El problema de la superioridad moral

(Imagen tomada de Mises Hispano http://bit.ly/2v9TA8m)

 

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“Normalmente es inútil tratar de discutir hechos y análisis con personas que tienen un sentido de superioridad moral en su ignorancia.” (Thomas Sowell)
 

¿Te ha pasado, como libertario, que chocas con las ideas de los demás? Tal vez estás argumentando desde la superioridad moral. A nadie le gusta que lo sermoneen desde la superioridad moral. Muchos libertarios se engañan al pensar que el Estado es el único enemigo de la libertad; puede ser el más arraigado en nuestra sociedad moderna y el más tajante,  vinculante y obvio, pero hay otras instituciones de control. Hay una imposición social más humana que se usa para atarte a ese Estado, a esa iglesia, a ese nacionalismo, en contra de tu naturaleza, y es la coacción del juicio moral. Es de la mayor importancia identificar y atacar este enemigo de la libertad tan antiguo como efectivo. El que juzga desde una supuesta superioridad moral o intelectual, busca cambiar el comportamiento ajeno. Incluso, no basado en las creencias propias, sino en una replicación de ese modelo de control “moral”. El controlado quiere controlar. ¿Qué pasa cuando un defensor de la libertad habla desde el prejuicio?¿Cuando se escuda en “no digo que el estado imponga, pero hay que juzgar al transexual, al drogadicto, o al neoliberal, al egoísta”? Además de generar rechazo, también se puede estar desviando de ideas de libertad, para entrar en una pirámide de superioridad moral, ya sea conservadora o progresista.

 

La superioridad moral normalmente denota miedo e hipocresía. Así se replica. Y Nina Simone lo plasmó en su música revolucionaria: “Ser libre significa no tener miedo”. El miedo es el principal enemigo de la libertad. Miedo a Dios, miedo a la ley, miedo al arma, a la multa, a la extorsión, miedo al caos, miedo al fracaso. Pero sobre todo a la sanción social y al prejuicio, a la exposición, a la exclusión. Por otro lado, la hipocresía es la palanca que permite ejercer ese control moral. Es la armadura.  Yo puedo atacar la corrupción desde el senado y pedir que suban los impuestos en el mismo documento. Yo puedo destruir una familia con mis acciones, pero defender un concepto de familia ideal con mis palabras. O vivir una vida sexual de inmadurez e irresponsabilidad, pero condenar a aquel que se apropia de su sexualidad con valentía: a quien la vive, a quien la vende, a quien la exhibe. La hipocresía permite cómodamente tratar de modelar el comportamiento ajeno, pero en secreto llenar la propia vida de acciones contradictorias. Esto, llevado exponencialmente hasta lo político, por supuesto se convierte en un mecanismo y hasta una institución de control. Puede que el que vive en esa jerarquía moral, lo haga conscientemente, así puede controlar. Si lo hace inconscientemente, es controlado, pero infecta ese control a otros. ¡Cuidado con el que tira la primera piedra!

 

Metodológica, o mejor, estratégicamente, pierdes la batalla contra la superioridad moral cuando entras en ese río a pelear contra la corriente de sus propios argumentos. Esos argumentos vuelan como cañonazos invisibles e invencibles. Hacia la derecha, hacia la izquierda, con parábola o rectos, con estilo, con artillería, con ruido, o simplemente con “un estudio dice”. Foucault lo identificó y formuló una receta: desobediencia. Salirse del río para caminar en otra dirección deseada. Ésta fue su estrategia contra argumentos retardatarios en lo concerniente a su sexualidad. Habermas lo criticó diciendo que al combatir el poder, estaba imponiendo una lógica que a su vez podría ser un instrumento de control. Y de hecho en la malinterpretación de Foucault se fundamentó la pirámide moral LGBT, que tanto atacan los conservadores (me encanta cuando los conservadores sufren por algo que no les afecta directamente). Aquí yace el meollo del asunto. Si un libertario dice que otro libertario debe comportarse como dicta Hayek, o Hoppe, o Rand, probablemente está usando un elemento de superioridad moral para tratar de imponer sus creencias. Pero claro, seguramente no ha emprendido o incluso vive con sus papás. Y eso sin mencionar a un libertario escribiendo que los demás libertarios deben vivir bajo una moral religiosa, o que debe votar sí a una consulta basada en ideas comunistas como el plebiscito. Dime de qué alardeas y te diré de qué careces.

