¿Por qué eliminar la intromisión estatal de la educación?

Las teorías del crecimiento endógeno concluyen que alrededor del  70% del crecimiento de una sociedad en el largo plazo se explica por el progreso del capital humano.

Imagen tomada de Semana https://bit.ly/2N4fgtG

Antes de identificar al culpable es preciso realizar consideraciones por las cuales este es uno de los peores crímenes que la sociedad ha permitido y que lejos de denunciarlo parece que en grandes sectores de la sociedad ha sido validado y muchas veces aplaudido.

Debemos iniciar entonces por explicar brevemente la importancia que tiene la buena educación en el desarrollo individual; la realización de nuestros proyectos vitales; sus efectos económicos y su enorme influencia en el progreso de largo plazo de cualquier sociedad. Luego pasar a las críticas sobre cómo está configurada la educación en nuestras sociedades. Y finalmente  tratar de esbozar las características y cualidades de un sistema educativo libre y eficiente.

Murray Rothbard en su trabajo llamado “Educación Libre y Obligatoria”  expone una diferenciación inmejorable para entender primero a qué tipo de Educación nos estamos refiriendo. El autor explica que los individuos a lo largo de su vida experimenta dos procesos educativos distintos. Por un lado, el constante aprendizaje que inicia desde el día que comenzamos a percibir nuestro entorno hasta que nuestra vida finaliza, entorno conformado por cosas físicas -naturales u originadas por la creatividad humana- y por otros individuos con los que interactuamos de manera constante y en el cual en un proceso de descubrimiento e interacción el niño ejercita sus competencias, revela sus inclinaciones y empieza a mostrar sus facultades físicas y mentales. Este continuo proceso de aprendizaje lo llamaremos Educación informal y estará fuera, aunque no del todo, de nuestro análisis. Lo cierto es que pese al enorme proceso espontáneo de aprendizaje que experimentamos, este no es suficiente para explotar todos nuestros talentos y capacidades. A fin de obtener una mayor realización personal y aumentar la productividad del oficio elegido –cuya consecuencia será el aumento de nuestros ingresos en términos reales y por ende nuestra capacidad para obtener mayor cantidad de bienes y servicios y alcanzar un mayor grado de bienestar- se hace  necesario una Educación Formal, un conocimiento intelectual que implica un uso más profundo del razonamiento, como Rothbard (1971) señala:

Este conocimiento debe aprenderse a partir de la observación y el razonamiento deductivo. El aprendizaje de un cuerpo de pensamiento como este requiere de bastante tiempo y debe aprenderse de forma sistemática, ya que el razonamiento sigue un proceder lógico y ordenado que va organizando lo observado en un cuerpo de conocimiento sistemático”.

Así pues, es  la educación formal el objeto de nuestro análisis. Pasemos a revisar  sus implicancias económicas y sus efectos en el progreso de largo plazo. La teoría económica y específicamente la teoría del crecimiento ha avanzado a lo que hoy conocemos como las teorías del crecimiento endógeno, donde se concluye que alrededor del  70% del crecimiento de una sociedad en el largo plazo se explica por el progreso del capital humano, poniendo énfasis en el rol de las ideas, y explicando que el punto de partida para la generación de riqueza se encuentra dentro la cabeza de los individuos. Estas teorías pueden ser potenciadas, complementadas y en algunos aspectos superadas por los aportes de Joseph Schumpeter y especialmente de Israel Kirzner, quien pone énfasis en el rol del empresario y su permanente estado de alerta para descubrir e identificar antes que nadie las oportunidades de legítimo beneficio, en el cual hace uso de sus facultades y conocimientos previamente adquiridos, por lo cual si bien no completamente, pero sí parcialmente, la educación juega un rol vital  en el progreso económico no solo de los individuos sino del conjunto de la sociedad.

