Del Estado gigante al pequeño Individuo: ¿Son las crisis un problema para la Libertad?

Con las crisis tenemos la posibilidad de ver lo que está mal en nuestra sociedad antes de caer al abismo y así tener la oportunidad de estrechar esa gran grieta que nos conectará con el progreso.

Imagen tomada de https://www.complianceweek.com/risk-management/eight-steps-for-designing-a-coronavirus-crisis-management-plan/28605.article

 

Comienzo este ensayo dejando en el lector una duda que surge cuando se combina el devenir diario con la incertidumbre del mañana y emanan de manera espontánea más preguntas que respuestas: ¿Por qué las crisis han sido el motor de transformación del Estado y lo han llevado a ser lo que es hoy?

Probablemente como con todo lo que se encuentra ya establecido, a pocos le surge la pregunta de por qué o para que “algo” está aquí. La cuestión central de este ensayo es invitar al lector de principio a fin a indagar acerca del Estado, ¿gracias a que ha logrado llegar a ser la organización que hoy conocemos? y ¿por qué la libertad ha sido el alto precio que hemos tenido que pagar?

 

Las crisis: el momento perfecto

Las crisis suscitan un tiempo ideal para la expansión del Estado porque crean necesidades. El Estado ha sido una organización que ha acompañado al ser humano por milenios, las crisis permitieron que se fuera transformando y aunque al parecer el mundo siempre está en crisis, distintos periodos o sucesos históricos han configurado dicha organización a lo que es hoy en nuestros días. Pero, ¿cuáles han sido los momentos perfectos para crear necesidades?

Tilly (1991) sugiere que es en el siglo XV, en plena crisis ocasionada por la guerra entre los reinos Europeos, cuando se plantea un nuevo grado sobre la necesidad del Estado. Nace con el deber de proteger de la guerra al pueblo y ser el único que ostente el monopolio legítimo de la violencia, sin que nadie más pudiera hacerse de él. Esto le daba la facultad de crear ejércitos y reprimir a los ciudadanos del reino si desobedecían la ley del monarca.

Entre los siglos XVI y XVIII, con las crisis monárquicas sobre los hombros, filósofos reconocidos como Hobbes, Montesqueu, Rousseau y Kant, plantearon que no solamente el Estado debía proteger al individuo de la guerra. Flórez (1999) explica que ahora el Estado tenía que cumplir una tarea moral con el, siempre y cuando el individuo estuviera dispuesto a atar sus cadenas a este. Se dividen los poderes y nace el contrato social, con la necesidad de respaldar la “soberanía” a través de un papel y un acuerdo invisible, el cual nadie puede controvertir hasta el día de hoy.

Posteriormente, en la Revolución Francesa se desarrolló un escenario más profundo. Con la transición del supuesto “poder” desde la monarquía derrocada hacía el pueblo triunfante, se crea la figura de la Constitución: un documento que intentaba catalizar las fricciones entre los ciudadanos y los nuevos gobernantes, con el fin de defender sus derechos y hacer cumplir los deberes desde un lado al otro, evitando el uso desenfrenado del poder político y estableciendo las reglas de juego para buscar una sociedad más equitativa (Blanco, 2006). Poco a poco el legado constitucional de la égalité y la fraternité fueron opacando el valor que tiene la liberté para el mundo, pero nunca nos percatamos de ello.

En la crisis ocasionada por los conflictos entre los Estados de la Confederación Germánica a mediados del siglo XIX, que da como resultado la unificación del Imperio Alemán, surge una figura muy importante para entender la expansión estructural más grande que hubiese tenido el Estado hasta aquel entonces: Otto Von Bismarck. Como canciller, Bismarck fue uno de los artífices del Estado de Bienestar, el cual puede decirse fue el planteamiento de una organización que abarcó todo, desde seguros para accidentes hasta bonos subsidiarios de pensión para la vejez. Un Estado omnipresente, una “gran necesidad” (Bismarck, 2005)

