La ética de la libertad

 

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En el artículo titulado “Como Rothbard, soy libertaria y conservadora”, mucho más moderado que aquel en el que introducía la relación entre el conservadurismo y el libertarismo (un parafraseo descontextualizado del capítulo “On Conservatism and Libertarianism” del libro Democracy: The God that Failed de Hans-Hermann Hoppe), la escritora Vanesa Vallejo defiende nuevamente la posibilidad de ser simultáneamente libertaria y conservadora.

 

Para evacuar rápidamente un tema superado hace décadas la respuesta es sí, es posible defender valores de corte conservador y ser libertario al mismo tiempo. La explicación es realmente simple: el libertarismo es una teoría política, el subconjunto de la teoría moral que trata del –adecuado- rol de la violencia en la vida social. No es y no pretende ser una teoría moral o estética completa como el cristianismo o el judaísmo. Por lo anterior no debería sorprender que existan libertarios que sean, de hecho, hedonistas o devotos de estilos de vida alternativos, y que existan libertarios que se adhieran firmemente a una moralidad ‘burguesa’ convencional o religiosa. Hay libertarios libertinos, como quizás lo sea Javier Milei, y hay libertarios que se aferran a la disciplina de la ley natural o religiosa. Hay otros libertarios que no profesan teoría moral alguna aparte de la no violación de los derechos de propiedad. El liberalismo, en últimas, no ofrece una forma de vida particular, ofrece libertad para que cada persona adopte y actúe en concordancia con sus propios valores y principios morales (Rothbard, 1979).

 

Sin embargo, en ambos artículos se hace uso en repetidas ocasiones de argumentum ad vercundiam, tomando algo como cierto porque quien lo pronunció tiene autoridad en la materia. ¿Quién se atrevería, en su sano juicio, a desafiar a Ludwig Von Mises, Murray N. Rothbard o a Hans-Hermann Hoppe? En contra del sentido común, me dispongo a mostrar otra cara de los grandes referentes del libertarismo.

 

Ludwig Von Mises afirmó que el libertarismo es una doctrina dirigida únicamente hacia la conducta de las personas en el mundo. No tiene nada más a la vista que el avance del bienestar material y no se ocupa de las necesidades internas, espirituales o metafísicas. No le promete a la gente felicidad, solamente los medios para la satisfacción de aquellos deseos susceptibles de ser satisfechos por cosas del mundo exterior. Y los deseos son, como el valor, subjetivos. Para ilustrar el punto a través de un ejemplo extremo, Mises afirmó que  “(…) a aquellos que aceptan la doctrina del ascetismo y quienes toman la pobreza como su ideal de vida, no podríamos responderles cuando rechazan el liberalismo por su actitud materialista. Solo podríamos decirles que nos dejen seguir nuestro camino, así como nosotros no impediremos que ellos alcancen el cielo a su modo. Permítanles encerrarse en sus cuevas, lejos de los hombres y del mundo, en paz. La mayoría de nuestros contemporáneos no pueden entender el ideal ascético. Pero una vez se rechaza el principio de la conducta ascética en la vida, no se puede reprochar al liberalismo por pretender el bienestar exterior” (Mises, 1927). Este Mises contrasta notoriamente con el Mises que Vallejo, citando a Tucker y Rockwell, usa para justificar su posición. ¿Por qué son diferentes? En mi opinión, porque hay un Mises que habla como libertario, y otro Mises que habla como conservador. Lo que sí es evidente es que ambas posiciones no son equivalentes para él. Hay muchos caminos al cielo.

 

 

Por otro lado está Murray N. Rothbard, quien admitió que es posible ser libertario e incluso no profesar teoría moral alguna, siempre y cuando se respete la propiedad privada. Lo que una persona haga con su vida es ciertamente importante, pero es irrelevante para el libertarismo. Como teoría política, el libertarismo trata de lo que es propio e impropio en el ejercicio de un gobierno, y el gobierno se distingue de cualquier otro grupo social por ser la institución que ostenta el monopolio de la violencia. Para el libertarismo “el único rol apropiado para la violencia es en defensa de la vida y la propiedad, y que emplearla de cualquier otro modo es en sí mismo agresivo, injusto y criminal. Es una teoría que afirma que debemos ser libres para hacer lo que nos propongamos siempre que la fuerza sea usada en legítima defensa y que se respeten, por encima de todo, los derechos de propiedad” (Rothbard 1979).

