Parafiscales y contribuciones: Lo que no nos cuesta, hagámoslo ley

(Imagen tomada de Q Costa Rica http://bit.ly/2vIIPqS)

 

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Un amigo emprendedor en turismo recientemente estalló en júbilo cuando le llegó una carta con uno de esos recordatorios del día a día, sobre cómo no debe dejar de sostener a las empresas del Estado, o de lo contrario estará en serios problemas. En esta ocasión se sintió un criminal por cuenta de una demora en el pago de la contribución para sostener a la Superintendencia de Sociedades: la misma que amablemente lo regula. Ya durante la misma semana había lidiado con la tasa de renovación de la matrícula mercantil ante la Cámara de Comercio de Bogotá. ¿O fue al revés? Bueno, resulta natural confundirse y debido a esto contrató a una persona exclusivamente para que le organizara todos los pagos que debe hacerle al Estado, para que éste intervenga en su actividad y prevenga que se convierta en un malvado egoísta que solo piensa en su interés personal. Que si gana un peso se asegure de que ese peso se vea reflejado en bienestar para cada uno de sus empleados y, por qué no, de todas las personas del país, que por incontables razones, no han podido emprender. El emprendimiento se trata como un privilegio, y no como un esfuerzo. El privilegiado debe entender… claaaro.

 

Es apenas obvio que la plata de las arcas del Estado no alcanza para tanto. ¿Cómo se va a gastar entonces en los emprendedores y empresarios -que parecen ser los culpables de la pobreza del país? Mejor que ellos se echen al hombro a la Cámara de Comercio de su ciudad y que ella se ocupe del emprendimiento. Aunque pensándolo bien y analizando su funcionamiento, parece que –la Cámara de Comerio- gasta más dinero, con el dinero de las contribuciones y tasas, en eventos del gobierno como la Cumbre de Premios Nobel de Paz 2017, o charlas de los incontables asesores internacionales del presidente como Adam Kahane o Jorge Pesqueira. ¿Así paga Santos sus asesorías? ¿Y los empresarios nacionales cómo pagan las de ellos? Bueno, a mí me gusta especialmente cómo un seminario en una Cámara de Comercio para aprender a pagar los parafiscales cuesta $790.000. ¡Eso sí es apoyo al emprendimiento!

 

En la constitución del 91, fruto de un proceso de negociación con la guerrilla comunista del M19 se definieron, entre muchas otras políticas, los parafiscales. Claro, se subieron los impuestos, pero daba pena subirlos más, así que se crearon otras fuentes para poder pagar todos los nuevos derechos que surgen cada año a borbotones. Originalmente eran para cobrarle a un gremio o sector y se destinaban al mismo, pero mantenían cargos de perfil político, como fue el caso del mismo Santos en la federación de cafeteros. Sin embargo, fuera de los impuestos, el concepto se ha ampliado y llegó a financiar puntas de lanza de la política social como el SENA y el ICBF. De hecho, los parafiscales se salen convenientemente de las estadísticas de lo que cobra el Estado a sus ciudadanos, tampoco se tienen en cuenta en el presupuesto general de la nación. Ni siquiera se encuentra la cifra de lo que suman en los ingresos del Estado. No son impuestos porque los impuestos ya se gastaron, ya se copó la regla fiscal, no son tasa porque el Estado no da nada a cambio, pero igual son obligatorios: su pago genera las mismas obligaciones que un impuesto, las mismas multas, los mismos intereses (en realidad son un impuesto pero shhhh).

 




Lumbreras del estatismo, recientes de nuestra historia patria, como Juan Camilo Restrepo, famoso por administrar la plata del Estado (desde Banco Andino y Pacífico, hasta el nuevo negocio político llamado paz), han ayudado como es natural, a legitimar, justificar y definir los parafiscales. En sus tratados se basó en el concepto de parafiscalidad de la Sentencia C-040 de 1993 del 11 de febrero del mismo año de la Corte Constitucional. Lo que no nos cuesta hagámoslo ley. Es al menos ingenioso crear un recaudo con las siguientes características:

 

  1. Son de carácter Excepcional. Claro, no son un impuesto normal.
  2. Son obligatorias.
  3. Son específicas y singulares; se diferencian de acuerdo con la actividad económica.
  4. No confieren al ciudadano el derecho a exigir del estado la prestación de un servicio o la transferencia de un bien determinado.
  5. Los recursos NO ingresan al ARCA COMÚN del Estado.
  6. Su administración puede realizarse a través de entes privados o públicos.

 

Qué pilera ¿no? Además el estilo jurídico es hermoso. Da para legitimar, pues demuestra un grado de conocimiento, de profundidad académica… ¿quién podría negarse?

 

Es obvio… ¿cómo podrían sobrevivir los paneleros, cafeteros, palmeros, industriales sin una entidad estatal que los promueva? ¿Qué les enseñe desde un Ministerio cómo se hacen negocios? ¿Acaso, cómo darían empleo? ¿Cómo producirían la comida? Pero eso sí, hay que sostener esas entidades y cooperativas con la misma plata del gremio, porque claro, ellos sí deben sostenerse solos, el gobierno no les va a pagar esa promoción que toca hacerles (no olvidar la lucha contra el egoísmo). ¿Sus ganancias para ellos solos? Olvídese. Y obvio, hay que hacer auditorías adicionales a las que hace la DIAN y las calificadoras de riesgo y calidad privadas que certifican su funcionamiento. Nunca sobra.

 

Volviendo a mi amigo, me encanta un párrafo maravilloso que encontró en la página de Fontur, en el que explica y justifica muy bien su existencia.

 

El Fondo Nacional de Turismo, es un Patrimonio Autónomo del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, creada para el manejo de los recursos provenientes de la contribución parafiscal, la cual se debe destinar a la promoción y competitividad del turismo, el manejo de estos recursos, debe ceñirse a los lineamientos de la política turística definidos por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Los recursos provenientes del impuesto con destino al turismo se destinarán a su promoción y competitividad y su ejecución se hará a través de Procolombia para la promoción internacional, y con la entidad Administradora del Fondo Nacional de Turismo para la promoción interna y la competitividad”.

 

¡Pues claro! La lógica es que se debe regular la actividad del turismo y es apenas obvio que necesita una entidad que los promueva pero a la vez que los alinee, por si se vuelven muy ambiciosos (después de Uber vienen por Airbnb). Pero eso sí, el gobierno no les va a prestar ese servicio gratis. Deben pagar sus parafiscales. Obvio, obvio, obvio. Y claro, claro, clarísimo. Es que todo está justificado ¿por qué íbamos a cuestionar los parafiscales, las tasas y las contribuciones?



Autor entrada: Hernando Carvalho

Hernando Carvalho
Hernando Carvalho es miembro del Comité Central del Movimiento Libertario de Colombia. Empresario del AgTech. Enfoque académico en Desarrollo Económico. @CarvalhoMurcia