Cataluña: un procés liberticida, parte III

 

El proceso soberanista catalán es probablemente el ejercicio más perverso de ingeniería social que haya vivido Europa occidental en su historia reciente, después del nacionalsocialismo.

 

(Imagen tomada de El Periódico http://bit.ly/2z03wEA)

 

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Tras los últimos acontecimientos (aplicación del artículo 155 de la Constitución española y convocatoria a nuevas elecciones el 21-D) lo cierto es que la independencia de Cataluña no se materializará en el corto plazo, ni siquiera en el largo, a menos que se realice una improbable reforma constitucional que permita la secesión de cualquier parte del país.

 

Así las cosas, las reflexiones que se desarrollarán a continuación pertenecen al terreno de lo especulativo. ¿Qué hubiese pasado si Cataluña accediese a la independencia? La respuesta es simple: nada bueno. Los fines del procés eran tan perversos como sus medios. Las nefastas consecuencias de la secesión se habrían sentido en lo económico, lo político y lo social.

 

Consecuencias económicas:

 

 

  • Fuga de empresas: Esta fue la única consecuencia que llegó a sentirse, aún sin independencia efectiva. Desde el 2 de octubre hasta la fecha, unas 2475 empresas (la mayoría grandes y medianas) han trasladado su sede social a otras regiones de España. Sin embargo, desde mediados de noviembre un menor número de firmas ha recurrido a esta medida, como resultado de la normalización institucional propiciada por la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la convocatoria a elecciones.

 

 

No es mi intención defender el conjunto de acciones que ha emprendido el gobierno español para sortear la crisis catalana. No olvidemos que él también tiene su cuota de responsabilidad en la situación, al coadyuvar al fortalecimiento del independentismo (este tema se trató en la segunda entrega de esta serie). Sin embargo, la aplicación del 155 reestableció la seguridad jurídica que requieren las empresas para poder funcionar. De haber continuado la locura independentista, muchas más se habrían trasladado.

 

 

  • Problemas de financiación: Los recursos fiscales se obtienen por medio de tres vías: los préstamos, la inflación y la tributación. Veamos cómo le hubiese ido a Cataluña en cada una de ellas.

 

 

 

  • Préstamos: El economista Daniel Lacalle señala que el acceso al mercado de capitales de Cataluña y del resto de España se reduciría dramáticamente en un escenario de independencia. El crédito disponible anualmente caería, al menos, a un 35-40%. Por lo tanto, la vía de los préstamos quedaría descartada.

 

 

  • Moneda: A pesar de que una Cataluña independiente saldría automáticamente de la Unión Europea, aún podría seguir usando el euro. Sin embargo, al quedar por fuera del ámbito de regulaciones del Banco Central Europeo, la masa monetaria en circulación dependería exclusivamente de la balanza de pagos. Si esta llegase a ser deficitaria, la oferta monetaria tendería a decrecer, por lo que se tendría que recurrir a medidas como la devaluación. De esa manera, el euro catalán sería distinto al europeo.

 

Ante estas circunstancias adversas, la única opción que tendría el gobierno catalán sería la de emitir su propia moneda, y es allí donde entra en escena el peligroso juego de la inflación. Bastaría con darle la orden al nuevo banco central para producir “dinero del aire” y, de esa manera, asegurarse los recursos que necesita el fisco.

 

Toda inflación supone un desastre económico, máxime en el caso de un país de reciente creación como lo hubiese sido Cataluña. La única salvación sería implementar un sistema de Banca Libre, en el que los bancos (si es que aún quedan) cuenten con el poder de emitir billetes, los cuales estarían respaldados en una base monetaria compuesta por un stock de euros congelado permanentemente o por algún metal precioso. No habría banco central en la república catalana ni ningún tipo de regulación sobre la industria bancaria. Infortunadamente, esto no es más que un ejercicio de imaginación. En la mente de los independentistas catalanes no tiene lugar nada que evoque la idea de libertad.