Siendo entonces la educación tan relevante surgen las preguntas: ¿Cómo debe brindarse este servicio? ¿Deben ser los padres o el estado quien supervise la educación y el desarrollo del niño?, Los burócratas e intervencionistas nos han hecho creer que la mejor manera es planificarla o, en otras palabras, que ellos sean quienes la planifiquen, y hemos sido tan ingenuos de ponerla en manos de quienes repetidas veces han cometido gruesos errores al jugar a la ingeniería social. Lo cierto es que a simple vista planificar la educación para todos, bajo los estándares y mallas curriculares óptimas a fin de promover la  igualdad de oportunidades y el manido discurso de uniformidad parece razonable, pero carece de sentido si hacemos un análisis medianamente profundo. Cada persona es única en sus habilidades, gustos y en las actividades que prefiere y por lo tanto muestra intereses diversos, es justamente la variedad de intereses y talentos individuales lo que permite el crecimiento, la división del trabajo y la especialización de las cuales dependen las economías modernas y su constante progreso, Harris (1898) lo expresa de la siguiente manera:

Cada paso en el camino del progreso significa la adición de un factor humano que de alguna manera difiere de todos los factores existentes. El progreso de la civilización, entonces (…) precisa de una diversificación cada vez mayor de los individuos que componen la sociedad (…). Debe desarrollarse cada nueva invención y cada nuevo arte, los nuevos conocimientos y los principios morales tienen que aplicarse de una forma más amplia”.

Identificar la enorme diversidad de los individuos que conforman una sociedad, y dejar en evidencia la ineficiencia de un sistema educativo uniforme, bastaría para echar por tierra cualquier proyecto de imponer coactivamente los contenidos presentados por los burócratas de los ministerios de educación controlados por los gobiernos a lo largo continente. Asimismo, las instituciones privadas no están exentas de la intervención y de la regulación de los gobiernos, los capitales de dichas instituciones son privados pero están muy lejos de ser instituciones libre.

El control estatal ejerce sobre los estudiantes una guillotina horizontal, que perjudica a todos, a los estudiantes destacados se los condena a la mediocridad y se tira por la borda su enorme potencial; deja un sentimiento de fracaso absoluto a los niños con problemas de aprendizaje a tal grado que es una experiencia tortuosa para los mismos; ni siquiera el alumno promedio está conforme pues tiene que ver con una enorme frustración cómo los alumnos sobresalientes superan fácilmente las pruebas en las que él pone todo su esfuerzo.

Los profesores no quedan fuera de los perjuicios ocasionados por la injerencia estatal, el buen maestro dispuesto a innovar y con una genuina vocación ve cómo le ponen un guión prediseñado y casi siempre obsoleto, mermando todo su entusiasmo por adquirir cada vez mayores competencias y desperdiciando su potencial, que de no existir la injerencia estatal, sería plenamente explotado,  está sometido a la frustrante sensación que le ocasiona ver cómo profesores incompetentes, contratados por el gobierno para ampliar su red servil y clientelar, desincentivan a los profesores en mejorar la calidad de la enseñanza.

Si el sistema educativo configurado por el estado es tan ineficiente, ¿por qué lo seguimos validando e incluso lo aplaudimos? Parte de la explicación se debe a lo que Frederic Bastiat denominaba lo que se ve y lo que no se ve. Nosotros vemos cómo los políticos inauguran los recintos de Educación Estatal, vemos también a los chicos ir al colegio y también las estadísticas “exitosas” que presentan los burócratas sobre los avances  en las tasas de alfabetización. Por ejemplo, Cuba se jacta de ser el país cuya tasa de alfabetización es cercana al 99%. La pregunta es ¿cuál es el volumen de progreso resultante de esa estadística?, ¿están realmente los cubanos alcanzando un mayor bienestar?, ¿es Cuba líder en innovación y desarrollo científico? Claramente no, y no lo será mientras se les enseñe a leer simplemente lo que el gobierno ordena, pero se busca disfrazar esas intuiciones con falsas muestras de progreso. Lo que no vemos es el enorme capital humano desperdiciado y todo el progreso dilapidado por la intromisión del Estado en la educación, porque simplemente se ha evitado que se materialice. La otra parte de la explicación por la cual un sistema tan ineficiente sigue siendo preservado es el interés de la política por controlar la educación, porque vió  en la administración de la misma la oportunidad para preservar sus intereses y es por este motivo, que esta intromisión tiene un carácter delictivo y profundamente inmoral. Por lo que la razón principal, mas no la única, por la cual considero a la intromisión estatal un hurto imperdonable a la sociedad latinoamericana, es porque se ha inculcado el credo del Estado a nuestros estudiantes, transformando el proceso espontáneo, voluntario y diverso de la educación en un proceso de adoctrinamiento involuntario, Paterson (1943) en su obra The god of the machine lo explica:

