La falsa realidad de la existencia

“El relajamiento posmoderno liquida la desidia, el enmarcamiento o desbordamiento nihilista, la relajación elimina la fijación ascética. Desconectando los deseos de los dispositivos colectivos, movilizando las energías, temperando los entusiasmos e indagaciones relacionadas con lo social, el sistema invita al descanso, al descompromiso emocional”-Gilles Lipovestky

 

El consumismo, la adquisición de placer, el empoderamiento generado por la lucha hacia la realización del ser; todos giran en torno a un concepto en común: la falsa realidad. La interacción entre las personas está siendo severamente afectada por ideales insulsos; el éxito de un individuo se encuentra determinado por su poder adquisitivo. Simultáneamente, la tecnología, respecto a la cual ha surgido la necesidad de las personas por dominarla y conocerla en su totalidad, es empleada en la creación de juicios efímeros y banales. Esta condición de premura, intensificada por el dispendio material, resulta en el establecimiento de una existencia adulterada que no es disfrutada plenamente. En otras palabras, no hay cabida para una sustantividad verdadera de la realidad. En la sociedad actual, la percepción de la realidad divaga de manera nihilista al verse inmersa en las profundidades del consumismo y genera efectos quiméricos impulsados por la tecnología.

 

A primera vista, el consumismo es visto como un proceso de autosatisfacción en cual el hedonismo individual toma gran importancia. Es reconocido como una anomalía del comportamiento humano del que dimana un ‘apetito’ de compra y adquisición; ya de objetos innecesarios, placer, entretenimiento, sentidos, ya de cualquier otro elemento que pueda producir deleite personal. Adicionalmente, es de carácter eterno y duradero; es imposible saciar la necesidad de embeleso. Es promovido y asistido por el impacto de la tecnología, el cual genera sensaciones reprochables en la sociedad, y, de esta deplorable manera, la percepción del aspecto de vivenciaes perturbada (entiéndase por aspecto de vivenciael modo en el cual las personas piensan, actúan, meditan e interactúan).

 

La tecnología es un factor trascendental cuando se busca hablar del consumismo. Esto se debe a que es por medio de ella que dicho concepto se distribuye y logra penetrar la mente humana. Al hacer esto, se están dispensando a las personas sensaciones y sentimientos ajenos a su propio ser. Además, se les expone a una enorme premura y presión social, pues se ven inmersos en una realidad alterada; la exclusión de lo renuente de la vida y la idealización perfecta de los aspectos del hombre por parte de los mercaderes con el fin de vender sus productos, hace que las personas no vivan su propia realidad y estén en una constante lucha para poder obtener y lucir ese anhelado “deber ser” de la sociedad. Según Ospina (1992): “Los valores que la humanidad exaltó durante siglos como formas ideales o especialmente gratas de su existencia, la juventud, la salud, la belleza, el vigor, terminan siendo utilizados como señuelos para inducir a los hombres a un consumo cada vez más artificial e injustificado”. Y afirma: “El instrumento principal de este culto es la publicidad, que cotidianamente nos vende una idea del mundo de la cual tienden a estar excluidos todos los elementos negativos, peligrosos o inquietantes de la realidad”.

 

El consumismo en la actualidad está cegando a las personas de su propia realidad; la vida no es vivida, y se vive para vivir lo invivible. Ospina (1992) señala: “La sociedad contemporánea parece empeñada en impedir que sus hijos no se enteren de que existen la enfermedad, la vejez y la muerte”. La filosofía del Carpe Diem, la cual está abriéndose paso actualmente, alienta a las personas a disfrutar el ahora sin preocuparse del mañana; solo basta con el anhelo de obtener más y más, incita a la exaltación de los sentidos; produciendo un deseo de prontitud a la hora de disfrutar la vida y los individuos anteponen a su autenticidad lo que les es infundido por medio de la tecnología, es decir, el consumismo.

 

Por otro lado, es relevante señalar que la realidad natural de las personas es la interacción entre ellas. Un claro ejemplo de lo anterior, son las facultades de las diversas instituciones para crear discursos en la sociedad; la medicina asigna al enfermo, la familia asigna los parentescos, la filosofía asigna la escolástica, etc. Este proceso sería imposible si no se diera una interrelación entre los seres humanos. Sin embargo, dicha interacción se ve afectada negativamente debido a que la tecnología está sumamente arraigada en la sociedad, pues es vista como una herramienta para el éxito.

