¿Y la Educación Pública qué?

Menos mal existe la Educación Pública (la pública de verdad) esa que se ofrece a todas las personas de todos los estratos y que, como cualquier servicio, trata de suplir una necesidad de la sociedad teniendo en cuenta contexto, cultura y comunidad

 

Tomado de: https://www.psychologytoday.com/us/blog/freedom-learn/201104/the-human-nature-teaching-i-ways-teaching-we-share-other-animals

 

En primera instancia, me permito aclarar que el término “Educación Pública” no hace referencia solamente a la ofrecida por el Estado, pues esta debería denominarse como “Educación Estatal”. La educación pública, entonces, se refiere al servicio disponible para el público en general venga este del Estado, o de sectores privados.

Para muchos, la Educación Estatal es fundamental para el desarrollo de una sociedad, pues se entiende como una oportunidad de formación en igualdad de condiciones que eventualmente, mejorará la calidad de vida de los estudiantes y sus familias. No obstante, los acérrimos defensores de la Educación Estatal (por ignorancia o por inocencia) no ven que esta -lógicamente- tiene un objetivo político que no siempre propende por el mejoramiento de la sociedad.

Politizada “hasta la coronilla” en Colombia, la Educación Estatal básica y media cumple la función de formación con estándares mínimos que no necesariamente ayudan al crecimiento del país, pues desde su baja calidad no aporta al desarrollo de absolutamente nada. Además, la pésima gestión en la Educación Estatal, especialmente a nivel superior, año tras año derrocha billones de pesos en salarios de puestos burocráticos que -entre otras- se utilizan para pagar favores políticos. Me viene a la mente la entrevista de Bernardo Kruguer al entonces Secretario de Educación-no existía la figura de viceministro-. Hablaron de los problemas y soluciones para la desde ya jodida Educación Estatal por allá en la década de los 50; problemas que aún existen. Al final de la entrevista, según relata Kruguer, el Secretario le dice de manera muy confidencial que todos los cambios propuestos son maravillosos, pero que nunca se llevarían a cabo. Naturalmente, Kruguer pregunta el porqué, a lo que el Secretario responde: “¿crees, que a la dirigencia de este país le interesa que los pobres aprendan a leer para que se lean El capital y El libro rojo y les quiten el poder?” Tan cierto entonces, como es cierto ahora, con una diferencia fundamental: en una sociedad que sepa leer, pero también sepa de historia, nunca aplicarían los pasos descritos en El Libro Rojo, o El Capital, pero tampoco se dejaría llevar tan fácil por fanatismos políticos apoyando a un líder, o a un partido de manera ciega e irracional; casi como un barra brava de un equipo de fútbol.

Entonces, es pertinente afirmar que desde hace más de 50 años, la Educación Estatal en Colombia se utiliza como arma de dominación masiva que no aporta al desarrollo de la sociedad. Por estas razones, los gestores de la Educación Estatal condenan a gran parte de egresados al estancamiento social, laboral, personal y ni que decir del intelectual. Sabiendo esto, cualquier persona elegiría otro tipo de educación para sus hijos, o para sí mismos, que de ser por el papá Estado, esta sería la única opción para todos.

Menos mal existe la Educación Pública (la pública de verdad) esa que se ofrece a todas las personas de todos los estratos y que, como cualquier servicio, trata de suplir una necesidad de la sociedad teniendo en cuenta contexto, cultura y comunidad. Aunque tachada de elitista o irreal, la Educación Pública (mal llamada Educación Privada) tiene mayor aceptación entre la gente, pues logra mejores resultados a nivel nacional e Internacional, además de una ventaja crucial para el crecimiento profesional y personal: El capital relacional. Prueba de la gran aceptación que tiene la Educación Pública ofrecida por sectores privados fue el programa “Ser Pilo Paga” de la administración anterior. En este programa se daba la posibilidad al estudiante de escoger la universidad de su preferencia. La mayoría de estudiantes, naturalmente, eligieron universidades privadas, pues su prestigio, calidad e infraestructura otorga herramientas más contundentes para construir un mejor futuro.  Consecuentemente, de “Ser Pilo Paga” pudimos aprender que lo mejor que puede hacer el Estado en cuanto a educación es la financiación de la demanda, o dicho en otras palabras más bonitas: dar la posibilidad a las personas de escoger la institución en la que quieran formarse.

Como educador, creo que es fundamental que el servicio educativo tenga la más grande cobertura, pero también, como cualquier servicio, atienda a las necesidades de las sociedades, con calidad, y a un precio adecuado, con el fin de garantizar el mejoramiento de la calidad de vida de sus usuarios, lo que difícilmente podremos lograr en Colombia si dejamos la gestión educativa en manos de un Estado que ha demostrado no ser capaz de atender a las necesidades educativas. Pidamos por la libertad educativa, curricular, en manos de académicos de profesión, que entiendan las realidades de sus regiones y verán como este servicio, puede mejorar la calidad de vida de las personas, y como en todo negocio, generar muy buenos dividendos.

Autor entrada: David R. Guzmán G.

David R. Guzmán G.
David R. Guzmán G. es Licenciado en lengua castellana, inglesa y francesa de la Universidad de la Salle, y Máster en la enseñanza del inglés como lengua extranjera de Southern New Hampshire University. Consultor académico y profesor universitario con preferencia por la investigación sobre Economía y su relación con la potencialización de la educación.