En la mente del técnico burócrata colombiano

 

Los colombianos deberíamos abrir el debate en nuestros campos de acción con respecto al modelo de desarrollo que más nos conviene.

 

La Gobernación de Boyacá lanza campaña “Más fibra, menos plástico”.
https://www.periodicoeldiario.com/2018/06/18/se-avecina-trueque-de-canastos-en-paipa/

 

Existen dos teorías económicas de desarrollo predominantes: la keynesiana y la neoclásica. La primera, que tiene sus raíces en el pensamiento de la obra “Teoría General Del Empleo, El Interés Y El Dinero” de John Maynard Keynes, tiene una amplia aceptación dentro de la academia y tecnocracia colombiana. La intervención del Estado es vista como necesaria para disminuir la pobreza, la desigualdad, evitar las fallas del mercado y las externalidades negativas que produce la labor de la producción. Sin embargo, este enfoque, que no ha tenido resultados contundentes en el país, sigue reproduciéndose y está ampliamente impregnado dentro de la mente de los planeadores del Estado.

 

Esta vez pretendo evidenciar, bajo mi interpretación, cómo es la mente de aquellos funcionarios a cargo de las secretarías de planeación de municipios o gobernaciones del país. Sujetos que tienen al país sometido a sus supuestas soluciones estructuradas y planeadas con rigurosidad y precisión, con enfoque holístico y que pretenden por la sostenibilidad y la sustentabilidad. Tres características desarrollo a continuación.

 

Lo primero que hay que decir es que estas personas viven en el mundo de las ideas, un mundo imaginario pintado al mejor estilo surrealista y posmoderno. No les gusta la igualdad ante la ley. Para ellos, todos merecemos el mismo pago, o por lo menos hablan de que vivamos en las mismas condiciones. Para este fin, que no deja de ser contrario a la desigualdad que caracteriza la naturaleza humana, formulan como solución la redistribución de la riqueza, sin darse cuenta, por un lado, de que la riqueza hay que crearla antes de pretender distribuirla y, por el otro, de que Colombia es un infierno fiscal, con una tarifa efectiva de tributación del 68% para las empresas. En consecuencia, desconocen que el valor de las bienes y servicios que los seres humanos intercambiamos dependen de una valoración subjetiva —principio de la economía neoclásica—. Hay profesiones más demandadas que otras. No es un capricho que nuestros padres no apoyaran a muchos que querían estudiar filosofía.

 

Lo segundo a señalar son sus ídolos intelectuales. Encontramos autores clásicos como Marx, quien admiran por supuestamente ser el primero en darse cuenta de los defectos del capitalismo. Al preguntarles por las atrocidades que se han cometido en los intentos de implantar el sistema formulado por el marxismo, su respuesta siempre será la ya sobre utilizada frase: “eso no era verdadero socialismo”. Más recientemente, son fieles admiradores de Keynes. Ese autor los empodera con su máxima de que el Estado, omnipresente y omnipotente, lo soluciona todo.

 

Es ahí donde inicia su marcada arrogancia. Defenderán a capa y espada sus soluciones de política pública, si es que pasan por alguna metodología para la elección de las mejores alternativas o simplemente son un mero capricho. Este año conocí la noticia de que, en el departamento de Boyacá, la gobernación estaba dando canastos típicos a las personas con el fin de disminuir el uso de bolsas plásticas. Todo muy buenas intenciones. Pero, las preguntas son: ¿se hizo una evaluación ex ante para predecir los impactos?, ¿hoy uno va a Tunja y ve a los consumidores yendo al mercado con sus canastas? Poco de eso se ve en las calles y tiendas de la capital boyacense. Lo peor de todo es que, como nada es gratis, fueron pagados con plata del heraldo público; otra de las falacias presente en la mente de los técnicos burócratas de este país. Un lindo recuerdo para adornar las fincas y cocinas.

 

Tercero, detestan la evidencia. Al leer autores poco pragmáticos —como Amartya Sen, Stiglitz, Nussbaum, Max Neef, entre otros— crean sus conceptos de desarrollo, como si lo que satisface nuestras necesidades pudiera ser descifrado por los académicos, en su afán de enmarcarnos en sus variables colectivistas. Como quiera que sea, no se preocupan por investigar cómo los países y sociedades, que se perciben como desarrollados, han llegado a ese punto. Tomemos dos ejemplos que, entre otras cosas, son la excepción a la regla sobre su también apreciada teoría de la dependencia: Hong Kong y Singapur. Ambos estados con independencias tardías, 1965 y 1997 respectivamente, aparecen en los puestos séptimo y noveno en el índice de desarrollo humano de 2018 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Un indicador clave, que va más allá de la medición de la acumulación de riqueza. La baja corrupción, un eficiente sistema de justicia, el libre mercado, la baja intromisión estatal en la economía, la seguridad y las pocas regulaciones son algunos de los ingredientes de la receta.

 

En conclusión, los colombianos deberíamos abrir el debate en nuestros campos de acción con respecto al modelo de desarrollo que más nos conviene. Lo técnicos burócratas, en sus buenas intenciones, solo tienen una mirada que no nos ha funcionado. Hay que tomar los libros de economía, los manuales y los Best Sellers, tanto actuales como pasados, y contrastarlos con la realidad. Vivir en el pragmatismo y no en el idealismo. Los ejemplos a seguir están. ¿O queremos  seguir subvencionando canastos típicos boyacenses, pagados por el estado, para adornar nuestras casas y cocinas?

Autor entrada: Daniel Trejos

Daniel Trejos
Daniel Trejos es asistente de investigación en la Universidad Externado de Colombia. @daniel2trejos