¿Las ciencias sociales para qué?

 

Las ideas, los estandartes ideológicos, oficiales o no, son efímeros, fugaces en el concepto del tiempo. No vale la pena encadenarse a ellos.

 

Imagen tomada de Historia y arte https://bit.ly/2MFudFl

 

En este último año como historiador me han surgido un número de preguntas frente a la historia: su rol, su valor y su necesidad en nuestra sociedad occidental.

 

¿Cuál es el escenario actual? En este 2019 pareciera que las ciencias sociales no tienen cabida en Latinoamérica. Por ejemplo, se presentó el ataque de Bolsonaro, que en una declaración, no dudo comentar la necesidad de reducir el presupuesto de las mismas en búsqueda de fortalecer áreas donde los réditos económicos sean mucho más inmediatos [1].

 

En el caso colombiano, las ciencias sociales se han ido abriendo camino paso a paso, en búsqueda de una educación más universal y competente en las universidades y colegios.  Pero esta campaña pírrica se ha visto afectada por la ideología política, no sorprende no solo la falta de conocimientos históricos de nuestros líderes políticos, es de resaltar la falta de conocimientos históricos de nuestro actual presidente [2], sino y de manera alarmante, esa búsqueda de algunas instituciones educativas de oficializar procesos políticos como eventos positivos en la historia nacional, cuando continuan manchados por fuertes irregularidades [3].

 

De la misma forma, el mundo digital no está exento de crítica. Este, que puede ser una de las mejores plataformas de divulgación para las ciencias sociales, se ha trasformado en un campo de guerra ideológico, peligroso para los usuarios por la fuerte toxicidad de las redes sociales, como Facebook, Twitter, Reddit e inclusive el mismo YouTube. 

 

Un lugar donde no hay espacio para el debate, que ha sido remplazo por la agresividad y la falacia ad hominem, que perpetua no solo un discurso con objetivos políticos e individuales, sino que también mal informa a los usuarios, los llena de ideas erróneas, descalificadas y malinterpretadas, que usa conceptos que en el pasado, desde la academia misma habían sido estudiados y habían sido objeto de debate, y que hoy no son más que un arma de insulto y de legitimación ideológica. 

 

Los conceptos y las ideas han sido derruidas a una simpleza casi que lamentable. Lo que parece sorprender es la cantidad de personas que aceptan esto: no cuestionan, no se intrigan y aquellos que muestran el deseo de preguntar, de dudar, son tachados de traidores u opositores.

 

Esta triste tendencia, poco sorprendete y populista, no tiene un único actor político. Tanto la izquierda como la derecha la usan en búsqueda de divisar un enemigo, una oposición visible, criticable e inclusive odiable (en todo sentido de la palabra). Ante esta lamentable situación, la ciencia social, la historia, se ha convertido en un instrumento de estas campañas ideológicas de odio.

 

Aquello genera las preguntas con las que comienza el texto, pero hay una que destaca de todas ellas: ¿cómo hacer frente a esto? 

 

La respuesta que podría parecer más obvia seria hacer caso omiso. No obstante, eso sería permitir que toda esta ola que afecta el conocimiento continúe perpetuándose. Mi respuesta, no solo para conmigo mismo, sino para quienes me leen, es continuar con la búsqueda del conocimiento; corregir a aquellos que se equivocan; enseñar e innovar en la búsqueda del saber, y a mis pares, a todos los científicos sociales, no desfallecer ante la mirada despreciativa de la cúpula política latinoamericana, de nuestra tierra donde el realismo mágico es cada vez mas extenso.

 

A los apasionados, a los curiosos por conocer y entender, inclusive a los inconformes, sean de izquierda o de derecha, los invito, les pido continuar leyendo, criticar con respeto, dudar de lo establecido e incurrir en el debate. Se puede criticar las ideas, pero no es correcto criticar a la persona, pues no contribuye ni alimenta la diatriba, no es más que una manera burda de ganar el debate.

 

Sobre todo pido recordar que la historia y la ciencia social, no es esclava de la política, ni del presente. Estas son herramientas, elementos que nos ayudan como seres humanos a entendernos mejor, comprendernos con mayor facilidad, a descubrir nuestro pasado para así crear un mejor futuro; son herramientas de critica y de análisis, político, económico y social, pero nunca cadenas ideológicas, jamás esclavas del discurso. 

 

Las ideas, los estandartes ideológicos, oficiales o no, son efímeros, fugaces en el concepto del tiempo. No vale la pena encadenarse a ellos.

[1] Las ciencias sociales, objetivo de Bolsonaro en Brasil. https://www.prensacomunitaria.org/las-ciencias-sociales-objetivo-de-bolsonaro-en-brasil/. Consultado 23-08-2019

[2] EE.UU. ¿Si fue crucial para la independencia de Colombia? Cristian Serrano. https://www.lafm.com.co/colombia/eeuu-si-fue-crucial-para-la-independencia-de-colombia. 03-01-2019.

[3] La polémica versión de “seguridad democrática” en cartilla escolar. https://www.elespectador.com/noticias/educacion/la-polemica-version-de-seguridad-democratica-en-texto-escolar-articulo-838698. 08-02-2019. 

Autor entrada: Daniel Alejo Aristizabal

Daniel Alejo Aristizabal
Daniel Alejo Aristizabal es estudiante de Historia en la Pontificia Universidad Javeriana. Columnista e investigador del Centro de Estudios de África, Asia y Mundo Islámico (CEAAMI) en 2017. Exmonitor de la cátedra de Mundo Antiguo Euroasiático.