El tiempo de las súperbacterias

 

Mediante políticas de investigación y desarrollo, puede lograrse la producción de nuevos antibióticos para el tratamiento de aquellas enfermedades producidas por bacterias super-resistentes.

 

(Imagen tomada de National Geographic https://bit.ly/2H5XId9)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

Hace unos cuantos meses, se propagó la noticia de un caso de gonococi (comúnmente llamada “gonorrea”), el cual mostró resistencia a todos los antibióticos empleados para tratarla. El caso se presentó en el Reino Unido, donde se determinó que el paciente contrajo esta enfermedad de transmisión sexual (ETS) en el sudeste asiático[1]. El paciente no ha respondido a las terapias con antibióticos empleados tradicionalmente para esta enfermedad. La aparición de esta “supergonorrea” vuelve a llamar la atención hacia la creciente lista de bacterias patógenas con resistencia a diversos antibióticos: las superbacterias.

 

La resistencia a los antibióticos se da por un fenómeno de selección natural, producto de mutaciones aleatorias en una comunidad de microorganismos. Al tratar un grupo de bacterias con un antibiótico, la gran mayoría de ellas perecen, mientras un pequeño grupo logra sobrevivir. Las características que permiten la supervivencia de estas pocas bacterias son heredadas a las siguientes generaciones. En otras palabras, tenemos una consecuencia de la evolución: la supervivencia del más fuerte. Con el paso del tiempo, las bacterias resistentes se reproducen más, logrando así una generación de bacterias completamente resistentes a antibióticos.

 

Otro fenómeno que permite la resistencia es la transferencia horizontal de genes. Las bacterias presentan un tipo de ADN especial, llamado plasmídico, que les permite transmitir sus genes, no solo a miembros de su propia descendencia, sino a otras descendencias de la misma especie, además de bacterias de otras especies. Cuando una bacteria acumula genes de resistencia a varios antibióticos se denomina multirresistente o superbacteria, como el caso de la supergonorrea.

 

Esta resistencia a los antibióticos comienza en el mismo instante en que estos se usan de manera extensiva. La penicilina, un antibiótico ampliamente usado durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó a mostrarse inefectiva para varias familias de infecciones bacterianas, incluso a pocos años de terminado el conflicto. Esto presiona, desde el punto de vista evolutivo, a que las bacterias se muestren resistentes a medios hostiles, representados en estos casos por los antibióticos.

 

En un comunicado emitido en febrero de 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una lista de 12 familias de bacterias, con alto riesgo para la salud pública, que necesitan nuevos antibióticos para ser combatidas[2]. Entre estas bacterias se encuentran algunas que pueden provocar infecciones potencialmente letales, como afecciones en el torrente sanguíneo o el sistema respiratorio.

 

Esta lista se divide en varios niveles de alerta. En el primer nivel, el más crítico (el que demanda con mayor urgencia el desarrollo de nuevos antibióticos) se encuentran bacterias como Pseudomonas aeruginosa, responsable de varias formas de neumonías. Los niveles de prioridad dos y tres corresponden a bacterias con niveles cada vez más crecientes de resistencia. Para el 2017, la gonorrea estaba incluida en este nivel. No obstante, con la aparición de esta supergonorrea, podría elevarse a un nivel más alto de prioridad.

 

La lista de la OMS no tiene como propósito hacer entrar en pánico a la población. Es un llamado a redoblar esfuerzos para desarrollar nuevas familias de antibióticos. Mediante políticas de investigación y desarrollo, puede lograrse la producción de nuevos antibióticos para el tratamiento de aquellas enfermedades producidas por bacterias super-resistentes.

 

Son diversas las estrategias empleadas para combatir las familias de bacterias resistentes. Una de ellas es realizar cambios químicos sobre los antibióticos ya existentes, intentando de esta forma burlar los mecanismos de defensa naturales de las bacterias. Otra forma de combatir estas bacterias es la terapia fágica. En esta, se emplean fagos, los cuales son virus que infectan específicamente a bacterias, para neutralizar de esta forma las enfermedades que estas producen. Además, la OMS hace llamado para ejecutar políticas de uso responsable de medicamentos, además de formas de prevención y contención de las enfermedades infecciosas, como higiene y salud pública, así como el uso de medios de prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS).

 

Referencias

 

[1]      B. News, “Detectan en Reino Unido el ‘peor caso de supergonorrea’ del mundo que no responde a los antibióticos tradicionales,” 2018. [Online]. Available: http://www.bbc.com/mundo/noticias-43578888.

[2]      O. M. de la S. (OMS), “La OMS publica la lista de las bacterias para las que se necesitan urgentemente nuevos antibióticos.” [Online]. Available: http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2017/bacteria-antibiotics-needed/es/.

Autor entrada: Luis Eduardo Castañeda Moreno

Luis Eduardo Castañeda Moreno
Luis Eduardo Castañeda Moreno es Químico de la Universidad Nacional de Colombia y Magister en Química de la Universidad de los Andes.