En defensa del matrimonio homosexual

 

Ahora bien, el matrimonio es una institución social, no una institución biológica. Que sólo una relación entre personas de diferente sexo, hombre y mujer, pueden dar lugar a la reproducción y al engendramiento de hijos, es algo natural, metafísicamente dado y por tanto un hecho no sujeto a la voluntad del hombre, pero que dos personas deban permanecer unidas, poniendo en común su persona y bienes en forma de una unión matrimonial, en modo alguno lo es.

 

(Imagen tomada de https://bit.ly/2JSSkyI)

 

El matrimonio es una institución que ha sufrido muchos cambios en el transcurso de los siglos, una institución que al igual que el dinero, el lenguaje, y otras instituciones sociales, es el resultado de un largo proceso de evolución histórico.

 

Etimológicamente la palabra matrimonio, deriva del latín matrix, matriz o útero, y monium, un solo. Un solo útero o una sola matriz. El término ha estado igualmente ligado a otra institución cuyos orígenes son paralelos al matrimonio: el patrimonio, patri de pater, patris, que en latín significa padre o patriarca, y monium, es decir, un solo padre o un solo patriarca.

El matrimonio en sus orígenes estaba pensado como una institución en virtud de la cual se aseguraba la continuidad del linaje familiar, por medio de unir a una mujer adecuada, o incluso a varias mujeres, con el Jefe de la Familia, el patriarca, con el fin de unir el patrimonio, el conjunto de bienes y riquezas poniéndolas al servicio de la unidad familiar, siendo la mujer la que aportaba la carga de asumir el embarazo y el consiguiente engendramiento de los hijos que asegurase la supervivencia de la unidad familiar.

 

Por tanto, a diferencia de nuestros días, el matrimonio antiguo no estaba vinculado al amor entre los contrayentes y no era por lo general, en los núcleos familiares que ostentaban el poder, elegido por ellos. La pareja era escogida usualmente a través de un arreglo familiar que miraba por el interés de la familia o del Estado, en lugar de por la felicidad personal, egoísta, de los contrayentes.

 

No ha sido sino hasta épocas muy recientes, con el advenimiento del capitalismo laissez faire, de la libertad política y del reconocimiento de los derechos individuales inalienables, cuando se ha considerado de primordial importancia la vida, la felicidad personal, el interés de los contrayentes, y el matrimonio como el fruto de una unión libre, consentida y voluntaria en aras de satisfacer su felicidad personal y armonizar sus proyectos de vida libremente escogidos.

 

Resultado último de esta concepción, ha sido la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo o matrimonio homosexual, llamado también matrimonio igualitario. En España, en concreto, fue aprobado en el año 2005, que reformó el Código Civil de 1889, para acoger el matrimonio entre personas del mismo sexo.

 

Esta concepción del matrimonio igualitaria ha sido fuertemente cuestionada y ha encontrado oposición en los sectores conservadores de nuestra sociedad, vinculados a la religión cristiana en general, y católica en particular.

 

La Iglesia católica argumenta que el matrimonio por naturaleza, es la unión entre un hombre y una mujer para una perpetua comunidad de existencia y la formación de una familia a través de la reproducción y crianza de la prole.

 

Por tanto, cualquier forma de matrimonio que implique relaciones entre personas del mismo sexo, es considera contra naturam, contraria al orden de la naturaleza, que ha dispuesto que el matrimonio sea entre personas de diferente sexo, ellos lo llaman un matrimonio “abierto a la vida”.

 

Ahora bien, el matrimonio es una institución social, no una institución biológica. Que sólo una relación entre personas de diferente sexo, hombre y mujer, pueden dar lugar a la reproducción y al engendramiento de hijos, es algo natural, metafísicamente dado y por tanto un hecho no sujeto a la voluntad del hombre, pero que dos personas deban permanecer unidas, poniendo en común su persona y bienes en forma de una unión matrimonial, en modo alguno lo es.

 

Esa es la confusión intencionada que los conservadores promueven al sostener que el matrimonio por naturaleza exige una relación heterosexual, vedando a las personas de orientación homosexual, la posibilidad, la pertinencia y corrección moral de participar de esta institución.

 

Lo que explica esta confusión, es el hecho de que la moralidad altruista conservadora de origen religioso estima que la función moral correcta del sexo es la procreación, y no el goce y la autorrealización de las personas implicadas.

 

La moral religiosa condena el amor y el deseo sexual, como viciosos, malvados y pecaminosos, el sexo, consideran ellos, es una amarga necesidad destinada a la reproducción de la especie.

 

San Pablo de Tarso, en la Primera Carta a los Corintios, decía que para el hombre lo mejor era no tocar a la mujer, pero que a fin de evitar caer en la lujuria, era mejor que se casaran en lugar de arder de deseo.

 

Por tanto, el ideal moral cristiano condenaba el deseo sexual y veía el matrimonio como un mal menor, pero a fin de cuentas, un mal. El ideal era el celibato y la abstinencia total de relaciones sexuales, incluido naturalmente las reproductivas.


Pedro Lombardo en sus Sentencias morales, decía que amar a la esposa con ardor era un pecado peor que el adulterio. El sexo debía por ende, ser evitado a toda costa.