Posteriormente en el siglo XX y XXI se dieron una serie de eventos que crearon crisis graduales para la humanidad y nuevos planteamientos sobre la estructura del Estado, volviéndose en la mayoría de casos más grande, proteccionista y burocrático. La Primera Guerra Mundial, el Crack del 29, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la subversión en Latinoamérica, el hambre en África, los conflictos de Medio Oriente, la crisis financiera global de 2008, entre otros; han hecho del Estado lo que hoy es para el mundo. Pero hoy nos encontramos en una de las pandemias que posiblemente más ha configurado el panorama mundial desde la plaga de Justiniano o la Peste negra: El COVID-19. Habrá que indagar sobre cual será el futuro de nuestra libertad, porque no debe ser con lo que debamos volver a pagar por otra crisis.

 

¿A qué precio las crisis nos han arrebatado nuestra libertad?

Si bien el Estado fue una organización que se transformó con los años, las más importantes configuraciones surgieron en tiempos de crisis. Brotaron como de un árbol problemas que con los años planteaban una nueva necesidad y con cada una de ellas la respuesta era que el Estado siguiera creciendo. A la final, todas las transformaciones de la estructura del Estado se hacían directa o indirectamente bajo una constante: reducir el grado de libertad del individuo.

Las crisis no son ni buenas ni malas, son un indicio de que algo está mal y puede mejorar. La actual pandemia, la cual está expandiéndose por el mundo a una rapidez increíble y que lastimosamente ha cobrado la vida de miles de personas, logró ponernos al borde. Este borde del precipicio es el Abismo de Saberes, denominado así por Boaventura de Sousa  (2009) en su obra “Las epistemologías del sur” y que puede interpretarse de otra manera: con las crisis tenemos la posibilidad de ver lo que está mal en nuestra sociedad antes de caer al abismo y así tener la oportunidad de estrechar esa gran grieta que nos conectaría con el progreso. Pero, ¿Quién cierra la grieta?

Las crisis pasadas le han otorgado al Estado la facultad de decidir sobre nosotros. La mayoría de personas lo concibe naturalmente como un ente casi divino, invencible, omnipotente, el cual está casi que dentro de todos nosotros porque todos somos parte de él. Pero que todos hagamos parte del Estado no significa que todos seamos iguales ante él. En ese sentido hay quienes jerárquicamente están sobre nosotros y hay un orden que hace recaer la culpa de lo que está mal sobre todos. Esta es una línea de mando que termina por culpar al individuo, el más pequeño rango en la organización, ¡El individuo tiene la culpa de las crisis y sus consecuencias! ¿Cúal es la moneda de cambio para que el Estado nos salve?: La libertad.

El precio de la libertad ha sido aceptar la culpa de lo malo que recae sobre todos y requerir que sea el Estado quien resuelva, pues como en todas las crisis, es el Estado quien se presenta como el símbolo de salvación. Ello solo requiere que se le quite un grado de la libertad al individuo, porque ese grado es el control de todo lo que está fuera del Estado y lo necesario para solucionar la situación en crisis, aunque lo que está fuera del control de este sea lo libre, lo audaz o lo atrevido, lo que el Estado al parecer no puede permitir que exista.

 

De lo desconocido a lo que nos sigue haciendo libres: cuestionarnos

Seguramente ha escuchado, o bien ha leído el cuento de Benjamin Tabart: The History of Jack and the Bean-Stalk, el cual narra la historia de un campesino que se encuentra con el reino de un hombre gigante al subir por un largo árbol de frijoles mágicos. Esta puede ser una analogía para entender la libertad, el cómo un individuo al preguntarse qué había al finalizar el largo árbol encuentra a un gigante violento, que lo trata de suprimir por aquella osadía de la curiosidad y que termina con el pequeño venciendo a la enorme criatura, logrando lo imposible.

Precisamente es lo que le pasa al individuo cuando se hace libre frente al Estado, o ¿Por qué Hobbes creó una metanarrativa explicando qué debemos ver al Estado como un Leviatán? La enorme criatura descrita en la Biblia, a menudo asociada con Satanás, a la que se le debía temer en los océanos si “íbamos más allá”, de donde surge el conocido Non Plus Ultra, la consigna que colgaba de una de las columnas de hércules en el estrecho de Gibraltar para advertir de lo desconocido y de lo que no se podía atrever a buscar el individuo.

