Salas de cine y desempleo: Colombia

(Imagen tomada de Portafolio http://bit.ly/2sYW5K4)

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de la Revista John Galt.

 

Desde hace algunos meses para acá, al entrar a una sala de cine en algún centro comercial, he notado una tendencia que se repite cada vez más seguido: la casi inexistencia de acomodadores. Recuerdo que cuando uno iba antes, había un empleado debajo del dintel de la entrada que exigía la presentación de las boletas de quienes íbamos a ingresar; luego, adentro, había otras personas pendientes de revisar de nuevo las boletas con el objeto de ubicarnos en las sillas asignadas.

 

Pero actualmente es excepcional si veo la escena que acabo de describir cuando voy a ver una película. Están tan vacías de personal, que muchas veces pienso (como buen colombiano) ‘hubiese podido ingresar sin necesidad de comprar la boleta’. No creo ser el único que lo haya pensado.

 

La misma tendencia de escaso personal la puedo ver en otros lugares, como serían los supermercados ‘D1’, ‘Tostao’, ‘Justo y Bueno’, en el que la persona que ubica los productos, que atiende la caja y que saluda a los clientes es el mismo.

 

¿Cuál sería la razón de ya no encontrar la misma cantidad de personal que solíamos encontrar en distintos establecimientos comerciales?, ¿será que de unos años para acá los empresarios se han vuelto más tacaños?

 

No existe o no se puede pensar en alguna razón o prueba de que los empleadores se estén volviendo, poco a poco, más tacaños; psicológicamente no se ha percibido un cambio abrupto entre nuestros padres y nosotros respecto al nivel de avaricia. Sin embargo, sí es posible pensarse una razón económica para explicar este patrón de escaso personal.

 

Todo apunta, de manera general, al mal momento económico que está viviendo el país en materia de consumo, lo que conlleva a que los comercios no reporten tantas ganancias, debiendo prescindir de personal. (Según Bruce Mac Master, presidente de la Andi, el 89% de los industriales no cumplió el presupuesto de venta en el periodo enero-mayo).

 

Pero, de manera particular, también podemos señalar los altos costos que implica mantener a una persona empleada de manera formal, a causa del salario mínimo, prestaciones sociales y demás costos no laborales asociados a la nómina.

 

Haciendo un cálculo rápido, con todo lo que se debe pagar por la contratación de un trabajador, el empleador debe pagar por lo menos $1’118.400, como lo muestra la siguiente gráfica:

 

 

Entonces no es tan difícil explicar el poco personal que tienen las salas de cine: los consumidores dejan de consumir y el trabajador se vuelve, cada año que pasa, más caro de mantener.

 




La consecuencia es que el empleador se ve obligado, primero a dejar de contratar, segundo a prescindir de personal, y tercero a colgarle al personal que le resta las demás funciones que realizaban sus excompañeros.

 

Los aumentos de salario mediante normas laborales traen desempleo e informalidad. Tan solo el estudio del Ministerio de Hacienda sobre la posibilidad de instaurar el recargo nocturno desde las 9 de la noche –lo que implica un recargo del 35% por hora trabajada— sostiene que tal medida podría traer un desempleo de 0,15%. Esto equivale a unos 35.000 empleos. ¡Solo por el aumento de una hora al día!

 

Ahora imagínense cómo afecta el aumento del salario mínimo todos los años, que equivale a un aumento de salario de 8 horas al día, de 48 horas semanales, de más de 192 horas al mes, sin contar las horas extras.

 

Y sin embargo, el aumento del salario mínimo que se presenta como política para mejorar los salarios de las personas menos calificadas, afecta negativamente precisamente a esas personas que dice ayudar. Son estas, las personas menos calificadas o que apenas empiezan a entrar al mercado laboral, quienes les costará más conseguir un trabajo o mantenerlo, por motivo a que ya no deben ser productivos en un monto X, sino en un monto X+1.

 

La siguiente gráfica demuestra el daño que le hace los aumentos de salario mínimo a la mano de obra menos calificada, la mano de obra joven que sin experiencia alguna busca empezar en el mercado laboral.

 

 

Conforme aumenta el salario mínimo en EEUU, aumenta el porcentaje de jóvenes desempleados. No es ilógico esperar que estas mismas consecuencias se den en Colombia; no somos una excepción a las leyes básicas de la economía.

 

Otra consecuencia del salario mínimo es la automatización de los servicios básicos que normalmente realiza el personal que gana un mínimo. Solo es necesario ver los anuncios de McDonald’s y otros restaurantes de cadena de implementar puntos de pedido digitales que remplazarían a los cajeros que normalmente encontramos en estos lugares. La medida de realizar una inversión tan alta en estos computadores touch screen, son una solución para hacer frente a los incrementos de los costos laborales. La sucursal ya no tendría que tener 4 o 5 cajeros que tomen el pedido, sino una sola persona que este pendiente de que cada uno de los computadores funcione correctamente.

 

Con todo lo dicho, creo que sobra decir qué medida deberíamos implementar en el país para reducir el desempleo. Es primitivo pensar que un gobierno puede mejorar la renta de las personas imponiendo un salario mínimo y demás condiciones laborales mediante legislación y regulación.

 

Solo resta por decir que, si seguimos así, no les sorprenda encontrarse con un torniquete de acceso en la entrada de una sala de cine en un futuro no muy lejano.




Autor entrada: Mateo Amaya

Mateo Amaya
Mateo Amaya es Politólogo e Internacionalista de la Universidad del Rosario. Libertario. Actual Gerente de la campaña presidencial de Juan Sebastián de Zubiría. Sus temas de interés son la economía, la política y la filosofía.