De La Oposición Por Inercia

Imagen tomada de: https://www.teatrocervantes.gob.ar/obra/la-terquedad/

Por: Fernando Guio Guerrero

El ambiente de polarización que se vive en los últimos años en Colombia, ha generado una suerte de oposición inercial, que no necesita siquiera estudiar o leer una propuesta para oponerse a ella de manera radical.

La inercia describe la propiedad de los objetos de resistir cambios de movimientos. Esto es parecido a las posiciones inamovibles de algunas personas. Ellos no admiten las virtudes que puedan tener quienes piensan distinto. Lo único que interesa, para alguien ejerciendo la oposición inercial, es resaltar sus impedimentos para hablar sobre asuntos públicos.

Para los opositores por inercia no hay ningún detalle que no pueda ser objeto de escarnio público y de critica desfasada: desde los antecedentes generacionales de la persona a quien quieren cuestionar, hasta sus opiniones en las redes sociales publicadas hace años. Este tipo de opositores no pertenecen a un sector político, en todos los partidos los hay.

A la oposición por inercia no le sirven los datos. Su convencimiento es a ciegas y no importa que sus afirmaciones puedan ser desvirtuadas empíricamente. Ellos no aceptan que el otro pueda haber hecho las cosas bien. Para ellos todo está mal hecho. Si los informes dicen otra cosa, no dudan en cuestionar también la legitimidad de quien profiere los informes. Están dispuestos a deslegitimar a todo aquel que opine lo contrario, ya que tienen fe en que ellos son los únicos que están del lado bueno de la historia.

Esta forma de abordar los asuntos públicos es también una forma fácil de evadir los debates complejos. Imposibilita el reconocimiento de las virtudes y aciertos en el otro.

Bogotá es una muestra de ello: muchos de los seguidores de Gustavo Petro consideran que el Alcalde Enrique Peñalosa no ha hecho nada por la ciudad y que las cosas en la administración pasada eran mucho mejores. Desconocen el gran esfuerzo que ha hecho la administración de Peñalosa para mejorar la infraestructura y los problemas de movilidad de la ciudad. De igual manera, quienes siguen a Peñalosa no están dispuestos a reconocer el esfuerzo de la Bogotá Humana en materia social, la que se reflejó en una disminución significativa de los indicadores de pobreza extrema y desigualdad durante esa administración.

El debate público mejoraría si todos dejáramos de lado nuestras prescripciones frente a los demás; si aceptáramos que el otro también puede hacer las cosas bien y que nosotros también podemos estar equivocados.

Al respecto, las ideas de dos pensadores liberales pueden ser de gran utilidad.

El primero de ellos es Karl Popper, quien postuló tres principios para mejorar los debates: 1) falibilidad; 2) dialogo racional y 3) acercamiento a la verdad con ayuda del debate.[1]

Popper plantea el primer principio de la siguiente manera: falibilidad quiere decir que “quizá yo esté equivocado y quizá tu tengas la razón. Pero es fácil que ambos estemos equivocados”.[2] El segundo principio de diálogo racional, postula la necesidad de sopesar, “de forma tan impersonal como sea posible, las razones a favor y en contra de una teoría”.[3] Por último, el principio de acercamiento a la verdad con ayuda del debate, hace alusión a la necesidad del debate, evitando ataques personales, como forma de construir conocimiento. La confrontación de ideas permite construir la verdad.

El otro pensador liberal que tiene vigencia en estos tiempos de oposición por inercia es el filósofo inglés John Stuart Mill. En su obra Sobre La Libertad hace énfasis en la necesidad de la tolerancia de las ideas contrarias:

“si toda la especie humana no tuviera más que una opinión y solamente una persona tuviera la opinión contraria, no sería más justo silenciar a esta persona de lo que sería, hipotéticamente, silenciar al resto de la humanidad en nombre de la persona disidente”.[4]

Mill nos da una lección sobre la democracia misma: la necesidad de que existan opiniones disidentes para mejorar nuestros consensos. Con la confrontación de las ideas, dice Mill, se beneficia la sociedad.

La política debería rescatar estos principios liberales para construir un mejor país. Cuando se apela a la oposición inercial, se actúa en favor del ego propio y no del bienestar común.

El debate político debe centrarse siempre en el cumplimiento de los fines del Estado: buscando siempre el bienestar común, resaltando las iniciativas valiosas, visibilizando el progreso social y criticando las decisiones retardatarias siempre desde la objetividad y basado en los datos. De lo contrario seguiremos en discusiones sin propósito, ni fin. Es decir, inertes.

 

Referencias:

[1] Popper, K. (1995) En Busca De Un Mundo Mejor, Barcelona: Paidos (citado en Galindo, Maria de la Luz Flores (2005) Fallbilismo Y Razonabilidad En La Filosof´øa De La Ciencia Y En La Hermenéutica Filosófica. (UNAM) Disponible en http://www.scielo.org.co/pdf/difil/v7n10/v7n10a06.pdf.

[2] Id. A diferencia de la falsifiabilidad de Popper bajo ls cual una afirmación que no puede ser falsa (no puede ser falseada) es decir desmentida, no puede servir de base para el conocimiento porque no se puede saber si es verdad o no. https://en.wikipedia.org/wiki/Falsifiability

[3] Popper. Op. Cit. 

[4] Gaviria, A. (2009) Liberalismo y Opinión. Disponbile en http://agaviria.blogspot.com/2009/10/liberalismo-y-opinion.html

Autor entrada: Fernando Guio

Fernando Guio
Fernando Guio es estudiante de décimo semestre de Derecho en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, becario de investigación en dicha universidad, estudiante de séptimo semestre de Administración Pública en la Escuela Superior de Administración Pública, auxiliar de investigación en la linea de investigación sobre economía de lo púlico.