La Séptima y nuestro fracaso como Sociedad

 

Por otro lado, los ahora llamados defensores de la séptima esgrimen que Transmilenio causa contaminación y que, por lo tanto, no debería implantarse en dicho corredor. Este es uno de los argumentos más exóticos de los opositores, pues contra toda evidencia parecen olvidar que sobre la séptima hoy ya pasan más de 2000 buses y que con la troncal pasaría algo menos de la mitad.

 

(Imagen tomada de El Tiempo http://bit.ly/2iwZM6s)

 

La historia del Transmilenio por la Séptima es un reflejo de nuestro fracaso como sociedad. En anteriores líneas en este mismo medio, hablé del Transmilenio por la Séptima y la inconveniencia de financiarlo con valorización en plena desaceleración económica. Reitero dicha posición y añado el acierto de la administración al haber tramitado su construcción con endeudamiento, mecanismo oportuno para la ciudad, que tiene unos bajos índices de endeudamiento y que para este tipo de inversiones tiene un retorno mucho mayor a su costo, lo que hace bastante atractiva la construcción de la troncal.

 

Ahora cabe repasar la historia de los proyectos del corredor por la Séptima, por qué su construcción es un hecho inaplazable y por qué su oposición es un reflejo de nuestras fallas como sociedad. En primer lugar, el Transmilenio por la Séptima estaba previsto desde el proyecto original de Transmilenio en el año de 1998, era uno de los corredores claves que debían compartir su demanda con la troncal de la Caracas al mismo tiempo que debía ser un conector natural de la demanda del occidente, con las Troncales de las Américas, Primera de Mayo, 26, 100, 127 y 170. Por esta razón era una de las primeras troncales que se debían construir, luego de la Caracas, NQS, 80, Américas y Suba. Sin embargo, esto nunca se materializó, pues cuando el primer componente de troncales fue construido, el alcalde Lucho Garzón por presión de los transportadores no licitó la troncal de la Av. 68-Calle 100 ni la Troncal Séptima, al contrario, realizó el llamado plan maestro de movilidad y proyecto las troncales de la 26 y la décima, las que años después su sucesor Samuel Moreno se robaría con los Nule.

 

Dicho suceso retrasó la expansión del sistema Transmilenio en toda la ciudad y sus consecuencias las vivimos hoy todos los bogotanos, sin que pareciéramos ser conscientes de ello creemos que el culpable del mal servicio de Transmilenio es su creador y único gran ejecutor Peñalosa que junto con Antanas Mockus fueron los únicos que siguieron a cabalidad la implementación del sistema Transmilenio en la ciudad. Esta es una visión completamente equivocada que no tiene en cuenta los 12 años de ineptitud administrativa en que solo se entregaron 2 troncales (26 y 10ma) y una conexión (Calle 6) –que además no estaba prevista en los planos originales-. Las cuales tienen poca demanda y no son centrales en la movilidad de la ciudad, en sí la Calle 26 era una de las últimas troncales en hacerse, casi al nivel de la Primera de Mayo, Ciudad de Cali y ALÓ. Es decir, una troncal casi marginal que se hizo antes de tiempo y por la cual se robaron amplios recursos públicos, realmente toda una tragedia. Reconocer este error histórico es el primer paso para analizar los problemas de movilidad de la ciudad, pero achacarle a Peñalosa la desidia de sus antecesores es una postura francamente irreflexiva y dañina.

 

El devenir de los hechos ha creado una realidad extraña, donde el sistema Transmilenio se ha expandido a pasos de tortuga y eso ha creado una inmensa cantidad de problemas que no son culpa del sistema en sí, ni mucho menos de su creador Peñalosa. Si el sistema se hubiera expandido en sus corredores más urgentes como la 68, la 7ma y la Boyacá, no existirían los problemas de servicio que enfrenta la Caracas, ni tampoco el sistema tendría la mala fama que ahora muchos le endilgan y con la que creen justificable la oposición al sistema sin más consideración alguna. Por lo tanto, cuando los opositores de la troncal Séptima dicen no querer Transmilenio porque genera deterioro urbano y desvalorización, están hablando de problemas que no son causados por Transmilenio en sí mismo, sino por la ubicación de la Caracas misma, que incluso resulta contradictorio con los diversos proyectos inmobiliarios que se están alzando por la troncal para rejuvenecerla y valorizarla. Ni tampoco tienen en cuenta las valorizaciones que hoy existen en todos los sitios donde existe Transmilenio, incluso se alzaron centros comerciales como Portal 80, Santafé o Plaza Imperial solo por su cercanía con el sistema (que además no le pagaron un peso a la ciudad por dicha valorización). Es una realidad urbanística que donde pasa Transmilenio las propiedades son más costosas y presentan una ventaja respecto de las que están más lejanas. Incluso si dicho argumento fuera cierto, la realidad es que a largo plazo si se expande el sistema por toda la ciudad dicho desvalor sería neutralizado, lo que deja sin piso el argumento respecto a la desvalorización.

