Una evaluación desafortunada del pensamiento de Ayn Rand por parte de Juan Ramón Rallo

 

Ayn Rand menciona brevemente el principio correcto de las relaciones entre los hombres, “escogeré amigos entre los hombres, pero no esclavos y amos.”

 

(Imagen tomada de El Internacionalista https://goo.gl/uPyK4o)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

El economista austríaco y conocido intelectual liberal Juan Ramón Rallo, se ha pronunciado en pocas ocasiones acerca de la figura de Ayn Rand y del pensamiento que está detrás de ella, el Sistema Filosófico conocido con el nombre de Objetivismo.

 

A pesar de ello, las escasas veces que lo ha hecho, ha dado una visión sesgada, distorsionada y absolutamente errónea sobre el pensamiento de la Filósofa ruso- norteamericana.

 

Él ha dicho, empero, que no es experto en Objetivismo, lo cual a tenor de lo que él manifiesta sobre Rand, queda perfectamente acreditado, y tampoco es “fan”, admirador del mismo.

 

No obstante, confesando que no es un experto en Objetivismo, él se ha permitido verter comentarios que no son correctos.

 

Algunos de sus comentarios son del tenor siguiente:

 

“Muchos liberales y sobre todo muchos libertarios han caído frecuentemente en la peligrosa simplificación de despreciar el colectivo, hasta el punto de negar su misma existencia. No es infrecuente escuchar que sólo existe el individuo o que sólo la persona tiene derechos y que, por tanto, una economía puede funcionar sin fricciones con una pléyade de individuos independientes y casi autistas. Ayn Rand, por ejemplo, llegó al extremo de idolatrar el pronombre ‘yo’ y de considerar el ‘nosotros’ como un peligroso caldo de cultivo para el totalitarismo.

 

Desde luego, muchos de estos liberales ultra individualistas estaban movidos por sanas intenciones: en concreto, proteger al individuo de todos los ataques a la libertad cometidos en nombre del colectivo. Sin embargo, al considerar que el totalitarismo empezaba cuando el ‘yo’ se diluía en el nosotros, inconscientemente le concedieron al enemigo la victoria que andaba buscando: la equiparación entre sociedad y Estado. Justamente, el auténtico totalitarismo comienza no cuando el individuo se diluye en la sociedad (algo que puede suceder por mecanismos totalmente voluntarios y beneficiosos para el individuo), sino cuando la sociedad se identifica en todos sus aspectos con el Estado. Pues ahí, en ese preciso punto, es cuando se equiparan los mecanismos voluntarios de cooperación y resolución de conflictos con las relaciones coactivas y opresivas que constituyen la esencia al Estado”. (De su blog http://bit.ly/2lClgzQ)

 

Aquí el Doctor Rallo, califica al Hombre Ideal proyectado por Ayn Rand como casi autista, ignorando el contexto en el que Ayn Rand glorificó el pronombre Yo, y maldijo el Nosotros.

 

La novela de Ayn Rand, Himno, (en algunas ediciones antiguas, traducida como Vivir, en inglés, Anthem), es una novela menor que la autora ruso-norteamericana escribió en 1937, y que pretende reivindicar el valor del individuo en una sociedad primitiva totalitaria donde se había olvidado la palabra Yo, y todo el mundo se refería a sí mismo en colectivo, Nosotros, y un hombre se revela contra eso, descubriendo en el curso de su búsqueda del conocimiento, la palabra para designar al individuo, el Ego, el Yo.

 

Esa novela de Ayn Rand no aboga en ningún caso por la anulación de los vínculos sociales, sino que más bien la intención de Rand era poner de manifiesto la maldad del colectivismo en el alma del hombre, el poner a otros por encima de uno mismo, a través de un proceso de búsqueda psicológico del individualismo largo tiempo olvidado.

 

Ciertamente, esa pequeña novela no forma parte de la obra principal de Rand, y resulta inadecuado trazar conclusiones políticas a partir de un escrito cuyo tema es fundamentalmente ético-psicológico.

