La politiquería de los nuevos actores: Colombia

(Imagen tomada de Nuestro País http://bit.ly/2tJIap6)

 

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La politiquería, la cual es aún más perceptible a través de ese cúmulo de acciones ilegales o sin ética que se realizan con tal de asegurar posiciones de poder, tiende a exacerbarse en épocas electorales. Dos nuevos actores se han configurado y podrán participar con herramientas, de cara a las elecciones de Colombia en el 2018. Valga dejar en claro que tanto los exintegrantes de las FARC -EP que ahora se convertirán en partido político, como quienes resulten designados líderes de las 16 circunscripciones territoriales que nombró el Ministerio del Interior, no son los mismos, por más que cierto sector los quiera estigmatizar metiéndolos dentro de la misma bolsa. Sin embargo, si bien no lo son, ambos encuentran su fortín electoral en los mismos lugares, sobresalientes por el marcado abandono estatal y, además, están cayendo en la ejecución de las mismas prácticas de quienes al menos en su discurso dicen anteponerse. Su temor: saber que si no ejercen la política como los otros lo han hecho, tal vez no lleguen o no puedan consolidarse.

 

Los integrantes del secretariado de las FARC-EP aún lucen con mucha soberbia en su discurso, actitud no aplaudible pero sí comprensible, al menos, en los Diálogos de Paz en La Habana, ya que allí estaban en una negociación y no en una rendición. No obstante, hoy en día, en plena implementación, donde ellos mismos en Oslo aseguraron que se está en una fase complicada, no tienen reparos en querer poner en la Unidad Especializada en Investigación a grupos postautodefensas, fuera de la órbita de la Fiscalía (nada más parecido a las Convivir); en enfrascarse en un rifi rafe con el fiscal -su nuevo Coco- sobre sus activos que van desde las reses en frigoríficos de los Henao en el Valle hasta el dinero que recibían producto de las vacunas; en decir que ellos no van a ser unos sapos revelando rutas del narcotráfico; y en ser muy fríos sobre las 900 caletas con armas que son un peligro, estando bajo el poder del que sea, ya sea bajo dominio de Alias Inglaterra o de Gentil Duarte.

 

Señores de las FARC-EP, un partido político no solo es exitoso en la medida de los escaños que se obtengan en las citas con las urnas, pero de que es importante, es importante. Llamar al sectarismo, mal tan bien conocido en los partidos de izquierda colombiana, como la polarización, estrategia de todas las vertientes, pronostica un escenario en el que luego de dos periodos electorales ,con puestos garantizados en el Congreso y con buen flujo de caja para hacer llegar su mensaje, no haya representantes en el Congreso, gobernaciones ni alcaldías. Hoy suscribo con un mensaje de Clara Rojas a propósito de los diez años del asesinato por parte de las FARC-EP a los 11 diputados del Valle: “Cuantas veces ellos como sus próximas generaciones puedan pedir perdón por los crímenes cometidos, no deben perder esa oportunidad”.

 





Entre tanto, las circunscripciones territoriales que están a punto de no tener marcha atrás, gracias a que son actual tema de discusión y aprobación mediante fast track en el congreso, también ya están cayendo en vicios politiqueros. La intención de garantizarle participación a sectores poblacionales de la otra Colombia, no las blinda ni siquiera la directriz que estipula que para esos puestos que ya están fijos, pero que exigen concurso, no pueden participar los partidos políticos estructurados. Y es que gran parte de que el experimento salga bien, recae sobre la responsabilidad e idoneidad de quienes componen las Juntas de Acción Comunal, que de antemano ya saben que estarán tentados por personajes verdes, amarillos, azules, rojos, arcoíris, que saben que tener sus cuotas en la naciente figura también es negocio por donde se le mire.

 

Hay diferentes obstáculos que posibilitan más las prácticas politiqueras que una política transparente. En el Catatumbo o en el Caquetá, apenas el Estado está ingresando con sus instituciones, de tal forma, que los efectos de otras autoridades, justicias o instancias de resolución de conflictos y solicitud de derechos, aún pueden competir con la que ahora se les indica como el camino; el abstencionismo o apatía hacía la política y los mecanismos de participación es muy marcado y no como resultado del conflicto únicamente, usualmente ejemplificado en los ciudadanos que no podían desplazarse hasta las mesas de votación de un proceso electoral; y finalmente las JAC ya se han visto salpicadas por prácticas de corrupción y clientelismo.

 

Para entender mejor a lo que nos podemos enfrentar, se me viene a la mente lo que viene ocurriendo en San Calixto y Hacarí, municipios del Catatumbo en donde sus organizaciones sociales más representativas, la Asociación de Campesinos (Ascamcat) y el Movimiento por la Constituyente Popular (MCP), ahora han sido determinantes en el proceso de revocatoria de los alcaldes que hace menos de dos años ayudaron a elegir. Ascamcat no sólo exigió un acuerdo programático, sino que solicitaba en su momento al candidato electo, que se les concediera tres puestos de poder en el municipio. También ha existido malestar porque no han recibido contratos a los que se han presentado.

 

Adenda: Lo admito, hay una barbaridad hecha frase de la que aún no me repongo, en parte porque no la han dejado de reproducir desde el 2016 y lo que va corrido de este: ¡Nos vamos a convertir en la Venezuela del régimen! A quienes la promulgaron no les bastó replicarla para que fuera decisiva en un plebiscito por la PAZ en que la gente que votó fue ínfima, en la que ganó el NO, y cuyo resultado con posterior renegociación ahora nos tiene en un proceso de implementación que va más rápido en terreno que en capitolio. Yo ya me he venido preparando ante la amenaza bolivariana que se puede consumar en 2018, y por eso estoy buscando casa lo más lejos posible de Cedrizuela.




Autor entrada: Juan Pablo Esterilla

Juan Pablo Esterilla
Juan Pablo Esterilla es Periodista-fixer huilense de 25 años. Suscribe al escribir en caliente y publicar en frío. Apasionado por el estudio a diferentes manifestaciones del conflicto y temas relacionados a la promoción de los derechos humanos.