El cazador de ideas, zorros y erizos

 

Cuando una persona desea englobar todos los hechos de la existencia humana a través de una visión central, sistematizada, es un erizo. Por el contrario, la zorra tiene una visión dispersa que percibe la complejidad y contradicciones de la vida; no busca el orden sino adaptarse a la pluralidad de las condiciones del mundo.

 

 

(Imagen tomada de https://bit.ly/2sUPlLw)

 

Isaiah Berlin ejerció su oficio de historiador como un cazador de ideas que comprendió que el placer de la inteligencia no dura mucho si no es avivado por la variedad. Este pensador liberal tuvo en la pluralidad un referente: desde sus orígenes (judío, ruso, naturalizado británico) hasta en sus múltiples campos de estudio (historia, política, filosofía y lenguaje).  No es casual, que de su cabeza saliera la tesis de las verdades contradictorias. Esos nobles principios en que todo el mundo se apoya, pero que al ser llevados a la práctica chocan en su ejecución.

 

No cabe duda que Isaiah Berlin dedicó tantas horas de su vida al estudio de las ideologías, que terminó sintiendo una enorme desconfianza por ellas. Para él, las ideas que moldeaban la historia solían ser peligrosas y absurdas. Gran parte de las tragedias del siglo XX, habían surgido de las ideologías del siglo XIX: Esa convicción platónica-hegeliana de que la humanidad está predestinada al progreso, y que este debe ser organizado por un grupo de elegidos.  Un idealismo que prometía el paraíso en la tierra volviendo a los hombres víctimas o esclavos por el supuesto bien de las generaciones futuras. Hay que resaltar que llegó a criticar los crímenes que surgían de los sistemas ideológicos, pero exoneraba a los autores de toda culpa. Hegel no tiene la culpa de Marx y Marx, aunque tenía una inclinación por la violencia, no es culpable del gulag.

 

Una de sus obsesiones como historiador fue comprender cómo se fabrican las ideologías. Estas nacen de las preocupaciones de individuos guiados por su propio interés más que por las necesidades sociales. Brinda como ejemplo el caso de Marx y Disraeli, ambos de origen judío sin querer serlo; los dos luchaban por integrarse a una sociedad que los rechaza. Esa búsqueda de aceptación, los llevó a crear lazos familiares sustitutos.  Uno con el proletariado y el otro con los aristócratas. Cabe a notar que ninguno de los dos conocía en profundidad estos grupos y por ende fue fácil para ellos categorizarlos, idealizarlos y atribuirles un destino prodigioso que ellos dirigirían. Los resultados de la desazón de sus almas: El comunismo y el imperialismo. Afirma Berlin, que la historia de las ideologías está hecha del encuentro entre destinos individuales y preocupaciones universales. Al final, las ideas tienen vida propia más allá de sus circunstancias y de sus autores.

 

¿Qué hace una ideología sea exitosa? La respuesta para Berlin era su simplicidad. No es que este conjunto de ideas fueran útiles para encontrar la verdad que cautiva a tantos, sino su simpleza para dar una solución muy elemental para entender una causa única de la historia. Las ideologías hacen las veces de reflexión para masas sin cultura.  Hay que añadir que muchas de las ideologías contemporáneas recurren a enmarcar sus creencias en hechos científicos logrando atraer incautos con ansias de repetir dogmas y no asumir responsabilidades individuales frente a sus vidas. Por esta razón, debe ser que la juventud suele pecar tanto de abrazar ideologías salvadoras o contestatarias que sacrifican el escepticismo y la difícil búsqueda del conocimiento. La historia demuestra que la libertad suele tener muy pocos amantes. La apuesta por sistemas que plantean una única respuesta de cómo debe de vivir la humanidad suele ser la más ganadora en la ruleta rusa de la estupidez humana.

 

Otro campo de estudio de este carismático pensador fue la libertad. Su conferencia, luego hecha libro, sobre la libertad negativa y positiva es un texto obligatorio de consulta para las personas que comienzan su recorrido por el mundo de las ideas liberales. Se debe resaltar que Berlin se oponía a Hayek y su utopía liberal para luchar contra el estatismo. En sus textos es claro inferir que todo sistema, así sea liberal, es una prisión, todo sistema a larga produce ceguera.  El liberalismo no puede convertirse en un sistema ideológico, no busca tener un pontífice, no quiere dar respuesta a todo, porque se entiende que la acción humana está hecha de verdades contradictorias. Una sociedad puede tener el objetivo de buscar la igualdad, pero esto requiere menos libertad. Por otro lado se puede aspirar a la eficiencia, pero así dejamos menos espacio para la espontaneidad. Ser demasiados honestos puede acabar con la amabilidad y hasta tener un conocimiento profundo de uno mismo puede ser perjudicial para la creatividad.

 

Hubo cosa que Isaiah Berlin, fiel a su escepticismo, evitó a hacer en su vida: tener discípulos y fundar una escuela de pensamiento. No obstante, sí desarrollo un llamativo pasatiempo de clasificar a los seres humanos por su forma de actuar entre erizos y zorros.  Inspirado en una frase del poeta griego Arquíloco, “La zorra sabe muchas cosas, sin embargo el erizo sólo una e importante.” Cuando una persona desea englobar todos los hechos de la existencia humana a través de una visión central, sistematizada, es un erizo. Por el contrario, la zorra tiene una visión dispersa que percibe la complejidad y contradicciones de la vida; no busca el orden sino adaptarse a la pluralidad de las condiciones del mundo. Este pasatiempo sirvió para titular uno de sus más famosos libros “El erizo y el Zorro”. Un ensayo  sobre la vida y obra de Leo Tolstoy que clasifica a importantes figuras del pensamiento humano entre erizos (Dante, Platón, Hegel, Dostoievski, Nietzsche, Proust) y Zorros (Shakespeare, Aristóteles, Montaigne, Moliere, Goethe, Balzac y Joyce).

 

Este juego de clasificar a los seres humanos entre erizos y zorros es un ejercicio que todo escéptico y liberal deber hacer no solo con lo demás sino consigo mismo. ¿Cuántas veces hemos sido zorros o hemos pecado de erizos? Esta es la mejor forma de matar el tiempo mientras, como diría Berlin en una de sus últimas entrevistas:  “flotamos en un barco sin capitán e ignoramos dónde está el puerto; hay que seguir, pues, navegando.

 

Autor entrada: Andrés Ossa

Andrés Ossa
Andrés Ossa ha tenido un vínculo muy cercano con la industria de los libros desde su niñez, es el actual gerente de negocios digitales de Grupo Planeta para el área Andina y fue director de marketing por más de 8 años de Grupo Planeta Colombia. Ha cursado estudios de sociología, comunicación, marketing, gamification y gerencia. Se ha destacado por desarrollar proyectos en transmedia, e innovar, al buscar valores agregados en todos los elementos de participación en la producción de historias.