Los resentidos de la tierra

(Imagen tomada de Radio Zero http://bit.ly/2vFOPS7)

 

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Una de la peores consecuencias que trajo la aplicación del marxismo a las ciencias sociales, fue fomentar el victimismo en los latinoamericanos y el complejo de culpa en los países industrializados. La mayoría de estudiantes que toman algún curso de humanidades en alguna universidad iberoamericana, tienen que padecer las lecturas de algún “Condenado de la tierra”, ser guiado por un profesor que está dispuesto a echar sal sobre “Las venas abiertas de América Latina”, o analizar algún texto de Michel Foucault, aquel francés tan necesitado de “Vigilancia y castigo”.

 

A primera vista y con ánimo de defender la pluralidad de ideas, se podría decir que no hay nada de malo en enseñar un análisis crítico de nuestro pasado a partir de la dinámica de la lucha de clases, pero se hace muy poco para dar un contrapeso intelectual mostrando otros puntos de vista para entender nuestra historia. La consecuencia que en el mundo académico se hable, más de posestructuralismo que de las miserias del historicismo, es la cultura del  victimismo y resentimiento que agenda nuestro panorama cultural.

 

Solo hay que ver alguna producción cinematográfica local catalogada como “seria”, en la que detrás de todo esa pornomiseria que tanto aplauden en el primer mundo, está el argumento del resentido para la manipulación del pasado: esa necesidad de trasladar nuestras culpas a otros y así evadir las responsabilidades.

 

No estoy seguro si era Karl Popper el que decía que los pueblos que se consideran víctimas de la historia son incapaces de salir adelante y que, por el contrario, las sociedades que pese a su trágico pasado tenían la suficiente dignidad como para no hacerlo, eran las que prosperaban. Ejemplo de este tema hay muchos: empezando por Popper, judío y austríaco, que tiene que dejar su país por el ascenso de los nazis, pero que en su amplia obra académica donde critica los sistemas totalitarios, no hay ningún ápice de victimismo por su origen semita. Igualmente, se podría decir de las comunidades asiáticas en EEUU, especialmente chinas y japonesas, que durante años padecieron abusos de los gobiernos locales y leyes discriminatorias que solo fueron suprimidas hasta los años 60s, pero no cayeron en el juego del victimismo como excusa para frenar su desarrollo.




En el otro lado del espectro, estamos los latinoamericanos, que necesitamos explicar la historia a partir del complejo de victima, esto porque es mejor trasladar la responsabilidad de nuestras desventuras a otros: la colonización española, EEUU, las multinacionales, el FMI, etc. Llegamos al absurdo de afirmar que, aunque hace doscientos años somos repúblicas independientes, la culpa de nuestro subdesarrollo es del imperio español.

 

Se buscó en las últimas décadas, por aquellos intelectuales de izquierda revolucionaria, fomentar el resentimiento como una forma de forjar la ética del oprimido, y esto fue un grave error, porque al hacerlo negamos las responsabilidades individuales de nuestros fracasos. No estamos entendiendo las conductas que comprometen nuestro presente. Conductas dañinas, muy de nosotros, como aplaudir el mínimo esfuerzo y al avivato, o  esa enorme tolerancia a la mediocridad que padecemos. Al sentirnos víctimas, perdemos valiosas energías en la queja resentida y no hacemos esfuerzos en la búsqueda de una recompensa por nuestros talentos.

 

Volviendo a mi punto de partida, la cultura del victimismo y el resentimiento no se origina ciento por ciento en nuestras tierras. Si hay muchas personas con ese discurso, es porque hay un primer mundo que lo celebra. Lo habla muy bien Pascal Bruckner en su libro “La tentación de la  inocencia”: “la sociedad occidental produce personas que son incapaces de llevar el peso de la responsabilidad y compromiso que implica la libertad, sufren, por ende, de infantilismo y victimismo, estos bienpensantes -¿mejor llamarlos “biendolientes?- suelen apoyar las historias miserables de otros países como mecanismo para expiar sus culpas.

 

¿Cómo romper este ciclo vicioso de victimismo y resentimiento ? ¿Cómo no caer en esta tentación ? Ahí está el debate por darse en el campo cultural en América Latina. Tenemos un buen ejemplo con Thomas Sowell, economista y agudo escritor afroamericano, que lleva varios años demoliendo el complejo de víctimas raciales en EEUU. Él nos alerta que si el victimismo sirviera para temas raciales habríamos alcanzado el paraíso hace mucho tiempo. Sería mejor enseñar más Sowell y menos Fanon.




Autor entrada: Andrés Ossa

Andrés Ossa
Andrés Ossa ha tenido un vínculo muy cercano con la industria de los libros desde su niñez, es el actual gerente de negocios digitales de Grupo Planeta para el área Andina y fue director de marketing por más de 8 años de Grupo Planeta Colombia. Ha cursado estudios de sociología, comunicación, marketing, gamification y gerencia. Se ha destacado por desarrollar proyectos en transmedia, e innovar, al buscar valores agregados en todos los elementos de participación en la producción de historias.