¡Que el periodismo valga la pena en Colombia!

(Imagen tomada Comunicación Visual http://bit.ly/2uIq4o3)

 

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‘Yo que voy a saber, huevón’, contesta Rigo Urán cuando Fernando Calle le pregunta qué fue lo que pasó en la caída de Mark Cavendish que afectó a varios corredores en el Tour de Francia, y con eso resumo lo que les quiero decir el día de hoy, estimados lectores: estamos viendo en primera fila -y permitiendo- el espectáculo del periodismo actual. Un periodismo que deja mucho que desear.

 

Y no es con ánimo de generalizar, claro, y de paso doy gracias a los contados medios y particulares que aún representan el buen periodismo: informado y responsable. No es fácil seguirle el paso a tanta locura, ¡claro! Noticias que ni creíamos que íbamos a llegar a leer, la diplomacia por el piso, las sorpresas que nos trae tanto lo nacional como lo internacional… ¿no les incomoda un poquito aún que Trump sea Presidente de los Estados Unidos? No es un trabajo fácil, un buen periodista es tan integral como pocas personas se imaginan en un oficio que tiene tanto peso en la sociedad, pero vea, hay que hacer bien el trabajo, o -por el bien de todos y que gracias- no hacerlo en absoluto. El semestre pasado fui monitora de dos profesores del Centro de Estudios en Periodismo de mi universidad, y tuve la oportunidad de abrirme a estudiar y comprender el mundo de los medios, de la comunicación, de las masas. Cada transición, cada cambio en la cultura, en la forma de ver, de leer, de entender. El simple hecho, por ejemplo, de ver cuántos tenemos Facebook en el celular y cuántos leemos el periódico -leerlo en serio, no vale llenar el sudoku-, habla de cómo se comunica hoy y cómo se llega al público. ¿Pero qué es lo que se le está entregando al público? y sobretodo, para que lo tome más personal, ¿qué tipo de público quiere ser? porque sí, hay que saber exigir calidad en qué es lo que leemos. No hay nada de malo en esperar buen contenido, porque es hasta irrespetuoso que a uno le hagan gastar tiempo leyendo algo que no vale la pena.

 

En realidad todo empieza desde uno mismo. Dejar de conformarse con compartir en redes tal noticia para luego borrar el post, esperando que no muchos hayan visto que la embarró, o peor, que alguien lo haga tragarse sus palabras. Las noticias falsas hacen más daño de lo que se alcanza a imaginar, primero porque hay gente que nunca se entera que son falsas, por lo que jugar con la información es ir lanzando bolas de nieve a ver cuál rueda con mayor densidad, o porque así se desmienta, lo que refleja o significa esa información va calando en las posiciones y opiniones de la población. O incluso peor, peligroso es cuando una noticia queda en el limbo y ya uno no sabe si sí o si no, si en contra o a favor, cómo fue, qué pasó, en qué terminó. Abre espacio para que uno la complete, que uno asuma. Y vea, estamos repletos de estas noticias falsas, y no de las que dan risa, no de Actualidad Panamericana, ¡ojalá! Son de las que tensionan, estresan, crean conflicto, rupturas, las que son peligrosas. ¿Recuerdan cuando nos dio curiosidad de qué fue la franca conversación entre el Senador Uribe, su fiel compañero Pastrana y el presidente Trump?, ¿y luego resultó que solo se saludaron?, ¿y luego resultó que parece que luego se reunieron?, ¿y luego salió otra noticia del momento y no se supo al fin qué? No solo las noticias falsas, sino las incompletas, son el pan de cada día y el reflejo de un periodismo afanado, mediático, en busca de vender por encima de informar.

 





Ahora, uno consume entre lo que le ofrecen. Los periodistas tienen la responsabilidad de qué cuentan, y cómo lo cuentan, por eso es que el cuarto poder se sostiene sobre la información que deciden informar -o no-, ocultar, exagerar, o incluso las especulaciones que, aunque no hagan ninguna contribución al desarrollo de un tema -y bien lo saben-, ayudan a moldear opiniones y generar comentarios y discusiones fuera del contexto, demostrando no únicamente una segunda intención de quien escribe, sino de quien publica. Como lector tómese el tiempo de dudar, pregúntese si lo que lee tiene sentido, si dice algo de profundidad o solo son palabras vacías, mire fechas, mire si hay fuentes, cifras, de dónde salieron, quién dijo qué, y si esa persona tiene la moral o el fundamento para hacer aseveraciones que valga la pena creer. Desconfíe, no se conforme con menos que una investigación decente, pida que le informen realmente lo que es, debata, hágase preguntas y no trague entero. Y como comunicador, asuma esa responsabilidad que ha decidido tomar con entereza y altura. No cualquiera se le mide a hacer un trabajo así y hacerlo bien, y así como cualquier trabajo en el mundo puede hacerse de la forma que no es, escribir lo que le parezca y que a su espalda tenga un nombre reconocido que le dé credibilidad es un poder que hay que aprovechar bien, sobretodo hoy en día, porque tal parece que la tendencia es aprovecharlo mal. Sea ese periodista, ese al que uno le cree, el que uno busca.