 

 

  • Presión fiscal: Cataluña habría alcanzado la independencia siendo una de las regiones con la presión fiscal más altas de toda Europa. Como bien señala el historiador Gabriel Tortella el gobierno catalán no cuenta con la liquidez suficiente para pagar a sus proveedores. Por lo tanto, los habitantes del nuevo país solo hubiesen podido esperar un aumento sustancial de los impuestos. De hecho, durante la campaña del referéndum del 1-O, el govern llevó a cabo una reorganización de la Agencia Tributaria Catalana, la oficina de Hacienda de la anhelada república. El entonces vicepresidente Oriol Junqueras detalló que la ATC estaba lista para recaudar 42.000 millones de euros en impuestos, que es 15 veces más de lo previsto originalmente para 2017. De igual manera, en la Ley de Transitoriedad de la República se contemplaba un principio de tributación progresiva, al señalar que era deber de los ciudadanos contribuir al gasto público en la medida de sus posibilidades.

 

 

  • Comercio exterior deficitario: en la actualidad, el 80% de las ventas catalanas va al resto de España (un 40%) y a otros socios comunitarios (el otro 40%). Al quedar por fuera de la Unión Europea, Cataluña sería objeto de los aranceles europeos, lo que tendría efectos devastadores para la balanza de pagos. Por el lado de las importaciones, sería improbable que una empresa tuviera incentivos para vender sus productos en Cataluña debido al ambiente de aislamiento internacional e inseguridad jurídica en la que se vería inmersa la región.

 

El saldo económico de la independencia sería negativo. Lo más desalentador del asunto es que las nuevas autoridades no verían esta crisis como la oportunidad para liberalizar, ese idioma no lo entienden los independentistas.

 

Consecuencias políticas:

 

La consecuencia política más visible es que se reemplazaría a un Estado malo (el español) por otro peor. Es mejor una Cataluña dentro de España, aún con todos los errores del gobierno central, que una Cataluña independiente manejada por amigos del totalitarismo. La estructura de Estado contemplada en la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República dista muchísimo de ello. Allí se plantea que el Presidente de la República sería jefe de Estado y de gobierno (lo que rompería con el modelo parlamentario tradicional de Europa) y sería elegido de entre los miembros del Parlamento. A su vez, el presidente gozaría de inmunidad legal durante su mandato y el legislativo podría delegar en él la potestad de dictar normas con rango de ley (como las leyes habilitantes de Hitler o de Chávez).

 

Consecuencias sociales:

 

El efecto contagio sería la consecuencia social más importante. En la entrega anterior, mencionábamos que ETA ya había tomado nota del proceso soberanista catalán para replicarlo en Euskadi. En aquella comunidad autónoma, el principal aliado de los independentistas catalanes ha sido el terrorista Arnaldo Otegi, coordinador general de EH Bildu. Otra consecuencia sería la prolongación de la tensión entre los independentistas, que ya habrían alcanzado sus objetivos, y aquellos que preferirían seguir en España.

 

Reflexión final

 

El proceso soberanista catalán es probablemente el ejercicio más perverso de ingeniería social que haya vivido Europa occidental en su historia reciente, después del nacionalsocialismo. La ideología que lo inspira, la forma en la que se ha desarrollado y el objetivo buscado no tienen nada de bueno.

 

Así mismo, el futuro apunta hacia nuevos modelos de gobernanza, superiores al Estado-Nación. Es destacable el caso de Bitnation: Governance 2.0, una plataforma que permite la creación de asociaciones virtuales que presten los servicios que tradicionalmente presta un gobierno, pero sin el componente de la coerción. De hecho, a raíz de los acontecimientos en Cataluña, se creó Catalonia 2.0. Los independentistas deberían conocerlo, pues a través de dicha asociación podrían vivir su sueño de independencia, sin las nefastas consecuencias que traería la secesión territorial. En este modelo de gobernanza, solo participarían aquellos que deseen hacerlo. No se forzaría a nadie a pertenecer a ninguna asociación política. Probablemente, la parte más difícil sería el reconocimiento del Estado español a estos secesionistas virtuales. 

Autor entrada: David Chávez

David Chávez
David Chávez es Economista. Anarcocapitalista y paleolibertario. Ha escrito para distintos medios de tendencia libertaria y ha participado en eventos académicos como el X Congreso de Economía Austríaca y Mises University.