La literatura está menospreciada

 

El espíritu humano no está en decadencia, aún esperamos esas historias que no han sido contadas, aún no nos atrevemos a comparar a Jorge Luis Borges con Suzanne Collins, aún sabemos que el arte es más grande que un best seller o una película taquillera.

 

Imagen tomada de https://bit.ly/30juQrd

 

La literatura universal ha pasado por Stendhal, Shakespeare, Kafka, Kleist, Platón y un sinfín de hombres ilustres, ahora inmortales, que han controvertido la consciencia humana, bien sea para encontrar respuestas a las preguntas más fundamentales, o bien sea para demostrar los errores de su tiempo. Sin embargo, en la actualidad vemos las estanterías llenas de libros de “influencers” o de novelas de Wattpad y aunque no podamos renegar del sentimiento que estos textos despiertan en algunos, no podemos evitar pensar en la decadencia que ha tenido el espíritu humano en las décadas recientes y sentir un poco de resentimiento a la facilidad en la que ahora todo se convierte en “arte” y es digno de admiración.

 

No pretendo culpar de esto al siglo, a la tecnología o al tan aclamado posmodernismo, porque esto resulta en una crítica fácil de lanzar, entendida por todos, aunque no lleve consigo ningún contenido. Decir hoy que la tecnología ha atrofiado las mentes y ha creado entes más insensibles resulta tan natural como decir que el agua moja; decir que el posmodernismo acepta todo como arte es lo mismo que exaltar al renacimiento, al rococó o a cualquier otro movimiento de antaño, aunque no entendamos en realidad nada de ellos, aunque no sean más que líneas poco claras impuestas por hombres que tampoco los comprendieron. Nada de esto aporta algo a la pregunta que me concierne, ¿realmente ha sucumbido a tal decadencia el espíritu humano como para aceptar cualquier cosa por arte o la mediocridad de los que se consideran artistas no deja más opción que escarbar entre los escombros y aspirar a encontrar brillo en alguna roca?

 

Ahora bien, si quisiera hablar del arte en general no aspiraría siquiera a llegar a una pista para tal pregunta, por eso empecé hablando de literatura, porque al parecer nadie piensa que escribir sea materia de estudio, como lo es la pintura, la música, la danza o la actuación; de hecho, la idea que “cualquiera puede ser un escritor” está cada vez más arraigada a nuestra consciencia y con razón, hace siglo y medio nadie se atrevía a pensar en poder escribir una obra como Los Miserables, pero hoy en día cualquiera cree que puede escribir un libro que sea llevado al cine y rompa las ventas como Bajo la misma estrella, y seguramente es el caso que esté en nuestras capacidades hacerlo, pero ¿por qué?

 

Bueno, por la misma razón: nadie cree que se deba estudiar para contar una buena historia; puesto en palabras de Robert McKee, refiriéndose a los guiones de cine que pasan por un proceso similar (después de todo también hacen parte de la literatura), “es exactamente así como empiezan muchos guionistas: ‹‹He visto muchas películas, algunas buenas y otras malas…saqué un sobresaliente en redacción…han llegado las vacaciones…›› [1]. En definitiva, el arte de escribir se ha banalizado al punto de creer que es un hobbie más, algo que podemos hacer en vacaciones y si sale bien, ser un best seller o terminar viendo nuestra historia en una pantalla de Hollywood. Es claro, entonces, que la literatura ha caído en la mediocridad, en la aspiración de contar lo más cotidiano al mundo sin cuidar la forma ni el contenido de ningún modo, la literatura se ha convertido en la reencarnación ajena de nuestro diario vivir, en algo que nos da compañía, porque “no estamos solos, a más personas le pasan estas cosas”, pero que no nos brinda nada más que eso, un reconocimiento en la propia simpleza que reflejamos.

 

Nietzsche escribía en su Ecce Homo que la mayoría de las personas que leían su obra la interpretaban a la imagen y semejanza de su propia vivencia sin importar que muchas veces fuera contraria a lo que realmente él percibía de la vida [2]. Esto es lo que considero digno del arte de escribir: el repudio hacia el espíritu del autor, el amor a sus ideas, la constante contradicción de sentimientos que se generan en un espacio limitado, pero que aun así resulta inagotable. Se puede leer a Sartre y criticar su debilidad ante la existencia, o admirarlo por la fortaleza de su náusea; se puede admirar a Dostoyevski por su compleja psicología, o se lo puede marginar bajo la etiqueta del excesivo realismo; pero nunca se van a agotar las vivencias que hagan enriquecer la obra.

 

Ahora, ¿se puede hacer lo mismo con After, Cazadores de Sombras o Ciudades de papel? No. Una vez se pasa la última página de estos libros ya se han agotado para siempre, la memoria de todo lo que reconocimos en ellos será irrepetible e incluso quebrantable; si un tiempo después decidimos volver a tomar aquellos libros nuestra sorpresa será que lo que leímos no fue más que la emoción de pertenecer a algo, de no estar solos, pero no que leímos una buena historia. Si no es así, si realmente consideramos que es una buena historia será porque es algo inalcanzable, un amor perfecto o una vida de ensueño, para lo cual no hace falta nada más que repetir clichés y llenar de ambiciones todos los sueños frustrados.

 

Aun así, Nietzsche hace un tiempo ponía un ejemplo acerca de esto. “Imaginemos, pues un caso extremo: que un libro no hable más que de hechos y sucesos completamente apartados, de las posibilidades que no se presentan sino muy rara vez o nunca en la vida de alguien; que es la primera vez que este libro habla un lenguaje preparatorio de una serie de nuevas posibilidades” [3]. Un libro en el que no entendemos nada, porque no lo hemos vivido, un libro que no nos dice nada, pero que nos gusta por el deseo de conseguir lo inagotable. Supongo que si el filósofo alemán viviera hoy no tendría que imaginarse ningún ejemplo, diría algo como “imaginemos, pues un caso extremo: Endgame” fin de la cita.

 

Resulta entonces evidente el porqué corre la idea de que todo ya ha sido escrito, que lo único que le queda a la literatura es la repetición. En definitiva, es por la mediocridad de los escritores que han podido llegar a un gran número de lectores en la actualidad. Sin embargo, no sostengo esta idea tampoco, la literatura no ha sido escrita en su totalidad, las posibilidades del mundo actual abren la capacidad creativa de las personas a historias y guiones que hace cincuenta años eran inimaginables, entonces (con esto salvo una parte de la pregunta) el espíritu humano no está en decadencia, aún esperamos esas historias que no han sido contadas, aún no nos atrevemos a comparar a Jorge Luis Borges con Suzanne Collins, aún sabemos que el arte es más grande que un best seller o una película taquillera.

 

Ahora, la otra mitad de la pregunta no puede ser salvada, si hay un exceso de escritores mediocres que buscan bajo fórmulas conseguir el triunfo. A causa de eso nuestra capacidad de búsqueda se ve limitada o bien al pasado, o bien a la precaria oferta de pasión verdadera que hay en la actualidad. No quiero decir con esto que la literatura esté muriendo o que las historias actuales no tengan utilidad, seguro alguno ha dejado implantado un recuerdo poético con Bajo la misma estrella y este ha constituido su humanidad; lo que intento decir es que la literatura está menospreciada y eso nos ha quitado la posibilidad de enriquecernos más de buenas historias que de buenos momentos y un buen momento es una buena conversación, pero una buena historia es el génesis de la posibilidad humana.

 

[1] McKee, R. (2011). El guión. Story. Alba Editorial.

[2] Nietzsche, F. W. (2009). El anticristo: & Ecce Homo. Brontes.

[3] Nietzsche, F. W. (2009). El anticristo: & Ecce Homo. Brontes.

Autor entrada: Andrés Riveros

Andrés Riveros es estudiante de Filosofía de la Universidad de los Andes. Escritor Amateur. @lapsus_tintae