Porte de armas, ¿libre o restringido?

(Imagen tomada de quo http://bit.ly/2teVIaH)

 

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Partiendo de los derechos naturales, todo hombre tiene derecho a su vida y a su propiedad. ¿Cada hombre, por consiguiente, no tendría el derecho a usar la violencia para repeler la violencia contra su vida y su propiedad?

 

Lo primero por hacer en este artículo es desmitificar el contrato social. El Estado no surgió en la reunión de un grupo de personas que decidieron entregar el monopolio de las armas y las leyes. El Estado, como bien lo demuestra el gran sociólogo Franz Oppenheimer, surgió en medio de la invasión y el saqueo. Vamos a describirlo mejor.

 

Pongámonos en la situación primera que plantean todos los intelectuales: llega la familia U, V, W, X, Y y Z, cada una con armas para su defensa, ninguna se conoce, por ende, no saben si las demás los van a agredir, robar, etc. Por supuesto, lo esperable es que no haya violencia. Sin embargo, por más buenos deseos que se tengan, la hay. Los intelectuales plantearían que todas las armas se le den a la familia U y, de este modo, sin ninguna otra justificación, se acabaría la violencia. Los que nos ponemos en esta situación plantearíamos: ¿bajo qué premisa le damos a la familia U el monopolio de la violencia?, ¿desde qué momento sabemos que la violencia no va a ser arbitraria y en nuestra contra? En este estado primero, midiendo las consecuencias, solo alguien muy inocente entregaría la única forma de defensa contra su vida y su propiedad. No obstante, todo empeora cuando decimos que a la familia U también se le entregaría el monopolio de las leyes. ¿No es esto, en vez de un acuerdo, dominación de la familia U sobre las demás?

 





Ahora, como bien lo plantea Oppenheimer, el Estado surge en medio de la invasión y del saqueo.

 

Podemos plantearlo del siguiente modo: existen dos medios para obtener riqueza, los económicos (creándola) y los políticos (saqueándola). Basándonos en esto, tenemos dos grupos X y Y. El grupo X produce riqueza a diferencia del grupo Y, por lo que el grupo Y ve más fácil usar la violencia (medios políticos), invadiendo y saqueando al grupo X, que producir (medios económicos). Este proceso va aumentando su escala hasta que el grupo Y se autoproclama dueño de un territorio y obliga a los habitantes del mismo a pagar impuestos (¿por qué más se llamarían impuestos?), prometiendo, a lo mucho, que ya nadie más los va a saquear. Así, históricamente, surgen los Estados. Lo demás es justificación de lo injustificable.

 

Además del Estado, también está la delincuencia no legitimada. Las leyes antiarmas desarman a todos, menos a los que se busca desarmar. A diario y en diferentes países, los ciudadanos sufren robos y agresiones por parte de delincuentes que -por lo mismo, son delincuentes- no siguen las leyes y usan la violencia para obtener lo que han producido los demás. ¿Y quién los protege de ellos? Nadie. La policía es ineficiente al igual que la ley, y los directamente afectados no se pueden defender. ¿Esto no volvería al Estado, sin importar el país, socio de la delincuencia?

 

No hay justificación alguna para perder la vida o la propiedad por culpa de la ineficiencia estatal al prestar los servicios de seguridad y justicia. La propuesta es sencilla: permitir, como mínimo, el uso de armas no letales para defensa personal. El ladrón siempre buscará víctimas indefensas, entonces, al permitir el derecho a la defensa, la delincuencia se reducirá.



Autor entrada: Martín Sánchez

Martín Sánchez
Old Whig. @MartinSanchezD