 

En cuanto a la sociabilidad del personaje cito de su discurso principal:

 

“No soy ni amigo ni enemigo de mis hermanos, sino tan sólo lo que cada uno de ellos se merezca. Y para ganarse mi amor, mis hermanos han de hacer más que haber nacido. No otorgo mi amor sin razón alguna, ni al primero que se cruce en mi camino y me lo pida. Honro a los hombres con mi amor. Pero el honor es algo que cada cual ha de ganarse.

 

Escogeré amigos entre los hombres, pero no esclavos ni amos. Y escogeré sólo a los que me satisfagan, y a ellos les amaré y respetaré, pero no les mandaré ni les obedeceré. Y uniremos nuestras manos cuando queramos, o andaremos solo cuando así nos parezca preferible. Pues en el templo de su espíritu, cada hombre está solo. Que cada hombre guarde su templo intacto e inmaculado. Y entonces, que una sus manos con otros si lo desea, pero sólo más allá de su sagrado umbral.

 

Pues la palabra “Nosotros” jamás debe pronunciarse, salvo por propia elección y como segundo pensamiento. Esta palabra jamás debe ocupar el primer lugar en el alma del hombre; que sino se convierte en un monstruo, la raíz de todos los males sobe la faz de la tierra, la raíz de la tortura del hombre por parte de los hombres, y de una mentira indecible.”

 

Observa aquí que Rand no abjura del nosotros, de la sociedad, de las relaciones con otros hombres, lo que dice es que no podemos poner a los demás por encima de nuestro propio Yo, de nuestro valor como persona, de nuestra vida, es un alegato contra el colectivismo moral y contra el altruismo.

 

Ayn Rand menciona brevemente el principio correcto de las relaciones entre los hombres, “escogeré amigos entre los hombres, pero no esclavos y amos. Uniremos nuestras manos cuando queramos o andaremos solos cuando así nos parezca”.

 

El nosotros debe pronunciarse en segunda instancia, la sociedad no puede ponerse aparte o por encima del individuo, el valor del individuo es primordial, pero las relaciones en sociedad son importantes, pero son un derivado del primario que es respetar, amar y honrar el valor de nuestra persona, del Yo.

 

En la misma novela, él habla de algunos amigos suyos, uno que llora sin motivo,  otro que es su amigo, otro que pide auxilio en la noche.

 

En concreto Rand dice:

 

“Cuando haya leído todos los libros y haya aprendido mi nuevo camino, cuando mi casa esté preparada, y mi tierra cultivada, iré secretamente, y por última vez, a la Ciudad maldita donde he nacido. Llamaré a mi amigo que no tiene más nombre que Internacional 4-8818, y a todos los que se le parecen, a Fraternidad 2-5503 que llora sin motivo, a Solidaridad 9-6347 que pide auxilio en la noche, y a pocos más. Llamaré a mi lado a todos los hombres y mujeres cuyo espíritu no haya sido ahogado en ellos y que sufren bajo el yugo de sus hermanos.

 

Ellos me seguirán y yo los conduciré a mi fortaleza. Y aquí, en esta soledad desconocida, yo junto a ellos, mis amigos, mis compañeros en la tarea de construcción, escribiremos el primer capítulo de la nueva historia del hombre.”

 

¿Dónde hay autismo en esta novela?

 

Lo que Rand muestra es que la sociabilidad del hombre solo es posible cuando los hombres tratan entre sí respetando el valor de su propia individualidad, nunca colocando el Nosotros por encima del Yo, que es una metáfora para decir que uno no puede colocar al colectivo, a la sociedad, por encima del individuo como ocurre en una sociedad totalitaria dominada por el altruismo y el colectivismo.

 

En novelas posteriores como El Manantial, Ayn Rand muestra a su héroe Howard Roark entablando relaciones con algunas personas que encuentra en el camino, un viejo arquitecto que comparte los mismos principios y visión de la existencia que él, Henry Cameron, con el que trabaja varios años hasta que este se retira.

