Leyendo el mundo: una nueva concepción de lectura

En su Ensayo sobre la noción de lectura Weil recalca el hecho de que la significación— tras la lectura— está asociada a una afección, es decir, que lo que se lee tiene significación solo si afecta al sujeto de alguna forma.

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La lectura, entendida como un simple acto de comprensión y análisis se ha consolidado como parte importante de la construcción de sujetos pensantes y críticos en la actualidad, sin embargo, teniendo en cuenta el auge de la imagen y lo controversial que puede resultar la lectura e interpretación de esta, es necesario tener en cuenta que la lectura en sí puede ser concebida de diferentes maneras. No se trata de leer solo trazos sobre un papel y extraer de aquellos alguna significación, el mundo actual solicita que se lea de manera divergente, el acto de lectura está presente en cada instante, cada gesto inadvertido y en cada sonido casi inaudible. Con esto en mente, el presente artículo pretende analizar la obra Farabeuf con base en lo señalado por la filósofa francesa Simone Weil con relación a lo que debe ser entendido como un acto de lectura.

En principio, Weil asegura que la lectura —e incluso la escritura— debe comprenderse no solo como un ejercicio intelectual que da cuenta de un sentido por medio del seguimiento de unas reglas previamente establecidas, sino también como un ejercicio emocional. Haciendo necesario preguntarse por aquello que hace parte del ámbito emocional y por los modos en los que este puede ser leído. No basta con la experimentación de una sensación particular, el sujeto debe preguntarse cómo se logra experimentar aquella sensación y qué significación posee. Weil asegura que más que los trazos en un papel, los hombres han de prestar atención a los gestos, los sonidos y todo aquello que configura el ámbito en el que se ven envueltos.

Adicionalmente, en su Ensayo sobre la noción de lectura Weil recalca el hecho de que la significación— tras la lectura— está asociada a una afección, es decir, que lo que se lee tiene significación solo si afecta al sujeto de alguna forma. De modo que si se lee una carta o una mala noticia “uno se siente sobrecogido, trastornado como por un golpe” (Weil, 2006, p. 66). Por lo tanto, lo que se lee va más allá del mensaje redactado y de la decodificación de este, como bien lo retrata Elizondo cuando alude a la importancia del recuerdo, las imágenes que este suscita deben ser leídas en función de encontrar el significado que pueden tener en el presente. De esta manera, lo que se lee termina dependiendo de aquello que se siente, tanto la lectura como el sentimiento mismo terminan siendo parte de un solo proceso, no es posible entenderlos si se cree que se trata de dos procesos independientes y contrarios.

Ahora bien, Farabeuf o la crónica de un instante, escrita por el autor mexicano Salvador Elizondo, es una obra en la que la importancia de la alegoría es el eje central de la misma, es la figura que le permite al lector enfrascarse en la búsqueda de una, o de quizá múltiples, interpretaciones basadas en el desarrollo y el desenlace que puede tener el hecho de que sus personajes logren o no recordar aquellos “recuerdos”, valga la redundancia, que configuran, de manera definitiva, su falta de identidad o la apropiación de esta. Frente a lo que Weil añadiría la relevancia del sobrecogimiento, los recuerdos serán importantes y podrán ser leídos en la medida en la que logren afectar a quienes los poseen. Por otro lado, Elizondo busca exaltar los cimientos sobre los cuales la figura alegórica juega con la ambigüedad, la incertidumbre, lo oscuro, lo confuso, las rupturas y el papel determinante del lenguaje en la edificación del sentido tautológico de dichos recuerdos.

Dado que aquello que es alegórico es comprendido como la representación en la que las cosas tienen un significado simbólico, podemos concluir, hasta este punto, que cada uno de los elementos presentes en la obra Farabeuf lo son, sin embargo, es la iconografía del lenguaje la que permite la construcción alegórica de los demás. Es el lenguaje el que configura la puesta en abismo, la mise en abyme, en el francés original, es decir, el factor que permite narrar la particular historia de estos personajes en busca de una identidad desde diferentes niveles narrativos. Si bien lo que Weil pretende es dar cuenta de la significación que poseen los actos que requieren de una determinada lectura alejada de la concepción tradicional de esta, es posible considerar que el lenguaje utilizado en el texto de Elizondo permite a los personajes llevar a cabo un análisis en el sentido weileano. Se trata de encontrar y analizar una identidad, es decir, de darle una significación al lenguaje mismo por medio del impacto que tiene en la construcción de la identidad de un sujeto que se ve afectado por los contenidos de un recuerdo.