 

No es del todo claro que Rothbard fuera un conservador cultural, teniendo en cuenta que era pro-choice (al punto del infanticidio, según algunos), pro-legalización y pro-prostitución, entre otros asuntos. Enmarcarlo como conservador cultural es, por lo menos, arriesgado. Así el mismo Hoppe diga lo contrario.

 

Indagando en el Journal for Libertarian Studies se encuentran escritos como el de Payne (2005), que narra las aventuras políticas de Rothbard en los 50´s y 60´s, pasando de militar en la “Old Right” (y siempre crítico de la New Right, obsesionada con la guerra fría y el intervencionismo, lo que hoy conocemos como el neoconservadurismo), a buscar puntos en común con la New Left apoyándose en el revisionismo histórico de Gabriel Kolko, para luego fundar la revista Left and Right, en cuya primera editorial dijo “que el libertarismo moderno era verdadero izquierdismo, mientras que el socialismo era un movimiento confuso de tercera vía que buscaba alcanzar objetivos liberales a través de medios conservadores”. Posteriormente, Rothbard encontraría en otro afamado historiador socialista, William Appleman Williams, crítico acérrimo del expansionismo norteamericano y militante activo de la New Left, un gran aliado. Esta nueva coalición tenía, al menos para Rothbard, el objetivo de influenciar el subgrupo más grande dentro de la New Left llamado Students for a Democratic Society (SDS). En más de una ocasión Rothbard usó la tribuna de su revista para darle ‘nudges’ (empujones) a los jóvenes militantes del SDS con el fin de que adoptaran una postura anti Big Government, aunque fuera desde el socialismo, como la defendida por Williams. No fue sino hasta 1969 que Rothbard abandonaría sus intentos de conformar un movimiento popular anti Estado y, finalmente, construiría el Movimiento Libertario como un grupo independiente de la derecha y la izquierda.

 

Se podría decir que Rothbard era un estratega del libertarismo, y que su objetivo era incrementar el número de militantes libertarios buscando alianzas en todos los rincones, siempre y cuando se tuviera una posición anti Estado como común denominador. ¿Que Rothbard no quería ser relacionado con libertarios nihilistas? Pues lo hizo por casi dos décadas, y como resultado se obtuvo un grupo mucho más nutrido de libertarios que hicieron el tránsito desde el socialismo.

 

Finalmente tenemos a Hans-Hermann Hoppe, quien en su libro Democracy: The God that Failed dice “los conservadores hoy deben ser libertarios antiestatistas e, igual de importante, los libertarios deben ser conservadores”. Esta frase se puede prestar para múltiples interpretaciones, y ciertamente ha sido usada para defender la fusión entre conservadurismo y libertarismo. En mi opinión, Hoppe expresó el hecho de que si los conservadores quieren alcanzar sus metas, y ya que el Estado es por principio opuesto al orden natural (algo que los conservadores defienden), lo más beneficioso para ellos sería adoptar la teoría política libertaria. Y viceversa. El conservatismo en este contexto es social y ético, no político en naturaleza. Hoppe no busca redefinir la naturaleza del libertarismo y, como él mismo lo indica en su charla Libertarianism and the Alt-Rigth, “(…) the libertarian doctrine does not concern much, if anything, with these two following questions: first, how to maintain a libertarian order once you have achieved it and, more importantly, how to attain a libertarian order from a non libertarian starting point”. Hoppe ofrece un camino para alcanzar los fines en un orden libertario. No habla como libertario, sino como un estratega del libertarismo “a lo Rothbard”. No intenta hacer una fusión entre el conservatismo y el libertarismo, más bien intenta un conveniente maridaje (en su caso con la Alt-Right), similar al que en su momento su profesor y amigo intentó con la New Left.

 

Autor entrada: Anónimo