 

Y el último mal del que le voy a hablar es el siguiente, que usted, por seguir a los periódicos más importantes del mundo, no se puede librar de que sus redes también estén invadidas de la cobertura del matrimonio de Messi y que Shakira repitió vestido, de qué se le vio a cuál modelo y en qué playa, el tatuaje de Kylie Jenner, quién es la nueva novia de Justin Bieber o Maluma, o en los mejores días, qué frase merecedora de que Twitter explote salió a decir alguien del Centro Democrático. ¿Me entienden? Ese spam hasta fastidioso que llena las redes y que le sale justo al lado de la propaganda de Trivago. Se consume como pan caliente, es ese chisme que hace que muchas celebridades estén en boca de todos, es lo que primero y lo que más fácil se encuentra. ¿Dónde está la cobertura de tantos temas definitivamente más importantes que el vestido de nosequiencita? El problema no es solo hacer el trabajo mal, sino que al tiempo que un periodista no informa lo que debe o lo que vale los minutos de lectura de sus seguidores, otro está ganándose ese tiempo con artículos insignificantes. No me malentiendan, yo también hago quices de qué personaje de Sense8 soy según mi fruta favorita y también me muero de la risa viendo memes y toda la cosa, pero una cosa es el ocio y otra cosa es que el periodismo ‘serio’ no sea mejor que el relleno. Basta con ver la entrevista que le hizo Claudia Palacios a Claudia López, respecto a su precandidatura. Más allá de si López es o no buena candidata, si a usted le gustan o no sus objetivos y propuestas, su tono de voz, su forma de hablar, su orientación sexual, etc., que no es tema de discusión en esta oportunidad, la entrevista fue -por no decir más- bastante pobre. Preguntas sin un hilo conductor que merezca atención, preguntas que no van al caso con el tema de la entrevista, preguntas sin fondo, e insistir en las mismas, son las que lo llevan a uno hasta ese ‘apague y vámonos’. Miguel Ángel Bastenier dijo: el periodista no hace preguntas, el periodista estimula las respuestas.

 

Acuérdese de mí cuando lea su próximo artículo. Volverse crítico es un ejercicio que vale la pena cada día, sea exigente con la información que le llega, lo puede hacer aprender y crecer -como a mí-, y créame, lo puede salvar de hacer algún ridículo por confiar de más en unos medios que, evalúe usted, si se lo merecen o no. Y respetado periodista -o futuro periodista-, porque quiero ver a mi país salir adelante y florecer, le pido que sea uno íntegro, informado, que investiga y no hace juicios sin fundamento. Claro que todos tenemos nuestra ideología, nuestros sesgos… pero para la ley, la política, la ciencia, y lo que se le venga a la mente, hay alguien experto en hacer su trabajo, y le aseguro que una forma de ser cada vez mejor investigador es preguntándole y aprendiéndole al que sabe. No hablar por hablar puede ser el primer paso para dejar un periodismo con piernas flojas atrás y empezar a calar en la sociedad de una manera que lo haga merecedor de cargar en sus hombros una responsabilidad de ese tamaño. Ayudar al progreso del país y la educación de tanta gente también se logra a través de las letras, es principalmente cuestión de visualizar el alcance de lo que usted escribe, informa, comunica, retrata, etc., y hacer de aquello lo mejor que le sea posible. Y una y otra vez, siempre lo mejor.




Autor entrada: Paula Espinosa Silva

Paula Espinosa Silva
Paula Espinosa Silva se ha interesado desde temprana edad en la escritura, involucrándose en diferentes proyectos relacionados con publicaciones literarias y periodismo. Le apasiona la política comparada, las relaciones internacionales, el diseño, las danzas, la historia y la moda, espera poder llegar a ejercer, al tiempo, la diplomacia y la creatividad en el ámbito profesional.