 




No hay una moral universal. Ni siquiera dentro del liberalismo. Algunos libertarios mencionan un buen ejemplo que es la no agresión. La no agresión es un principio magnífico, pero sobre todo práctico, para acordar en cualquier sociedad de largo o corto plazo. Es un principio que abarata y facilita cualquier proyecto y convivencia. Pero no es un principio implícito, ni obvio, ni por supuesto universal. Se debe pactar. Y ese pacto debe tener dientes. En una sociedad en donde no se ha pactado la no agresión, la contención y la información son las herramientas más eficaces para lograr la convivencia pacífica. Contención significa equilibrio de poderes. Equilibrio de poderes significa, tú me puedes atacar, pero yo me puedo defender y tú lo sabes. Eso es contención e información. Es lo que nos ha protegido hasta el momento de una guerra nuclear. Recomiendo estudiar el concepto de Realpolitik, que es muy cercano al rechazo de idealismos de cara a la realidad. Y esto entra en la esfera del tema que nos atañe hoy. Si usas la superioridad moral para juzgar a alguien, lo estás atacando. Y puede que esa persona entre en tu juego de control, o puede que esa persona te ataque de vuelta. Puedes discriminar, pero solo si estás en una posición de poder. Si no, también puedes discriminar e insultar, pero probablemente el golpe se te devolverá.

 

Cuidado paleolibertario con lanzar granadas al aire. ¡Que la ideología de género (Putin/Correa/Laje)! ¡Que no quiero que mi hija sea prostituta! Puede que otros libertarios que se sienten agredidos te digan que aunque citas a Hoppe, tu problema puede ser que no has viajado a Londres o a Portland. Y no necesitas un billete de avión. Que basta con leer algo de historia: por ejemplo Amsterdam: A History of the World’s Most Liberal City del director del Adam Smith institute, Russell Shorto. O simplemente buscar en Wikipedia la historia de las grandes ciudades comerciales que han ido formando una a una las instituciones financieras modernas que tanto aplaudes, pero también que han vencido conceptos retardatarios como los tuyos. El Ámsterdam de nuestro ejemplo es una ciudad con bajos impuestos a las empresas y la primera bolsa de valores del mundo, pero también con libertades civiles que han permitido desarrollar y sacar de la sombra de las mafias a industrias como el turismo sexual o las drogas psicoactivas. La industria de cambio de sexo en Seúl produce más investigación y crecimiento económico que la cirugía plástica en Colombia, por supuesto. Pero para medir cosas que te dan pudor ya no se ve tu vocación utilitarista liberal.

 

Pero claro que sí debe haber moral. Cada uno la construye y la predica con sus acciones. Yo he construido una moral basada en mis experiencias y en mis estudios, con elementos judeocristianos, elementos taoístas, principios éticos de mi profesión, y simples normas de respeto por la propiedad privada y las decisiones ajenas que no me afectan. Creo firmemente que las corrientes liberales son superiores en eficiencia y en eficacia para la organización social. Promulgo una sociedad libertaria de respeto por otras ideologías, puesto que solo ahí pueden existir y coexistir comunidades progresistas, cristianas, comunistas, naturistas, permanentes, temporales, excluyentes, incluyentes, prósperas, minimalistas, ecologistas, de sexo, de religión, de suicidio colectivo, de música. Pero todo basado en acuerdos de voluntades y no en la coacción. Si llega a haber coacción, hay mecanismos de defensa y de resolución de conflictos. La superioridad moral es coacción. Pero yo escojo como libertario defender estas ideas sin juzgar a los demás. Porque esa es la esencia del liberalismo. Porque surgen de mi propia constatación del mundo y su historia. Estos conceptos son dignos de debate, pero no pueden ser elementos de prejuicio contra los demás. Yo puedo juzgar a alguien si voy a hacer un negocio o a casarme, pues el juicio es sano, pero si juzgo gratis, puedo llevarme un costo inesperado.

 

Mr. Backlash, i’m gonna leave you with a blues, yes I am!




Autor entrada: Hernando Carvalho

Hernando Carvalho
Hernando Carvalho es Director del Movimiento Libertario de Colombia. Empresario del AgTech. Enfoque académico en Desarrollo Económico. @CarvalhoMurcia