Petro y el fetichismo de las mercancías

Lo importante aquí es entender que el fetichismo de la mercancía estará siempre presente porque los humanos siempre valoraremos lo que nos es útil. Por lo tanto, hoy puede ser el petróleo y mañana el grafeno. No le podemos echar la culpa a un producto por las brutalidades que los sistemas socialistas comenten sobre su gente, ni tampoco podemos creer que porque se cambie de producto, van a parar las brutalidades.

Imagen tomada de Pulzo https://bit.ly/2JMFdA0

Hace algunas semanas en su cuenta de Twitter, Gustavo Petro acusaba a Carlos Cortés, periodista de la Silla Vacía, de repetir el argumento del fetichismo de la mercancía respecto al petróleo. Lo manifestaba en medio de la aguda crisis que se vivía -y se vive- en el vecino país y junto a la tensa situación de la autocracia de Caracas con el resto de los países del mundo. En últimas, Petro manifestaba que el problema de Venezuela es el uso y las relaciones de poder que la sociedad forjó alrededor del petróleo, y que hoy la lleva directo al fracaso. Este ha sido el repetido argumento de Petro para desligar el fracaso económico venezolano del socialismo y situarlo en el uso de los combustibles fósiles. Más allá de la sofisticada teoría del líder de la Colombia Humana, explicaré en qué consiste el fetichismo de las mercancías y por qué no solo es una visión atrasada del marxismo sino que la propia Venezuela desvirtúa ese supuesto fetichismo.

 

En primer lugar, el fetichismo de las mercancías se encuentra en el apartado cuarto del capitulo I del emblemático libro “El capital” de Karl Marx. La tesis central de este apartado es expresar la profunda incomodidad que le producía al autor esa tendencia del ser humano en fijarse en las mercancías como valiosas por sí mismas y omitiendo todo el trabajo implícito en ellas. En sus palabras define el fetchismo de la mercancía como:

 

“El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores”, (Negrilla propia).

 

Para Marx, la causa de esta fijación particular en las mercancías valuándolas por características intrínsecas en ellas y no fruto del trabajo social es debido a “formas mentales aceptadas por la sociedad, y por tanto objetivas, en que se expresan las condiciones de producción”. Es decir, para el alemán este fetichismo es propio de las imposiciones mentales que la sociedad incorpora, por las que se entienden así las relaciones de producción. En conclusión, el fetichismo es algo propio de nuestros tiempos pero que mentalmente puede ser suprimido. Fija esa misma posición Gustavo Petro al manifestar que el problema de Venezuela ha sido el petróleo. Entendido, no obstante, como las formas en que por medio del petróleo se ha organizado la sociedad venezolana.

 

Esta lógica nos llevaría a afirmar que para Petro el problema de Venezuela es haber hecho socialismo con petróleo, pero si se hubiera hecho con “energías limpias”, de la mano de las “nuevas ciudadanías” y con una perspectiva del “cambio climático” seguramente Venezuela seria hoy toda una potencia mundial. Sin embargo, ese método de análisis ligado al marxismo cae en el mismo error el cual todos los dogmáticos padecen, la repetida confusión en la teoría del valor. Para su tiempo Marx acogía en gran medida la teoría del valor de David Ricardo aunque con matices, lo cierto es que la creencia que las cosas valen por el trabajo incorporado en ellas es una idea cardinal preponderante en ambos autores (trabajo y fuerza de trabajo). Lastimosamente esta teoría es completamente falsa, simplemente porque algo como un valor objetivo es del todo imposible, incluso con la misma idea de valor, pues las cosas solo pueden valer para quien las valora, sea esto como muy valiosas o del todo irrelevantes.

 

Esta contradicción sería desarrollada por otros pensadores como Menger o Walras, pero aún hoy existen personajes como Petro que siguen revindicando teorías falsas, no por su contenido, sino por su nula o inexistente utilidad práctica. Existen métodos bastante ágiles para mostrar la inutilidad de esta teoría, como los que el afamado Javier Milei usa en Argentina: si usted pretende vender una botella de vino en una sociedad de abstemios seguramente el valor que le darán por la botella será 0. De ahí el principal problema de adoptar esta teoría del valor es que es muy poco útil para explicar una gran diversidad de fenómenos. Prueba también de su fracaso teórico era el hecho que las economías comunistas tenían que tomar precios del capitalismo para poder organizar su propia producción. Porque contrario a lo que Marx creía y Petro cree, las mercancías tienen un fetichismo porque a través de las mercancías es que llenamos nuestras necesidades individuales y por eso tienen un valor.

 

Distinto a cuanto trabajo haya invertido un operador de Foxcom en un iPhone eso no quita que las personas paguen X cantidad de dólares por él. Porque el comprador está mirando lo que hará con la mercancía al momento de comprarla y al hacerlo es que esta adquiere un valor, tanto que al darse el intercambio ambos sujetos resultan ganando, pues en una negociación libre, el que compra adquiere algo que desea y el que vende se desprende de algo que le es inútil para adquirir algo mas útil. Por esto, el fetichismo de la mercancía no es algo impuesto socialmente por el pensamiento del capital como sostiene Marx y alaba Gustavo Petro, sino que es un mecanismo para que los intereses de todas las personas se alineen y tiendan a la cooperación social.

 

Por ejemplo, en la actualidad hay un auge de distintos medios de donaciones en todo el internet, desde quienes hacen streaming de juegos, hasta los canales de YouTube que, ya sea por la política de anunciantes o por la baja cantidad de espectadores que tienen ciertos contendidos, reciben estas como su único medio de subsistencia. Contrario a lo que muchos creen, las donaciones no son una especie de escape al capitalismo o un medio de rebelión que solo prevé el fin del capitalismo (argumento prácticamente igual al de Engels y Marx que al ver distintas formas de cooperativismo creían que la propiedad del libre mercado desaparecería), sino son su máxima expresión. Porque las personas que donan lo hacen porque satisface su propio interés que fue satisfecho por los creadores de contenido, no porque un creador de contenido tenga una vida dura o se esfuerce como nadie en un vídeo, sino al contrario, porque quien recibe los contenidos les otorga valor, tanto que desprenderse voluntariamente de capital para transferírselo a alguien más a miles de kilómetros de distancia, lo satisface e incluso garantiza que ese contenido se expanda.

 

En ultimas, si Venezuela vive una crisis no es por culpa del petróleo, sino por las políticas socialistas que llevaron a que la riqueza del petróleo a creara un desastre social que tardará décadas en recuperarse. La riqueza que representa el petróleo se debe a que es una mercancía útil, que en sí misma tiene millones de usos distintos y eso la hace valorada por millones de personas en el mundo —no es por las relaciones de poder en Venezuela que el petróleo tiene algún valor. Lo importante aquí es entender que el fetichismo de la mercancía estará siempre presente porque los humanos siempre valoraremos lo que nos es útil. Por lo tanto, hoy puede ser el petróleo y mañana el grafeno. No le podemos echar la culpa a un producto por las brutalidades que los sistemas socialistas comenten sobre su gente, ni tampoco podemos creer que porque se cambie de producto, van a parar las brutalidades.

Autor entrada: Mateo Martínez

Mateo Martínez
Mateo Martínez es abogado de la Universidad de Los Andes, estudiante de Maestría en Tributación. Liberal radicalmente moderado. @jmateo_martinez