Buscando la Fiebre en las Sábanas

Las facilidades logísticas y de diseminación del mensaje político no deben ser confundidas con la capacidad de persuasión del mismo.

Entre 2015 y 2018, diversos medios de comunicación europeos y estadounidenses, entre los que se cuentan The New York Times y The Guardian, denunciaron la manera como la consultora inglesa Cambridge Analytica había utilizado los datos de 87 millones de usuarios de Facebook para diseñar campañas electorales dirigidas a segmentos de población específicos en un intento por favorecer las perspectivas de políticos tales como Ted Cruz o Donald Trump en los Estados Unidos, o del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México.

El escándalo, que alcanzó su punto más álgido a principios de 2018,[1] tuvo repercusiones en todo el mundo, al punto de que diversos Gobiernos no solo exigieron explicaciones a los directamente involucrados en el asunto —particularmente a Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Facebook—, sino que se dieron a la tarea de actualizar sus respectivas legislaciones en un intento, según sus voceros políticos, por proteger la privacidad de sus ciudadanos, previniendo además la erosión del juego electoral en el que se basa la legitimad de sus regímenes políticos. Brasil fue uno de esos países.

En el artículo 57 de la Ley 13.488, del 6 de octubre de 2017,[2] el Legislativo brasileño delineó los parámetros a los que debían ceñirse las campañas políticas en lo concerniente al uso de redes sociales como Facebook o Twitter. Dicha iniciativa legislativa constituyó el primer intento serio, por parte del Gobierno Brasileño, de regular el rol jugado por las nuevas tecnologías en las contiendas electorales.

No obstante, el escándalo de Cambridge Analytica antes mencionado también encendió las alarmas entre sectores sociales diferentes del político. Así, es notorio el activismo desplegado por ONGs y otros colectivos en función de arrojar luces sobre los alcances e implicaciones que podrían tener las alianzas entre las agencias de recolección y análisis de datos —como Cambridge Analytica— con actores políticos tradicionales.

Para el caso brasileño, es de destacar la investigación llevada a cabo por los colectivos Coding Rights y Tactical Technology, cuyos miembros se dieron a la tarea tanto de investigar como de cuestionar el uso que los grupos políticos brasileños han hecho de las nuevas tecnologías a su disposición durante las elecciones de 2014 y 2018.[3]

En el informe producto de dicha investigación, los colectivos aludidos destacan que, de los 209 millones de ciudadanos brasileños, 127 millones son usuarios de Facebook —cifra que convierte al gigante suramericano en el 4° país con mayor número de usuarios de esa red social—, y 120 millones han instalado WhatsApp en sus smartphones. Lo anterior significa que 2/3 del total de ciudadanos habilitados para votar[4] usan WhatsApp, a lo que se adiciona el hecho de que el 36% de esos usuarios leen noticias sobre política, y el 21% comparte ese tipo de información, por el mismo medio. Si a estas cifras sumamos la mencionada alianza entre sectores políticos y agencias de análisis de datos, así como el diseño de campañas de desinformación sistemáticamente orquestadas y diseminadas durante los procesos electorales, tenemos que el potencial para condicionar el proceso electoral en Brasil sería considerable.

El informe en cuestión analiza con especial preocupación el caso de WhatsApp ya que dicho medio 1) es uno de los dos más utilizados por los brasileños, y 2) es de carácter cerrado, es decir que la información compartida por WhatsApp no puede ser rastreada ya que está encriptada. Este detalle técnico, sumado a la extendida práctica entre muchos usuarios de crear cámaras de eco,[5] han convertido a WhatsApp en una potencial herramienta de campaña política, así como en un peligro aparente para el sistema democrático del gigante suramericano.

En el análisis antes referido se concluye, en líneas muy generales y entre otras cosas,[6] que la creciente polarización política, sumada al potencial movilizador de las redes sociales como WhatsApp, está favoreciendo, en última instancia, el aislamiento de los ciudadanos/electores brasileños en burbujas ideológicas.[7] Estas burbujas los incapacitaría para sostener un debate civilizado con los detentores de ideologías divergentes desde la perspectiva de valores tales como la tolerancia y el respeto por el otro.