 

Rand en la novela menciona los días y las noches sin dormir que Cameron y Roark pasan juntos trabajando en proyectos que finalmente son rechazados por los clientes que le encargan el proyecto, o cuando está trabajando a las órdenes de uno de sus enemigos, Peter Keating, un arquitecto parásito que vive del pensamiento creativo de Roark y al que continuamente busca para que le haga diseños arquitectónicos, encuentra en una obra  a un trabajador de la construcción del que se hace amigo:

 

“Fueron a una taberna clandestina en un sótano, se sentaron en un rincón, bebieron cerveza y Mike relató su historia favorita, sobre cómo se había caído desde un quinto piso cuando un andamio cedió debajo de él, y cómo se había roto tres costillas, pero había sobrevivido para contarlo, Roark le habló de los días en que trabajaba en las construcciones. En realidad el nombre de Mike, era Sean Xabier Donningan, pero todos lo habían olvidado hacía tiempo. Tenía un juego de herramientas y un viejo Ford, y vivía con el único propósito de viajar de un punto a otro del país, de una construcción a otra. La gente le importaba muy poco, pero su trabajo le importaba mucho. Admiraba a toda clase de experiencia. Amaba su trabajo con pasión, y no toleraba a nadie salvo a los especialistas. Era un maestro en su oficio  y no simpatizaba más que con la maestría. Su idea del mundo era simple: Estaban los competentes y los incompetentes, y estos últimos no le interesaban. Amaba los edificios y, sin embargo, despreciaba a todos los arquitectos.

 

– Había uno, Colorado, -dijo, mientras apuraba el quinto vaso de cerveza- uno solamente, y usted es demasiado joven para conocerlo, pero fue el único hombre que sabía construir. Trabajé con él cuando tenía su edad.

 

– ¿Quién era?

 

– Se llamaba Henry Cameron. Creo que murió hace tiempo.

 

Roark lo contempló durante largo rato  y después dijo:

 

– No está muerto -Y agregó- Yo trabajé para él.

 

– ¿En serio?

 

– Durante casi tres años.

 

Se miraron en silencio y así quedó sellada su amistad.” (El Manantial, edición de Grito Sagrado).

 

Aquí Ayn Rand muestra cómo la amistad entre Roark y Mike se cimenta en sus valores compartidos, en el trabajo que ambos aman, la construcción de edificios.

 

Posteriormente él conoce a otros personajes por el camino con el que traba amistad, Austen Heller, un periodista rabiosamente individualista del que Rand nos dice que estaba opuesto a toda forma de coerción pública y privada, y que es el primer cliente de Howard Roark como arquitecto independiente, Roger Enright un magnate dedicado a diversos negocios, Kent Lansing, un empresario hotelero que le encarga a Roark la construcción de un Hotel y que le da información valiosa acerca de la mentalidad de los colectivos como las Juntas Directivas y habla de los intermediarios como punto conector.

 

Y más tarde en la novela Roark le dice a otro personaje:

 

“Creo que el único mal cardinal que hay en la Tierra es colocar el propio interés fundamental en los demás. Siempre exigí una cierta cualidad en la gente que me gusta. Siempre la he reconocido de inmediato, y es la única cualidad que respeto en las personas. Según ella, elijo a mis amigos. Ahora sé en qué consiste, en un Ego autosuficiente. Ninguna otra cosa tiene importancia.

 

– Me alegra que admitas que tienes amigos.

 

– Hasta admito que los quiero. Pero no podría quererlos si fuesen mi principal razón de vida. […]. Si uno se respeta a sí mismo, mal puede tener respeto y afecto por otros.

 

[…]

 

– Si este barco se estuviera hundiendo, yo daría mi vida por salvarte. No porque fuera un deber, sino porque te quiero, por razones y pautas que me son propias. Moriría por ti, pero no podría ni querría vivir para ti.”

