Fronteras invisibles: un camino hacia paso libre, Barranquilla

(Imagen tomada de La Gran Noticia http://bit.ly/2tJHgZl)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

En mi estadía en Barranquilla, mi ciudad natal, debo  confesar que la procastinaciòn ha sido mi fiel compañera a lo largo de las vacaciones. Como muchos universitarios, el verano es mi momento de descanso, en especial pasándolo en una ciudad costera, a menos de 15 minutos del sol, playa, brisa y mar. Mi tiempo libre me permite también realizar actividades que normalmente mi horario estudiantil no me permite hacer con la frecuencia que quisiera. Es por eso que aproveché las vacaciones y el domingo 16 de Julio, acompañé a la Fundación Ernesto Mccausland a una de sus actividades sociales, realizada en la frontera entre el barrio la Chinita y el barrio la Luz.

 

La Fundación Ernesto Mccausland nace luego de la muerte del reconocido periodista, cineasta y escritor que lleva el mismo nombre de la fundación. Ernesto quedará en el legado del sentir del caribe colombiano y su obra continúa a través de su esposa Ana Milena Londoño y sus hijas Natalia Mccausland y Marcela Mccausland. Su familia ha buscado aportar en la formación de los niños, niñas y jóvenes caribeños utilizando los relatos periodísticos de Ernesto y la creatividad que dejó como herencia en sus hijas, Natalia (que ha sido mi mejor amiga desde los 13 años) es la directora de la fundación y la persona que me invitó a participar en la actividad.

 

“Paso libre” como ha sido denominada la campaña de la Alcaldía Distrital de Barranquilla en conjunto con la fundación ya mencionado y otras como la Fundación Mataratón  y la Fundación Unión Color, han venido realizando diversas actividades para promover el paso libre entre las dos comunidades, teniendo en cuenta que en el pasado los barrios aledaños se encontraban divididos entre una frontera invisible impuesta por las pandillas que asesinaban a los transeúntes que se atrevían a cruzar dicha frontera, abriendo fuego a los que lo hicieran.

 

El asunto de las fronteras invisibles es una problemática que afecta a todo el territorio nacional y que se ha recrudecido en los grandes cascos urbanos tales como Bogotá con 145 pandillas, Medellín con 90, Cali con 105 y Barranquilla con 109, según cifras de la Policía Nacional de 2016. Los jóvenes de las zonas más afectadas por la inequidad socioeconómica  del país,  empiezan su incursión desde muy temprano en la vida entre los 11 a los 13 años de edad. Siendo Barranquilla la segunda ciudad con más pandillas después de la capital, no es sorprendente que existan 6 zonas críticas en la ciudad en donde el “paso libre” sea una expresión inimaginable para la población de los barrios marginados.

 

La  Chinita y la Luz fueron hasta hace muy poco la zona con mayor violencia en  la ciudad debido a los enfrentamientos constantes entre los Papalópez  y los Calabazos, nombre que reciben las pandillas de estas comunidades respectivamente; digo hasta hace muy poco porque la Policía, la Alcaldía y las diferentes fundaciones han trabajado en la ardua tarea de entablar un dialogo entre las dos comunidades, buscando así la reconciliación o, por lo menos, la convivencia pacífica de dos barrios que comparten la misma identidad caribe y hasta el amor por el “Junior tu papá”.

 

Los logros han sido satisfactorios, teniendo en cuenta que en los últimos dos años los índices de violencia se han reducido casi a la mitad, el paso libre en la llamada frontera invisible entre la Chinita y la Luz es una realidad y la utilización del centro de salud ubicado en la Luz ahora puede ser utilizado por los moradores de la Chinita.

 

Nuestra actividad del domingo iba encaminada a reforzar la confianza de la población de las dos comunidades en el ahora real y tangible paso libre. Nos enfocamos en actividades para los niños y niñas de los dos barrios, tales como la siembra de sueños (consistente en la siembra de semillas en una maceta, insertando un papel en donde los niños registraban sus sueños), confección de bisutería, pintucaritas, rifas, concurso de talentos y juegos como la silla musical, fútbol, baile, entre otros.

 




De este día me llevo grandes recuerdos, en especial la felicidad que irradiaban los niños, los cuales se maravillan con cosas tan simples, que te hacen recordar los pequeños detalles de la vida. Debo confesar que no tengo contacto con muchos niños en mi vida, pero lo poco que he visto han sido niños insaciables que nunca están conformes con lo que tienen y siempre anhelan tener más juegos y más tecnología, lo que les dificulta poder compartir entre ellos mismo.

 

Los niños y niñas de la Chinita y la Luz actúan como una gran familia, lo que no quiere decir que no hubieran riñas durante el día. Pequeños incidentes ocurrieron en el transcurso de las actividades, lo cual resulta normal cuando se manejan más de 100 niños y los voluntarios no pasábamos de 20.

 

Si bien es cierto que las peleas nunca pasaron a mayores y eran disueltas en cuestión de minutos, observar la interacción de la comunidad infantil de los barrios, me hizo darme cuenta de una verdad muy importante, el círculo de la violencia empieza desde muy temprano, y es que los niños y niñas están acostumbrados a demostrar su inconformidad o su malestar hacia los otros a través de la violencia; cada vez que ocurría un pequeño pleito entre ellos, los golpes y manotazos no se hacían esperar. Esto me llevó a pensar que los pequeños actúan de esta forma, porque es un comportamiento aprendido de los padres, de los vecinos, de sus hermanos, primos y demás allegados.

 

Es entonces evidente para mí, en donde se encuentra el quid de la cuestión y es que no será suficiente eliminar las pandillas a través del monopolio de la fuerza ejercido por lo Estado o, incluso, a través de la disolución pacifica de las pandillas actuales, si en 10 años vamos a tener una nueva población juvenil que creció creyendo que los problemas se resuelven a través de la violencia y que mi espacio personal, mis pertenencia y hasta mi familia debe ser protegida a toda costa y sin importar los medios.

 

La niñez resulta siendo la etapa de desarrollo indispensable y crucial para lograr romper el círculo vicioso de la violencia, debemos seguir promoviendo actividades que logren tener un impacto en la forma en como los niños y niñas interactúan, en especial en los barrios donde la delincuencia y el maltrato se encuentra en cada esquina y es el pan de cada día.

 

La forma de acabar con el problema de raíz, es lograr conseguir una formación integral de nuestros infantes y de nuestra juventud, al fin y al cabo son ellos el futuro del país y los que lograrán conseguir un cambio trascendental en nuestra consciencia colectiva.

 

En lo que a mí respecta, no veo la hora de volver a presenciar este tipo de actividades que tanta satisfacción y alegría me trajeron.

 

Gracias totales a la fundación Ernesto Mccausland, en especial a su directora y gran amiga Natalia Mccausland por permitirme vivir esta increíble experiencia. Si quieren conocer más sobre la fundación y su trabajo los invito a entrar  a su página  de Facebook: Fundación Ernesto McCausland o su canal en Youtube: Fundación Ernesto McCausland.



Autor entrada: Daniela González

Daniela González
Daniela González es estudiante de Derecho y Gobierno y Asuntos Públicos en la Universidad de los Andes. Participa en Modelos de Naciones Unidas. Le apasiona los derechos de las mujeres, animales y las minorías.