BASURA ANTROPOLÓGICA

Imagen tomada de https://www.ambientum.com/ambientum/residuos/recircular-basura.asp

El desarrollo de las grandes ciudades y los cambios actuales en los paradigmas de la investigación antropológica han permitido establecer cambios en lo que llamamos modernidad, a punto de modificar los esquemas y objetos de investigación. En el presente texto se realiza una reflexión en torno a la agencia y el arte de lo que llamamos basura, concibiendo a esta como objeto de estudio dentro de los nuevos cuadros conceptuales de la antropología. Lo anterior, con el fin de acercar la temática a los planteamientos ofrecidos por Latour[1] sobre la agentividad de los artefactos y la importancia dada, dentro de la antropología social, a la cultura material.

La basura, como elemento, se entiende como aquellos residuos que produce el ser humano en su producción y diario vivir. Esta ha sido de gran importancia para los estudios antropológicos y arqueológicos, ya que ha servido para la reconstrucción del pasado; dado que a partir de ella se puede proveer grandes informaciones de las sociedades pasadas, principalmente de las dietas y modos de producción. Dicha importancia no ha sido de gran relevancia para las nuevas vertientes de la antropología, relegando el estudio de la basura solo al pasado, sin tener en cuenta que esta es uno de los objetos más valiosos en la era actual para ser estudiada.

Latour menciona, a través de su ensayo de antropología simétrica, que el elemento que marca la diferencia entre los mundos modernos se debe a la relación que tiene el hombre con la naturaleza, una relación latente en la actualidad, pero relegada a los grupos salvajes, o incluso poco civilizados, por algunos[2]. Si bien, los fenómenos naturales sirvieron como elemento para ordenar el mundo del hombre, el capitalismo y las grandes ciudades han mimetizado la naturaleza en la urbanidad, a punto de tener una relación con objetos diferentes, pero con carga simbólica similar. Dentro de la naturaleza urbana, como llamaremos a este nuevo elemento de la relación, la basura no ha sido tomada en cuenta, siendo esta el vestigio claro del comportamiento humano, de la producción cultural.

De acuerdo con Hernández[3], la antropología enfocada a los objetos es una de las nuevas miradas de la antropología, combinando con ello las vertientes funcionalistas, simbólicas y de particularismo histórico; dependiendo, claramente, de la mirada y el punto de partida del investigador. La basura, por ende, cumple la función de ser estudiada desde estas vertientes, ya que en ella se encuentra aquellos objetos que han perdido relevancia: los objetos que antes eran parte importante de la realidad social, pero que han sido relegados al olvido, al cambio, por parte del consumismo y de la rapidez con la cual se vive. Por ello se debe analizar ¿qué es aquello que botamos y qué es lo que conservamos? ¿Qué agentividad tiene los objetos desechados para el mundo actual y para la investigación antropológica?

Estudiar a la basura como elemento de la antropología inicia con el reconocimiento de esta como elemento cultural, como representación material y de interacción. De acuerdo con ello, la basura posee la característica de ser uno de los objetos más valiosos para reconocer el actuar del hombre, ya que no solo en ella se exhibe las dietas, sino un sin fin de elementos en torno a cómo se comporta el hombre y su poder adquisitivo. Si bien la basura es desechada perdiendo su agentividad, se puede considerar como una persona, como un texto del cual antropólogos o investigadores sociales pueden tomar parte para las investigaciones etnográficas.

Para Henare, Holbraad & Wastell[4] los objetos conforman una categoría de agencia y de arte partiendo de una teoría de los artefactos, acorde con los planteamientos de Marcel Mauss. De esta manera, la basura posee una agentividad al ser poseedora de múltiples objetos; conformando así una gran agentividad, y más en aquellos casos donde se considera como arte. Esto último le da una resemantización al objeto antropológico, convirtiendo a los desechos de la cultura humana en una nueva forma de construir una nueva cultura, más acorde a elementos estéticos y de tinte moderno. Así, los objetos que fueron vistos como extensiones de los sentidos humanos pasan a indagar el mundo de la relación antropología y arte, construyendo nuevos esquemas y desarrollos.