 

De la tecnología deriva una realidad hedonista, que no corresponde a la naturaleza de los seres humanos, al alejarlos de la interacción y sumergirlos en una cultura de consumo excesivo. De ahí que no se puede gozar plenamente, pues esta nueva realidad no corresponde a la naturalidad de los hombres, y sin apreciarlo, es impuesta a cada uno todos los días, ya sea viendo televisión o caminando por la calle, en cada lugar hay ora consumo, ora alguien dispuesto a comerciar.

 

Las instituciones, entendidas como la interacción entre las personas y dispuestas a la plenitud verdadera de la realidad, son descritas según Lipovetsky (1983) como: “las instituciones desde este momento se adaptan a las motivaciones y deseos, incitan a la participación, habilitan el tiempo libre y el ocio, manifiestan una misma tendencia a la humanización, a la diversificación, a la psicologización de las modalidades de la socialización[…] Nuevos procedimientos inseparables de nuevos fines y legitimidades sociales: valores hedonistas, respeto por las diferencias, culto a la liberación personal, al relajamiento, al humor y a la sinceridad, al psicologismo, a la expresión libre: es decir, que priva una nueva significación de la autonomía dejando muy atrás el ideal que se fijó la edad democrática autoritaria.”

 

Para Berger: “Mi interacción con los otros en la vida cotidiana resulta afectada constantemente por nuestra participación común en ese acopio social de conocimiento que está a nuestro alcance”. De lo anterior, es posible concluir que las personas están constantemente buscando la entrada a un grupo social (sociedad), de ahí que su interacción diaria con otros se ve severamente afectada. Este intento personal por acopiarse a la sociedad se ve perjudicado por el hecho de que el consumismo, a través de la tecnología, impone, a priori, arquetipos que deben ser alcanzados para pertenecer a ella. De ahí que la interrelación entre las personas es menos auténtica y el fulgor de la realidad no es apreciado en su máximo esplendor; se vive para el otro.

 

Hoy en día, el consumismo va ligado al enaltecimiento de las emociones y sentidos. Pese a que el gozo es únicamente producido por lo material, la felicidad y el bienestar verdadero no se encuentran allí. Epicuro, filósofo griego; fundador del epicureísmo(corriente filosófica orientada al bienestar de los individuos) recalca: “Afirmamos que el placer es el principio y fin de una vida feliz, porque lo hemos reconocido como un bien primero y congénito, a partir del cual iniciamos cualquier elección o aversión y a él nos referimos al juzgar los bienes según la norma del placer y del dolor”. No obstante,toda complacencia producida por lo material es una felicidad falsa y pasajera, pues es vista como una manera de relajación. Según Lipovetsky (1983): “El relajamiento posmoderno liquida la desidia, el enmarcamiento o desbordamiento nihilista, la relajación elimina la fijación ascética. Desconectando los deseos de los dispositivos colectivos, movilizando las energías, temperando los entusiasmos e indagaciones relacionadas con lo social, el sistema invita al descanso, al descompromiso emocional”. En ese orden de ideas, al encontrarse en un estado de relajación, producido por el consumismo, las personas empiezan a aminorar la calidad de su raciocinio; el deseo individual externo toma su lugar, al igual que las emociones efímeras, y el individuo empieza a producir pensamientos materiales ajenos a su realidad.

 

A manera de síntesis, es válido afirmar que la cultura actual es aquella denotada como la del feeling; una ola hedonista sometida a la pobre creencia de la emancipación individual, cuando verdaderamente está siendo dominada por el consumismo, distribuido por la tecnología. Esto lleva a las personas a vivir una falsa realidad, dejando a un lado la existencia natural -realidad real-. Adicionalmente, se está deteriorando la interacción de las personas, generando la deserción de la sociedad al verse involucrada en las profundidades de la tecnología que, junto a los efectos de las adquisiciones baladíes, lleva al ser a una deficiente vivencia de la cual no se puede huir.

 

Referencias:

 

Ospina, W. (1992). Es Tarde para el Hombre (El Canto de las Sirenas). Bogotá: Literatura Mondador.

 

Goethe, J. (1805). Fausto (Primera Parte). Colombia. Panamericana

 

Lipovetsky, G. (1983). La Era del Vacío, ensayos sobre el individualismo contemporáneo. España.

 

EPICURO, Carta a Meneceo.

 

Berger, P. (1966). La construcción social de la realidad. Amorrortu editores.

 

Casadesús, F. (2012). Epicuro y el Epicureísmo. Comunicación Liceus.

 

Borja, R. (S.F). Consumismo, Enciclopedia de la Política. Rescatado de: http://www.enciclopediadelapolitica.org/Default.aspx?i=&por=c&idind=316&termino

 

Autor entrada: Nicolás Orjuela

Nicolás Orjuela
Nicolás Orjuela es estudiante de Ingeniería Industrial. Universidad de los Andes.