Una mirada al potencial de la Nueva Ruta de la Seda: parte 3

 

Surgen opiniones que cuestionan múltiples elementos del proyecto. Varios autores han cuestionado si la NRS es una iniciativa o una estrategia, siendo este último concepto percibido como un conjunto de medidas hostiles que apuntan hacia objetivos reales. No obstante, bajo la mirada china, el proyecto se denomina como una visión estratégica, la cual tiene el deber de afrontar cambios sistémicos, nuevas oportunidades en el espectro global, y los retos que conlleva una economía abierta.

 

Imagen tomada de https://bit.ly/2LRiWBB

 

La configuración económica de la NRS

 

Zepp-LaRouche[1] y otros autores, evidencian el rol que ha jugado el acercamiento a la región asiática y el imperativo de crear y trabajar con nuevas instituciones económicas y políticas con el fin de llevar a cabo el ambicioso proyecto propuesto por el actual presidente chino Xi Jinping.

 

“El primer paso en la dirección de un nuevo orden económico mundial fue el anuncio del presidente chino Xi Jinping en una conferencia en Kazajistán en julio de 2013, de que China construiría un nuevo cinturón económico de la Ruta de la Seda, a través de Asia Central hacia Europa en la tradición de la antigua Ruta de la Seda. Luego, en octubre, en un viaje a Indonesia y Malasia, Xi tomó la iniciativa de involucrar a todo el sudeste asiático en la construcción de la Ruta Marítima de la Seda” (párr. 8).

 

Allí se resalta la importancia de las alianzas que ha conformado China con el fin de afianzar el proyecto. Dicha importancia se evidencia en el apoyo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para el fomento del proyecto, en paralelo a la conformación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), propuesto por China a finales del 2013; consolidando así un músculo económico, técnico y político que no solo va a permitir la integración económica con la región asiática, sino una inserción más integral alrededor del globo, dando el primer paso para establecer un nuevo orden económico mundial. En el siguiente cuadro se encuentran los proyectos previstos una vez se logre la consolidación política y económica.

 

Tomado de The New Silk Road Becomes the World Land-Bridge

 

Estos proyectos están siendo apoyados por el BRICS, el BAII, y cuenta con el visto bueno y la cooperación de otras entidades regionales para conectar a todos a través de la NRS.

 

Por lo que se refiere al desarrollo de la iniciativa, el gobierno chino está apoyando la infraestructura de transportes, energía y servicios, como se ha mencionado anteriormente. La proyección de esta red de conexiones en las regiones contiguas al territorio chino logra abarcar la región del Asia central, la cual, mediante este proyecto, se vincularía directamente al tejido de la NRS y a la influencia china[2].

 

Asimismo, la Ruta de la Seda Marítima (RSM) juega un papel importante en este proyecto, debido a que no se encontraba en la fase inicial de la propuesta, sino que se articuló con el fin de tener un mayor acercamiento a los países del Sudeste Asiático y aumentar la influencia de China en la región. Para este caso, Chan[3] se enfoca en comprender mejor la razón de ser de la propuesta china: qué implica realmente la iniciativa y cuáles son algunas de las implicaciones económicas, de seguridad y estratégicas previsibles para Asia (p. 1). La idea central gira en torno a pensar por encima del foco político-militar, ya que nos encontramos en un entorno internacional más globalizado, por lo que China empieza a ganar mayor participación en la región del océano índico como actor regional y potencia marítima global emergente. Sin embargo, los retos políticos, económicos y de seguridad para India y los países de la ASEAN empiezan a girar sobre el balance entre la competencia y la cooperación para aprovechar las oportunidades de la RSM sin perder influencia en su periferia marítima (p. 2).

 

Teniendo en cuenta lo anterior, surgen opiniones que cuestionan múltiples elementos del proyecto. Varios autores han cuestionado si la NRS es una iniciativa o una estrategia, siendo este último concepto percibido como un conjunto de medidas hostiles que apuntan hacia objetivos reales. No obstante, bajo la mirada china, el proyecto se denomina como una visión estratégica, la cual tiene el deber de afrontar cambios sistémicos, nuevas oportunidades en el espectro global, y los retos que conlleva una economía abierta[4].