 

Por otro lado, los ahora llamados defensores de la séptima esgrimen que Transmilenio causa contaminación y que, por lo tanto, no debería implantarse en dicho corredor. Este es uno de los argumentos más exóticos de los opositores, pues contra toda evidencia parecen olvidar que sobre la séptima hoy ya pasan más de 2000 buses y que con la troncal pasaría algo menos de la mitad, reduciendo ya numéricamente la polución de los buses. Sin embargo, este no es la única razón de por qué sería más ecológico tener la troncal respecto al estado actual de las cosas. Cabe mencionar que gran parte de los buses que pasan hoy por la Séptima son del transporte colectivo que es más contaminante que los buses nuevos que se traerían para la operación, que pueden ser de tecnologías Euro 5 o 6, como está pensándose para la licitación de los buses de la fase I Y II. Adicionalmente, en el largo plazo estos buses son fácilmente sustituibles por buses eléctricos que hoy son muy costosos, pero en menos de 2 décadas tendrán un valor igual o menor a los buses de combustión actuales. Entonces, no parece tener ningún asidero la idea de la contaminación a causa de la troncal.

 

Otro argumento que se esgrime contra la Troncal es que existen otros medios de transporte como los tranvías que son férreos y eléctricos. Sin embargo, esta posición es bastante irresponsable con la ciudad, pues si bien es cierto que existen este tipo de medios de transporte no llegan a la capacidad que tiene Transmilenio (26.000 pasajeros Hora-Sentido), apenas alcanzan la mitad de esa capacidad y la Séptima, como lo dije anteriormente, es un componente fundamental para movilizar la demanda del borde oriental de la ciudad. Es decir, esta troncal no es alimentadora ni tiene un papel secundario para la movilidad de la ciudad, sino que es un componente principal y protagónico para movilizar los pasajeros de la ciudad. Adicionalmente, es costosa la implementación de un tranvía, Petro dejó en factibilidad uno por la 68 pero que no alcanzaba a cerrar financieramente por su elevado costo y baja demanda movilizada, otro ejemplo más es el tren de cercanías de Cundinamarca que el pasado mes de septiembre tampoco pudo pasar el estudio de demanda para su construcción. No siendo suficiente lo anterior, la pasada administración intentó dos veces hacer un tranvía por la séptima, pero las dos veces tuvo que declarar desierto el proceso. Evidentemente, nadie quiere meterse en la quimera de hacer un sistema con poca demanda y alto costo, debido a que un sistema férreo allí no conectaría con nada y quedaría como una isla costosa que, además, tendría una tarifa elevada para su financiamiento, cuestión que en el tercer mundo es imposible. Entonces, el argumento de otro medio por el mismo corredor es también bastante irresponsable, ¿si en 12 años no hicieron nada por qué frenar a quien ahora sí quiere hacer algo?