Este marco conceptual en el cual convive la basura muestra que, esta, como objeto puede ser reinterpretada y dadora de nuevos significados. Por una parte, desde una visión más antropológica y arqueológica, compone las características de una cultura, y por otra, desde una mirada más artística, es la agrupación de una nueva cultura material —permeando así la nueva sofisticación de la basura como elemento o ser que comunica. Así, la naturaleza de la basura es múltiple: pasando de un estado sin interés, de desprecio, pero con gran utilidad para la investigación, a un objeto cargado de exclusividad y estética.

Cabe mencionar que no se tiene en cuenta en este planteamiento la agentividad que poseían anteriormente los objetos que terminaron en la basura. Un ejemplo es el caso de un celular: extensión de los sentidos, obsoleto por el mercado, relegado al olvido; pero retomado por parte de un fanático o artista plástico para darle una nueva agentividad, con más estética que funcional. Entonces, la complejidad de analizar la basura va más allá de simplemente considerarla como un vestigio ordinario o como cultura material, sino que también expone la realidad del ser humano en relación con los cambios culturales, algo más enfocado a lo que tristemente podemos denominar estudios culturales.

La agentividad de la basura entra en una tendencia global, que podríamos llamar “moderna” donde ha tomado nuevos significados ya que, en su estado anterior, cuando era de “gran utilidad”, desarrollaba un papel importante. Esto entra entonces en una fenomenología antropológica siendo parte de la cultura material simbolizada y cambiante, dotada de un posible espíritu que cambia en torno a la mirada del ser humano[5]. Aunque cabe resaltar que no todo aquello que se considera basura entra dentro de esta categoría, es así como dentro de la misma basura hay una estratificación espiritual, suprimiendo lo “ordinario” de aquello que fue de utilidad para el ser humano.

De acuerdo con Robin Neagle[6], antropóloga dedicada al estudio de la basura, el ser humano asume la idea de que no tiene el tiempo para cuidar una serie de objetos, dando con ello el crecimiento de la basura. Así, se elimina la agentividad y carga simbólica dada a los objetos que en ella residen. Esta autora defiende la idea de la cultura de la basura como fenómeno más social, donde al final de cuentas conviven todos los seres humanos, llegando con ello a explorar los comportamientos humanos con solo una mirada visual de aquello que botamos. Siguiendo a O’Brien & Martin[7], el registro físico de nuestras vidas es la basura. El ciudadano promedio genera una gran cantidad de desperdicios, pero al mismo tiempo guarda aquellos artefactos que, aunque cumplieron con su vida funcional, tienen un valor simbólico especial. A partir de ello, entra una nueva forma de ver a la basura, como puente sentimental y simbólico, en donde reside la memoria y la historia, algo que puede estar más acorde con una mirada psicológica.

La basura es creada, percibida, procesada e ignorada. Así se entra en una tendencia semántica donde un término tan simple puede mutar a reliquia, antigüedad, vintage, e incluso colección; lo anterior dependiendo de aquellos ojos acumuladores y críticos que ven en ello material importante de la cultura. Además, la semiósfera en la cual se encuentran los objetos cumple un papel relevante para la clasificación y la creación de diversos conceptos.

Dentro de las miradas humanas siempre existe el siguiente elemento: la basura es la negación de la cultura de aquello que ya no pertenece y se ha dejado atrás. Esto, sin tener en cuenta que aún posee su carga cultural y es el elemento más latente de lo que es. Razón de ello es la forma como se clasifica, se ve y se percibe la basura. Cada individuo, así posea elementos ideológicos y una trayectoria sociocultural similar, hace uso de la “basura” de forma diferente. Como menciona Carmagnola:

Es un fenómeno ambiguo, aparece, por un lado, como la última manifestación de las vanguardias que se dislocan y se reciclan en el mercado de la comunicación mediática, de la subcultura, de la vulgaridad inaceptable y, por el otro, es también su reapropiación por la natural contraparte, la “alta” cultura[8].