 

En otro lugar de la novela, dice Rand: “Para decir Yo te amo, primero uno tiene que decir Yo.”

 

La clave es que cualquier valor que uno pueda obtener de las relaciones con otros, trabajo, comercio, amistad, amor, presupone que uno acepte el interés personal, el valor de la propia vida como cardinal, como primordial, nunca verse a sí mismo ni ver a otros hombres como animales de sacrificio, sino que la independencia es requisito fundamental para establecer relaciones sanas y valiosas con otras personas.

 

En La Rebelión de Atlas su obra cumbre, Ayn Rand nos muestra relaciones de amor y de amistad entre los héroes que comparten los mismos valores y visión de la vida, y también relaciones de amistad o de respeto con personajes que no son héroes pero que son honestos y viven por su propio esfuerzo, como Eddy Willers que es asistente de la vicepresidencia de operaciones de Taggart Transcontinental, o modestos empresarios como el señor Ward, etc.

 

En sus obras de no ficción, como La virtud del egoísmo, Capitalismo: El ideal desconocido, The new Left: The anti-industrial revolution o The voice of Reason, Rand trata aspectos múltiples de las relaciones apropiadas de los hombres en sociedad, basadas en el comercio, en el interés propio, ella define el principio del comerciante como base de unas relaciones sociales adecuadas y justas, base del capitalismo. El entregar valor por valor, el principio de justicia, no buscar ni conceder lo inmerecido ni en materia ni en espíritu.

 

La división del trabajo entre hombres racionales, productivos y libres es la base de todo sano entendimiento de las relaciones sociales. Parásitos, místicos, vagabundos, dictadores, criminales, no son de valor para un hombre en sociedad, y ninguna sociedad puede mantenerse sobre el principio del misticismo, del altruismo y del colectivismo, una sociedad destinada a satisfacer las necesidades de hombres irracionales e improductivos que buscan lo no ganado, que buscan esclavizar a aquellos hombres que crean los valores materiales y espirituales que hace su supervivencia posible.

 

El Objetivismo de Ayn Rand no defiende una concepción del hombre como ser anti- social, autista, ermitaño, todo lo contrario, Rand define una filosofía y un código de valores, un código moral apropiado para el hombre y que hace posible la coexistencia de este con sus semejantes en sociedad.

 

Asimismo, Juan Ramón Rallo también ha acusado a Ayn Rand de tener una visión del hombre poco empática.

 

Bien, Juan Ramón Rallo confunde empatía, compasión, piedad o misericordia y altruismo.

 

La empatía se define como la capacidad o la aptitud para identificar a otros hombres como seres vivientes y dignos capaces de perseguir valores, una habilidad  psicológica de ser capaz de comprender los motivos, las acciones, los deseos de otras personas como si fuesen propios, y también de poder experimentar emociones de alegría o sufrimiento de otros hombres como si fuesen propios, de proyectarse uno mismo, de hacerse visible uno mismo en otros y hacer visibles a otros en uno mismo.

 

Ciertamente los psicópatas y sociópatas no tienen esa capacidad, ellos no son capaces de ver a las personas sino como meros objetos instrumentales, ellos son incapaces de comprender o de experimentar emociones sobre aspectos de esas personas como no sea para utilizar a esas personas como instrumentos para sus propios fines.

 

La expresión ponerse en lugar de otro, es decir, tratar de comprender los pensamientos, deseos, sentimientos de otros y compartirlos como si fuesen propios, e incorporar a otras personas en la propia vida, deseando el bienestar de las mismas y experimentando pesar por su sufrimiento, es descriptiva de la empatía.

 

Pues bien, nuevamente Ayn Rand lejos de carecer de empatía, muestra como sus héroes lucen esa empatía hacia aquellas personas que viven de forma apropiada, buscando valores sin tratar de sacrificar a otros ni aprobar el sacrificio de ellos mismos por otros.

