cuenta los cambios estructurales que han impactado el sector rural, gracias a la protección de la propiedad privada, la llegada de nuevos mercados laborales, la modernización y la transformación rural, los cuales no pueden pasar como desapercibidos o invisibilizados.

 

Libre asociación comunitaria:

Este principio se aborda aparte porque es importante tratarlo con atención. La libre asociación permite la relación colectiva entre los diferentes individuos de una sociedad. Por su parte, la democracia supone uno de los procesos fundamentales de la doctrina liberal, no solamente como participación política sino como la libertad de decidir como individuos o comunidades sobre un tema en cuestión.

En ocasiones, una salida urgente a la ausencia materializada del Estado en el sector rural es la organización de proyectos comunitarios a través de la asociación entre los campesinos. Así como el mercado funciona en ausencia del Estado, estas organizaciones comunitarias buscan aumentar el beneficio de su comunidad organizando proyectos que en la mayoría de ocasiones parten de la organización democrática y el rubro voluntario de los campesinos.

Para citar un ejemplo, en la vereda Mundo Nuevo, en el municipio de La Calera, Cundinamarca, existe un puente que se llama “puente viejo”, el cual aún funciona para conectar sobre un río un lado de la vereda con otro después de 40 años de su construcción. Lo que genera especial atención de este puente es que fue construido por campesinos, al ver que el Estado no les suministró la atención y los recursos requeridos. Fue la libre asociación comunitaria entre campesinos lo que decidió el futuro del puente. Los campesinos de la vereda se organizaron democráticamente, hicieron aportes monetarios y delegaron las funciones para la construcción de este puente que aún cumple su tarea y esta más firme que nunca.

Puede afirmarse que a través de la democracia y la libertad de asociación, las sociedades son capaces de organizarse de manera espontánea para la realización de obras en búsqueda del beneficio común, sobretodo en las zonas rurales.

 

Conclusiones

Si bien en ningún momento de este ensayo se tocaron problemas de fondo que padece el sector rural colombiano, quisiera aclarar que el contenido de este trabajo no puede generalizarse ya que estos problemas necesitan mayor atención y un análisis más profundo del que yo pudiera dar. Sin embargo, el objetivo de este escrito era mostrar la compatibilidad que tiene la doctrina liberal con el sector rural, porque me parece importante establecer que existe una relación que se mantiene aún después de los años y los acelerados cambios que ha sufrido este sector.

Algunos de los principios pueden ser redundantes porque no son exclusivos del sector rural, sino de la sociedad en general, pero es importante aclarar que han sido elementos relevantes en la relación que tiene el campesino con su entorno, influyendo en la cosmovisión personal y sobretodo en su proyecto, estilo y calidad de vida. Probablemente algunas afirmaciones son generales y no proyectan elementos que son importantes a tener en cuenta, pero es tarea del lector ser crítico frente al escrito y profundizarlos.

El sector rural colombiano comparte más elementos con el Liberalismo que con cualquier otra doctrina y es importante reflejarlo no solo para los interesados, sino para la sociedad en general.

 

Bibliografía:

Camacho, G. M. (2011). Nueva ruralidad y educación en América Latina retos para la formación docente. Revista de Ciencias sociales, (131-132). Recuperado de: https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/sociales/article/view/3896

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Jacobsen, N. (2007). ‘Liberalismo tropical’: cómo explicar el auge de una doctrina económica europea en América Latina, 1780-1885. Historia crítica, (34), 118-147. Recuperado de: https://revistas.uniandes.edu.co/doi/abs/10.7440/histcrit34.2007.05

Kay, C. (2009). Estudios rurales en América Latina en el periodo de la globalización neoliberal:¿ una nueva ruralidad?, en Revista Mexicana de Sociología, Vol. 71, No. 4, pp. 607-645. Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM. Citado en Osorio, Carmen (2011). La emergencia de género en la nueva ruralidad”. Revista Punto Genero, (1), 0719-0417. Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-25032009000400001

Marulanda, É. V., & Arbeláez, M. U. (2009). Fracaso del Neoliberalismo y su Modelo de Desarrollo, El. Rev. Prop. Inmaterial13, 119. Recuperado de: https://heinonline.org/hol-cgi-bin/get_pdf.cgi?handle=hein.journals/revpropin12&section=8

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Trejo, D., (1998) El Liberalismo en América latina. Universidad de Zacatecas.

Autor entrada: Daniel Escobar

Daniel Escobar
Daniel Escobar es Licenciado en Ciencias Sociales. Actualmente, cursa el pregrado en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad La Gran Colombia. También es miembro del Movimiento Libertario y es Cofundador del grupo de investigación y discusión del municipio de La Calera Libertad y Ciudadanía. @LDanielEscobar