El año del Nobel que debió ser

La Academia Sueca falló en su mandato de entregar el premio al mejor escritor, y se entregó al facilismo de acudir a la política para decidir lo que a ella no interesa, buscando sentirse moralmente correcta.

Tomado de: https://tn.com.ar/musica/clips/jorge-luis-borges-y-su-pasion-por-wall-de-pink-floyd-y-los-rolling-stones_680527

El año 2018 resultó ser insípido para los Premios Nobel. Y no es porque los ganadores no merecieran ser reconocidos con tan prestigioso galardón. Es porque el año pasado, a los Premios Nobel, les faltó la joya de la corona, la perla más grande y llamativa: el Premio Nobel de Literatura. El Premio Nobel de Literatura es sin duda el más famoso de todos los premios otorgados por la Academia Sueca. La literatura, y sus grandes autores, resultan ciertamente más accesibles al público general, para el cual los premios de economía, física o medicina resultan lejanos ante la evidente distancia provocada por aquellas disciplinas a las que difícilmente tenemos acceso por sus complejos temas.

En las noticias, el anuncio de los Premios Nobel, la primera semana de octubre, y su entrega, el 10 de diciembre, son miembros fijos de las primeras planas. Pero en 2018 poco trascendió de los anuncios y de la ceremonia, pues faltaba aquel premio accesible a todos, faltaba aquel cuyo anuncio, el jueves a la madrugada, no se ausentaba desde la Segunda Guerra Mundial. Ese premio cuyo ganador es canonizado en vida, elevado a los más magníficos podios de la literatura universal. Ese premio cuyo ganador siempre es objeto de discusión, y de cuyos candidatos se habla todo el año.

No me interesa aquí discutir las razones que llevaron a la Academia Sueca a decidir no entregar el premio este año, y a entregar dos premios este 2019. Me interesa discutir el Premio Nobel de Literatura per se, así como la curiosa noticia que se produjo días después de que se decidiera que en 2018 no habría Premio Nobel de Literatura. El Premio Nobel, para un escritor, es, como ya dije, la canonización en vida. Es el máximo reconocimiento que un escritor recibirá jamás por su obra. Recibir el Premio Nobel de Literatura equivale a ser elevado al Olimpo donde descansan, desde 1901, los dioses de la literatura contemporánea. El Premio Nobel de Literatura es reconocido por sus grandes aciertos: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, José Saramago, Octavio Paz, Ernest Hemingway, William Yates, George Bernard Shaw, William Faulkner, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Thomas Mann, Herman Hesse, Bertrand Russell, Albert Camus, Miguel Ángel Asturias, Camilo José Cela, V.S. Naipaul…

Pero el Premio Nobel de Literatura es famoso también por sus olvidos, sus omisiones. A lo largo de su historia, la Academia Sueca ha ignorado, accidental o deliberadamente, según el caso, a verdaderos genios de las letras, mucho más merecedores del galardón que algunos de quienes sí lo ganaron.

Así, tras el anuncio de que no habría Premio Nobel de Literatura en 2018, un grupo de escritores decidió tomar acción e intentar sanar la mayor injusticia de la historia de la literatura contemporánea: el olvido deliberado e injustificable de la Academia Sueca al único, elegante, irrepetible, eterno Maestro Jorge Luis Borges. La Academia Sueca omitió repetidas veces darle el premio, y cuando en 1977 iba encaminado a obtenerlo, se lo quitaron por motivos políticos, de esos que supuestamente nunca deben influir en la decisión de la Academia. En lugar del Maestro, el premio fue otorgado al español Vicente Alexandre, cuya obra, si bien tiene mérito, pues no se llega fácilmente a la definición de un Premio Nobel, sin duda no era tan merecedora del galardón sueco como la obra del inmortal bibliotecario bonaerense. Tanto así, que hoy en su propio país se le considera “el Nobel olvidado”. Nueve años después, en 1986, Jorge Luis Borges murió en Suiza, resignado a nunca ganar el premio que merecía más que nadie. Quedó consumada la mayor injusticia de la literatura contemporánea. Hasta octubre…

Este grupo de escritores decidió, ya que el premio quedó sin ganador en 2018, otorgárselo ellos al gran Borges. En un acto al que asistieron algunos miembros de la prensa internacional, anunciaron que aprovechaban la oportunidad dada por la decisión de la Academia, para dar así justicia a las letras argentinas y latinoamericanas.

