Marxismo y feminismo: una lucha contemporánea

Es menester para el feminismo establecer que el trabajo doméstico no es una actividad libre, por el contrario, tal como anteriormente se mencionó, es la producción y la reproducción del medio de producción indispensable para el capitalismo, del obrero mismo; característica que el marxismo no reconoce.

 

(Imagen tomada de Mises Hispano http://bit.ly/2v9TA8m)

 

Si bien el marxismo, asumido como un sistema político y económico que rechaza el capitalismo, se ha centrado en fundamentar el reclamo y la demandada de la abolición de la lucha de clases y la desigualdad implicadas en el capitalismo mismo, se ha olvidado de considerar algunos de los factores determinantes de la estructura y el funcionamiento de la sociedad, tal y como lo explica Silvia Federici en su texto titulado Revolución en punto cero: Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas, donde expone los puntos clave para comprender qué le faltó tener en cuenta a Marx en lo que respecta a la división del trabajo y a la sumisión a un sistema político, económico y social dominante con relación al papel que poseen las mujeres dentro de la sociedad. Con esto, el presente artículo pretende caracterizar los aspectos relevantes por los cuales el punto central de la crítica de Federici se basa en el asumir que el análisis del capitalismo realizado por Marx ha hecho que el capitalismo se vea obstaculizado por su incapacidad de concebir el trabajo productor de valor de un modo distinto a la producción de mercancías y su subsecuente ceguera sobre la importancia del trabajo no asalariado de las mujeres en el proceso de acumulación capitalista[1].

En primer lugar, la autora plantea que el principal error de Marx fue el no reconocimiento de que el capitalismo debía apoyarse en una particularmente numerosa cantidad de trabajo doméstico no remunerado efectuado en la reproducción de la fuerza de trabajo y en la devaluación que las actividades reproductivas han de sufrir para lograr rebajar el coste de la mano de obra. Con esto, pasa a considerar las diferentes luchas que han tenido lugar en el último siglo puesto que es preciso tener en cuenta que muchas de las luchas han sido sostenidas por las mujeres. Son ellas quienes mantienen a sus familias, a pesar de la carencia de valor que el mercado concede tanto a sus labores como a sus vidas. Para los capitalistas las tareas domésticas no poseen caracterización alguna como fuerza de trabajo. En otras palabras, no se establece diferencia alguna entre la producción de mercancías y la producción de la fuerza de trabajo. La reproducción de los trabajadores se realiza por medio de la mercancía. Nada se dice acerca de las mujeres, el trabajo doméstico, el sexo y la procreación (Federici, 2008).

Lo que termina dando como resultado un límite crucial en la teoría marxista, la cual no es capaz de entender la reproducción como un área de trabajo, a pesar de que, señala Federici, en lo que respecta a la clase proletaria industrial en medio del marco histórico de Marx el trabajo doméstico se reconocía como una rama particular de la producción capitalista. Punto de inflexión principal entre el feminismo y el marxismo, puesto que para Marx era fundamental centrase en la fuerza de trabajo de los proletarios, determinando el camino a seguir si se deseaba alcanzar la libertad humana. Es claro que esto no es así, el desarrollo del trabajo reproductivo y el surgimiento del papel de ama de casa no fueron más que consecuencias de la transición de la extracción de valor absolutoal relativocomo modelo de explotación laboral. El capitalismo, lejos de implicar la emancipación de la humanidad, la anclo a un nuevo, si se quiere, modelo de sometimiento tanto para los hombres como para las mujeres. Sometimiento sobre el cual el feminismo busca instaurar conciencia y generar un cambio, empezando por aceptar el hecho de que el trabajo doméstico también es trabajo. El trabajo no solo yace en las fábricas en medio del uso de maquinaria pesada. No es preciso que la fuerza de trabajo se mida solo en la producción de mercancías. La labor llevada a cabo por distintas mujeres desde sus casas es lo que, en última instancia, permite el buen desempeño de los trabajadores fuera de estas.

