El desprecio de Iván Duque hacia la Constitución

 

Con las diversas telenovelas jurídicas de este país, el Presidente no ha sabido hacer otra cosa que dar su opinión sobre todo, creyendo que eso es gobernar o que su opinión es fuente de Derecho.

 

(Imagen tomada de Semana https://bit.ly/2Gejjn6)

 

Pocos presidentes han demostrado un desinterés tan grande por la Constitución que juraron defender como Iván Duque. En diez meses de gobierno —para la fecha de publicación de la columna un poco más—, el Presidente, la Vicepresidente, el Exfiscal General Martínez y numerosos miembros del partido de gobierno han hecho gala de su irrespeto o peor, su ignorancia respecto de lo que establece la norma superior de Colombia, posando de defender un Estado de Derecho cuyo contenido ni siquiera comprenden o, peor, comprenden pero ignoran por fines políticos. 

 

El desprecio de este Gobierno por la rama judicial es preocupante. Desde el Congreso y la Casa de Nariño se maneja una doble moral propia de regímenes autoritarios. Cuando las decisiones judiciales van alineadas con los intereses del Centro Democrático, no hay problema. Pero cuando van en contra de ellos, porque sus intereses son contrarios al ordenamiento jurídico, salen los ataques a las cortes. Salen los políticos que creen que lo jurídico es solo una opinión más, y no una orden vinculante. Salen quienes posan internacionalmente de defensores del Estado de Derecho a atacar uno de sus elementales caracteres: la separación e independencia de poderes. 

 

So pretexto de ser respetuoso con las iniciativas ciudadanas, el Presidente Duque se muestra incapaz de defender la Constitución de los promotores del referendo contra la JEP y las cortes, que sí recibió el beneplácito expreso del caudillo de su partido, el Senador Álvaro Uribe, quien ciertamente vio como una buena idea revocar las cortes que lo investigan y que le impidieron perpetuarse en el poder. 

 

No conforme con eso, el Presidente Duque decidió convertirse en el líder del populismo punitivo en Colombia, en lugar de ser el líder del Estado de Derecho. Con las diversas telenovelas jurídicas de este país, el Presidente no ha sabido hacer otra cosa que dar su opinión sobre todo, creyendo que eso es gobernar o que su opinión es fuente de Derecho. Mientras problemas como el desempleo o la implementación del proceso de paz crecen cada día, Iván Duque solo sabe salir en los medios a decir quién cree que es un mafioso, a quién le debería caer todo el peso de la ley o qué opina sobre decisiones judiciales cuyo cumplimiento le es obligatorio. 

 

Cuando la Corte Constitucional declaró inexequibles los artículos del Código de Policía sobre consumo de sustancias y alcohol, inmediatamente el Presidente salió a decir que respetaba las decisiones de la Corte ¡pero! que iba a seguir con su política. Después de la frase “respeto las decisiones judiciales” no cabe ningún pero, pues respetarlas es acatarlas. En lugar de idear políticas públicas que permitan solucionar el problema de drogas, el Presidente se dedicó, como muchos medios de comunicación y políticos irresponsables y amarillistas, a desprestigiar a la Corte sin siquiera haber leído la sentencia en cuestión. 

 

Desde hace varias semanas, Iván Duque solo sabe decir dos palabras: cadena perpetua. Al Presidente no le importa que la Constitución que juró defender la prohíba expresamente, pues en su desespero por popularidad ha acudido al populismo punitivo. Como muchos, el Presidente instrumentaliza a los niños y sus derechos para adelantar una agenda populista y autoritaria, fundada en el desconocimiento de la Constitución y en el simbolismo de medidas cuya eficacia se ha probado inexistente y su costo económico inmenso. En esta búsqueda ha encontrado como aliados a su Vicepresidente, incluso más populista que él, a quien no le molesta ignorar el primer derecho fundamental de todos los colombianos, la vida, pidiendo pena de muerte, ignorando su prohibición constitucional e internacional en tratados ratificados por Colombia. Sí, tratados suscritos por la comunidad internacional a la que al Presidente tanto le gusta acudir para condenar que en Venezuela no hay Estado de Derecho. Sí, en Venezuela no hay Estado de Derecho. Pero lo que Iván Duque está haciendo es minar el Estado de Derecho en Colombia. 

 

La segunda aliada del Presidente es su nueva Ministro de Justicia, Margarita Cabello. Tan solo le tomó unas semanas fuera de la Corte para olvidar la justicia, y preferir la politiquería. Prueba de ello es la forma como actuó frente al informe de la Comisión Asesora de Política Criminal de su ministerio, que se pronunció contra la cadena perpetua. Aunque no es raro que el Congreso y el Gobierno ignoren a la comisión, pues de hacerlo se quedarían sin proyectos, lo que muestra es que todos sus proyectos en materia político-criminal carecen de fundamentos y son muestras excelentes de lo que es el populismo punitivo. 

 

Y todo esto Iván Duque lo ha hecho mientras Colombia está sin Fiscal General y le corresponde a él hacer la terna de candidatos. En circunstancias normales, se podría decir que cualquier cosa es mejor que Néstor Humberto Martínez, pues qué podría ser peor que un Fiscal General que públicamente admitió en el pasado no saber nada de Derecho Penal. Sin embargo, con un Presidente que tampoco sabe de Derecho Penal (y tampoco Constitucional), el escenario no es claro. No espero nada de la terna que presente el Presidente a la Corte Suprema de Justicia, pero sé que de todas formas me va a decepcionar. Con seguridad, el Presidente que tanto habló en campaña de nombrar expertos no va a ternar un solo penalista, pues un verdadero penalista no respaldaría la política criminal que promueve el Presidente. Solo queda esperar que se repita lo sucedido con la terna para el Fiscal ad hoc, es decir, una terna compuesta por abogados con conocimiento en campos alejadísimos del Derecho Penal, incapaces de asumir los retos del ente acusador. 

 

Finalmente, tras la extradición de Andrés Felipe Arias, la hipocresía del uribismo quedó expuesta. Mientras piden “mano dura”, “todo el peso de la ley”, “cadenas ejemplarizantes”, entre otras expresiones inconstitucionales con todos los criminales, salen a pedir todas las garantías que quieren negarles a los procesados ordinarios, solo porque se trata de una figura de su propio bando —la que ha sido condenada “con todo el peso de la ley” por actos de corrupción. 

 

Iván Duque necesita independizarse del líder de su partido. Un Presidente no está para dar opiniones inconstitucionales sobre todos los asuntos de la vida nacional, un Presidente está para gobernar conforme a la Constitución que dice que Colombia es un Estado Social de Derecho, fundado en el respeto a la dignidad humana, sin pena de muerte ni cadena perpetua.

Autor entrada: Jordi Enrique Buitrago Soetendal

Jordi Enrique Buitrago Soetendal
Estudiante de Derecho de la Universidad de los Andes, egresado del Liceo Francés Louis-Pasteur.