¿Nos hace justos cumplir la ley?

 

De esta forma, es importante tener en mente que existe la posibilidad de que haya una norma jurídica que sea injusta a la luz de la noción de justicia que guía nuestras vidas.

 

(Imagen tomada de Semana https://bit.ly/2v6GzhZ)

 

En el segundo libro de Macabeos se narra la historia de una madre y siete hijos que fueron detenidos por el rey Antíoco Epífanes, quien a través de látigos y azotes quería obligarlos a comer carne de cerdo, lo que estaba prohibido por la Ley que Dios dio a Moisés. Por este motivo, los hermanos se negaron a ingerir el alimento y el rey decidió torturar y asesinar a uno por uno, frente a los ojos de la madre, quien después de ver morir a sus siete hijos, fue asesinada por el rey. Es de notar que el menor de los hermanos y último en morir manifestó al rey: “No obedezco las órdenes del rey; obedezco los mandamientos de la ley que Dios dio a nuestros antepasados por medio de Moisés”. Una situación similar se presenta en la tragedia de Sófocles, Antígona, en la que una mujer desobedece la prohibición del rey Creonte de enterrar y realizar las honras fúnebres al cuerpo de su hermano Polinices, pues este había traicionado la patria. Sin embargo, Antígona decide desobedecer la orden del rey y entierra el cuerpo de su hermano, sin temer el castigo que posiblemente recibiría, afirmando que las leyes de los hombres no pueden tener primacía sobre las leyes no escritas e inmutables que son dadas por los dioses.

 

Desde Aristóteles, en su famosa obra Ética a Nicómaco, se hizo manifiesta una diferenciación entre “Justicia Natural” y “Justicia Legal”. Para el filósofo estagirita, la primera se da por naturaleza y tiene la misma validez en todas partes (universalidad), mientras que la segunda es legal y se crea por convención de los seres humanos y no es idéntica, ni tiene la misma validez en todas partes. Esta distinción es la misma que hay entre el Derecho Natural y Derecho Positivo. Desde la antigua Roma, los juristas creían que la institución de la esclavitud es justa solamente en el derecho civil y de gentes (derecho positivo), pero no lo es para el derecho natural, pues según éste todos los hombres deben ser libres (Trujillo, 2015, p.3-35).

 

La distinción entre Derecho Positivo y Derecho Natural es típica de una corriente del pensamiento jurídico-filosófico y ético llamada iusnaturalismo. Así pues, el iusnaturalismo considera que hay una relación entre el derecho y la moral, pues la justicia es una cualidad del derecho. Esto en contraposición al iuspositivismo que sostiene que no hay relación alguna entre derecho y moral. Es propio de las posiciones iusnaturalistas afirmar que el derecho tiene validez y obliga “no porque lo haya creado un legislador humano o tenga su origen en cualquiera de las fuentes formales, sino por la bondad o justicia intrínsecos de su contenido” (García Maynez, 2011, p.128-129).

 

La falta de correspondencia que puede existir entre el Derecho Positivo y el Derecho Natural permite abordar diferentes problemas, tales como, si ¿hay alguna diferencia y relación entre derecho y moral? ¿debemos darle prioridad a lo ordenado por la moral? ¿debemos desobedecer una norma cuando esta contrarie lo que dicta la justicia? Escribo este texto con el fin de recordar que el cumplimiento de la ley no es necesariamente un acto de justicia o de bondad. No puede decirse que el ciudadano que es fiel cumplidor de la ley sea por ese sólo motivo un sujeto virtuoso y modelo a seguir. Sin embargo, tampoco es mi intención insinuar que aquel que la quebranta, sí lo sea.  Hay quienes creen que un individuo, por el mero hecho de actuar contra lo indicado por una norma, debe ser calificado como malo e incluso merece ser despreciado. De esta forma, es importante tener en mente que existe la posibilidad de que haya una norma jurídica que sea injusta a la luz de la noción de justicia que guía nuestras vidas. En el caso de la madre y los siete hijos, las normas dictadas por la autoridad competente –el rey– contrariaban las normas dictadas por Dios.

 

Vale la pena recordar que las leyes y normas jurídicas son creadas por un Congreso compuesto de seres humanos que, además de no ser los más competentes e inteligentes, son susceptibles de cometer errores. Asimismo, se debe tener en mente que hay una perdida libertad y autonomía a medida que los asuntos salen de nuestra esfera privada de decisión, para ser regulados por una autoridad legislativa. En otras palabras, nuestra libertad es inversamente proporcional al número de asuntos que son competencia del legislador.

 

Un ejemplo de todo lo descrito, somos quienes, desde una perspectiva libertaria, consideramos que los impuestos son injustos por ser inconsistentes con la libertad y los derechos de propiedad del individuo. Siendo así, no calificamos como “malo” o “injusto” el acto de quien, contrario a lo indicado por la ley, decide no pagar impuestos. Hans Herman Hoppe, filósofo y economista representante de la Escuela Austriaca, afirma por ejemplo, que los impuestos son un mal moral y por tanto, no puede ser considerado injusto el negarse a pagarlos. No obstante, reconoce que el Estado puede llegar a arruinar la vida de una persona que decide no hacerlo.

 

Bibliografía

 

García Maynez, E. (2011). Positivismo Jurídico, realismo sociológico y iusnaturalismo. México D.F: Fontamara.

Trujillo, I. (2015). Iusnaturalismo Tradicional Clásico, Medieval e Ilustrado. In Biblioteca Jurídica Virtual (Vol. 1). Mexico: UNAM.

Autor entrada: Daniela Escobar Arbelaez

Daniela Escobar Arbelaez
Daniela Escobar Arbelaez es Abogada de la Universidad de los Andes y cuenta con una opción en Filosofía de la misma universidad. Interesada en temas de filosofía política, moral, del derecho y argumentación.