 

En el Manantial, Howard Roark comprende el profundo sufrimiento que sufre un escultor al que las tendencias culturales de su época le hace imposible trabajar, y le ofrece apoyo emocional, consuelo y una visión del hombre que le hace ver que los valores son posibles.

 

Asimismo, En La Rebelión de Atlas, muestra a uno de sus personajes Hank Rearden deseando compartir su felicidad con otros después de haber logrado producir el primer pedido con su nuevo metal, hablando de la gente hambrienta de una mirada de felicidad como lo estaba él, de la felicidad como agente purificador.

 

O Dagny Taggart en los duros momentos de derrumbamiento del mundo, en un Tren donde viaja un polizón que va a ser arrojado al desierto, ella ve cierto valor, cierta dignidad y preocupación por la vida en esa persona, y decide invitarlo a permanecer en el tren y a cenar con ella.

 

La propia Dagny Taggart conversando con un personaje secundario:

 

“Dagny se permitió el primer asomo de sonrisa en el momento de decir:

 

-Cherryl: mi nombre es Dagny.

 

La respuesta de Cherryl no constituyó más que un débil y tembloroso movimiento de la boca, como si entre las dos  hubiesen completado una sonrisa.

 

-Yo… no sabía si debía…

 

-Somos hermanas, ¿verdad?

 

-¡No! ¡No a través de Jim! -respondió con un grito involuntario.

 

-No. Por propia elección. Siéntate, Cherryl. -La joven obedeció, esforzándose en no revelar el anhelo con que aceptaba, ni demostrar necesidad de ayuda,  ni desfallecimiento alguno.

 

– Has pasado unos tiempos muy malos, ¿verdad?

 

-Sí… pero no importa… es mi problema… y mi culpa.

 

-No creo que haya sido culpa tuya.

 

Cherryl no contestó y luego repentina y desesperadamente dijo:

 

-Mira… lo que menos deseo es que me tengan compasión.

 

-Jim debe haberte dicho… y es cierto… que nunca compadezco a nadie.

 

-Sí, lo hizo… pero lo que yo quiero decir…

 

-Sé lo que quieres decir.

 

-No hay motivo por el que tengas que preocuparte por mí… No he venido a quejarme ni… ni a colocar una nueva carga sobre tus hombros… Lo que he sufrido no es motivo para exigir nada de ti.

 

-Es cierto, pero el hecho de que valores las mismas cosas que yo, sí.

 

-¿Quieres decir… que si hablas conmigo no es por compasión? ¿No es solamente porque lamentas lo que me ocurre?

 

-Lamento profundamente lo que te ha pasado, Cherryl, y me gustaría ayudarte, pero no porque sufras, sino porque no mereces sufrir.

 

-¿Significa eso que no te mostrarías amable si vieras en mi algún rasgo de debilidad, bajeza o sumisión? ¿Sólo por aquello que consideras bueno en mi persona?

 

-Por supuesto.

 

Cherryl no movió la cabeza, pero pareció como si su ánimo se levantara, como si una corriente de energía relajara sus facciones prestándoles ese raro aspecto en el que se combinan el dolor y la dignidad.

 

-No es ninguna limosna, Cherryl. No tengas miedo de hablar.

 

-Resulta extraño… Eres la primera persona a quien puedo dirigirme… y parece tan fácil… Sin embargo, tenía miedo de hablarte. Desde hace mucho tiempo quise pedir que me perdonaras, desde que supe la verdad. Llegué hasta la puerta de tu oficina, pero me quedé en la recepción sin valor para entrar… Esta noche no quería venir. Salí únicamente… para pensar, y de pronto, comprendí que quería verte, que en toda la ciudad era éste el único lugar al que tenía que venir y la única cosa que aún me quedaba por hacer.

 

-Me alegro de que lo hicieras.

 

-Verá, señori… Verás, Dagny -corrigió suavemente, como extrañada- No eres como yo esperaba… Ellos, Jim y sus amigos, aseguran que eres dura, fría y sin sentimientos.

