La historia y el cine

 

Mi invitación como historiador a todos quienes amamos la historia y, más importante aún, quienes creemos que es relevante, es a apropiarnos con más fuerza de la cinematografía y de las nuevas plataformas que nos brinda la tecnología.

 

(Imagen tomada de Definición http://bit.ly/2kNgOvz)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

No se puede negar el poder del cine, una industria que mueve millones de dólares al año, un arte, que con su longevidad tan temprana comparado con otros manifiestos artísticos como lo es la pintura, la escritura o la música, se posesiona como el principal, no solo recaudando recursos económicos sino en su movimiento de masas. Este medio audiovisual que ha evolucionado en sus 132 años desde el primer metraje, se ha desarrollado como una plataforma con un carácter único, gracias a grandes innovaciones tecnológicas y visionarios que han revolucionado la dirección cinematográfica. El cine ha tomado un espacio legítimo para convertirse en una plataforma para narrar historias fantásticas en sus múltiples géneros, como escenario, además, para revivir aventuras que han sucedido a lo largo del tiempo.

 

La gran pantalla nos ha permitido en los tiempos recientes disfrutar de las historias de ciencia ficción, terror o drama que se producen con tanta frecuencia, nos han dado la opción de conocer momentos o vidas de grandes personajes históricos como Alejandro Magno, Cleopatra, Hitler o Churchill, personajes carismáticos, únicos y que han marcado la historia de occidente, también hemos podido conocer de la mano de grandes directores, adaptaciones de algunos momentos emblemáticos de la humanidad y sus civilizaciones, el antiguo imperio romano, la emblemática edad media e inclusive el Japón feudal, por nombrar algunos de los muchos ejemplos posibles. De este modo, el séptimo arte ha permitido a través de sus herramientas innovar y presentar una solución a un problema que aquellos que estudiamos el oficio de la historia siempre nos hemos planteado, cómo acercar el pasado a más personas y gracias a sus narrativas, sus direcciones y su trabajo técnico como el vestuario, la fotografía, escenografía e inclusive los efectos especiales y de sonido, el cine se ha convertido en una gran puerta, que atrae a millones de personas a conocer por un breve periodo de tiempo, la vida de un símbolo de la historia o de un momento singular.

 

Aunque existen grandes películas, directores y actores que al momento de la verdad dan un excelente resultado, mostrándonos las facetas de un personaje en un determinado momento o nos permiten vivir con gran ilusión y realidad un espacio de tiempo, también hay grandes errores, guionistas o actores que en su búsqueda por dar una interpretación mucho más seria o realista de su rol asignado transforman completamente la personalidad del icono histórico, directores o equipos de producción que con una investigación pobre, un presupuesto muy corto o una mala edición de detalles, acaban deconstruyendo la época seleccionada, insertando errores en locaciones o estructuras, retratando vestuarios o comportamientos sociales de la población de manera inequívoca, algo que al final se llevan los espectadores, quienes al no tener quizás una noción histórica previa creen que lo que ven con buenas intenciones es la verdad, llevando a la historia a una deconstrucción.

 

Claro el mayor contra argumento de este artículo es que es cine y que si estoy buscando una representación adecuada de un determinado personaje o momento para eso se desarrollan los documentales o, en su defecto, para eso se encuentran los libros y eso es completamente cierto, no puedo pedir una adaptación completamente fidedigna a la época que se pretende recrear, sería una tarea casi que imposible, pero, al ser exigente, puedo permitirme reconocer los errores de este actor o de este director a la hora de sentarme como espectador, no solo porque he pagado mi entrada, sino, como historiador, como estudioso del pasado y, por consiguiente, como hombre que busca transmitir a su sociedad, pues creo fielmente que en este se encuentran grandes respuestas a nuestros problemas.

 

¿Pero entonces cómo lidiar con estos errores?, con el problema del tiempo muchos films no logran su cometido o llegan a un punto medio insatisfactorio por la maldición del metraje moderno, un tiempo específico casi que de dos horas o tres es demasiado poco para poder adaptar momentos o seres humanos tan complejos. Siendo así, quizás la respuesta sea invitar a nuestro gremio (los historiadores) a aventurarse al arte cinematográfico, no propongo convertirnos en expertos del cine, pero sí propongo participar, criticar si es posible de la mejor forma, encontrar los errores, exponerlos en las nuevas plataformas digitales, señalar sin temor qué está bien y qué está mal, pues así el séptimo arte se ha de esforzar con más ahínco.

 

Es innegable que hay un tratamiento en muchos films mucho más delicado con las historia que en décadas anteriores, pero a su vez también persisten errores y la crítica no pasa de los expertos en el séptimo arte, quienes juzgan más por el desarrollo fílmico que por su valor historiográfico, algo que solo nosotros podemos observar y que es necesario resaltar, pues aunque una película pueda ser categorizada de lenta o cruda en su trama, con personajes olvidables, quizás en nuestra visión podamos encontrar una excelente escenografía o representacion historica que valga la pena resaltar.

 

Mi invitación como historiador a todos quienes amamos la historia y, más importante aún, quienes creemos que es relevante, es a apropiarnos con más fuerza de la cinematografía y de las nuevas plataformas que nos brinda la tecnología, pues nuestra opinión, nuestra crítica es una guía que permite no solo a los directores, sino, y más importante, a los observadores conocer con un mejor criterio lo que observan, a no formularse estigmas en la cabeza por esta u otra sociedad, en este u otro tiempo, a romper la ignorancia y la negación que pueda generar una interpretación o adaptación de determinada sociedad o determinada persona, pues al verla reflejada en la gran pantalla nos da la oportunidad de comprender no solo el pasado, sino nuestro presente, a entender, que el cine también puede hacer historia.

Autor entrada: Daniel Alejo Aristizabal

Daniel Alejo Aristizabal
Daniel Alejo Aristizabal es estudiante de Historia en la Pontificia Universidad Javeriana. Columnista e investigador del Centro de Estudios de África, Asia y Mundo Islámico (CEAAMI) en 2017. Exmonitor de la cátedra de Mundo Antiguo Euroasiático.