La amenaza del 86

A diferencia de su nefasta predecesora, la Constitución de 1991 no nació para institucionalizar la victoria de liberales o conservadores, sino para institucionalizar los deseos de democracia, libertad, justicia y cambio de las juventudes colombianas, cansadas de un sistema que no los representaba, que no les daba participación, y que había cobrado ya la sangre de innumerables colombianos.

 

(Imagen tomada de Pulzo https://bit.ly/2IyZDL8)

 

Un fantasma recorre Colombia: el fantasma de la Constitución de 1886. Una amenaza se cierne sobre Colombia: el regreso de la Constitución de 1886. El fantasma del que hablo ha vuelto en época de elecciones. Una vez más, la Constitución y su reforma se han vuelto una herramienta más en la competencia por la Presidencia de la República. Esta vez, sin embargo, es distinto a años anteriores. Este año quieren engañar a los colombianos, haciéndoles creer que se fortalecerá el régimen constitucional y político vigente; en realidad lo que se está viendo es el resurgir nefasto de aquellos sectores que siempre se han opuesto a la Constitución de 1991 y no han buscado otra cosa más que su destrucción.

 

Se habla de una sola corte, se habla de reformas al régimen electoral, se habla de reformas a la acción de tutela, al alcance de los derechos fundamentales, de cambios al régimen económico… Y aunque todos los candidatos han hablado en algún momento de la Constitución, ha sido una campaña, la del Centro Democrático, la de Iván Duque, la que más ha hablado de algunos de los temas que he mencionado antes.

 

Esa campaña podrá mencionar cuántos argumentos considere para defender sus ideas de reformar la Constitución, pero una cosa es clara, y es que el objetivo del Centro Democrático es acabar la Corte Constitucional como venganza por no aprobar la segunda reelección del Expresidente Uribe, acabar la acción de tutela, dotar de más poderes al Presidente de la República y, la sumatoria de todo esto: destruir la Constitución de 1991. No es casualidad que estas propuestas vengan de la candidatura de un partido político que tiene por Director Nacional a Fernando Londoño Hoyos, quien fue justamente definido por un columnista de El Tiempo como el hombre más perverso de Colombia.

 

Fernando Londoño ha sido, desde el nacimiento mismo de la Constitución, su más radical oponente. Por conveniencia política ha hablado bien de ella en los últimos años, pero no podemos olvidar sus palabras del año 2001: “Nuestra Carta ha sido pieza fundamental para fortalecer la subversión, para multiplicar la corrupción, para desordenar e inflar el paquidermo estatal, para neutralizar los poderes públicos y finalmente, como en algunas pinceladas he querido explicar, para construir la más grande fábrica de miseria que pudiera concebirse… Cuando alguien decida hacer algo serio para rescatar a Colombia del abismo al que ha sido arrojada, no podrá soslayar el ineludible desafío de romper en mil pedazos ese traje de arlequín que costureros tan ineptos tejieron en las deplorables jornadas del primer semestre de 1991, año sin gracia y para siempre de triste recordación” (Londoño, 2001, citado por Albarracín, 2013).

 

La amenaza es clara. Bajo el liderazgo ideológico de Fernando Londoño, el Centro Democrático quiere destruir la Constitución de 1991, y quieren inyectar de nuevo en el sistema colombiano el veneno de la Regeneración. La Constitución de 1886 es sin duda alguna la peor constitución que hemos tenido. Impuesta arbitrariamente por una constituyente de humo y concebida por la mente de un solo hombre y no por los representantes del pueblo, la Constitución de 1886 no fue sino la imposición de una victoria partidista. La Constitución de 1886, perversa y retrógrada, no fue sino la institucionalización de la victoria conservadora tras la guerra civil. Todas las constituciones de Colombia hasta la fecha lo habían sido también; la diferencia es que la Constitución de 1886 vivió 104 años y no los diez años promedio de sus predecesoras. Aún remendada, irreformable, ilegítima e inútil, la Constitución de 1886 se resistió a morir hasta que la decisión que tenía que tomar Colombia era preservar un papel o preservar el país.

 

La Constitución de 1991, por el otro lado, es la mejor constitución que ha tenido Colombia en su historia. A diferencia de su nefasta predecesora, la Constitución de 1991 no nació para institucionalizar la victoria de liberales o conservadores, sino para institucionalizar los deseos de democracia, libertad, justicia y cambio de las juventudes colombianas, cansadas de un sistema que no los representaba, que no les daba participación, y que había cobrado ya la sangre de innumerables colombianos. Por primera vez en la historia, Colombia logró tener una constitución que permite a sus ciudadanos acceder a la justicia para defender sus derechos fundamentales. Por primera vez en la historia de Colombia, los colombianos obtuvieron medios de participación democrática distintos a los dos partidos tradicionales y fragmentados. Londoño se equivoca: la constitución que fortaleció la subversión, multiplicó la corrupción, desordenó e infló el paquidermo estatal, neutralizó los poderes públicos y construyó la más grande fábrica de miseria que pudiera concebirse no fue la de 1991, sino la de 1886. Alguien ya decidió hacer algo serio para rescatar a Colombia del abismo: la juventud de 1991 y sus constituyentes. El traje de arlequín tejido por costureros ineptos no es el de la Constitución de 1991, sino el de la Constitución de 1886. El nefasto año para Colombia no fue 1991, sino 1886. El nefeasto día no fue el 4 de julio, sino el 5 de agosto.

 

Colombia no puede dejarse meter este golazo de la ultraderecha. Los colombianos debemos defender nuestra Constitución, nuestra Corte Constitucional, nuestros derechos fundamenales, nuestra acción de tutela… en síntesis, debemos defender a Colombia. No habría momento más inapropiado para una Asamblea Nacional Constituyente que este. En palabras de la Decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes, Catalina Botero: “Una constituyente en un país fragmentado, sin ganas de hacer un pacto de convivencia de largo aliento, sólo sirve para que se termine imponiendo un proyecto político exceluyente. La antítesis de una constitución. Eso vale para todos los que, de lado y lado, la vienen proponiendo” (Botero, 2018).

 

Quienes defienden esta destrucción de la Constitución de 1991 son precisamente aquellos que por sus conductas han sido sancionados por el sistema de administración de justicia instaurado por la Constitución de los Derechos Humanos. No dejemos que deseos de mesquina venganza personal destryan el único proyecto de convivencia de largo plazo que ha tenido Colombia en su historia.

 

Referencias

 

Albarracín, M. (2013) “Fernando Londoñoel nuevo mejor amigo de la Constitución”, en La Silla Vacía. 21 de marzo de 2013. Disponible en: https://bit.ly/2wyhYmK. Consultado el 13 de mayo de 2018.

 

Botero, C. (2018). Tuit. Disponible en: https://bit.ly/2GdxHqW. Consultado el 13 de mayo de 2018.

Autor entrada: Jordi Enrique Buitrago Soetendal

Jordi Enrique Buitrago Soetendal
Estudiante de Derecho y Economía con Opción en Periodismo de la Universidad de los Andes, egresado del Liceo Francés Louis-Pasteur. Interesado en Derecho Constitucional y Derecho Penal Internacional.