El control político cuando prescribe un plan de estudios escolares a largo plazo (…) por su propia naturaleza, tiene que legislar en contra de lo que se deduce tanto de los hechos como de la opinión, el más acertado y demostrable conocimiento científico será sin duda en algún momento objetable para la autoridad política, porque pondrá de manifiesto la locura de esa autoridad y sus efectos perversos (…) cualquier sistema educativo controlado políticamente inculcará la doctrina de la supremacía del Estado, tarde o temprano, ya sea como el derecho divino de los reyes, o de la “voluntad del pueblo” en “democracia”. Una vez que esa doctrina ha sido aceptada, romper el dominio del poder político sobre la vida de los ciudadanos se convierte en una tarea casi sobrehumana. Ha tenido su cuerpo, sus propiedades y su mente en sus garras desde la infancia. Un pulpo soltaría antes su presa (…)”.

¿Existe otra alternativa? Sí, devolverle la educación a los dueños legítimos de ella, es decir,  a los individuos. Un primer paso hacia la liberación educativa es la propuesta del cheque escolar (subvención a la demanda) propuesta por Milton Friedman, en la que se devuelve a los padres -que son quienes realmente conocen mejor que nadie las capacidades, ventajas y desventajas de sus hijos- la libertad de  elegir el colegio que mejor se adapte a las necesidades individuales de sus progenies. No obstante, las bondades del cheque escolar solo se materializarán eliminando los controles burocráticos sobre la malla curricular, dejando que el servicio educativo se realice en un mercado libre, donde sin el corsé puesto por los políticos las escuelas compitan con un proceso  de actualización y perfeccionamiento, un proceso constante de ensayo y error. Las escuelas por lo tanto se verán incentivadas a mejorar su oferta académica y configurarán sus planes de acuerdo a las necesidades de los diversos perfiles estudiantiles, a fin de capturar el mayor número de estudiantes posibles. Las bondades que a lo largo de la historia han surgido de acuerdos voluntarios y mercados libres (baja de precios y aumentos de calidad), podrán también materializarse en la educación, las escuelas podrán especializarse en tantas formas como los individuos necesiten, y a la velocidad en la que el mundo progresa. En conclusión, es de vital importancia recuperar nuestra educación y la libertad para planificar descentralizadamente la misma.

Referencias

Bastiat, F. (1850). Lo que se ve y lo que no se ve. Recuperado de http://www.hacer.org/pdf/seve.pdf

Benegas, A. (2017). Falacias de la educación estatal. https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/falacias-de-la-educacion-estatal

Harris, G. (1898). Inequality and Progress. Boston: Houghton, Mifflin.

Rothbard, M. (1971). Educación Libre y Obligatoria. Recuperado de https://bibliolibertaria.org/libros/educacion-libre-y-obligatoria/

Paterson, I. (1943). The god of the machine. Cladwell, Idaho: Caxton Printers.

Autor entrada: Carlos Aranda

Carlos Aranda es boliviano. Estudiante de Economía y secretario académico del Centro de Estudiantes de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.