Marxismo cultural: una artimaña al servicio de la derecha

El concepto en cuestión es en realidad una triquiñuela de la denominada alt-right para fortalecerse a sí misma a través de la ridiculización/demonización de la izquierda.

 

Imagen tomada de https://bit.ly/2MJsmMS

 

En la coyuntura hodierna, y exactamente desde los círculos más conservadores del escenario político mundial, se profiere un discurso de aversión dirigido a una supuesta mole que enarbola las banderas de la revisión y reconfiguración de las consignas marxistas clásicas; una suerte de nueva izquierda cuyo sustrato ha dejado de ser la economía (infraestructura), para pasar a tener como preocupación principal asuntos ideológicos, simbólicos y culturales (superestructura). En suma, estamos hablando del mal llamado marxismo cultural2. Quienes acuñan este término arguyen que no es más que una máscara distinta con la que el Gespenst des Kommunismus3 se presenta en aras de crear un nuevo orden mundial vía la transformación -y la posterior destrucción- de las instituciones occidentales: la familia, el cristianismo, la individualidad. Sin embargo, aquí se abordará una perspectiva que resulta antitética: el cómo, más allá de ser el resultado de un proceso de revisionismo histórico tergiversado, el concepto en cuestión es en realidad una triquiñuela de la denominada alt-right para fortalecerse a sí misma a través de la ridiculización/demonización de la izquierda, ganando así más adeptos que les aseguren hacerse con el poder y perpetuar el status quo.

 

Primeramente, pasemos a escudriñar un poco en el pasado para dar con la génesis de este neologismo. En 1923, en Frankfurt, Alemania nace el Instituto de Investigación Social, un órgano adscrito a la Universidad de Frankfurt. Sus fundadores fueron Max Horkheimer y Theodor Adorno, ambos sociólogos y filósofos alemanes y a quienes, a la postre, se les unirían otras figuras importantes como Erich Fromm, Herbert Marcuse, Walter Benjamin e inclusive Jürgen Habermas. Así se consolida la Escuela de Frankfurt, un colectivo de intelectuales que, en un impulso por explicar el fracaso de la revolución proletaria internacional -vaticinada en el Manifiesto del Partido Comunista- y entender las relaciones de dominancia pervivientes, rescatan postulados de Marx, Freud y Gramsci para remasterizarlos y formular un nuevo marco teórico de la realidad: lo que hoy conocemos como Teoría Crítica. Esta, representó un rompimiento con respecto a la teorización tradicional ya que, a diferencia de ella, no trata de brindar soluciones tomando como punto de partida un orden institucional que se da por inamovible, sino que lo cuestiona y aboga su maleabilidad; rompe el lindero que separa al sujeto cognoscente del objeto conocido y va directo al reformismo estructural. Asimismo, establece que los medios masivos son una herramienta de control sobre las masas. La TC valora no solo las relaciones de producción al momento de explicar el sistema capitalista burgués, sino que a su vez se apropia del estudio de elementos superiores los cuales sirven para sostenerlo en el tiempo; innegablemente da visos de una marcada influencia de la izquierda. La problemática reposa en que dichas premisas han sido trastocadas y extrapoladas. Se ha dicho, por ejemplo, que movimientos progresistas en alza tales como el feminismo, el ecologismo, la migración masiva y la interculturalidad, son agentes patógenos con los cuales se busca contaminar la columna vertebral de nuestra sociedad y que, ni más faltaba, son ataques ordenados desde el neomarxismo4 para establecer un novus ordo seclorum que vaya en detrimento de, casualmente, lo que la derecha ultraconservadora considera como ítems insignia en su cosmovisión: la supremacía blanca, el nacionalismo, la homofobia, entre otros; una amalgama que deviene en ostracismo puro y duro. Lo que persiguen, finalmente, es establecer una relación causa-efecto entre las teorías marxistas y los síntomas propios de la posmodernidad que nada tienen que ver con ellas5; se les adjudican cambios culturales que son intrínsecos a una dinámica ajena para hacer ver al marxismo como una dantesca bota obrera que intenta imponerse por la fuerza a través de la cultura de masas y el activismo. Es este el caldo primitivo del cual florece aquel Frankenstein denominado “marxismo cultural”. Ahora, surge la necesidad de ahondar en el cómo esta “conspiración” que le resta cientificismo y seriedad a la lucha enquistada en Hegel y Marx, beneficia a sus gestores en la praxis.

 

Un primer y claro atisbo está, sin más, en Estados Unidos. El hoy presidente Donald Trump se ha caracterizado por una retórica típica como la que se ha descrito anteriormente. El objetivo es claro: crear un enemigo público (los migrantes o el islam, por ejemplo) que legitime una nueva y pervertida Doctrina Monroe, desplazando así cualquier coordenada del espectro político dispar a la derecha reaccionaria. Otro fruto que deviene de este pseudomarxismo es el enlistar a jóvenes seducidos por la izquierda en la participación de las tendencias progresistas ya esbozadas, confundiéndolos sobre lo que es menester para dicha ideología (esto es, la economía como la base de la organización social) y enfocándolos en otros aspectos que, si bien han sido adoptados en nuevas aproximaciones y estudios, siguen estando en un segundo plano.

 

Grosso modo, queda en evidencia que la Teoría Crítica, siendo una revaluación de la obra de Marx y aun poniendo en consideración ejes temáticos en los que el prusiano no hizo tanto hincapié, no deja de tener una concepción materialista del universo. Ergo, tal cosa como el marxismo cultural es una falacia que se cae por su cuenta; más grave aún, es erigir un puente que lo relacione con el marxismo clásico o la TC. Es, a todas luces, el nuevo método de cabecera con el que se espera no solo restarle relevancia a los aportes marxistas, sino a las nuevas luchas que se están librando para reivindicar a las minorías. Es la derecha jugando a ser víctima, pero siendo el victimario. Es la derecha hambrienta de poder.

 

Referencias

 

Cox, R. (2013, octubre). Fuerzas sociales, estados y órdenes mundiales: Más allá de la Teoría de las Relaciones Internacionales. Grupo de Estudios de Relaciones Internacionales (GERI) – UAM. Recuperado de https:// repositorio.uam.es/handle/10486/677391

 

Muñoz, B. (2006). Escuela de Frankfurt: Primera Generación. Revista de la Universidad Carlos III de Madrid. Recuperado de http://webs.ucm.es/info/ eurotheo/diccionario/E/ef_1generacion.htm

 

Acuña, M. (2015). The Origins and Ideological Function of Cultural Marxism. Recuperado de https://track3.mixtape.moe/fveatd.pdf

Autor entrada: Sayd Peñaranda

Sayd Peñaranda es estudiante de Relaciones Internacionales y Derecho de la Universidad del Norte, Colombia.