La nueva normalidad

Un nuevo estilo de vida: vivir en estado de pandemia.

Imagen tomada de BBC.com t.ly/ZixU

Alrededor de la pandemia se ha generado un sentimiento ampliamente compartido: el querer volver a la normalidad. Regresar a nuestros lugares de trabajo, estudio, retomar las reuniones sociales y poder salir de casa sin un requisito previo, teniendo en cuenta el importante impacto socioeconómico de la pandemia. Sin embargo, es tiempo de entenderlo, algunas cosas no podrán volver a la normalidad.

Actualmente, es clara la necesidad que cada país tiene de ´aplanar la curva´ y para ello se requiere implementar medidas de mediano y largo plazo. Dichas medidas, inevitablemente, deben incluir el distanciamiento social, con la finalidad de disminuir el número de contagios y no sobrecargar el sistema de salud. Además, las medidas deben mantenerse al menos por 18 meses a partir de ahora, el tiempo estimado para la disponibilidad de la vacuna, aún sin garantía de que las inmunizaciones iniciales sean eficaces.

Por esa razón, se han propuesto distintos modelos para definir qué medidas no farmacológicas se deben adoptar en la nueva normalidad. Para ello, se reproducen las intervenciones en estudios epidemiológicos, las cuales nos orientan sobre la eficacia de las acciones preventivas en estudio.

Por nuestro lado, el gobierno nacional ha propuesto recientemente la estrategia PRASS (Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible), la cual se centra en agilizar el rastreo de casos probables, aumentar el número de camas en UCI y de ventiladores, para así poder tratar un mayor número de personas y ahorrar tiempo. Sin embargo, mediante los modelos epidemiológicos se ha logrado establecer que esta solución, que aparenta ser la más lógica, no es realmente una solución.

Los investigadores son claros: sin aislamiento social, cualquier otra medida es insuficiente, ya que un número elevado de camas en UCI y ventiladores disponibles no disminuye la tasa de contagio. A mediano plazo son recursos agotables que requieren talento humano entrenado para su utilización. Por lo anterior, en cuestión de meses, el número de contagiados inevitablemente superará la capacidad del sistema de salud y con ello a sus profesionales.

De esta forma, queda en evidencia que solo la combinación de múltiples medidas puede impactar sobre el número de contagios y en consecuencia sobre el número de camas en UCI necesarias. Como lo muestra la siguiente gráfica, la curva se empieza a aplanar significativamente (curva azul) al implementarse tres o más intervenciones en simultáneo. Adicionalmente, se estima que dichas medidas deben mantenerse por un mínimo de 3 meses, tal y como lo muestra el sombreado azul que se extiende desde abril hasta julio. Lo anterior para obtener una reducción importante en el número de contagiados.

Tomada de: Report 9: Impact of non-pharmaceutical interventions (NPIs) to reduce COVID-19 mortality and healthcare demand. Imperial College of London.

 

Es así como, a través de modelos teóricos, los investigadores del Imperial College of London han propuesto un procedimiento menos restrictivo que los iniciales, en búsqueda de disminuir las consecuencias negativas que trae consigo el distanciamiento social prolongado, tanto a nivel económico, político, social, de salud mental, entre otros.

La combinación de cuarentena doméstica, el cierre de establecimientos educativos y laborales, el aislamiento de casos positivos y el distanciamiento social de toda la población son obligatoriamente parte de las políticas requeridas para disminuir la tasa de transmisión. Lo interesante es el tiempo propuesto para iniciar con dichas medidas.

Según el estudio, debe iniciarse el distanciamiento una vez se supere el umbral de número de casos confirmados, el cual ha de ser suficiente para rebasar el servicio de salud. Este umbral debe establecerse conforme a los datos sociodemográficos de cada país y a la capacidad de su sistema de salud. De la misma forma, las medidas pueden flexibilizarse al disminuir el número de casos confirmados.

El modelo propuesto se resume en la siguiente tabla. La línea naranja muestra los casos que ingresan a UCI semanalmente y las líneas azules muestran la implementación de las intervenciones.

Tomada de: Report 9: Impact of non-pharmaceutical interventions (NPIs) to reduce COVID-19 mortality and healthcare demand. Imperial College of London.

 

Según esto, cada vez que la tasa de admisión a UCI aumente, deberán fortalecerse las medidas de confinamiento. Al momento de disminuir esa incidencia, las medidas pueden suavizarse.

En pocas palabras, la estrategia PRASS se queda corta en materia de efectividad y pone en segundo plano el distanciamiento social, que es la medida que genera mayor efecto. No sobra tener en cuenta los ejemplos de otros países, que, posterior a haber realizado aperturas tempranas sin ayuda de planes estructurados, han tenido que regresar a las medidas estrictas de confinamiento. Por nombrar algunos, tenemos a Corea del Sur y Alemania.

Finalmente, hay que recordar que esto no es una interrupción momentánea que vaya a terminar. Estos meses son solo el comienzo de un nuevo estilo de vida: vivir en estado de pandemia.

 

Referencias

Ferguson, N., Laydon, D., Nedjati-Gilani, G. and Imai, N., 2020. Report 9: Impact of non-pharmaceutical interventions (NPIs) to reduce COVID-19 mortality and healthcare demand. Imperial College of London. [en línea] pp.1-20. Disponible en: < ly/jQI9 > [Acceso 22 Junio 2020].

 

Autor entrada: Daniela Romero

Daniela Romero
Daniela Romero es médica, activista y feminista. Apasionada por la salud, los Derechos Humanos y la política.