 

También acusan a la administración de querer hacer esta troncal por no hacer el metro subterráneo, otra afirmación carente de sustento y estableciendo causalidades falsas para justificar su posición. En primer lugar, más allá de la discusión del metro elevado y subterráneo, la construcción del mismo es inaplazable, pero no como la solución final de la movilidad en Bogotá, como parecen entenderlo los opositores a la administración, sino que es una solución a la falta de capacidad del Transmilenio por la Caracas, que actualmente ya moviliza tantas personas como varios metros del mundo, de allí su incomodidad y problemas. Sin embargo, este problema no sería tan evidente si hubiera una troncal por la Séptima pues el tope de capacidad de Transmilenio hubiera tardado algún tiempo más en materializarse. Entonces, el metro no es la solución a la movilidad de la ciudad sino solo una atención a la capacidad que en la Caracas ya está sobrepasada. Incluso, su implementación no cubriría la demanda de todo el corredor de la Séptima pues no llega más allá de la 72, dejando casi 130 calles sin sistema de transporte público efectivo. Por esto, es un acierto tener el Metro en conexión con Transmilenio y en la medida que las troncales alcancen el máximo de capacidad complementarlas con líneas de metro, esto en la medida de lo fiscalmente posible y no como una posición radical de un sector político.

 

Todo lo anteriormente expuesto, no busca polarizar a quienes apoyan a la administración y los que no. Por el contrario, estos planteamientos solo buscan exponer que los argumentos de los opositores tienen un enfoque distinto a la administración, pues la discusión no es Transmilenio por la Séptima o Metro, sino como estos dos sistemas se complementan para suministrar transporte público a la ciudad. Tampoco es una discusión ambiental, pues es claro que una troncal reduce mucho más las emisiones que el caos actual que existe por la Séptima. Mucho menos es un planteamiento de qué es lo mejor que se pueda hacer dentro de un mundo utópico, con sistemas férreos y con amplitud presupuestal infinita. Sino que debemos pensar en cómo solucionar los problemas públicos de la mejor forma posible, dentro de nuestras limitaciones existenciales. Como describe Feinstein las políticas públicas no deben evaluarse dentro de un rigor metodológico único, sino adaptándose a las circunstancias y el cumplimiento de los objetivos ligados a dichas circunstancias. El punto estructural de una troncal de Transmilenio no es de una posición ideológica específica, sino como solucionamos los problemas de movilización de pasajeros por esa zona de la ciudad ligado a un sistema sostenible de transporte urbano.

 

Por lo tanto, queda claro que la troncal de Transmilenio no es una bandera del alcalde en particular, sino una realidad inaplazable para mejorar las condiciones de vida de las personas que viven a lo largo del corredor. No es si nos gusta o no un sistema de buses, o si preferimos un metro, sino es una discusión de lo que podemos hacer con lo que tenemos. Debemos pensar qué compromiso como sociedad estamos dispuestos a tomar para permitirnos avanzar hacia una mejor calidad de vida en conjunto. Puede que quienes se oponen nunca hayan durado 2 horas desplazándose de su lugar de estudio o trabajo a sus casas, puede que tampoco les importe mucho ir en un bus trancado por el tradicional trancón de la subida a la calera en hora pico, incluso puede que jamás se haya movilizado en medio de transporte alguno para ir a su trabajo o estudio por tenerlo a una distancia tan corta que le permite llegar a pie. Pero a esos opositores se les debe recordar que esta troncal pretende solucionar los problemas a los más vulnerables que, a diferencia de ustedes, no tienen cada día más opción que meterse dentro de un bus para llegar a sus casas. Aunque se hable de daños a la emblemática Carrera Séptima, debemos pensar en el beneficio general de toda la población, no en el aprecio artístico de alguna élite que no quiere ver su vía predilecta para el uso de su carro particular siendo intervenida; para el beneficio de los más vulnerables. Esas posiciones son clasismo del más puro, de aquel que no se ve a simple vista.

 

Estamos en un momento histórico para la movilidad de la ciudad, debemos decidir entre seguir siendo un caso de estudio sobre fracasos en políticas públicas en la Universidad de Harvard o si renunciaremos a nuestro clasismo cultural para resolver los problemas que nos aquejan como sociedad. Nuestra competitividad a largo plazo está comprometida. Por eso al carnaval sobre la Séptima les pregunto: ¿qué celebran con tanta euforia?

Autor entrada: Mateo Martínez

Mateo Martínez
Mateo Martinez es estudiante de séptimo semestre de Derecho en la Universidad de los Andes y Senior´s founder de la Sociedad de Debate Uniandina. Fue el primer campeón del Torneo de Debate Uniandino. Ha participado como voluntario del programa Congreso Visible. Sus áreas de interés son el Derecho Publico, Fiscal y Patrimonial. @jmateo_martinez