Sin presencia del Estado no habrá paz

(Imagen tomada de Conferencia Episcopal de Colombia http://bit.ly/2wej02h)

 

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Un miércoles, en sus acostumbradas y habituales transmisiones en vivo por Facebook, el candidato a la presidencia por el Movimiento Libertario, Juan de Zubiría, afirmó que no llevará a cabo ninguna negociación con grupos armados y que la paz jamás llegará si no se legalizan la drogas. Esta última idea, con la que estoy de acuerdo, no deja de ser miope y poco rigurosa. He visto que esta fórmula es compartida por muchos libertarios, ideología con la cual compagino bastante, no obstante, me deja sorprendido su nivel de reduccionismo frente a las dinámicas mismas del conflicto armado colombiano.

 

Pareciera que, en su afán de reducir todo a las leyes del mercado y al Estado limitado, ignoran el hecho de si, en realidad, el narcotráfico es causante del conflicto y el fin último de los grupos armados organizados (GAO). Además, desconocen las denuncias que actualmente desarrollan expertos y centros de pensamiento de la sociedad civil. En últimas, están olvidado los principios libertarios frente a las funciones básicas de todo Estado.

 

Así las cosas, el argumento principal que me propongo sustentar en esta columna es que si se legaliza el consumo y se permite la exportación de sustancias como la cocaína, solo se solucionaría el narcotráfico, como fuente de financiación de los GAO, mas no la guerra.

 

Para comenzar, el narcotráfico no es la causa, ni mucho menos el fin último, de las guerrillas. Hay que evitar caer en concepciones equivocadas, como las del gobierno Uribe, de pensar que las FARC-EP eran un cártel de la droga y que su objetivo era enriquecerse de este negocio. Estas afirmaciones que, aplicándolas en materia política solo buscan desprestigiar al enemigo y, como estrategia de política pública, tienen como resultado soluciones de tercer tipo, es decir, “ofrecer una solución a un problema que no es” (Ordóñez-Matamoros, 2013, pág. 78). Las guerrillas tienen un objetivo político, quieren llegar al poder por medio de las armas. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, expertos de la Fundación Paz y Reconciliación afirman que el ELN es una estructura política intentando hacer la guerra (Avila & Vargas, 2016).

 

Ahora bien, si se afirma que la cocaína es la causa de la guerra en Colombia, ¿por qué en los otros países productores de cocaína no hay conflicto? Según el último informe del Departamento de Estado de EEUU 2017 con datos de 2015, el país es el primer productor de cocaína en el mundo, por encima de Perú y Bolivia. Si tenemos en cuenta que estos dos países andinos tienen, y tuvieron, condiciones sociales y económicas similares a las de Colombia, ¿por qué no se desarrolló una guerra de condiciones similares a las de nuestro país? Basarse en la conclusión generalista de autores como Paul Collier de que los países con bajos ingresos y con abundantes recursos naturales (la coca no es un recurso natural) es causante de guerras civiles, no aplica en los países andinos y mucho menos en Colombia, tal vez en África.

 

Y es que el narcotráfico es un medio y es imperativo reconocer esto si se quiere terminar con el conflicto. La causa principal que los expertos, como Camilo Echandía, atribuyen al conflicto en Colombia es que en los años 70 y 80 los gobiernos impulsaron la colonización interna de territorios de la periferia con el gravísimo error de no llevar al Estado, como proveedor de seguridad y justicia, a medida que las personas se iban asentando. Estas zonas son el caldo de cultivo para que se creen paraestados, con las guerrillas como cabeza de estos. Si bien el narcotráfico fue uno de los principales medios de financiación de las FARC-EP, estas también vivían de secuestros extorsivos, extorsiones a empresas e individuos, impuestos sobre la minería e inversiones propias en empresas.

 




Si bien el negocio de la droga representaba casi 80% de los ingresos, vemos que hay otras actividades de financiamiento. Lo anterior, sumado al hecho de que la cocaína apareció en el país en los años 90, gracias a las severas medidas del gobierno autoritario de Fujimori en Perú, deja ver que, si bien se puede pensar lo contrario, las FARC nunca fueron narcotraficantes, sino que obtuvieron recursos de este mercado.

