Guayabo electoral o reflexiones de la segunda vuelta

Un voto emitido con convicción de quien lo emite en que está votando por el candidato que considera es el mejor para el país, es un voto perfecto, independientemente de por quién se emita. Nadie le ha dado autoridad a nadie para juzgar el voto de los demás descalificándolo y tachándolo de “botado” solo porque se emitió para un candidato que piensa distinto. Ojalá cada vez más políticos de redes sociales entiendan eso.

 

 

Colombia habló, y el martes 7 de agosto Iván Duque tomará posesión como el 60º Presidente de la República de Colombia. Desde ya un dato curioso: no es, como muchos lo han afirmado, el Presidente más joven de la historia. Al momento de asumir su cargo, tendrá 42 años recién cumplidos. Eustorgio Salgar Moreno Salazar, Presidente de Colombia entre 1870 y 1872, llegó a la Jefatura del Estado con 39 años de edad.

Después de una campaña tan polarizada, y en la que hubo todo tipo de artimañas y movidas cuestionables de lado y lado, queda sentarse a pensar por un momento en lo que viene para Colombia en el cuatrienio del Presidente Duque, -y la Vicepresidente Ramírez. En mi columna anterior manifesté claramente que iba a votar por Iván Duque en esta segunda vuelta, y así lo hice. Algunas personas me han escrito para felicitarme por la victoria de mi candidato. Sin embargo, considero que dicha felicitación solo se le puede dar a quien haya votado por Duque tanto en primera como segunda vuelta. Yo manifesté mis razones para votar por Duque, y, en primera fila, estaba el hecho de que consideraba que Gustavo Petro no podía ser Presidente de la República por su desastroso balance como administrador en la Alcaldía de Bogotá, y he de añadir que el voto en blanco jamás fue una opción para mí. En Colombia, se tiene una tendencia caudillista que hace que mucha gente piense que el apoyo a un candidato determinado lo vuelve a uno un defensor radical del mismo, y lo amarra al candidato de por vida. Naturalmente, cambiar de bando político con el cambio del viento es una irresponsabilidad. No estoy justificando cambiar de bando a conveniencia. Sin embargo, como dije también en mi anterior columna, es legítimo cambiar de opinión cuando las circunstancias lo demandasen. Las circunstancias de la segunda vuelta demandaron que decidiera mi voto por un candidato al que no apoyé siempre en primera vuelta, y así lo hice.

Es imposible negar lo que significa que Gustavo Petro haya obtenido más de 8 millones de votos. Naturalmente, no todos son de él. Muchos de esos votos son los del centro político, que quedó sin candidato natural en esta segunda vuelta, y son también votos de personas que sin ser de izquierda se dejaron llevar por el odio al Expresidente Uribe. Sin embargo, siguen siendo 8 millones de votos para un candidato de izquierda, algo sin precedentes en la historia del país. Al César lo que es del César, Gustavo Petro fue buen Senador. Muchas veces he dicho que él fue un buen legislador y es un pésimo administrador. Tan importante como un buen gobierno es una oposición seria, y espero que, de aceptar la curul que le corresponde en el Senado de la República, haga oposición seria. Dada la forma en que habló durante la campaña, dado su discurso de anoche y, sobre todo, dada la forma en que desesperadamente se amarró del legado político de candidatos del pasado simplemente para conseguir votos, en este momento tengo serias dudas de que lo haga. Álvaro Gómez Hurtado puede volver a descansar algo más tranquilo, pues su legado político no fue manipulado con éxito. El acuerdo sobre lo fundamental es una idea para estadistas, no para candidatos “atrapalotodo”. Habrá que esperar a ver qué pasa.

Y, así como a Petro le surge el reto de hacer oposición seria, es precisamente el reto del Presidente Duque el de hacer un buen gobierno estos cuatro años. Hacer un buen gobierno para eliminar la desconfianza de quienes no se decidieron a apoyarlo por determinadas razones. Hacer un buen gobierno para desmentir a todos aquellos que promovieron la desinformación en la campaña. Y, en últimas, hacer un buen gobierno porque todos queremos que le vaya bien a Colombia. En lo que haga bien, habrá que reconocérselo, y en lo que haga mal, habrá que criticárselo. Las defensas o críticas irracionales y radicales nunca han aportado algo bueno a la política colombiana.

Las encuestas acertaron globalmente a la diferencia entre los candidatos. Sin embargo, le dieron demasiado protagonismo a un actor que terminó por dar el mismo resultado de siempre: el voto en blanco. Si uno se guiaba por las encuestas que le daban el 14% de intención de voto, y por las redes sociales, parecía que el voto en blanco iba a hacer historia. Finalmente, obtuvo el mismo 5% que suele obtener. Y es que al final los colombianos, en su mayoría, entendieron que la segunda vuelta tiene un objetivo, -elegir, valga la redundancia-, y se inclinaron por un candidato u otro.

Un elemento histórico: por primera vez en la historia de Colombia, una mujer ocupará la Vicepresidencia de la República. Marta Lucía Ramírez accederá al cargo, y es la recompensa a una carrera política construida con arduo trabajo y seriedad. Le di mi voto con plena convicción en la consulta interpartidista del 11 de marzo, y hoy me alegra poder llamarla Vicepresidente. La responsabilidad de ella, -y del Presidente Duque-, es enorme. Espero la manejen con sabiduría. En cuanto a Marta Lucía, no dudo en que lo hará.

Los jóvenes están cada vez más activos en la política, lo cual es excelente. Sin embargo, repito aquí mi crítica a aquellos que dan señales de inmadurez política, y promueven debates libres y sin odio mientras su candidato tiene opciones, pero se lanzan en insultos y denigran de quienes no piensan como ellos cuando su candidato pierde. Un activista político que se cree moralmente superior a los demás por opinar como opina, o por votar por quien vota, no le sirve de nada a Colombia. A diferencia de lo que muchos dijeron, yo creo que no existe eso de “botar el voto”. El único voto botado es el que no se emite. El único voto botado es el del abstencionismo, que no es una opinión política sino simple cobardía. Un voto emitido con convicción de quien lo emite en que está votando por el candidato que considera es el mejor para el país, es un voto perfecto, independientemente de por quién se emita. Nadie le ha dado autoridad a nadie para juzgar el voto de los demás descalificándolo y tachándolo de “botado” solo porque se emitió para un candidato que piensa distinto. Ojalá cada vez más políticos de redes sociales entiendan eso.

Y en cuanto al otrora gran y glorioso, -hoy más bien doloroso-, Partido Liberal Colombiano, solo puedo decir que me gustaría que no entrara al gobierno, porque necesita reconstruirse, y un partido político solo se puede reconstruir desde fuera del gobierno. Entre más tiempo permanezca César Gaviria en la Dirección Única del Partido Liberal Colombiano, más tiempo se hundirá el partido en la vergüenza, y se reducirán sus opciones de representar una opción política para los colombianos que se identifican con el noble ideario liberal.

Autor entrada: Jordi Enrique Buitrago Soetendal

Jordi Enrique Buitrago Soetendal
Estudiante de Derecho y Economía con Opción en Periodismo de la Universidad de los Andes, egresado del Liceo Francés Louis-Pasteur. Interesado en Derecho Constitucional y Derecho Penal Internacional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *