¡Que vivan los conversos!

 

“La culpa es mucha y es ducha: por haber dejado mi tierra para ser un desterrado y, al mismo tiempo, dejado atrás a los que iban en la misma nave, que yo ayudé a echar al mar sin saber que era al mal”.

 

(Imagen tomada de El Español http://bit.ly/2A0VXgn)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

Los conversos suelen no gozar de buena fama. Pensemos en los cristianos renacidos, los promotores de negocios multinivel o los practicantes de Crossfit. Suelen ser individuos dogmáticos, propagandistas, tan monotemáticos y agobiantes como un antiuribista en redes sociales. Pero hay un tipo de converso que rescato y admiro: el converso político. No hablo de esos que por cuestiones de intereses mezquinos pasan de un partido político a otro, en el fondo ellos no han cambiado sus banderas que se limitan a vivir a costa del dinero público. Hablo de esos que por años fueron militantes de alguna corriente de izquierda y de repente como Saulo de Tarso caen del caballo y descubren que el materialismo histórico tiene más de voluntarismo panfletario que de fundamento histórico.

 

Son esos valientes apóstatas que reconocen su equivocación y no se refugian en las trilladas frases: “Mis principios están intactos, fue la revolución la que me dejó”, o la resignada mención atribuida a Churchill: “Quien a los 20 años no sea revolucionario no tiene corazón, y quien a los 40 siga siéndolo, no tiene cerebro”. No, estos aceptan completamente su error. Animados por el idealismo que prometía la redención de los oprimidos llegan, a fuerza de sentido común, al desencanto que produce las resacas ideológicas.

 

La historia de estos conversos comienza en la década de los años 50 cuando sale al mercado un libro, compilado por el laborista ingles Richard Crossman, The God that Failed (El dios que fracasó) que reúne textos de  André Gide, Arthur Koestler, Ignazio Silone, Stephen Spencer, Richard Wright  y Louis Fischer. Todos ellos fueron seguidores de las revoluciones comunistas de la primera mitad del siglo XX y relatan cómo en sus viajes a la Unión Soviética y a la guerra civil Española descubren la cruda realidad: Las ideas de Marx llevadas a lo concreto producen solo monstruos.

 

En el plano latinoamericano, el primer converso que tuvo el coraje de bajarse de la revolución cubana fue el genial Guillermo Cabrera Infante cuando sale de la isla en el año 1965. Este laureado apóstata fue un caso muy interesante para el análisis: sus padres fueron fundadores del partido comunista, afiliado desde temprana edad a este y luego funcionario del régimen de Castro, huye al exilio, según su libro Mea Cuba, por culpa  de  “castroenteritis”. Un texto que narra el destierro y el remordimiento: “La culpa es mucha y es ducha: por haber dejado mi tierra para ser un desterrado y, al mismo tiempo, dejado atrás a los que iban en la misma nave, que yo ayudé a echar al mar sin saber que era al mal” (pág. 19).

 

Otro que siguió el mismo camino,  fue el chileno Jorge Edwards con su libro Persona non grata. Cuando Edwadrs cumplía su misión diplomática en La Habana por encargo de Salvador Allende, conoce de primera mano los hechos del caso Padilla y toda la tiranía del castrismo para acallar la disidencia. Por su osadía, es expulsado de la isla y se impuso un veto en círculos  intelectuales hispanoamericano. Su pecado de apostasía revolucionaria lo pagó con la soledad y la censura de su libro en varios países. La campaña de relaciones públicas contra él por parte de círculos afines a la izquierda logró bloquear la publicación de su libro en Francia y Alemania.

 

Un caso muy vistoso de conversión lo tuvieron los paisanos de Edwards, Roberto Ampuero y Mauricio Rojas unos años más tarde. Cuando jóvenes, fueron militantes acérrimos del MIR y las juventudes comunistas respectivamente, apoyaron a rajatabla las políticas de Allende que llevaron a la inestabilidad económica y social que asimismo incubó el golpe de Estado de Pinochet. Debido a esto huyen, y tienen contacto con el socialismo real de  Cuba  y Alemania Oriental donde sufren una desilusión producto de un ambiente donde solo se respira censura, burocracia, falta de libertades individuales y miseria. Juntos publican un sobresaliente libro, Diálogos de conversos, donde relatan sus vivencias y el cambio de paradigmas políticos.  Su evolución es franca y no se queda solo en el abrazo superficial de las ideas liberales, analizan por qué los modelos de implementación de estas no han sido exitosos en nuestra región. Es un libro muy completo, que rescata lo mejor del género del  ensayo político.

 

Un dato curioso para comentar: Mauricio Rojas, que vivió en Suecia y llegó a ser parlamentario, critica la exaltación, fruto de la distancia y la ignorancia,  que tienen las izquierdas criollas por el estado de bienestar escandinavo. (Para mayor información sobre el tema, nada mejor que leer Pomperipossa en Monismania de la escritora Sueca Astraid Lindgren http://bit.ly/2iHd2CA)

 

“Yo he sido más rojo que la muleta de un torero pero estudiar me hizo cambiar. Estudiar aplaca el odio.”  Esta frase ha sido dicha, un par de veces,  por Antonio Escohotado, respetado profesor y desertor ideológico de ese ámbito universitario tan propenso a cometer el pecado venial de avivar el marxismo cultural en la aulas.  Este erudito español no contento con haber escrito uno de los libros más completos sobre las drogas, ser lector testarudo de Hegel, haber tenido una discoteca en Ibiza y pasar un temporada en la cárcel, decide, un buen día, escribir una monumental trilogía que estudia la historia moral de la propiedad privada. (Solo merece nuestro aplauso). Los tres tomos de los enemigos del comercios, la obra a la cual Escohotado ha dedicado 17 años de su vida, son un docto viaje por casi 2300 años de  historia de la humanidad y las ideas que acompañaron los ciclos de creación de riqueza o pobreza. Para el autor, una de las tragedias de la humanidad es que las sociedades son exitosas al promover el comercio, la propiedad privada y la libertad, no hay duda que en conjunto ganan, pero ganan sin convencer. Esta  victoria agridulce, es aprovechada por los mesiánicos de turno que prometen el paraíso en la tierra. Sus ideas salvadoras, al ser aplicadas,  crean sociedades clericales y militares donde se desprecia el lucro. Resultado: estancamiento cultural y pobreza.

 

Es imposible mencionar todos  los casos de conversión  política que han existido en este breve artículo. Habría que hablar de Mario Vargas Llosa, John Dos Passos, Max Eastman o Whittaker Chamber (la lista es muy larga). Algo para resaltar: es frecuente ver el camino de conversión desde la izquierda hacia la derecha. Lo opuesto suele no pasar. ¿Alguien conoce un defensor sincero de  la propiedad privada y las libertades individuales que termine de amores con el marxismo y sus revoluciones fracasadas ?  No sé la razón, pero las salidas de políticas me recuerdan a un libro escrito por Daniel Oppenheimer: Exit Right.

Autor entrada: Andrés Ossa

Andrés Ossa
Andrés Ossa ha tenido un vínculo muy cercano con la industria de los libros desde su niñez, es el actual gerente de negocios digitales de Grupo Planeta para el área Andina y fue director de marketing por más de 8 años de Grupo Planeta Colombia. Ha cursado estudios de sociología, comunicación, marketing, gamification y gerencia. Se ha destacado por desarrollar proyectos en transmedia, e innovar, al buscar valores agregados en todos los elementos de participación en la producción de historias.