 

Las críticas que ha recibido La Nueva Ruta de la Seda con el One Belt, One Road, eran de esperarse ante un proyecto tan ambicioso y demandante. A pesar de las críticas, es necesario resaltar el papel del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII) como pilar fundamental para realizar la NRS. Este busca favorecer el desarrollo de los países y las interconexiones entre Asia y Europa. La iniciativa incluye a los países que formaban parte de la Ruta de la Seda, desde China y Asia Central, hasta Oriente Medio y Europa. El BAII, no obstante, no se limita a estos países sino que incluye al resto de países asiáticos y de Oceanía[5]. Aunque se hace alusión a la importancia y el objetivo del BAII, la crítica [6] se fundamenta como sigue:

 

“Washington ve en éste una dudosa institución financiera que compite con los bancos de desarrollo multilaterales existentes y pone en cuestión la hegemonía americana: con China como su mayor accionista (26% de los derechos de voto), el BAII cuenta con un capital de 100.000 millones de dólares, equivalente a dos tercios del capital del Banco de Desarrollo Asiático y a la mitad del Banco Mundial. Adicionalmente, Beijing creó en 2014 un fondo de inversión estatal, el “Silk Road Fund”, con un capital de 40.000 millones de dólares, destinados a inversiones del proyecto One Belt, One Road. China insiste en que dichas instituciones financieras no pretenden reemplazar a las existentes, sino complementarlas y colaborar con ellas en espíritu de inclusión y beneficio mutuo” (párr. 14).

 

Esto se debe a que, desde hace tres años, Estados Unidos ha intentado sellar las negociaciones con Europa sobre el Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés), pero no ha tenido éxito (párr. 14); mientras que el BAII cuenta con dos aspectos clave que juegan a su favor: (1) Tiene un amplio apoyo político de la comunidad internacional que se ha traducido en un capital suscrito de 100.000 millones de dólares; y (2) puede adoptar desde el principio las mejores prácticas de los bancos multilaterales de desarrollo, evitando así incurrir en algunos de los errores pasados (p. 7).

 

[1] Zepp-LaRouche, H. (2014). The New Silk Road Becomes the World Land-Bridge. EIR News Service, Inc.

[2] Miller, T. (2017). China’s Asian dream: empire building along the New Silk Road. London: Zed Books.

[3] Chan, J. (2016). China’s Maritime Silk Road and Asia. Delhi : VIJ Books India Pty Ltd.

[4] Minghong, Y. (2017). desde Sharma, B. K., & Nivedita, D. K. (2017). China’s One Belt One Road: initiative, challenges and prospects. New Delhi: Vij Books India Pvt Ltd.

[5] González, J. D. (Septiembre de 2015). Un nuevo banco multilateral para relanzar la inversión en infraestructuras en Asia. Obtenido de Real Instituto ELCANO: http://spain-china-foundation.org/files/documentos/49_ARI45-2015-DajaniGonzalez-Nuevo-banco-multilateral-relanzar-inversion-infraestructuras-Asia.pdf

[6] Müller-Markus, C. (Mayo de 2016). One Belt, One Road: el sueño chino y su impacto sobre Europa. Obtenido de CIDOB: https://www.cidob.org/publicaciones/serie_de_publicacion/notes_internacionals/n1_148_one_belt_one_road_el_sueno_chino_y_su_impacto_sobre_europa/one_belt_one_road_el_sueno_chino_y_su_impacto_sobre_europa

Autor entrada: Andrés Felipe Ramírez Quintero

Andrés Felipe Ramírez Quintero
Andrés Felipe Ramírez Quintero es estudiante de Relaciones Internacionales, con énfasis en Seguridad y Defensa de la Pontificia Universidad Javeriana.