El caso de Borges no es el primero. Desde que se creó hace 118 años, el Premio Nobel de Literatura ha sido esquivo a verdaderos genios. De hecho, se podría decir que han sido más las omisiones que los aciertos, pero yo no comparto dicha opinión. El problema no es la cantidad de omisiones, sino la calidad de los genios omitidos, que hacen de las omisiones mucho más notorias. ¿Quién se atrevería a negar, con algo de gusto literario en el espíritu, que no merecían un Premio Nobel de Literatura Lev Tolstói, Marcel Proust, Federico García Lorca, Franz Kafka, Ítalo Calvino, James Joyce, Julio Cortázar, Ernesto Sábato o Carlos Fuentes? Como dijera Sor Juana Inés de la Cruz: “Para todo se halla prueba / y razón en qué fundarlo; / y no hay razones para nada, / de haber razones para tanto”.[1] Hay ilusos que intentan explicar estas omisiones, y si bien puede reconocerse que en casos como el de Julio Cortázar tal vez su genio era muy de avanzada para la conservadora Academia Sueca, nada justifica la ausencia de Jorge Luis Borges en la lista de ganadores del premio. Y nada lo justifica porque fue una omisión deliberada, fundada no en el valor de la obra de Borges, sino en la política. La Academia Sueca falló en su mandato de entregar el premio al mejor escritor, y se entregó al facilismo de acudir a la política para decidir lo que a ella no interesa, buscando sentirse moralmente correcta. Y si bien es reprochable el que Borges haya aceptado una medalla del gobierno dictatorial del General Augusto Pinochet, la Academia mal podría afirmar tener un compromiso con la democracia. De tener dicho compromiso, no solo le habría negado el premio a Borges, sino que tendría que habérselo negado a Jean-Paul Sartre (quien rechazó el premio en 1964 pero intentó quedarse con el dinero del mismo en 1975) y a Pablo Neruda, siempre tan dispuestos a apoyar y prestar consideración a Iósif Stalin, el mayor genocida que haya visto el mundo. Incluso, de tener tal compromiso, debería haberle negado el premio a nuestro propio Gabriel García Márquez por su íntima amistad con Fidel Castro, dictador y opresor de Cuba por 50 años; o debería habérselo negado a Camilo José Cela por las acusaciones que lo vinculaban de cierta forma al franquismo en su juventud. No se trata de justificar la decisión de Borges de recibir la medalla, se trata de denunciar la doble moral de la Academia Sueca.

Después de reunirse consigo mismo en “El otro”, el escritor que nos lleva por “Ulrica”, define ser colombiano como “un acto de fe”.[2] Prueba irrefutable de que Borges tenía el universo en la cabeza. Aquel hombre que siendo poeta se definía como lector entendía al hombre como pocos. Borges entendía “la humanidad del hombre”, en palabras de José Félix Patiño.

Celebro así al grupo de valientes que defienden lo que es correcto, y felicito al Maestro Jorge Luis Borges por recibir el Premio Nobel de Literatura 2018.

[1] Sor Juana Inés de la Cruz, “Acusa la hidropesía de mucha ciencia, que tene inútil aun para saber,y nociva para vivir”, en Obras completas de Sor Juana inés de la Cruz: I. Lírica personal. (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2009), 10.

[2] Jorge Luis Borges, “Ulrica”, en El libro de arena. (Bogotá: Debolsillo, 2011), 24.

Referencias

Borges, Jorge Luis. El libro de arena. Bogotá: Debolsillo, 2011.

De la Cruz, Sor Juana. Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz: I. Lírica personal. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2009.

Autor entrada: Jordi Enrique Buitrago Soetendal

Jordi Enrique Buitrago Soetendal
Estudiante de Derecho de la Universidad de los Andes, egresado del Liceo Francés Louis-Pasteur.