Ni qué decir tiene, que si siguiésemos el ideal moral cristiano-conservador, la especie humana se extinguiría sobre la Tierra, y supondría renunciar a algo que sí es natural como lo es la atracción sexual.

 

Empero, los conservadores son los que sostienen que la defensa del matrimonio homosexual es antinatural, o contra la naturaleza, y de forma burlesca lo equiparan a autorizar el matrimonio entre personas y animales.

 

El matrimonio, asimismo, ha sufrido cambios, como el establecimiento de la monogamia obligatoria, en lugar de la tradicional poligamia de tiempos antiguos y recientemente, la posibilidad del divorcio.


Lo cierto es que la moralidad cristiana condena como malvado el matrimonio, incluso, aunque lo acepte como mal menor. El sexo en cualquier circunstancia se estima como malvado, si bien se ataca con especial énfasis el sexo que implique goce y felicidad personal para quienes lo practican.

 

De ahí que las relaciones homosexuales sean el blanco predilecto de los conservadores, pues son relaciones que sólo pueden darse entre personas que busquen el goce o el placer personal como fin en sí mismo.

 

Aunque las relaciones heterosexuales también son condenadas si se buscan con ese móvil, pueden ser salvadas moralmente si se practican con fines meramente reproductivos y como amarga necesidad.

 

En realidad, los conservadores son los enemigos de la naturaleza y de la realidad, pues al querer reducir el sexo y el matrimonio a un asunto de mera procreación, niegan la facultad conceptual del hombre, niegan el hecho de que el hombre es un ser conceptual, cuya naturaleza le exige una vida que no esté limitada únicamente a la mera subsistencia física y reproducción y crianza de la prole.

 

Es contra la felicidad personal egoísta contra la que se alzan los conservadores en su defensa estricta del matrimonio como una unión heterosexual reproductiva.

 

Si en verdad el matrimonio tuviese como fin el meramente reproductor y de crianza de la prole, entonces, ¿por qué no claman los conservadores contra las uniones heterosexuales entre personas estériles?, ¿o por qué no exigen a las parejas que tengan obligatoriamente hijos bajo pena de que su matrimonio sea declarado fraude por contravención de la naturaleza y esencia de la institución?, o contra los matrimonios tardíos en los que la posibilidad de tener descendencia se ha esfumado o es harto improbable. O ¿por qué no exigen igualmente que la propiedad de los bienes pertenezca sólo a los varones, pues el patrimonio por naturaleza correspondería al padre o patriarca que lo destinaría al mantenimiento de la unidad familiar?

 

El matrimonio no existe entre los animales no humanos, por no hablar de las plantas, así que considerar el matrimonio como un instrumento para encauzar la procreación meramente física, sí es un contrasentido antinatural.

 

El matrimonio se basa en la capacidad del hombre como ser racional, que es capaz de consentir y unirse voluntariamente a otra persona, para la satisfacción de aquéllos fines que sean o estime que sean deseables.

 

Comparar el matrimonio homosexual a una relación entre una persona y un animal, es ridículo, puesto que el matrimonio por esencia, es una institución humana que tiene sentido entre seres capaces de raciocinio, y eso son tanto personas del mismo como de diferente sexo; un animal o una planta no pueden consentir.

 

Por otro lado, si para los conservadores religiosos, sólo el matrimonio canónico es un verdadero matrimonio, un sacramento administrado por la Iglesia, entonces, ¿por qué se oponen tan vehementemente a un matrimonio estatal entre personas homosexuales si cualquier matrimonio estatal sería para ellos una farsa?

La respuesta es que los conservadores desean esclavizar a todas las personas atándolas a su código moral, a su visión mística de la vida, son enemigos de la libertad. Al fin y al cabo nadie nos obliga a contraer matrimonio homosexual, ni heterosexual ni cualquier clase de matrimonio, entonces, su manido argumento de que el matrimonio estatal homosexual ataca la familia, es un sin sentido.

 

Por tanto, lejos de ser el matrimonio homosexual, o los matrimonios con pluralidad de contrayentes, poligámicos o poliándricos, algo antinatural, de hecho, es perfectamente natural, puesto que el matrimonio siendo una herramienta al servicio de los intereses de seres racionales-conceptuales, requiere únicamente el consentimiento de los partícipes para poner en común personas y bienes.

 

Son los conservadores los que teniendo una visión antinatural del hombre, el sexo como algo puramente animal al servicio de un fin meramente procreativo, desean establecer normas e instituciones sociales contrarias a la naturaleza del hombre como ser racional, y estipular que una institución social, cual es el matrimonio, sea adscrita a su moralidad mística, antiplacer, antifelicidad, antimente: antihombre.

 

De ahí que la defensa de la razón y de la libertad, nos exija abandonar concepciones primitivas anticonceptuales del amor, el sexo y el matrimonio, a favor del reconocimiento del hombre como ser racional que libremente determina sus relaciones con otras personas en el marco de decisiones libremente consensuadas, incluidas relaciones con personas del mismo sexo.

Autor entrada: Miguel Roldán

Miguel Roldán