Ésta última apreciación me parece la más valiosa ya que, efectivamente, en los tiempos que corren asistimos a una creciente polarización política en diferentes sociedades del Norte y Sur Globales que, sin lugar a dudas, ha sido favorecida —en mayor o menor medida— por el proselitismo político, malintencionado o no, hecho público por conducto de las redes sociales como Facebook o WhatsApp. Así mismo, no se puede negar que las nuevas tecnologías de la comunicación han favorecido una suerte de segmentación porosa de la población en grupos ideológicamente opuestos cuyos integrantes buscan restringir sus interacciones —con mayor o menor éxito—, limitándose a compartir su tiempo e ideas con personas ideológicamente afines mientras buscan mantenerse alejados de cualquier tipo de personas o contenidos que puedan constituir una “amenaza” para sus certezas políticas.[8]

No obstante, después de leer y reflexionar sobre dicho informe, tengo la impresión de que, tanto a lo largo del análisis como en las conclusiones del mismo, y de manera tácita, se promueve la idea de que WhatsApp, Facebook, Twitter, e incluso Instagram tienen el potencial de lavar cerebros a escala masiva, esparciendo ideas solo concebidas por un par de mentes maquiavélicas y diseminadas fácilmente haciendo un uso inmoral de las nuevas tecnologías a disposición de todos. El fin último de esta operación sería la implantación de ideas políticas corruptoras en las mentes de los electores/usuarios desprevenidos, quienes vendrían a ser las víctimas de un proyecto de manipulación masiva llevado a buen término gracias a WhatsApp o Facebook.

Esta concepción de las masas ignorantes y vulnerables, ampliamente aceptada abierta o veladamente en círculos académicos y políticos, ha perjudicado el análisis realista de fenómenos sociales de diversa naturaleza al adjudicarle a la tecnología una trascendencia como agente de procesos de cambio o permanencia muchísimo mayor de la que verdaderamente tiene. Redes sociales como WhatsApp o Facebook ciertamente facilitan la diseminación de la información, favorecen la coordinación de eventos de masas, e incluso han ayudado a abortar golpes de Estado, como parece haber sido el caso del Gobierno Turco en 2016.[9]

No obstante, las facilidades logísticas y de diseminación del mensaje político no deben ser confundidas con la capacidad de persuasión del mismo. El hecho de que un mensaje político goce de una divulgación amplia y exponencial en una red social no lo convierte automáticamente en un mensaje socialmente atractivo. Para que el mensaje llegue a ser aprehendido como legítimo y, por ende, digno de ser defendido y predicado, deben presentarse un número de circunstancias que favorezcan su aceptación.

La anterior idea es sugerida por Lucien Febvre en su libro “Martín Lutero: un destino”.[10] En dicho texto, el historiador francés procura dar cuenta de la psicología de una de las figuras más relevantes de la Reforma Protestante desde una perspectiva interdisciplinar, por medio de la cual analiza la manera como el contexto social, político y tecnológico del siglo XVI, aunado a las inquietudes de fe y a la personalidad del caudillo Reformado, dieron lugar a un cisma del que el Cristianismo europeo occidental no se recuperó jamás.

En esta aproximación al problema de la agencia del sujeto en contraposición con las estructuras sociales, Febvre rescata cómo las inquietudes de fe de Lutero lo llevaron a conclusiones de carácter teológico que, si bien ya estaban contenidas en los cánones oficiales de la Iglesia Romana —por lo menos parcialmente—, no obstante, debían ser rescatadas del olvido al que habían sido condenadas. Éstas ideas, parcial o totalmente novedosas y puestas de manifiesto en las 95 tesis del Reformador, no hubieran tenido el impacto que tuvieron si, a las inquietudes de fe de una personalidad bastante singular no se hubieran sumado factores estructurales como la tecnología disponible en ese momento (la imprenta) y el contexto social y político del Sacro Imperio Romano-Germánico, en el que no pocos líderes políticos resentían el liderazgo ejercido por el Papa italiano desde Roma y sus injerencias en los asuntos de los “alemanes”.

Así, se tiene que la idea en sí misma, transformada en mensaje y extendida a lo largo y ancho de Europa por cuenta del avance tecnológico del momento, no hubiera gozado de mayor aceptación de no ser porque resonó en las conciencias de sectores políticos y sociales hartos de las intromisiones y del desdén con que eran tratados por poderes hegemónicos extranjeros. Es en esta disyuntiva en la que las inquietudes personales de Lutero dejaron de ser tan solo eso, inquietudes personales, y se transformaron en todo un cuerpo ideológico que brindó legitimidad a la causa de un grupo social que ostentaba claras ambiciones de mayor autonomía política.

Las ideas no se producen en un vacío, sino que responden a las inquietudes de actores —individuales y colectivos— que buscan significar e interpretar al mundo que los rodea, por lo que también dialogan con estímulos externos provenientes de sus sociedades circundantes, además de ser el producto de identidades y configuraciones psicológicas específicas. Así, es la fuerza de esa conexión entre las ideas singulares con su entorno colectivo lo que finalmente garantiza su aceptabilidad, siendo la tecnología el agente que contribuye a acelerar la difusión del mensaje y, por ende, su aceptación por un mayor número de personas en el menor tiempo posible.

WhatsApp contribuye a las campañas políticas en Brasil como difusor eficiente y económico de mensajes cuyo contenido ya es de por sí intuido o compartido por sectores específicos de la población. Es de la amplitud de dichos sectores, y no de las redes sociales como tal, de lo que dependerá el éxito o fracaso del candidato a cargos públicos. Parece mentira que, en los tiempos que corren, tengamos que seguir derramando ríos de tinta para recordar estas verdades de Perogrullo.

 

Referencias:

[1] Kozlowska, Hanna (2018): The Cambridge Analytica scandal affected nearly 40 million more people than we thought. In Quartz, 4/4/2018. Available online at https://qz.com/1245049/the-cambridge-analytica-scandal-affected-87-million-people-facebook-says/, checked on February 19, 2019.

[2] Congresso Nacional (10/6/2017): Lei Nº 13.488, de 6 de Outubro de 2017. Source: Câmara dos Deputados. Centro de Documentação e Informação. Available online at http://www2.camara.leg.br/legin/fed/lei/2017/lei-13488-6-outubro-2017-785551-norma-pl.html, checked on February 19, 2019.

[3] Coding Rights (2018): Data and Politics. Brazilian country report. Analysis of the playing field for the influence industry in preparation for the Brazilian general elections. Edited by Tactical Technology Collective. Berlin, Germany (Our Data, Our Selves). Available online at https://ourdataourselves.tacticaltech.org/media/ttc-data-and-politics-brazil.pdf, checked on February 19, 2019.

[4] En Brasil, el voto es de carácter obligatorio.

[5] Los autores del informe denominan “echo chambers” a los grupos cerrados que los usuarios de WhatsApp suelen crear con sus amigos y familiares, con quienes comparten información sin ningún tipo de temor a ser estigmatizados o “linchados” socialmente, como sí podría ocurrir en redes sociales de mayor accesibilidad como Facebook o Instagram.

[6] Otros factores son, por ejemplo, una legislación electoral que favorece el proselitismo político intensivo por vía de redes sociales —en detrimento de la difusión del mismo tipo de proselitismo en los medios masivos de comunicación tradicionales (TV, radio, prensa escrita), habida cuenta de las restricciones legales que pesan sobre estos últimos, así como por el costo económico que implica hacer campaña en la prensa o la TV—.

[7] Burbujas ideológicas definidas como grupos de personas con ideologías políticas similares quienes se abstraen de cualquier tipo de opinión contraria a la propia.

[8] Stephens, Bret (2017): Leave Your Safe Spaces. The 2017 Commencement Address at Hampden-Sydney College. In The New York Times. Available online at https://www.nytimes.com/2017/05/15/opinion/leave-your-safe-spaces-the-2017-commencement-address-at-hampden-sydney-college.html, checked on February 20, 2019.

[9] Nissenbaum, Dion; Entous, Adam; Peker, Emre (2016): Turkish President Foiled Coup with Luck, Tech Savvy. Recep Tayyip Erdogan slips helicopter-borne commandos, texts the nation. In the Wall Street Journal. Available online at https://www.wsj.com/articles/coup-plotters-targeted-turkish-president-with-daring-helicopter-raid-1468786991, checked on February 20, 2019.

[10] Febvre, Lucien; Segovia, Tomás (1994): Martín Lutero. Un destino. 1. ed. en español, 8. reimpr. México, DF: Fondo de Cultura Económica (Breviarios del Fondo de Cultura Económica, 113).

*Imagen tomada de: The Hans India: WhatsApp campaign to fight fake news. New Delhi. Available online at https://www.thehansindia.com/posts/index/National/2018-08-30/WhatsApp-campaign-to-fight-fake-news/408544, checked on February 20, 2019.

Autor entrada: David Aleans

David Aleans
Historiador de la Pontificia Universidad Javeriana. Sociólogo de la Humboldt-Universität zu Berlin.