Por un lado, la divergencia de los niveles narrativos es la estructura categórica de la ya mencionada caracterización tautológica de los hechos, debido a que cada uno de ellos hace alusión a un mismo recuerdo a través de diferentes expresiones, este es el punto en el cual se manifiesta la relevancia, ya mencionada, del lenguaje. Es aquí donde el lenguaje, como algo que debe ser leído, entra a ser parte de una significación weileana, lo que se lee termina dependiendo de aquello que se siente, tanto la lectura como en sentimiento mismo terminan siendo parte de un solo proceso, no es posible entenderlos si se cree que se trata de dos procesos independientes y contrarios.

Por otro lado, lo irrepresentable trae consigo el manifiesto del problema de la alegoría, dando paso, de esta manera, a lo que queda envuelto en la concepción de una investidura que abarca el automatismo de la secuencia, la persecución de la continuidad del significado, que termina, en repetidas ocasiones, en el carácter abismal de lo tautológico de aquellos aspectos que podrían otorgar una precisión definitoria de la identidad de los personajes. Por consiguiente, el relato no solo podría volcarse sobre la búsqueda de la identidad y de los recuerdos que lo configuran, sino también del trasfondo de cada uno de ellos y las implicaciones de estos en el desenlace, inacabado, de la historia.

Ahora, por medio del discurso se manifiesta un entramado crítico volcado hacia lo abismado del lenguaje mismo y, como consecuencia de este, la imposibilidad sustancial de recuperar a partir de ese volcamiento su correspondencia con una referencialidad ajena a él. Lo mismo ocurre con los recuerdos evocados por los personajes desde el inicio mismo del relato. El hecho de que la base de la historia sea la necesidad de encontrar respuesta a la pregunta, planteada desde un principio, “¿Recuerdas…?” es manifiesto de la contrariedad latente entre el contraste de aquello que es eterno y aquello que dura tan solo un instante, como lo son los recuerdos.

Sin embargo, podría añadirse que, aunque resulte problemático aludir a las significaciones de los recuerdos en el texto de Elizondo, no deja de ser refrescante la noción de lectura de Weil, por medio de ella podrían abrirse un sinfín de nuevas concepciones en un mundo atiborrado de imágenes que en ocasiones carecen de sentido y, por lo mismo, de significación. ¿Acaso el mundo actual no requiere que se implemente una nueva noción de lectura que dé paso a un acercamiento más adecuado a las imágenes que recorren el mundo a diario?  ¿Esta nueva concepción de lectura sería suficiente para dar cuenta de los significados encerrados en cada uno de los instantes e imágenes que buscan representar algo en un mundo en el que parece que todo debe significar algo? ¿No perdería la significación su sentido y, por lo tanto, no se convertiría la lectura en algo obsoleto?

Si bien nos encontramos en un mundo tecnológicamente avanzado hemos perdido la capacidad de analizar los modos en los que este y las cosas que nos rodean nos afectan, sumiéndonos en un sinfín de comportamientos insignificantes. Finalmente, parece más que necesario que repensemos las maneras en las que el mundo es leído, podríamos entonces remitirnos a los planteamientos weileanos y tener en cuenta que, tal como en el relato de Elizondo, no solo se leen los trazos, sino también los instantes. Instantes mediados y referenciados por el recuerdo de gestos, sonidos, acciones, etc.

Referencias

Careceda, M. (2000). “Voces e imágenes en Farabeuf o cónica de un instante de Salvador Elizondo”. Revista Signos. v.33, n. 47, p. 51-60. Valparaíso, Chile.

Elizondo, S. (1965). Farabeuf o la crónica de un instante. México D.F.

Weil, S. (2006). Ensayo sobre la noción de lectura. Antrophos, (211), 66-69.

Autor entrada: Laura Forigua

Laura Forigua
Laura Forigua es estudiante de de Filosofía con opciones en literatura y fotografía. Parte del equipo editorial de la revista La Cicuta de la Universidad de los Andes.