 

-Así es, Cherryl. Así soy en el sentido que ellos me atribuyen, pero ¿te han contado alguna vez el significado que ellos dan a tales cualidades?

 

-No, nunca lo han hecho. Sólo se burlan de mí cuando les pido explicaciones de algo. ¿Cuáles son sus ideas sobre ti?

 

-Cada vez que alguien acusa a otro de ser “insensible”, está diciendo que tal persona es justa, que se trata de un ser cuyas emociones nunca son infundadas, de alguien que nunca otorgará sentimientos que el otro no merezca. Ellos creen que “sentir” es ir contra la razón, contra los valores morales y contra la realidad, pero ¿qué ocurre? -preguntó observando la anormal intensidad que se pintaba en la mirada de Cherryl.

 

-Es… algo que he intentado comprender con todas mis fuerzas… durante un tiempo muy largo…

 

-Bien, observa que nunca has escuchado esa acusación en defensa del inocente, sino siempre en defensa del culpable. Nunca la has oído pronunciar por una buena persona, refiriéndose a quienes no les hacen justicia. Pero sí por sinvergüenzas en relación a quienes los tratan como tales, a las personas que no sienten lástima por la maldad que ese culpable ha cometido ni por los dolores que sufre como consecuencia. Eso es lo que yo no siento. Pero aquellos que así sienten no aprecian ninguna cualidad dotada de grandeza humana, ni ninguna persona o acto que merezca admiración, aprobación o estima. Esos son mis sentimientos. Hay que elegir entre una cosa u otra. Los que otorgan su lástima al culpable no se la ofrecen al inocente. Pregúntate cuál de esas 2 personas es la que carece de sentimientos y comprenderás qué reacción es la opuesta a la caridad.

 

-¿Cuál es? -murmuró.

 

La justicia, Cherryl. “

 

En este pasaje que transcribo, la heroína Dagny Taggart establece la diferencia entre la compasión y la piedad o misericordia.

 

Dagny está dispuesta a tener compasión y benevolencia con ese personaje pero no porque sufre, no porque experimente dolor, sino porque ella no merece ese sufrimiento, porque ella es moralmente inocente y no culpable.

 

Aquí hay que diferenciar entonces entre compasión y piedad o misericordia o caridad.
Ayn Rand define la justicia como evaluación objetiva del carácter y las acciones de los hombres no buscando ni concediendo lo inmerecido ni en materia ni en espíritu.

 

Ella nos dice:

 

“Justicia es el reconocimiento del hecho que no puedes falsear el carácter de los hombres, así como no puedes falsear el carácter de la naturaleza; que debes juzgar a todos los hombres tan conscientemente como juzgas a objetos inanimados, con el mismo respeto por la verdad, con la misma incorruptible visión, a través de un proceso de identificación igual de puro y racional – que cada hombre debe ser juzgado por lo que es y tratado en consecuencia, que igual que tú no pagas un precio más alto por un pedazo oxidado de chatarra que por un pedazo de metal pulido, tampoco valoras a un canalla más que a un héroe – que tu evaluación moral es la moneda que le paga a los hombres por sus virtudes o vicios, y este pago exige de ti un honor tan escrupuloso como el que aplicas a tus transacciones financieras – que rehusar tu desaprobación por los vicios de los hombres es un acto de falsificación moral, y rehusar tu admiración por sus virtudes es un acto de expropiación moral – que colocar cualquier otro criterio por encima de la justicia es devaluar tu moneda moral y defraudar lo bueno en favor de lo malo, pues solamente lo bueno puede perder cuando hay un desfalco de la justicia y solamente lo malo puede beneficiarse – y que el fondo de la fosa al final de ese camino, el acto de bancarrota moral, es castigar a los hombres por sus virtudes y recompensarles por sus vicios, que ése es el colapso de la depravación total, la Misa Negra de la adoración a la muerte, el dedicar tu consciencia a la destrucción de la existencia.”

