El sistema público de pensiones es un Robin Hood al revés

(Imagen tomada de El Espectador http://bit.ly/2veAkYC)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

En la primera década del siglo XXI surgió en Colombia un modelo de negocios que cautivó a una importante masa de personas. Se les prometía a sus clientes que si invertían ahí, en pocas semanas, máximo un par de meses, recibirían retornos entre un 70 a un 150 por ciento adicional a la inversión inicial. La gente encantada con la idea de ser ricos en poco tiempo, se volcó a meter su dinero y propiedades en la empresa.

 

¿Cuál era su secreto para alcanzar un retorno de inversión tan alto digno de ser merecedor de un Nobel de Economía?

 

DMG fue una de las tantas pirámides que surgieron en esas fechas en Colombia, cuyo destino compartió con todas ellas, con todas las que han surgido y con todas las que surgirán, su inevitable derrumbe. Este esquema es sencillo de entender: los primeros que entran al modelo reciben su pago prometido con el dinero de los que van detrás de ellos. Aquí no se realiza ningún proceso productivo, solo se hace una repartición que inevitablemente cae cuando las personas de la cima de la pirámide son más que los de la base.

 

Pero este esquema piramidal aún continúa en varios modelos y sistemas colombianos. El sistema pensional de prima media es la muestra más notable. Y su derrumbe viene llevándose a cabo desde un tiempo para acá. Es por eso que en la vigencia presupuestal del presente año se le asigna al sistema pensional $38 billones, que es algo más del 17% de todo el presupuesto general.

 

Que un sistema no pueda sostenerse por sí mismo, quiere decir que está enfermo y si además se le debe entregar $38 billones a un sistema que cobija a un poco menos de un millón y medio de colombianos (contando las pensiones especiales a congresistas, magistrados, el magisterio, las fuerzas militares y la fuerza pública entre otros), es que ya está agonizando. Es decir que el 17% del presupuesto se le entrega al 3% de la población colombiana, la cual es aquella que logra cumplir con todos los requisitos para conseguir una pensión.

 

Es por eso que lo que se decía hace unos meses sobre que el sistema pensional de prima media, que es un Robin Hood al revés, no es exagerado. Según un estudio del mismo Ministerio de Trabajo, una persona que cotiza por 25 salarios mínimos en prima media, llega a recibir un subsidio de $1.000 millones en su promedio de vida, mientras que alguien que cotiza con un salario mínimo recibe un subsidio de $90 millones. Es decir que el gran asalariado recibe $910 millones más en subsidio. No parece que sea un sistema muy equitativo.

 

Así que los que somos informales, olvidémoslo. A los que les obligan a pagar pensiones por contratos de prestaciones, les digo que “esa platica se perdió”. Y a los jóvenes que apenas empiezan su carrera laboral, no sueñen mucho con conseguir una pensión de un sistema muerto en vida, a no ser que realicemos los cambios correctos en el sistema pensional.

 




El problema es que como cualquier otra pirámide, su sostenibilidad tiene fecha de caducidad. Es lo mismo que cuando un niño hace una montaña de arena: esta llegará a un punto en el que no puede aumentar su tamaño, que depende de su área de base; el niño por más que derrame arena en su pico, los granos caerán a la superficie.

 

La solución sería aumentar el tamaño de la base, pero en una pirámide constituida por humanos esto no es posible o por lo menos es muy difícil; mucho menos cuando la tasa de natalidad se viene reduciendo poco a poco (actualmente es de 1.90, cuando la de nuestros padres era entre 6 y 7), y cuando la mitad de la fuerza de trabajo de un país se encuentra en la informalidad y no cotiza a pensiones, a causa de que en un país con el nivel de imposiciones tributarias que se tienen, es difícil animar a las empresas a expandirse y contratar más personal.

 

Debemos añadir a las razones de la imposibilidad de sostener este sistema piramidal, la inflación. Lo que un afiliado a pensiones cotiza actualmente al sistema de pensiones, representará mucho menos en los 20 o 30 años en que por fin consiga (si es que consigue) su pensión de vejez. Es así que el marranito comunal donde se guarda el dinero de las pensiones, atesora dinero que cada año tiene menos valor para sostener personas que buscan mantener su estilo de vida luego de pensionados.

 

El sistema pensional promete a los ahorradores que sus ahorros le asegurarán una buena vida, igual a la que tenían como trabajadores, con el dinero guardado que cada día cuesta menos. Para mantener tal promesa insostenible, el sistema entonces tiene que financiarse con dineros distintos a los ahorrados; con dineros de los impuestos que los trabajadores y las empresas pagan.

 

¿Sí ven el absurdo en esto? Se les quita a los trabajadores dinero que esperan después recibir (lo cual, pocos lo logran en su vejez) sin producir ninguna rentabilidad. Contando que se hacen gastos adicionales con este dinero en burocracia, papelería e infraestructura, y pensando también que existe una posibilidad que una parte de este dinero se vaya a la corrupción –en un país que se encuentra en el puesto 90 de 176 países en el Índice de Percepción de la Corrupción de 2016—, es como si yo a usted le quitara su dinero, me quedara con un pequeño porcentaje por “administración” y le devolviera en un rato un poco menos de lo que me entregó. No es buen negocio, ¿cierto?

 

¿La solución? Acabar con el sistema pensional de prima media o por lo menos que quienes puedan acceder a este sistema público sean solamente aquellos que cotizan por máximo 2 salarios mínimos. Todos los demás deberían cotizar al sistema privado de ahorro de pensiones.

 

¿Que existen problemas con las AFP? Claro, nadie lo niega. Aquí se debería desregularizar el mercado de fondos de ahorro. Pero esto será tema de la próxima columna.

 

Lo primero es asumir que un sistema piramidal tarde o temprano va a derrumbarse, de ahí entender el por qué es necesario acabarlo antes de que su colapso nos tome por sorpresa.



Autor entrada: Mateo Amaya

Mateo Amaya
Mateo Amaya es Politólogo e Internacionalista de la Universidad del Rosario. Libertario. Actual Gerente de la campaña presidencial de Juan Sebastián de Zubiría. Sus temas de interés son la economía, la política y la filosofía.