¡Solo el capitalismo puede salvar el medio ambiente!

 

Dios o la selección natural (lo que el lector prefiera, yo prefiero la selección natural) nos ha dado la capacidad de entender el mundo que nos rodea. Con esta capacidad podemos encontrar nuevas formas de hacer las cosas. Incluidas, por supuesto, nuevas formas de disminuir el impacto ambiental.

 

 

Innovación y libertad económica

 

Para Hayek[1], el problema al que nos enfrentamos cuando tratamos de establecer un orden económico racional es (i) la adaptación ante los cambios, y (ii) garantizar el mejor uso posible de los recursos. Si no hay cambios —es decir, nuevas condiciones o formas de hacer las cosas— el problema económico no es más que un ejercicio de optimización: minimizar el gasto, maximizar la utilidad (problemas del consumidor); minimizar los costos, maximizar los beneficios (problemas del productor). No obstante, entre otras, las circunstancias de espacio y tiempo cambian. Si esto ocurre, es preciso que las decisiones ante los cambios se tomen de forma descentralizada para que recaigan en las personas que pueden atender rápidamente las nuevas circunstancias. El método para coordinar todas estas acciones (millones de individuos produciendo, intercambiando y adaptándose a las circunstancias de espacio y tiempo) es el sistema de precios, que, como mecanismo de información, nos indica qué vender —lo de mayor precio— y qué comprar —lo de menor precio—. Los precios, como mecanismo de coordinación, surgen del intercambio[2] y no es posible conocerlos ex-ante.

 

El proceso de producir e intercambiar ante el incentivo de obtener ganancias que ofrece el sistema de precios (se vende lo de mayor precio) da lugar a la competencia. Esta, que no es más que individuos sirviendo a los otros (produciendo lo que quieren) sirviéndose a sí mismos (obteniendo ganancias)[3], nos permite adaptarnos a las nuevas circunstancias. También nos permite descubrir nuevas formas de hacer las cosas, puesto que, como indica Hayek[4], los precios no indican cómo se debe actuar sino hacia qué se debe actuar. En palabras de Schumpeter[5]:

 

Producir significa combinar materiales y fuerzas que se hallan a nuestro alcance. Producir otras cosas, o las mismas por métodos distintos, significa combinar en forma diferente dichos materiales y fuerzas (pp. 76). Es un cambio espontáneo y discontinuo, alteraciones del equilibrio (pp. 75). [Esta acción, que recae en el productor], conduce los medios de producción a nuevos caminos. También conduce en el sentido de que lleva a otros productores tras de sí. Pero como sus competidores, que reducen primeramente y por último anulan sus ganancias (pp. 98).

 

Estos procesos de cambio aumentan la innovación, pues conducen a los productores a nuevas formas de hacer las cosas. Renzuello[6], sobre este punto, concluye que hay una relación entre innovación y libertad económica, ya que los cinco países más innovadores del mundo de acuerdo con el Índice global de innovación son los líderes regionales del Índice de libertad económica. Este último índice mide[7]: el tamaño del gobierno, el sistema legal y los derechos de propiedad, la estabilidad monetaria, el comercio internacional y las regulaciones. Otros, como Acemoglu y Robinson[8], también resaltan la importancia de los derechos de propiedad en la innovación.

 

Innovación, libertad económica y medio ambiente

 

Si delimitamos este análisis al medio ambiente (e. g., a la escasez de recursos), Reisman[9] nos plantea que no puede haber escasez de recursos. Esto, porque el mundo está hecho de recursos naturales (abundantes elementos químicos) que podemos combinar para encontrar nuevas formas de producir lo que necesitamos. Esto es, desde el punto de vista físico-químico no hay escasez de recursos: el único limitante al que nos enfrentamos es el estado del conocimiento científico-tecnológico para descubrir los diferentes usos de los elementos químicos. Este autor argumenta esto mediante dos casos. El primero, que en el siglo tercero se pensaba que había escasez de minerales, aunque después se usó el petróleo, el carbón o el aluminio. El segundo, que en los 70s se pensaba que había crisis energética, pero que actualmente se pueden hacer productos petrolíferos mediante sedimentos óleos, arenas bituminosas o carbón. Estos casos son representaciones de que el único limitante que presentan los recursos naturales es el estado del conocimiento científico-tecnológico, por más que pensemos que no sea así como en otras épocas pensaron que no era así. No puedo en un artículo (como me pueden demandar después las afirmaciones hechas) inventar lo que no se ha inventado. No obstante, otros lo han hecho y otros lo están haciendo. Pongamos un caso. ¿Mientras unos usaban automóviles de gasolina y diésel, otros no inventaron los automóviles eléctricos, solares o de hidrógeno? Este proceso de descubrimiento de nuevas formas de hacer las cosas, de proteger el medio ambiente, puesto que, en su mayoría, los nuevos procesos son más eficientes, es decir, gastan menos recursos, depende, como ha sido comentado, de los incentivos que trae consigo los derechos de propiedad, la libertad económica y la competencia, y nos explica por qué un país con mayor libertad económica es más innovador y al ser más innovador tiene un mejor desempeño ambiental: porque hacen más con menos al usar mejores técnicas. A continuación, el gráfico que relaciona linealmente el Índice de libertad económica y el Índice de desempeño ambiental.

 

 

Dios o la selección natural (lo que el lector prefiera, aunque yo prefiero la selección natural) nos ha dado la capacidad de entender el mundo que nos rodea. Con esta capacidad podemos encontrar nuevas formas de hacer las cosas. Incluidas, por supuesto, nuevas formas de disminuir el uso de recursos y, por ende, el impacto ambiental (estaríamos en el Nirvana (dukkha) si pudiéramos eliminar el impacto ambiental, pues toda actividad humana, sin excepción, deja huella en el ambiente). Tenemos que alejarnos del fatalismo que tanto vende (“estamos cada vez peor”) y ser optimistas sin dejar de buscar soluciones (“tal vez estamos cada vez mejor, aunque tengamos que seguir reflexionando para mejorar el mundo en que vivimos”). Si el capitalismo estimula la innovación, ¡extendámoslo para salvar el medio ambiente!

[1] Hayek, F. (1945). The use of knowledge in society. American Economic Review, 25 (4), 519-530.

[2] Böhm-Bawerk, E. (1998). Teoría positiva del capital. Aosta.

[3] Smith, A. (1794). La riqueza de las naciones. Oficina de Viuda e Hijos de Santander. Valladolid 1794.

[4] Hayek, F. (1968). Competition as a discovery procedure.

[5] Schumpeter, J. (1997). Teoría del desenvolvimiento económico. México: Fondo de Cultura Económica.

[6] Renzullo, J. (2019). La cuarta revolución industrial: la libertad como aliada de la innovación. Cato Institute.

[7] Fraser Institute. (2018). Economic Freedom of the World: 2018 Annual Report.

[8] Acemoğlu, D., & Robinson, J. A. (2014). Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Deusto: Barcelona.

[9] Reisman, G. (1998). Capitalism: A treatise on economics. Jameson Books (IL).

Autor entrada: Martín Sánchez

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Martín Sánchez, editor en jefe, es estudiante de Economía @UNColombia y columnista @lasillavacia. Old Whig. @MartinSanchezD