 

Es decir, la justicia exige valorar a los hombres objetivamente alabando las virtudes y despreciando los vicios, y no otorgando sentimientos que otro no merezca, no otorgándole estima, simpatía, benevolencia a aquellos que actúan viciosamente y sufren por sus vicios, sufren por su maldad.

 

También dice Rand:

 

“Cuando se actúa sobre la base de la compasión y contra la justicia, es a los buenos, a los que se castiga en aras de los malos, cuando se alivia del sufrimiento a un culpable, a es a los inocentes a los que se obliga a sufrir, nadie puede escapar de la justicia, nada puede ser no ganado y no pagado en el Universo ni en materia ni en espíritu, y si no paga el culpable, lo hará el inocente.”

 

Compasión es una palabra que deriva del latín “cum” y” padecere”, padecer con, o sufrir con, padecer junto a alguien o sufrir junto a alguien.

 

La compasión es el rasgo del carácter en virtud del cual un hombre experimenta el sufrimiento, la desgracia, el pesar de otros como propio, sufriendo y experimentando dolor causado por ese sufrimiento ajeno.

 

Ayn Rand no ataca la compasión, lo que Rand niega es que la compasión sea una virtud cardinal, una virtud principal, que sufrir por las desgracias ajenas y aliviar el sufrimiento ajeno no es una virtud principal en la vida, que la vida no es un inmenso hospital, que es la felicidad, la búsqueda de valores el propósito esencial de la vida humana, no el alivio del dolor y la evitación de la muerte.

 

Considerar la compasión como el más alto testimonio de virtud significa poner el dolor y el sufrimiento por encima de los valores, considerar el dolor como médula de la existencia, y por ende, desear ver sufrimiento para ser virtuoso aliviándolo y viendo la felicidad como una amenaza a la virtud.

 

Eso es lo que Ayn Rand y los Objetivistas consideramos malvado.

 

Rand no se opone a la compasión se opone como dice uno de sus personajes heroicos: A utilizar la compasión de otro como instrumento de chantaje, como arma.

 

Y aquí es donde entra esa pseudo-virtud cristiana de la piedad, misericordia o caridad:

 

La misericordia deriva del latín “miser “y de “cord,” corazón para los miserables, y un miserable de espíritu es un malvado, un sujeto vicioso, repugnante, despreciable, bajo, vil.

 

La misericordia o piedad cristiana es evitar condenar a los hombres por sus vicios, disculpar sus maldades y ofrecerles afecto,  benevolencia e incluso amor a las personas en base a que son débiles, o son bajos o son malvados.

 

Significa el amor y la estima no como respuesta a valores, sino como respuesta a vicios o defectos, significa como dice Rand: la misa negra de adoración a la muerte: la dedicación de la consciencia a la destrucción de la existencia.

 

Eso es lo que el Objetivismo rechaza, darles compasión, benevolencia, simpatía, afecto o amor a los hombres malvados.

 

Los héroes de Rand finalmente cuando terminan comprendiendo la naturaleza exacta de los hombres malvados que se interponen en su camino, les retiran la sanción moral, la aprobación y los dejan perecer en su propio vacío.

 

Eso es lo que Rallo no entiende de Ayn Rand, que ella no pone la compasión por encima de la justicia, ni el sufrimiento por encima de los valores, ni acepta la piedad o misericordia como virtudes, sino que los condena como lo que son: vicios despreciables, y a cambio ella nos ofrece una visión del Hombre Ideal como ser heroico, noble, grandioso, benevolente y profundamente comprometido con los valores y con los principios morales.

 

¿Es eso lo que Juan Ramón Rallo condena? ¿En verdad? Más bien debería él y quienes puedan pensar como él, pensar dos veces su juicio sobre Rand y examinar más detenidamente su obra.

Autor entrada: Miguel Roldán

Miguel Roldán