 

Mercado que fue abandonado y que hoy día buscan controlar GAO como el ELN, EPL, Bloque Meta, Disidencias de las FARC-EP y demás que surjan (Cosoy, 2017). Todos estos grupos tienen fines tanto políticos como económicos, pretenden asentarse como señores de diferentes zonas del país, proveer justicia y seguridad y utilizar el gigantesco negocio de la droga para sostenerse. Sin embargo, de ser legalizada la exportación de coca, el impacto sería grande, pero no se acabaría con los grupos. El resultado sería un impulso a las otras actividades de financiamiento como la extorsión y el secuestro, lo que generaría más violencia, muertes, control territorial y, en últimas, guerra.

 

En consecuencia, la clave está en llevar al Estado a los lugares donde este está ausente y que le cumpla al pueblo con lo pactado en el contrato social. Lo anterior es más realizable en el corto plazo a tener que esperar a que las trabas políticas y burocráticas, a nivel nacional e internacional, entiendan que es imperativo legalizar el mercado de las drogas para acabar con el narcotráfico y las consecuencias de que este mercado sea ilegal.

 

Y es que esta ausencia del Estado, que es causa del conflicto desde los 60, sigue presente y es denunciada por centros de pensamiento como la Fundación Ideas para la Paz (FIP) y la Fundación Paz y Reconciliación. La primera, ha denunciado el poder que están comenzando a obtener el ELN y diferentes GAO en territorios como Urabá, Bajo Cauca Antioqueño, Chocó, Buenaventura, Tumaco, Meta y Catatumbo. Estos grupos están actuando de tres maneras: se están expandiendo, están tomando territorios dejados por las FARC-EP y, por último, están reempoderándose en sus zonas de dominio tradicional (FIP, 2017).

 

Entonces, no es de extrañar que, en su último informe titulado ‘Cómo va la paz’, la Fundación Paz y Reconciliación advierta sobre la carencia de presencia estatal en las zonas postfarc y el aumento de los GAO y de la delincuencia común. Se esperaba que el Estado llegara con sus instituciones, sin embargo, el resultado ha sido que, de los 242 municipios con presencia de las FARC, 74 han sido ocupados por el ELN, por dar un ejemplo (Redacción paz, 2017). Ambas fundaciones, muy estimadas por sus aportes y seguimiento al conflicto interno, llegan a la conclusión de que es necesario llevar el Estado a los lugares donde este no está y evitar la aparición de paraestados.

 

Habido nombrado los anteriores argumentos, es necesario ponerse las gafas señores libertarios. La invitación que propongo es que se siga con la propuesta de legalizar las drogas, pero añadirle que la solución de la violencia en nuestro país es integral y se debe llevar el contrato social a todos los individuos que residan en nuestro territorio. Es necesario “proteger a los residentes de nuestro país de las amenazas físicas internas” y, sobre todo, proveer “una justicia sancionatoria transparente, justa y eficiente para proteger las libertades naturales de los individuos”. Estas dos frases en comillas las tomé del manifiesto libertario de su página web, así que, no olviden nunca sus principios, porque en ellos está la respuesta para el futuro de nuestro país.

 

Bibliografía

Avila, A., & Vargas, N. (31 de marzo de 2016). Qué es el ELN. El Espectador. Recuperado el 23 de junio de 2017, de http://bit.ly/1VVIQBa

Cosoy, N. (20 de julio de 2017). BBC Mundo. Recuperado el 23 de julio de 2017, de http://bbc.in/2tiZKzF

FIP. (17 de julio de 2017). ideaspaz.org. Recuperado el 2017 de julio de 23, de http://bit.ly/2tYJXah

Ordóñez-Matamoros, G. (2013). Manual de análisis y diseño de políticas públicas. (1, Ed.) Bogotá: Universidad Externado de Colombia.

Redacción paz. (18 de julio de 2017). Cada cuatro días es asesinado un líder social: Fundación Paz y Reconciliación. El Espectador. Recuperado el 23 de julio de 2017, de http://bit.ly/2u5oEUJ



Autor entrada: Daniel Trejos

Daniel Trejos
Daniel Trejos es estudiante de Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad Externado de Colombia. Ha trabajado como monitor de investigación en el Observatorio de Análisis de los Sistemas Internacionales. Amante y defensor de la libertad.