Por lo tanto, ¿qué es lo desconocido para el individuo?: La Libertad. Como Cristobal Colón quien con una maniobra inesperada de un audaz navegante se sumió en tierras desconocidas y descubre un nuevo continente, o del ingenio de Newton quien se preguntó porqué una manzana cayó de aquel árbol y explorando lo desconocido descubre la ley que para aquel entonces le dio sentido al universo, el de Dalton que descubrió la partícula que lo compone o el de Galileo que explicó como se mueve. Aquello desconocido hizo de hombres que se cuestionaron lo que parecía estar y funcionar a genios de la humanidad. A ellos la verdad los hizo libres.

Afortunadamente, las crisis también forjan seres críticos frente a las decisiones que se toman para limitar las libertades individuales en medio de la configuración del Estado. Si bien, luego de la caída de la mayoría de las monarquías Europeas tuvimos a Adam Smith y David Ricardo, y despúes de las Guerras Mundiales tuvimos a Hayek, Mises y Popper, hoy más que nunca necesitamos que vuelvan a surgir esos personajes, no solo como espíritus defensores de la libertad, sino como los valuartes para luchar aún más por ella. Hoy la verdad nos hará libres.

 

Bibliografía:

Blanco Valdés, R. L. (2006). La configuración del concepto de Constitución en las experiencias revolucionarias francesa y norteamericana. Recuperado de: https://ddd.uab.cat/pub/worpap/1996/hdl_2072_1350/ICPS117.pdf

De Sousa Santos, B. (2009). Una epistemología del sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social. Siglo XXI. Recuperado de: https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=NUkI0AId42sC&oi=fnd&pg=PA7&dq=De+Sousa+Santos,+B.+(2009).+Una+epistemolog%C3%ADa+del+sur:+la+reinvención+del+conocimiento+y+la+emancipación+social.+Siglo+XXI.&ots=mJ4frUDjZ-&sig=LLpxyGeA05gOmgEb4s5f3SljTpY

Flórez, G. C. (1999). De la sociedad feudal a la génesis del estado moderno en Europa occidental. Agenda Internacional6(12), 113-122. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6302572.pdf

Rousseau, J. J. (1979). El contrato social o principios de derecho político (No. 113). Porrúa. Recuperado de: http://www.jfk.edu.ec/jfk/images/librospdf/Juan_J._Rousseau_-_El_Contrato_Social.pdf

Tabart, B. (1807). The History of Jack and the Bean-stalk. London: Juvenile and School Library.

Tilly, C. (1991). War and state power. Middle East Report, (171), 38-40. Recuperado de: https://www.jstor.org/stable/3013074?seq=1

Tilly, C. (2017). War making and state making as organized crime. In Collective Violence, Contentious Politics, and Social Change (pp. 121-139). Routledge.

Von Bismarck, O. (2005). Bismarck, the Man and the Statesman (Vol. 1). Cosimo, Inc. Recuperado de: https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=v5Sj6vxkitUC&oi=fnd&pg=PR5&dq=Von+Bismarck,+O.+(2005).+Bismarck,+the+Man+and+the+Statesman(Vol.+1).+Cosimo,+Inc..&ots=HIwNXsv5E1&sig=rouPwiABT-YTh1RQACwunXEReuc

 

Autor entrada: Daniel Escobar

Daniel Escobar
Daniel Escobar cursa actualmente el pregrado en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad La Gran Colombia. Ha sido miembro del grupo de investigación de la Universidad La Gran Colombia “Perspectivas sobre la guerra: Panorama del Conflicto Armado y la escuela”. Ha sido miembro de la “Sociedad de Debate” de la Universidad La Gran Colombia. Actualmente es miembro del "Movimiento Libertario". Es miembro y Coordinador Local de “Students For Liberty”. Es miembro y fundador del grupo de discusiones teórico-políticas del municipio de La Calera “Libertad y Ciudadanía”. @LDanielEscobar