La industria “moderna”, al igual que las sociedades tecnológicas, ha respondido a dar una relevancia a la historia cultural de la basura, centrando los cambios en una naturaleza de los objetos materiales. Esto ha permeado ámbitos como lo político, el comercio, la industria, la educación y las artes[9]. De esta manera se retoma los planteamientos de Latour[10], quien establece dentro de la relación sociedad y naturaleza a la basura como vestigio fundamental que se encuentra de forma intermedia entre ambos. No hay que negar tampoco la relación medio ambiente y basura —lo que ha traído grandes daños para el planeta— como una relación tóxica en la cual este triángulo amoroso no podrá desarrollarse sin que alguno de ellos salga con grandes daños.

Para Díaz[11], la distribución de la basura en el espacio da señales de creencias y a su vez es un indicador de la estructura social. Por lo tanto, la ubicación de la basura impone puntos jerárquicos donde se combinan patrimonio, memoria e historia. La ubicación de ella en lugares alejados, muchas veces cercanos a las poblaciones marginadas y pobres, da cuenta de ello. Lo que implica que la basura —la negación de la cultura—, es patrimonio de aquellas sociedades marginadas y no de toda la comunidad, empezando una nueva categorización de la vida.

Finalmente, de acuerdo con Greene[12], la antropología de la urbanidad ha hecho cambios notables en el percibir la basura, a punto de considerarla como patrimonio. Así, lo que concebimos como inservible —aquello que rechaza el ser humano— tiene diferentes valores y es el resultado cultural más valioso. La basura, como objeto, puede inducir a múltiples análisis de la vida cotidiana y moderna del hombre. Los valores dados no la perciben solo como un artefacto en el cual reposan múltiples objetos, sino como un fenómeno tal que está a la vanguardia de los cambios culturales y de las nuevas prácticas. Ejemplos de los anterior son el reciclaje y las nuevas culturas de la vulgaridad y de la alta cultura. Otro ejemplo es el adjetivo vintage que se puede pensar como elemento que resalta las cualidades de utilidad de la basura. Entonces, la basura es un potencial objeto no objeto que muta gracias a cambios culturales. Es una manifestación artística, la cual, desde el paradigma de la comunicación, tiene la intencionalidad de mostrar nuevos rumbos a aquellas realidades. Por lo tanto, la basura, como objeto antropológico, concierne el conocer al hombre de forma holística. No lo boten a la basura.

Referencias:

[1] Latour, B. (1991). Nunca fuimos modernos. Ensayos de antropología simétrica. Siglo XXI.

[2] Id.

[3] Hernández, D. (2010). La mirada antropológica a los objetos. Periferia.

[4] Henare, A., Holbraad, M. & Wastell, S. (2007). Thinking through things. Canada: Routledge – Taylor & Francis Group .

[5] León, A. (2016). Antropología y fenomenología. Filosofia y teoría de la Cultura. México: Centro Mexicano de Investigaciones fenomenológicas.

[6] Neagle, R. (2013). Picking Up: On the Streets and Behind the Trucks with the Sanitation Workers of New York City. New York: Farrar, Strauss, and Giroux.

[7] O’Brien, & Martin. (1999). Rubbish power: towards a sociology of the rubbish society. En J. Hearn, & S. Roseneil, Consuming Cultures (págs. 262-277). Basignstoke: MacMillan.

[8] Carmagnola, F. (2006). I padrinobili del trash. Revista Agalma 11, 46-57.

[9] Alzuru, P. (2011). Trash: la estética de la basura. Bordes: revista de estudios culturales, 8-21.

[10] Latour, Op. Cit.

[11] Díaz, D. (2006). Cultura materail: una reflexión antropológica desde el trabajo de campo. Caleidoscopio, 83-98, 91.

[12] Greene, R. (2008). Daniel Schávelzon: la cultura de la basura. Revista de estudios culturales urbanos.

Autor entrada: Miguel Ángel Montáñez Pardo

Miguel Ángel Montáñez Pardo
Miguel Ángel Montáñez Pardo es lingüista de la Universidad Nacional de Colombia, maestrante en Ciencias Antropológicas de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Fundador de la Revista Prolegómenos junto con Julián Sanabria.