Ahora bien, por más que el feminismo herede el carácter revolucionario en aras de la emancipación, se distancia sustancialmente del marxismo si se habla sobre el reconocimiento y la identificación no solo del trabajo doméstico, sino de las mujeres como miembros de la cadena de producción capitalista. Federici explica que solo tras el abandono de las mujeres de las organizaciones de izquierda, los marxistas reconocieron la relevancia del Movimiento de las Mujeres. De este modo, la teoría feminista logró adquirir solidez al radicalizar el cambio que ya los teóricos de países del tercer mundo habían iniciado debido a la confirmación que realizaron respecto al hecho de que el capitalismo no podía ser relacionado con el trabajo asalariado contractual. Las críticas y el cambio establecen que el capitalismo no es más que trabajo forzado. Adicionalmente, el feminismo se dio a la tarea de desvelar la conexión entre la devaluación del trabajo doméstico y la devaluación de la posición social de las mujeres.

Es menester para el feminismo establecer que el trabajo doméstico no es una actividad libre, por el contrario, tal como anteriormente se mencionó, es la producción y la reproducción del medio de producción indispensable para el capitalismo, del obrero mismo; característica que el marxismo no reconoce. El reconocimiento hasta ahora alcanzado de este aspecto ha traído consigo la posibilidad de una comprensión del capitalismo como sustento de un tipo particular de trabajadores, donde, consecuentemente, se sustenta también un modelo de familia, de sexualidad y procreación determinado en función de su adecuado funcionamiento. De donde surge una redefinición de la esfera privada como una esfera de relaciones de producción que, de igual modo, es el terreno para las luchas anticapitalistas. Es evidente que el marxismo lucha contra el capitalismo, pero hace uso de diferentes herramientas y espera alcanzar objetivos un poco distintos a los que pretende el movimiento feminista como parte del reconocimiento de las mujeres y de los variados trabajos que estas realizan dentro del marco de la producción de fuerza de trabajo, ancladas, como se ha visto hasta ahora, a un modelo dominante y determinante. Sin embargo, ambos responden al hecho de que el capitalismo promueve una crisis reproductiva permanente.

Finalmente, Federici señala que, contrario a lo que podría pensarse, la lucha por el trabajo asalariado no es la vía a la emancipación puesto que este puede ser visto como una necesidad sin cometer el error de considerarlo una estrategia política. Si continua la desvalorización del trabajo reproductivo las mujeres permanentemente tendrán menos poder que los hombres para oponerse al Estado. Así, Federici hace hincapié en la necesidad de que las feministas marxistas lleven a cabo una regeneración impulsada por las luchas colectivas sobre la reproducción, con el fin de demandar el control sobre las condiciones materiales de la reproducción, además de la creación de modos de cooperación enmarcadas fuera de las normas impuestas por el capital y el mercado. Por último, cabe resaltar el carácter postmarxista que posee el feminismo, teniendo en cuenta, por un lado, que incluso añade marxismoal nombre de su causa y, por el otro, el rescate que este hace de ciertas luchas que aún deben desarrollarse en lo referente a la concepción de trabajo y lo que esta implica. Si bien la crítica de Federici es importante, no es más que le primer eslabón para pensar la lucha feminista con relación al trabajo hoy en día, teniendo en cuenta que las mujeres más que trabajar desde casa y reproducirse hacen parte activa de las empresas. Frente a esto, es necesario partir no solo de la crítica, sino también de la comprensión tanto del movimiento como del modelo capitalista para estar en posición de postular modelos óptimos para el reconocimiento de las mujeres y del trabajo que estas llevan a cabo.

 

 

Fuentes

Fernández Guervós, C., & Martín Ponz, P. (Trad.). (2013). La reproducción de la fuerza de trabajo en la economía global y la inacabada revolución feminista (2008). En S. Federici (Autora), Revolución en punto cero: Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas(pp. 153-180). Madrid: Traficantes de sueños.

[1]El presente artículo parte de la base del no reconocimiento del trabajo realizado hasta ese momento por las mujeres, es decir, en su mayoría como amas de casa. Sin embargo, no se implica que estas no puedan realizar otros trabajos.

Autor entrada: Laura Forigua

Laura Forigua
Laura Forigua es estudiante de de Filosofía con opciones en literatura y fotografía. Parte del equipo editorial de la revista La Cicuta de la Universidad de los Andes.